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POETAS

Nota previa.- Alguien me llama la atención. Las nuevas tecnologías de emisión de positrones llegan a los blogs. Las palabras en azul son enlaces donde podrán oír, aproximadamente, lo que el autor tenía en la cabeza cuando escribía (botón derecho….abrir enlace en pestaña nueva)

Grandes, muy grandes poetas han existido y existen en la literatura española.

Personas con una dedicación especial al arte de enripiar las palabras, buscando una sonoridad que mueva y exprese el sentimiento.

Muchos de ellos han sido compañeros míos y vienen conmigo siempre, haciendo que mis días y mis noches sean más gratas. Converso con ellos y me cuentan viejas historias; viajo con ellos y me aconsejan, siempre bien.

Me piden ustedes que elija uno?. Pues que sepan que me están haciendo mucho daño, porque elegir a uno implica omitir a los demás y no quiero hacer eso.

Debería elegir a D. Francisco por su soneto “amor constante más allá de la muerte”, que me parece absolutamente sublime, pero entonces omitiría a Garcilaso y su  “escrito está en mi alma vuestro gesto”.

No me obliguen, por favor.

Hoy quiero hablar de esos pequeños poetas. No sé por qué les llamo pequeños, alguien que escribe nunca es pequeño. Tal vez por más desconocidos, que solo se asoman a las páginas de las recopilaciones más árcanas, de los libros de poemas más empolvados y olvidados en algún anaquel de antiguas librerías de  vetustas ciudades, donde viejas libreras con permanente gozan, en soledad, de estas delicias; aquellos que solo etílicos desesperados recitan, para sus adentros, en su tambaleante caminar, como mantras paliativos de fracasos amorosos.

No me da, el espacio, para todos los que conozco. Tal vez algún día hablaré de otros que aquí no aparecen. Los sentimientos no se eligen, los actos si.

Estamos en primavera y la madre Gea está muy contenta porque su hija Proserpina vuelve del Averno. Por alguna razón, que desconozco, cuando la madre Gea está contenta, yo estoy contento. Todos estamos contentos y son momentos, ratos, agradables de agradables conversaciones que narran pasadas aventuras y futuros proyectos.

Gardenias, camelias, pétulas, galanes, azaleas, jazmines, hibiscus; preparemos todo para la fiesta de bienvenida. Engalanemos nuestro espíritu.

Las aguas caídas no solo provocan goteras, en cuanto salga el sol este año, ni Boticelli va a poder pintar eso y que las goteras den la cara es lo mejor que nos puede pasar. Todas las goteras se arreglarán.

No lo duden, amigos, solo el amor puede hacer llover, solo el trabajo repara las goteras.

Lo que hoy es misterio y oscuridad, mañana será conocimiento y trasparencia.

Juan de Tassis, Conde de Villamediana


Nació en Lisboa en 1.582, un libertino culterano…y no, por eso, menos humano. Dicen, las malas lenguas, que lo mandó matar el Rey porque estaban los dos casados y los dos enamorados de la misma amante.

Claro, enamorarte de la amante del Rey es muy peligroso, pero mucho más peligrosa es la vida sin amor.

Nadie escuche mi voz y triste acento

de suspiros y lágrimas mezclado

si no es que tenga el pecho lastimado

de dolor semejante al que yo siento

Que no pretendo ejemplo ni escarmiento

que rescate a los otros de mi estado

sino mostrar creído y no aliviado

de un firme amor el justo sentimiento

Juntose con el cielo a perseguirme

la que tuvo mi vida en opiniones

y de mi mismo a mi como en destierro

Quisieron persuadirme las razones

hasta que en el propósito más firme

fue disculpa del yerro el mismo yerro.

Adelardo López de Ayala


Nació en Guadalcanal (Sevilla), en 1.829. Político y poeta (entonces pasaban estas cosas, los políticos eran cultos).

Fue diputado toda su vida; ministro de Ultramar cuatro veces y Presidente del Congreso.

Mejor dramaturgo que poeta, no debemos despreciar sus versos.

Al oído.-

Déjame penetrar por este oído,

camino de mi bien el más derecho

y, en el rincón más hondo de tu pecho,

deja que labre mi amoroso nido

Feliz eternamente y escondido

viviré de ocuparlo satisfecho

de tantos mundos como Dios ha hecho

este espacio, no más, a Dios le pido

ya no codicio fama dilatada

ni el aplauso que sigue a la victoria

ni la gloria de tantos codiciada

Quiero cifrar mi fama en tu memoria;

quiero encontrar mi aplauso en tu mirada;

y en tus brazos de amor toda mi gloria

Francisco Villaespesa.-


Nace en  Almería en 1.877. 51 libros de poemas entre 1.898 y 1.927. Hizo las Américas y se puso morado a ganar dinero como empresario teatral, con sus obras y las de otros. Derrochador y romántico, enfermó en 1.931, volvió a España y murió en 1.936, se ahorró muchas escenas desagradables.

Cuando llevaba más de un mes solo y postrado en la cama escribió:

Convalecencia.-

Qué suavidad, qué suavidad de raso,

qué acariciar de plumas en el viento;

en terciopelos se apagó mi paso

y en remansos de seda el pensamiento.

Todo impreciso es como en un cuento,

se desborda en silencio como un vaso,

y en esta  tibia languidez de ocaso

desfallecer hasta morir me siento.

Como en un panal disuélvome en dulzura,

desfallezco de todo: de ternura,

de claridad, del éxtasis de verte…

Y todo tan lejano, tan lejano

en este atardecer tu frágil mano

pudiera con un lirio darme muerte!!!.

Nemesio el Aparejador.-

De difícil datación, parece ser que nació en Toledo allá por la segunda mitad del siglo XVI.

Con una extensa producción literaria, él sitúa su muerte en el año 1.644:

Hemos sido derrotados, muertos

Rocroi terminó nuestra memoria

las mejores páginas de  historia

los peores poetas y sus asertos

Un año ha nuestros bravos hijos

rezumaron vida, gran valor regaron

con su noble sangre bien pagaron

yermos campos y  grandes rijos

Ha sido y será siempre lo mismo

entregamos el alma enamorada

en presos de obtusos ideales

Ahora, ya muy cerca del abismo

por mi padre hecha esta espada

entrego, la mi vida en los finales.

Existe una leyenda según la cual sigue vivo.

Pasó casi toda su vida ordenando ladrillos pero, en los ratos libres, trataba de poner orden en las palabras y los pensamientos.

La dama negra le persigue, más él la esquiva constantemente. Dicen que se le puede ver, airado, por los callejones de su ciudad en las noches oscuras de tormenta. Si le ven, tápense los ojos pues siempre la lleva muy cerca y, dicen las monjas Clarisas, quien la mira se queda sin corazón. Pecó y arrastrará eternamente su condena.

Estrella Polar mía.-

Si, por esventura, vos me amares,

una casa en mi alma os hiciera,

para que bien la vuestra viniera

a entretener, en ella, sus pesares

Que es mi vida solo desasosiego

do que os mirara en los Canini,

cuando florido mayo daba fini

en periplo, hermoso, de andariego

No vivo si no veo vuestros ojos

no yazgo si no siento vuestro aliento

no aturo si no bebo vuestra vida

No veis, señora, belleza en rojos,

que sin paro ronda el pensamiento

que no existe para nos otra salida?

Isabel:

Señora, toda la vida amando

llevo de vuestros ojos la luz bella,

si alguna vez me apartare d’ella

en la total oscuridad quedando

Perdonad, por Dios, que muy llorando

estoy al perder Polar la Estrella

y en mi cara hacen gran mella

las mis amargas lágrimas brotando

Que la vida tan solo es camino

para andar con buena calma

pero me salí de esta rivera

Ahora, si vuelvo y me conmino

no es hierro malo para el alma

el amor grande que será y fuera.

Doctora.-

Esos ojos que miran….

Los oídos que escuchan….

Ese corazón que siente….

Las manos que miman….

Esos labios que recitan….

Ojos peritos que saben ver

Oídos expertos que todo lo oyen

Corazón inmenso que todo comprende

Manos de reina que los males, todos, curan

Labios hábiles que saben callar

Mi vida, entera, es tuya.

Todo en ti es alegría: ya has ganado.

Con tu permiso y tu perdón, mi bien.

Mujer.-

Cuantas veces, la noche oscurecida

en tu blanco torso mis fatigas reposé

cuantas veces, de mañana te besé

tus ojos cerrados, tu mirada dormida

Tantas, tantas son que en la premura

que nos marca Helios cada día

no quisiera mi alma ni en porfía

olvidar obligación con la ternura

Deja que el indomable espíritu solace

ayuda de obligaciones desayuntar

comprometo mi honor en esta vida

Incansable lucha por la tuya si te place

inasequible a la boba idea de parar

sea, de este modo, cuenta rendida

Treinta años.-

Te recuerdo, mujer de ojos grandes

Que de la infancia, como hoy, tal día

En mi pecho la llama grande ardía

Tal dije: sea en mí como tú mandes

Treinta años pasaron y como antes

La luz sigue caliente, no se enfría

Aunque algún desvío de porfía

Quiero seguir en amores semejantes

Me parece que la vida no es tan mala

Si de tu boca obtengo lo que veo

Si de tus manos recibo las caricias

La tormenta amainó, el agua no cala

El viento paró, ya no existe reo

de mi alma solo veo las albricias

Alexandro Malaspina


(No te enfades Alessandro, te admiro)

Nació en Mulazzo, cerca de Parma, y en el año 1.774 (con 20) sentó plaza en la Compañía de Guardiamarinas y fue destinado, inmediatamente, en la fragata Sta. Teresa, a primera línea de combate.

Con 24 años era Teniente de Fragata y había bordeado Buena Esperanza. Con 26 años era Teniente de Navío y ya había metido muchos cañonazos a los ingleses. Con 30 era Capitán de Fragata y navegaba ligero. Con 34 era Capitán de Navío y el mundo estaba a sus pies.

Aprendió, rápido, que el honor, la lealtad y la honestidad no se regalan.

En 1.786, al mando de la fragata Astrea dobla Hornos y circunnavega el planeta.

No le gustó mucho el gobierno del Príncipe de la Paz, aquel Godoy de infausto recuerdo para los que participaron en el combate de Trafalgar, en el año 1.805. Diez años antes Alexandro Malaspina, siendo ya Brigadier, había anticipado el desenlace, y le metieron en un castillo para tenerlo calladito. Calladito por ser republicano-federalísta y proponer para España y sus colonias una especie de Commonwealth.

Aalexandro murió en 1.809 y no pudo presenciar el proceso de emancipación que comenzó en 1.810, por la cerrazón y testarudez de políticos que no bajaban a la calle y no hablaban con la gente.

En su expedición cartográfica con la Descubierta y la Atrevida, en la que levantó planos de toda la costa del continente americano, desde Montevideo hasta Vancouver, de 1.789 a 1.795, después de una desilusión con una indiana que tenía ínfulas de nobleza, escribió:

Si me vieras no te pares a mirarme,

que lo que mi alma te ha querido

medirse puede estimando lo perdido

si te paras…sea para siempre amarme

Que más vida y muerte yo daría enteras

por no haberte  visto, amado y conocido

el destino malhadado forjó acero retorcido

truncado de ese modo el amor a las primeras

Y si por ventura estuviera equivocado

mil centellas sobre mi alma caigan

que el infierno me espere asegurado

Más no espero otra cosa que lo pagado

no creo que mis largas horas traigan

amor, dedicación y esfuerzo destrozado.

A una embustera:

De mi tierra los olores llegando

el patio nuevo, solitario y vacío

total ausencia de este amor frío

la ternura y el honor llorando.

Traición fue abyecta y consumada

de tantos meses lista, preparada

de tantas caricias mías olvidada

con tal horror de odio perpetrada

que no es fácil olvidar engaños, yerros

ni embusteras maniobras efectuadas

Sea Ley Divina que entienda en puesto

la obtusa vida y muerte de los perros

que pulgas suyas entienden agarradas

y su razón no conoce amor honesto

Muchos y muchas le acusaron y le acusan de misógino. Yo le he oído decir que “un marino que se pasa dos tercios de su vida en el mar y ocho años en el calabozo, debe ser responsable y honesto con el amor”.

Estará siempre en la memoria de los hombres.

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