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GALAS EMPRESARIALES

Lunes, 24 de septiembre:

do you want to know a secret

Nunca sabrás, realmente, lo que te he querido

Nunca sabrás, realmente, lo que te cuidé

Escucha: quieres saber un secreto?

Después de una larga hora en la cinta de cardio, que Ed había instalado para ella, Melody ascendió las escaleras que comunicaban el gimnasio con la sala de estar. Serían las veintitrés horas y treinta minutos de la noche. Hacía fresquito, para esa época del año, pero Melody sudaba copiosamente y tenía las mejillas enrojecidas por el ejercicio físico.

Se encontró con Ed, que leía una memoria de ejecuciones materiales, sentado en el sofá del salón.

–        Cariño, este viernes tenemos que ir a la gala de mitades que se coordinan con documentos. Le dan una distinción a Peter, mi amigo, el que su padre se jugó los documentos al naipe, y los perdió y él ha recuperado todo, a base de trabajo y buen hacer.

–        Como tú quieras, amor. Qué son mitades que se coordinan con documentos?.

–        Qué más da?. Nosotros vamos a la gala y nos ponemos moraos a vinos y canapés.

–        Ah!, vale. Luego, si quieres podemos subir al casco y vemos a los amigos.

–        No creo que podamos; la gala durará hasta tarde.

Desde diciembre del año anterior, Melody venía arruinado los fines de semana desde el viernes. Volvía de trabajar a las siete de la tarde, oliendo a vino, y se tumbaba en el sofá del salón a descansar.

Cuando Ed proponía salir a tomar algo, invariablemente, ella contestaba que no le apetecía. Los sábados, por la mañana, cuando se despertaba, se iba a ver a su tía Maddness y volvía el domingo por la noche.

Ed, estaba empezando a pensar que algo olía a podrido en Dinamarca, porque Melody no trabajaba en ninguna empresa enológica. Pero lo más normal era que estuviera estresada con el trabajo y lo lógico era no presionar y tratar de entender como “normalidad” este tipo de situaciones. Después de cuatro años de relación, a fin de cuentas, compartir una vida es una carrera de fondo donde ha de haber situaciones de todos los tipos, lo aconsejable es perseverar en la convivencia y esperar tiempos mejores, desgastando lo menos posible. Ed estaba enamorado de Melody y comprendía la situación laboral por la que estaba pasando. Lo entendía perfectamente, porque había pasado por etapas similares; sabía que una situación laboral inestable provoca tensiones que hacen mucho daño.

Miércoles, 26 de septiembre:

Melody volvió de trabajar a las veinte y dos treinta de la noche.

–        Ufff!, cuantísimo trabajo tengo.

Ed, estaba sentado delante de su ordenador personal jugando con los monigotes del Emperors of Humanity, un juego de estrategia donde hay que desarrollar la civilización propia y destruir a las enemigas, que maneja la maquina. Una aplicación desarrollada por americanos en claro paralelismo con lo que hacen sus gobiernos. Con una particularidad: en el juego no hace falta buscar un pretexto para declarar la guerra e invadir a alguien.

Ed llevaba desde las veinte horas esperando que Melody regresara del trabajo. Se marchaba a las ocho treinta de la mañana y no volvía hasta tarde, por la noche.

–        Resulta que la gorda se empeña en despachar a las nueve de la noche.

–        Bueno, cielo, y que le vamos a hacer?. Sus razones tendrá que, seguramente, tendrán que ver más con su propia incompetencia y desorganización que con el trabajo que desarrolla. Ten en cuenta que cuando el demonio no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo, y esta pobre criatura anda sola, buscando moscas para matar.

Ed seguía jugando con la maquina, mientras hacía este comentario.

–        Me voy a duchar.

–        Ok, mi amor.

Ed, al tiempo que, con su civilización Bizantina, remataba a unos coreanos y a unos hunos, pensaba en la circunstancia de que a las 22,30 de la noche, alguien despachara con alguien por muy incompetente y desorganizado que fuera. A esa hora ya han entrado a trabajar los operarios de seguridad del turno de noche. No hay ninguna oficina abierta a esas horas. A esa hora solo circulan los que no tienen familia, los que no tienen compromisos afectivos que atender o los que los tienen en otros sitios.

Al salir de la ducha, Melody con el albornoz puesto, dijo:

–        Hoy no ponen nada en la tele. Me voy a la cama.

–        No cenas nada, mi bien?.

–        No, no tengo ganas.

–        Quieres que te haga algo?.

–        No, gracias.

Había veces que Melody usaba vocablos de forma desaconsejable. “ganas”, para referirse a la cena no deja muy claro si lo que no tienes es apetito o no tienes voluntad de hacerte la cena.

También Ed, usaba vocablos de forma capciosa. La única diferencia es que Ed lo hacía a propósito. “Hacer algo”, incluye más cosas, además de la cena.

Ed cenó de forma rápida y se fue a la cama con Melody. La encontró despierta, manipulando el teléfono móvil, en su ronda nocturna de llamadas,  y con la televisión del dormitorio funcionando. Era costumbre de Melody dormirse con la  televisión transmitiendo.

Antes de meterse en la cama, Ed se dio una ducha rápida y se acostó como su madre lo parió. Se arrimó a Melody, que estaba vuelta de espaldas, y le pasó la punta de la lengua desde la primera cervical hasta la última lumbar. El resto pertenece a la memoria RAM y ahora no se puede descifrar.

Cuando terminó la sesión de espiritismo espiritual, Melody comentó:

–        El viernes viene a la gala John.

–        Qué John?, -preguntó Ed-.

–        Mi amigo John, el de Wisncosing.

–        Aquel que era ingeniero de naves.

–        Si.

–        El que llevaba calendarios de puticubs en la cartera?

–        Si, y el calendario te lo enseñó porque él pensaba que te iba a gustar.

–        Ah!, fue por eso?. Te dijo eso?.

–        Si, por eso.

–        Claro, mi amor, por eso yo llevo calendarios de puticubs en la cartera, porque me gustan mucho. Y que tiene que ver ese tío con los documentos que se coordinan con mitades?.

–        Nada, pero es que le ha invitado Bily, que trabaja vendiendo mitades de documentos en la Unión Soviética.

–        Pero, mi amor, si la Unión Soviética ya no existe.

–        Bueno, como se llame ahora.

–        No me contaste que al tal John te lo tiraste hace tiempo?.

–        Desde luego, que ganas tienes de cabrearme. Es uno de mis mejores amigos, posiblemente el mejor; tiene novia, se van a casar y aquello pasó hace mucho tiempo, ya ni me acuerdo.

–        Ah!, vale, mi amor.

A la mañana siguiente, mientras se duchaba y debido al ruido del potente secador de Melody, que hacía maravillas con su pelo, Ed gritó:

–        Nena, y el tal Bily, no era aquel midnight cowboy que te pedí que no me lo sientes más a mi lado, que cuando se pone pedo le da por contarme sus fantasías eróticas?.

–        Bueno, es una forma que tiene de relacionarse, no hay que darle mucha importancia.

–        Ya, cielo, pero es que a los caballeros de la tabla redonda no nos gusta mucho hablar de fantasías eróticas y mucho menos si son mentira. Como le va?

–        Bien, viaja mucho, conoce gente, ciudades nuevas y domina el inglés.

–        Pero vende alguna coordinación de medios documentales?

–        Me parece que pocas.

–        Y a tu amigo, el ingeniero de naves con señoritas que fuman, que tal le va?.

–        Bien, está muy enamorado. Y no se a que te refieres con ese sarcasmo, hay veces que te pones odioso. Que problemas tienes tú con las señoritas que fuman?. Yo fumo.

–        No, nada. No te preocupes, mi bien, tonterías mías; ya me conoces.

Viernes, 28 de septiembre:

 

Como últimamente, desde que estaba en su nueva etapa laboral, Melody no había venido a comer. Ed había hecho comida para los dos pero ella se había disculpado diciendo que tenía mucho trabajo y no podría llegar.

Llegó a las diecinueve horas y treinta y dos minutos. Se metió en la ducha mientras decía:

–        Venga, date prisa que no llegamos. Arréglate.

–        Cariño, no me habías dicho la hora del evento.

–        Pues te la digo ahora, vamos, espabila.

Ed, que ya estaba duchado, se puso un traje de seda marengo, camisa azul clara, de algodón, corbata olímpica con nudo wilson y zapato negro con pala lisa de George’s.

Melody se puso tanga de Victoria Pocosecret, falda con vuelo blanca y estampada con una camisa escotada, negra.

Subieron al Daimler Benz y bajaron hasta un aparcamiento de nueva construcción.

–        Date prisa, vamos a llegar tarde. –dijo Melody, mostrando su impaciencia-.

–        Tampoco pasará gran cosa, cielo. No te alteres.

Al llegar al palacio, donde se celebraba la gala, estaban esperando, en la puerta, el vendedor y el ingeniero.

El ingeniero vestía traje azul marino de tergal, camisa sintética azul clara, corbata azul de nudo simple y zapato negro con costuras y detallitos dorados.

Lo del vendedor era espectacular. Así es casi imposible vender nada. Portaba, con dos cojones para una gala, un traje gris de confecciones Las Pedroñeras o similar, con rayita diplomática ancha, una camisa de saldo color crema, una corbata marrón y zapato mocasín negro.

–        Qué alegría de verte. –Dijo Melody-, dirigiéndose al ingeniero.

–        Igual –dijo el técnico- mientras osculeaba a Melody en las mejillas.

Entraron y fueron directos al patio donde las autoridades glosaban la importancia de las coordinaciones, eso sin mencionar lo importante que era la empresa, a nivel mundial, en mitades que se documentan.

Había una batería de sillas de plástico envueltas en trapos blancos y en el respaldo había letreritos con nombres de personas. Cada letrerito tenía una silla, al lado, que ponía “acompañante”.

Buscaron y encontraron una que ponía “Melody Maker”. Era la silla de Melody. Ed no tenía silla; era el acompañante. Ed se dedicaba a dirigir ejecuciones materiales y eso estaba muy mal visto en ese ambiente. Ejecutaba sin, prácticamente, coordinar nada: ejecutaba directamente, sin medios y sin documentos.

Naturalmente, hubo premios y distinciones para las empresas del grupo y los particulares que se habían distinguido en la actividad y en el desarrollo de la empresa matriz, convirtiéndola de ese modo, en una primera potencia mundial en palacios y congresos de coordinaciones transversales y medios horizontales. El presidente del consejo de administración tomó la palabra y dijo:

–        Tengo que decir que nuestra empresa es pionera; nuestra empresa, que partió del atraso histórico hace veinte y cinco años, ha volado hasta las más altas cotas de calidad y excelencia en la coordinación. Tengo que agradecer a los ciudadanos y ciudadanas de nuestra tierra el esfuerzo sobre-humano hecho. Desde la más absoluta postración en que nos tenían los sucesivos gobiernos de la derecha, hemos alcanzado niveles espectaculares de bienestar. Hemos hecho, desde el consejo de dirección, ímprobos esfuerzos para conseguir que los medios que se documentan sean parangón y modelo en el concierto nacional e internacional. Debo y quiero felicitar a los hombres y mujeres de mi empresa por su trabajo diario, por su dedicación sin límite a la coordinación. Y quiero daros una magnífica noticia: cuando empezamos éramos la empresa número diez en el ranking y seguimos siendo la número diez. Ni un paso atrás!!!. Gracias a todos.

Ed, sin pestañear, aplaudió esta gloriosa intervención. Ni siquiera se planteó, aunque lo sabía, que en esta empresa nunca había habido gobiernos de derechas. Y ni siquiera pensó, aunque estaba seguro, que la gente que se dedica a la coordinación es el cuatro por ciento de los trabajadores y tienen más cuento que Calleja. Y que esta gala era un rollo tártaro para ponerse, todo el mundo, morado a vinos y canapeses.

Cuando acabó la charla de los jefes, Ed, Melody y los dos figuras del toreo buscaron una mesa que estuviera ligera de comensales para liarse a vinos. Melody insistía en que Ed bebiera y le rellenaba continuamente la copa, con frases como “cariño, estás seco” y otras parecidas. Se ocupaba, con todo el amor de qué era capaz, de que no le faltara de nada. A lo que Ed, con ojos de enamorado carnero a medio degollar, en susurros románticos al oído de Melody contestaba: gracias, mi amor, no sabes como te quiero.

Alguien, de los del clan de coordinadores eventuales, se acercó y le dijo a Melody:

–        Melody, chica, preséntame a tu pareja acctal.

–        Si, claro, mira: Ed Sullivan. Ed, esta es Soraya Daltrey.

–        Encantado de conocerte, Soraya.

–        Ed Sullivan, como el famoso showman de los sesenta?.

–        Si, ya entonces era un famoso showman.

Ed no tenía muy claro si “acctal” se refería a “actual” o a “accidental”, pero tampoco le preocupaba mucho eso. Sabía que era una forma de hablar, muy al uso, en esos ambientes.

En un momento determinado alguien anunció que se iba a proceder al espectáculo de luz y sonido.

En la fachada del palacio se iba a proyectar un espectáculo con bailarinas y gente así. Mucho color, mucho sonido y unas señoritas gorditas, vestidas con mallas de lycra, bailarían danzas árabes para deleite de los entusiasmados asistentes.

Enfrente de la fachada había un parquecito sin mucha luz y solitario. Ed lo conocía bien porque en ese parque había tenido sus primeras experiencias en relaciones florales con chicas, cuando tenía catorce años y era el más famoso showman del barrio.

Al salir a la calle, Ed perdió de vista a Melody; la buscó pero no la encontró entre la gente que se arremolinaba para poder apreciar mejor el espectáculo.

Cuando empezó la música, el vendedor se acercó a Ed y le dijo:

–        Son muy bonitas estas cosas.

–        Si, seguro. Has visto a Melody?.

–        No, hace un rato que no la veo.

–        Y has visto al ingeniero?

–        John ha ido a poner una moneda en el parquímetro.

Pasados veinte minutos, Melody apareció donde se encontraba Ed, que hablaba con uno de los  directivos malditos, al cual, estaban a punto de cesar.

Ed pudo apreciar que Melody tenía las rodillas desolladas.

–        Pero, mi amor, que te ha pasado?

–        Me he mareado, he caído al suelo y me ha tenido que ayudar un guardia.

–        Cariño, cuidado que te he dicho veces que no bebas sin antes hacer base.

Al momento apareció el ingeniero que venía con grandes manchas de sudor en la camisa y, sin hacer mucho caso a las heridas de Melody, dijo, mirando a Ed:

–        Ufff!, que calor hace esta noche.

Ed propuso a Melody retirarse a casa para curar esas erosiones, a lo que esta accedió. Pero durante el trayecto de vuelta le fue dando la bronca porque decía que le hubiera apetecido tomar unas copas con sus dos amigos (ya se le había pasado el mareo). A Ed, que era un tipo huraño y desde “do you want to know a secret” no había vuelto a escribir una sola canción, aquello no le gustó mucho y además estaba ya medio pedo; más de lo que permitía el Código de Circulación pero, gracias a Dios, el Daimler Benz se sabía el camino y les llevo, sanos y salvos, a casa.

Algún tiempo después, Ed recordaba que aquella fue una noche estupenda si no hubiera sido porque era el día 28 de septiembre, no hacía calor, y en esa zona no había parquímetros. Se le puso la cara larga y escribió otra canción:

I am the walrus

I’m crying……

Yellow matter custard  dripping from a dead dog’s eye,  crabalocker fishwife, pornographic priestess
Boy, you’ve  been a naughty girl, you let your knickers down

Experts texpert choking smokers, Don’t you think the joker laughs at you?

ja,ja,ja…..je,je,je….ji,ji,ji

I’m crying…..

kicking Edgar Allan Poe?…perhaps Oscar Wilde. The picture of Dorian Gray. Who’s Lord Henry?.

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