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Cuento de Navidad

Merry Christmas and a happy new

La noche era clara; las nubes habían desaparecido. El cielo cristalino bajo la helada negra castellana. El horizonte, infinito, estaba al alcance de la mano.

Giacomo, envuelto en su capa Tuareg y tumbado en la terraza de su casa, observaba el firmamento mientras el frío hacía su trabajo en las mejillas, lo que le producía un placer especial.

Podía apreciar nítidamente al gigante Orión.

Rigel y Betelgeuse en su armadura, el cinturón y la espada colgando. En su eterna persecución de las Pléyades. La fiel Canícula, con Sirio a la cabeza, seguía de cerca a su amo.

Orión, constante como roca de acantilado, al que los embates del tiempo no desanima, el que firme persevera en su eterno compromiso de perseguidor, de amante sin nexo de las siete hermanas.

Giacomo reflexionaba sobre estos y otros aspectos de la vida y la muerte. Sobre la fidelidad, sobre la lealtad, sobre la honestidad.

Giacomo sabía que de estas siete hermanas (Maya, Celeno, Alcíone, Electra, Estérope, Tigete y Mérope), solo la menor, Mérope, había podido resistir la tentación de amar a un Dios.

Giacomo sabía que Orión perseguía a Merope, la Pleiade Minor, porque estaba enamorado de ella pero ella de él no. Orión supo que nadie se debe emborrachar y atacar a la mujer que amas, bajo pena de quedarte ciego y estar, el resto de la eternidad, persiguiéndola en el cielo.

Naturalmente, era consciente que este cúmulo celeste estaba siendo observado, a lo largo de la elipse Copernicana, por todo el hemisferio norte y sabía, así mismo, que en otras civilizaciones las historias eran distintas.

Desde el Anusasana Parva del Mahábharata, donde son niñeras (Krittikas) de Kartikeya, hasta el Ppol Vuh de los Mayas que son Motz, las almas de los 400 guerreros que mató Zipacna el soberbío. Que ya hay que ser soberbio.

Pero es qué a él le gustaban mucho más las historias que había escuchado y leído desde niño. Historias que tenían que ver con la procedencia de su estirpe, con su idea cosmogónica, creada a lo largo de muchas y muchas horas de cuentos infantiles, historias de adolescente y lecturas de edad adulta.

Giacomo se preguntaba acerca de la gran capacidad de imaginación que hay que tener para mirar al cielo y ver todas esas historias que, ahora, nos pueden parecer incluso ridículas pero que, en su momento, fueron “palabra de Dios”. Como alguien puede inventar tanto y escribir tan bien.

Pensaba en Homero y Hesíodo.

Cómo un cúmulo estelar de enanas blancas, que no dejan de ser estrellas jóvenes que se encuentran en su primera combustión nuclear, pasen a convertirse en hermanas putas que se lían con dioses, héroes y otros especimenes, solos o en compañía de otros. Solo una pudo resistir, solo una demostró virtud y se casó con un mortal. Pensaba en el concepto de “Virtud”. Lo que hoy es virtud, mañana es estupidez.

Pensaba en como historias similares, ahora, se cuentan tan mal. Pensaba en qué ha quedado hoy la virtud y a quien interesa.

Fija su mirada en el cielo, Giacomo se sobresaltó porque una estrella fugaz rasgó el firmamento de norte a sur. No más de medio segundo y el flash cambió la meditación de Giacomo. Gritó:

– Estrellitaaaaaaaa!!!!, asómate que San Lorenzo está llorando. Ven y pide un deseo.

Estrella, su mujer, contestó:

– Giacomo, deja de gritar que vas a despertar a las perritas. San Lorenzo no puede llorar sobre Orión. San Lorenzo llora por Perseo, el amante de Andrómeda y llora porque Cefeo, padre de esta,  va a recibir una soberana paliza por entregar, encadenada, a su hija a un monstruo marino. Eso es en agosto, mi amor.

Giacomo, advirtiendo en lo lista que era Estrella, dado el frío que hacía, dijo:

– Pues, aunque estemos tan cerca del solsticio de invierno, San Lorenzo ha llorado, he visto una lágrima.

Igual es que San Lorenzo llora cuando le sale de las gónadas a él. Tal vez San Lorenzo sabe cuando tiene que llorar. San Lorenzo elige a quien regalar lagrimas.

Gracias, San Lorenzo. Una lágrima tuya es mucho más de lo qué pueden sentir gran cantidad de personas que tienen los aniversarios gravados (pesando) en su notebook.

Cuando Giacomo, obedeciendo a Estrella, entró en la casa su mujer le preguntó:

– Que hemos pedido?.

– Mi vida, hemos pedido que todos los corazones del universo abandonen sus lastres de odios y rencores y, aunque solo sea en el solsticio de invierno, dejemos paso al amor que es lo único que nos puede redimir. Y para mí que, como sabes, soy un asqueroso machista, he pedido a Orión que quiero veros a todas juntas, una vez al año, en el salón de casa para poder sentirme padre y esposo.

– Y de regalos sabemos algo?.

– Si, mi bien, este año solo amor. Dice Don José Luis que consumamos, que gastemos; que D. Pepiño y la Señita Leyre nos cuidan y se ocupan de nosotros.

– Que bien. Pues ale!, entra que he hecho una sopita de verduras calentita.

Esto es un cuento de Navidad, pero la sopa estaba buenísima y todas estuvieron.

Felicidades a todos. Besos a los niños y patadas a los perros (chucho no me equivoques que son medio kilo de albaricoques).

Que nieve!!!!

Esto lo vi en una película. No recuerdo el nombre. Lo he buscado y lo he encontrado

bing crosby & david bowie – little drummer boy

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Categorías:MIS COSITAS
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