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SIN NOVEDAD

SIN NOVEDAD.-

Esta frase, que se acuñó en el año 1.936, es muy representativa de estados de ánimo victoriosos, después de procesos muy dolorosos donde la disciplina se ha tenido que imponer a los sentimientos; cuando el corazón te está pidiendo una cosa y la mente racional y racionalista tiene que imponer la voluntad como medio de conseguir un objetivo.

Parece ser que la pronunció el coronel José Moscardó Ituarte el día 28 de Septiembre de 1.936, cuando las tropas de José Enrique Varela estaban en lo que quedaba de Zocodover.

Quiero dejar bien claro que no voy a hablar de ideología política. Y voy a manifestar que, entiendo, cada cual tendrá la suya.

Voy a hablar de deber, de honor y de lealtad.

Mucho se ha hablado y ríos de tinta han corrido respecto de los distintos estados de ánimo de este coronel, que era el jefe de una cuadrilla de sublevados.

Este señor era militar, por formación, y un gran enamorado del deporte. Fue Jefe de la Escuela Central de Educación Física y, ya retirado del ejército, Delegado Nacional de Deportes y Presidente del COE, hasta su fallecimiento en 1.956.

Este señor, con 19 años, fue mandado a Filipinas y se constituyó en uno de los “últimos”. Allí recibió su bautismo de fuego, a esa tierna edad.

En 1.927, después de 15 años en Marruecos peleando en la Guerra del Rif, alcanzó el empleo de Coronel. Este hombre, con 49 años cumplidos y 17 de méritos militares en acciones directas de guerra, alcanza el máximo grado que puede alcanzar un militar profesional. En esas fechas a D. José Moscardó Ituarte no le asustaban los tiros.

En 1.931, a sus 53 tacos, un ministro de la guerra y civil hace no se cuantas reformas y maniobras y resulta que él vuelve al empleo de Teniente Coronel. Entonces no debía estar vigente el principio de irretroactividad de las leyes, porque no parece lógico pensar que D. Manuel Azaña Díaz, doctor en derecho, no conociera este principio.

En 1.934 recupera, por antigüedad, su empleo de Coronel que le había costado algún que otro esfuerzo en Marruecos.

En 1.936 se encuentra destinado como Coronel Director de la Escuela de Educación Física de Toledo y está preparando la participación española en la olimpiada de Berlín.

En Julio de ese año, todo el mundo está de vacaciones, es la máxima autoridad militar de la ciudad.

Bien, pues este hombre recibe órdenes de evacuar munición desde la Fábrica de Armas hasta Madrid. Se niega, las órdenes no las recibe por conducto reglamentario y no las recibe de quien tiene que darlas.

Un hombre que está preparando una participación olímpica, que es un tipo con instrucción militar, que está educado en el deber y el honor, se ve metido en el torbellino de unos acontecimientos que le superan. Unos acontecimientos que no le agradan mucho.

No le gusta lo que está pasando pero cumple con su deber. Cumple, con aseo y esmero, las órdenes que le transmite su jerarquía.

Mi padre tenía, por esas fechas, 9 años y mi abuelo 43. Ambos me han hablado de estos acontecimientos. No necesito historiadores ingleses.

Mi padre y su padre vivían en lo que ahora es el edificio del Gobierno Civil, que resultó totalmente demolido por la acción de las piezas de artillería que el Gobierno de la Republica emplazó en la Dehesa de Pinedo (Ctra. Madrid) y los Alijares-San Bernardo (Ctra. De la Puebla), lejos del alcance de las ametralladoras Hotckiss que soltaban su mortífero mensaje de bienvenida desde las torres del Alcazar.

Recibían a las Águilas Libertarias, que venían de Madrid, con unos estupendos SMS de 7 mm. Los del mono azul empezaban a tener problemas estomacales desde que bajaban la cuesta de Pinedo.

El Alcazar del Cesar Carlos no ha sido, ni es, moco de pavo; su impresionante mole de piedra asusta desde el mismo momento en que lo ves. Hicieron falta 3.500 disparos de 155 mm y más de 10.000 de calibres inferiores para demoler tal edificio. Ni siquiera las dos minas, cargadas con más de 3.000 kg de trilita cada una, pudieron con él.

Los que estaban dentro del Alcazar eran militares profesionales y sabían que la obligación principal de un soldado no es morir por sus ideales, es que los enemigos mueran por los suyos. No era nada personal.

Pues bien, a este señor, e insisto, sin entrar en sus motivaciones políticas que dejó muy, pero que muy claritas, en los años que le quedaron de vida, le llamó el ministro de Instrucción Pública (que ya el nombre tiene guasa) y le dijo que “Usted es el responsable de que se ponga en riesgo el Patrimonio Arquitectónico de Toledo”.

Claro, la risa no debió asomar a su cara pero sí a la mía cuando pienso lo que hubiera contestado yo: “hombre, como que soy yo el que va a tirar más de 15.000 obuses sobre la ciudad, no te jode!!!”.

Más tarde le llamó un señor llamado Cándido Cabello Sanchez-Gabriel, natural de Navahermosa que, a la sazón, era secretario del Colegio de Abogados e ilustre letrado del Ayuntamiento y la Diputación. Con gran maestría, agilidad en la negociación y excelsos conocimientos de derecho le dice “te doy diez minutos para que rindas el Alcazar o fusilo a tu hijo”.

Ahora me río menos. La acusación fue ser “hijo de”, el plazo era asombroso y el procedimiento muy propio del secretario del Colegio de Abogados. Algunas veces los padres somos responsables de la actitud de nuestros hijos, pero que lo sean los hijos de las de los padres, es mucho menos frecuente.

Está muy claro que ahora vivimos otros tiempos, ahora no se puede fusilar a nadie por ser “hijo de”, aunque deberíamos.

Me han contado, de viva voz, personas muy cercanas a esos acontecimientos que D. José Moscardó tuvo algunos momentos de dudas ante la masacre que, él pensaba se iba a producir. No las tuvo sobre los estúpidos interlocutores que le mandaban a contarle tonterías.

Me han contado que, siendo militar profesional, tenía muy claro que no podrían aguantar, máxime cuando tuvo conocimiento de que al Capitán Alba lo habían matado, de dos tiros en la cabeza, en la Venta del Hoyo, cuando iba para enlazar con las columnas de la Sierra a dar noticias del asedio y resistencia. Esto ocurrió el día 27 de Julio.

Me han contado, incluso, que cuando tenía esas bajadas de moral, su segundo, Pedro Romero Basart que era Teniente Coronel de la Guardia Civil y que tenía a su mando, dentro del Alcazar, a 800 guardias, ponía su 9 mm encima de la mesa y trataba de darle ánimos.

Pues a este enamorado del deporte, le mataron a su hijo, le mataron a un montón de gente que estaba bajo su responsabilidad y le demolieron el Alcazar por los cuatro costados pero no le demolieron su moral y sentido del deber.

Cuando los Regulares y la V del Tercio estaban en Zocodover, su superior José Enrique Varela, que era varias promociones mas joven que él, se adelantó hasta las ruinas y D. José, cuadrándose militarmente, le dijo: “SIN NOVEDAD EN EL ALCÁZAR, MI GENERAL”.

Cuantas veces, en la vida de los hombres, se presentan estas adversidades?. Cuantas veces habré visto yo ese Alcázar, en cuya reconstrucción participó el padre de mi madre en calidad de penado. Me queréis hablar a mi de Memoria Histórica?.

Cuantas veces, gente ingrata e inicua, te ponen en una situación de defensa donde solo el sentido del deber te puede salvar.

Cuantas veces las personas, por intereses espurios, socavan una mina para detonar tus defensas y alegan que es tu responsabilidad, apelando a lo que conocen perfectamente, como es tu honor.

Ni el secretario del Colegio de Abogados ni estas personas deshonestas saben, ni sabrán nunca, que el Honor es oneroso. Jamás podrán comprender que el Alcazar no son los muros inexpugnables, sino el trabajo, el sentido del deber, la lealtad, la honestidad y el amor. Es el bastión intelectual que cada cual lleva dentro.

Ese es el Alcazar más valioso de cualquier persona. Eso es lo que no pueden ni podrán rendir nunca personas iletradas que jamás conocieron estos conceptos.

El diez de mayo próximo, tengo que soportar una mina. Una más.

No me quedan muchas fuerzas, ya me he comido todos los caballos, pero espero poder decir, con orgullo:

SIN NOVEDAD EN NUESTRO ALCÁZAR, MI AMOR.

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