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MANO A MANO

TANGOS. (Entrada dedicada a D. José Lillo).

Anteriormente he escrito que en una taberna de mi ciudad natal, cuando tenía yo 16 años y estaba preparando la revalidad de sexto, con mi primera pierna rota a causa de mis aficiones deportivas, los veteranos de la División Azul que asistían al Circulo de José Antonio, que así se llamaba el local, contaban historias tristes de sus experiencias vitales.

También contaban historias alegres de sus victorias en la vida, pero casi todos tenían ese regusto amargo que da el haber participado en una derrota, por más que la retirada fuera una heroicidad, por más que las hazañas fueran épicas.

Todos sabían que los habían engañado, pero es que cuando se fueron, o se iban o se morían de hambre en España. El engaño fue mutuo y no les quedó más remedio que hacer virtud de la necesidad. Eran tiempos de virtudes y necesidades, tiempos muy parecidos a los que se describen en los tangos viejos. 

Fue allí donde un manco, de codo para abajo, me enseñó a jugar al Tute de trece cartas, viendo el espectáculo que supone un hombre que maneja trece naipes con una sola mano, la que le dejaron los rusos.

El señor José, era bedel del Instituto de Enseñanza Media (I.E.M.), con la sola mano que le quedó, repartía unas hostias como panes a los alumnos que jugábamos, al fútbol, en los recreos y sitios donde no debíamos jugar. Éramos los de sexto, los más mayorzotes, y arrollábamos en los lances deportivos a los más pequeños, sin importarnos mucho el género del arrollado o arrollada. Teniendo en cuenta que en el mismo patio se jugaban seis partidos distintos, no me parecen malos los resultados de moratones, empujones, erosiones y otras calamidades.

El señor José, entonces y siempre, obedecía órdenes. Las hostias las dispensaba, con esmero y generosidad, por indicación de Doña María Montequi que era la Jefe de Estudios consorte y profesora de Inglés. Las seguía administrando, con mano izquierda (nunca mejor dicho), en 1.970, 28 años después de perder el brazo. Este hombre, el síndrome del miembro amputado lo contrarrestaba con el síndrome del miembro volador que tenía en el otro brazo. Tenía dos hijas peluqueras, muy modernas, ellas, que levantaban sospechas por su moralidad relajada y porque con 25 años no tenían novio. Mucho me temo que eran habladurías de la gente, envidiosa de la belleza de las chicas.

Por el Circulo de José Antonio paraba, también, el señor Vallejo. Un tipo bajito, poca cosa, simpático y dicharachero al que cabía el honor de ser el padre de otro Vallejo, algo mayor que yo, que actuaba de fino extremo izquierda en el Santa Bárbara, el equipo de fútbol de la Fabrica de Armas.

El bajito y dicharachero padre tenía un carácter particular que demostraba cuando se le calentaban las neuronas. Puedo imaginarme a algún que otro ruso, con los ojos como platos, sin dar crédito a la escena de un hombre que medía no más de 1,60, peleando por su vida.

Como aquella vez que el lateral derecho de no me acuerdo qué equipo de pueblo, estaba acribillando a patadas al Vallejo hijo, el cual, cada vez que le encaraba, regateaba y chuleaba al rudo y lento lateral.

El Vallejo hijo, después del segundo o tercer regate (esperaba al defensa para volver a chulearle), rodaba por el césped del campo (era el único campo de césped de la provincia), como consecuencia de los impactos que sufría.

(Inciso: días después de escribir esto, y pensando en Boby, que estará jodido, el hombre, he recordado que el campo de El Prado, en Talavera, también era de césped….pero un césped muy chungo, el segundo, como el puente)

El Vallejo padre, después de cuatro o cinco acciones de estas, saltó al campo y obviando al señor colegiado árbitro, sancionó, con dos buenas bofetadas, al rudo defensa, lo cual, tras ser detenido por los “rondines”, le ocasionó la reprimenda del Coronel de la Fabrica y presidente del equipo de fútbol.

El objeto de la reprimenda, me contó, no fue por sacudir a un chaval de 17 años, no, dado que el chaval se lo merecía, fue por incompatibilidad familiar: el señor Vallejo debió pedir a algún amigo que hiciera lo que él hizo. “Nemo Iudex in sua causa”, creo que se llama a ese principio. No se sancionó al hijo por las acciones del padre. Al hijo le echaron del equipo porque un extremo izquierda, después de regatear al defensa, se debe ir para la portería, no esperarle.

Qué gran hombre fue el Coronel Montojo.

Eran tiempos donde el futbol era un deporte de hombres, donde cada futbolista sabía a lo que se exponía. Yo tenía rotos la tibia y el peroné de mi pierna izquierda, como resulta de uno de esos lances viriles y varoniles, pero mi padre no pegó a nadie y yo no guardo rencor a Bobby, el que me rompió la pierna. Es más, ahora somos amigos. Fue un balón disputado. Entonces no lo supe pero, muchos años después, he sabido que “hacerse el cojito” da muy buenos dividendos. Si no es necesario que te lo hagas, sino que lo eres….ya se pueden imaginar ustedes la afición que he tomado a romperme huesos. Ya se pueden imaginar ustedes, también, lo que entiendo yo por “hacer virtud de la necesidad”. Dos veces he engañado a la misma haciéndome el cojito.

En una ocasión, conversando con el señor Vallejo, le pregunté:

– Señor Vallejo, si estás enamorado, es correcto cepillarte a tu novia?.

Él me contestó:

– Si tienes oportunidad, tú te la tiras. Si te casas con ella, como es tuyo, pues bendito sea Dios. Y si no te casas con ella, ya se apañará el que llegue.

Con tan buenos consejos, en la primera oportunidad que tuve, seguí a pies juntillas las indicaciones, aunque antes tuve que obtener el visto bueno de San Nicolás, y como me casé con ella, pues bendito sea Dios.

Visitaba la taberna, con fines etílicos así mismo, el señor Juanito el Aviador. Era ya muy mayor y siempre iba impecablemente vestido con traje y corbata.

Le llamaban el aviador, contaban, porque su señora le había puesto los cuernos, sin disimulo, y luego lo había abandonado. Él, presa de la desesperación, en vez de matarla a ella, al otro o a los dos, como hubiera sido de rigor en un tango, se tiró por el Miradero, pero no se mató, solo “voló”, para su deshonra que llevó, sin dignidad, el resto de sus días. El señor Juanito sabía que el amor no mata a quien lo recibe, mata a quien lo produce. El señor Juanito era muy buena gente.

No sé si este hombre sabía algo de opera, pero sí sabía que el amor es cruz y delicia del corazón. Alguna vez me contó como amó a aquella mujer.

Los chicos malevos nos metíamos con él y tras iniciar una conversación, normalmente referida a acontecimientos divisionarios, le preguntábamos acerca de sus aficiones voladoras, lo que le sacaba de sus goznes y con muy mal genio contestaba, voz en grito:

– Mala leche, loco, me cago en tu padre.

Se ponía tan fuera de si que, a veces, se quemaba los labios con el cigarrito de picadura liado que fumaba. Las quemaduras de los labios no le dolían tanto como la que tenía en el alma.

Yo me cabreaba con los colegas porque me gustaba oírle las historias de la marcha de retirada a 30º bajo cero y les decía: “coño, dejad que termine la historia”!!!!.

Este hombre, además, me enseñó a liar tabaco aunque nunca he tenido que usar esa técnica.

Muchos años después me he preguntado cuanto tiempo se puede vivir con esa quemazón en el alma. El señor Juanito el Aviador vivió con ello, durante muchos años, hasta su deceso de muerte natural. No olviden que fue divisionario y su cupo de muertos lo cubrió en el frente ruso.

Me han contado algún otro caso en que se suicidaron, después de las puñaladas. Ahora, todos los días, tenemos casos de estos en las noticias, sencillamente porque tenemos muchas noticias.

Esto no es nuevo, a Holofernes, una mujer, le costó la cabeza.

Tipos así poblaron mi adolescencia y primera juventud.

Hoy día, no es posible este escenario. Si tu señora te pone los cuernos, sin disimulo, te abandona, se queda con los hijos, el coche, la casa, más de medio sueldo, y una semana después la ves entrando en el piso, que todavía no has pagado, agarrada de la cintura del siguiente, te jodes y te aguantas porque está en su derecho. Ahora somos personas civilizadas, sin sentimientos canallas. Estamos todos muy controladitos sentimentalmente.

Así debe ser, dice la Ley.

Naturalmente, querido Pepe, con el escenario cultural actual no me parecen posibles los tangos.

Me pasa como a Borges, creo que Piazzola no hizo bien a las historias de los tangos, por más que evolucionara la música e hiciera del Tango un ritmo académico universal.

Me gustan los tangos que cuentan historias canallas. Historias de sentimientos traicionados. Historias de hijas de puta, golfas, que destrozan la vida de hombres idiotas con sentimientos. Me gustan más los tangos de la Vieja Guardia.

Aquellos viejos tangos donde un tipo mal encarao entra en un boliche de Corrientes con Dorrego y al ver a su percanta con un gil, tira de facón y les parte el corazón a los dos. Me gustan esos barrios plateados por la luna, donde un muchacho graba, con su acero, los nombres de las minas que quiere en los muros de los conventillos de mala muerte. Me maravilla que alguien quiera, treinta años después, enseñarme los muros de mi barrio, donde yo grabé con acero, a los 16 años, el nombre de la mujer que quiero….. yo asisto, calladito, a las explicaciones…..pero no grabaré su nombre, porque no pertenece al barrio, porque no sabe lo que es un barrio….eso si que es un tango!!!.

(No te voy a decir en qué muro grabé el nombre porque es Monumento Nacional y me meterían en la cárcel, pero a los 16 yo sabía poco de monumentos que no tuvieran faldas y me importaba una puta castaña ir a la cárcel. Me importaba mucho más decirle al mundo que yo amaba a esa mujer).

Me gustan porque, seguramente, yo me eduqué así, porque, seguramente, soy así. Seguramente, porque, cuando me miro en ese espejo, me veo reflejado. Me gusta la gente que siente, que ríe y llora de verdad. Que tiene recuerdos, que ama y que odia….me gusta la gente con alma.

Habrá distintas percepciones de cada persona y habrá distintas versiones que interesarán a unos y a otros. Todas son divertidas y cada cual tendrá su criterio. Yo siempre discrimino entre moralidad y legalidad, en caso de duda siempre elijo la legalidad, por una cuestión bien sencilla: la moralidad es mía, la legalidad de todos. Duele mucho y cuesta mucho trabajo, pero no hay más remedio.

Voy a traer, hoy, a esta consideración un tango que escribieron, los que pone, en 1.923, cuando si eran posibles estos sentimientos.

Me maravilla como Celedonio Flores, tanto como otros que tú conoces, fueron capaces de resumir en tres minutos y medio una historia completa y describirla de forma magistral.

Tu fíjate, Pepe, si Celedonio Flores hubiera tenido, entre sus herramientas, el Tuiter o el fesibuc.

 

MANO A MANO

 

Música: Gardel/Razzano

Letra: Esteban Celedonio Flores.

 

Rechiflado en mi tristeza, hoy te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer.
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.
Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
Ios morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás…
Los favores recibidos creo habértelos pagado
y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás de las paradas con cafishos milongueros
y que digan los muchachos: Es una buena mujer.
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en tu pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

No sé si para ti, pero estimo como necesario que traduzca un poco de Lunfardo, en virtud de un curso “on line” que hice en la Universidad del Tango de Buenos Aires.

 

Paria: pobe. Vida paria: vida pobre, con necesidades económicas.

Percanta: mujer, amante, concubina.

Gambetear: regatear

Bacan/Bacana: persona que se da buena vida, que vive como un rajá.

Acamalar: Cuidar, mantener.

Remanye: llegar a conocer a una persona.

Morlacos: Dinero, billetes.

Otario: Individuo tonto del culo. Crédulo.

Marchanta: Bateo, lanzamiento de chuches o dinero.

Mate: cabeza.

Engrupir: convencer, engañar, embaucar.

Gavión: Querido, novio.

La milonga: el baile, los bares.

Cafishio: proxeneta, hombre que vive de las mujeres.

Beguein: enamoramiento, capricho.

Vento: producto de una estafa.

Amarrocar: ahorrar.

San Martín: billete de curso legal.

Piantar: abandonar.

25 años después, Donato Ricciatti, un músico uruguayo de limitado valor tanguero, decidió darle una réplica femenina.

No es fácil enmendarle la plana a Celedonio Flores y, analizando la letra, no tengo muy claro si pretendía una replica o dejar meridianamente clara la catadura moral de la señora que quiere cobrar, con dinero, los favores otorgados y  que aún le parece poco lo que cobró. Después de la replica de Ricciatti sobran el primer verso y la estrofa final.

 

 

Canta un abandonado:

 

Música: Gardel/Razzano

Letra: Esteban Celedonio Flores/Donato Ricciatti

 

Rechiflado en mi tristeza,
hoy te evoco y veo que has sido,
en mi pobre vida paria,
solo una buena mujer.
Tu presencia de bacana,
puso calor en mi nido;
fuiste buena consecuente,
y yo sé que me has querido,
como no quisiste a nadie,
como no podrás querer.

Se dio juego de remanye,
cuando vos pobre percanta,
gambeteabas la pobreza,
en la casa de pensión.
Hoy sos toda una bacana,
la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario,
los tirás a la marchanta;
como juega el gato maula,
con el mísero ratón.

Contesta la señorita aludida

Yo no sé por qué estás triste,
y evocás lo que ante’sido,
yo no quiero ni engrupirme,
que era una buena mujer.
Y aburrida de tu trato,
preferí dejar el nido,
porque me tenías cansada,
con tu beguein de engrupido;
y decís que te he querido,
como no podré querer.

Se dio juego de remanye,
me batís como reproche,
mientras pa’ ponerte al día,
fui a parar a una pensión;
y vos la pasabas curda,
de la mañana a la noche,
patinándote mi vento,
en taxímetro y en coche,
cuanto tenés de guapito,
prepotente y compadrón.

Canta el abandonado:

Hoy tenés el mate lleno,
de infelices ilusiones;
te engrupieron los otarios,
las amigas, el gavión;
la milonga entre magnates,
con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican,
milogueras pretensiones;
se te ha entrado muy adentro,
en el pobre corazón.

Nada debo agradecerte,
mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho,
lo que hacés ni lo que harás.
Los favores recibidos,
creo habértelos pagado;
y si alguna deuda chica,
sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario,
que tenés se la cargás.

Replica la señorita de moral relajada:
Hoy decís que tengo el mate,
de ilusiones rebosante;
que me engupieron los giles,
mis amigos y el bacán;
pero hablás de esta manera,
porqué te he dado el espiante.
Lo que pasa mis amigos,
que no soy aquella de antes;
y amarroco San Martines,
pa’ que no me falte el pan.

Nada debo agradecerte,
decís mal agradecido,
que has quedado mano a mano,
con lo que te he dado yo;
pero no pienso cobrarte,
porque quedarías fundido;
es mejor de que a tus deudas,
las encierre en el olvido,
porque sino pagarías,
todo lo que hice por vos.

Esta versión no tuvo demasiado éxito, seguramente porque Mano a Mano y todas las obras de arte, que lo son, deberían quedarse como las hicieron sus autores, pero siempre habrá comerciantes que quieran sacar un poco más de leche a la vaca.

Esto es no querer comprender la esencia de este tango…mano a mano hemos quedado, nada debo agradecerte. Se han liquidado las cuentas y, por tanto, estamos en paz. Si no se liquidan las cuentas, malamente estaremos en paz. La solidaridad de la estrofa final y la tristeza inicial no serían posible sin liquidar.

Tú y yo sabemos mucho de liquidaciones y, también, sabemos que son preceptivas cuando terminas una obra, precisamente, para quedar mano a mano.

Los sentimientos no son medibles pero los dineros si. El amor no se puede meter en una hoja de Excel, pero los apuntes bancarios y las líneas de medición si.

En la página de Todotango, declarada de interés nacional, Mano a Mano se sitúa en el puesto número 17 de entre los más buscados, encabezando la lista, como no, Cambalache.

Seguiremos hablando de tangos porque, como decía el señor Vallejo, “la vida es un tango y no hay nada como saber bailar”.

Y para muestra un botón: mira esta milonga que compuso Pitín Castellanos (un cirujano del corazón) y a la que puso letra Celedonio Flores, La Puñalada, se llama, Juan de Arienzo la dibujó como nadie.

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