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LA MATILDICIOSA (By Garoz-Esteban)

Señores lectores:

 

Inicio hoy lo que doy en llamar “Colaboraciones” cuando, de hecho, yo no colaboro en nada.

 

En realidad, la idea es hacer proselitismo. Animar a las personas de mi entorno, con las que hablo a diario, a escribir, a sentirse vivos, a volcar en negro sobre blanco los pensamientos y las ideas. Drenar el cerebro es muy buen ejercicio.

 

Si tienen ustedes en cuenta que la mayoría de las personas de mi entorno son individuos muy formados técnicamente y muy deformados  por una profesión que les hace muy retraídos a la hora de comunicar, dado que disponemos de medios establecidos y rígidos para “informar, certificar y ordenar”, comprenderán, como comprendí yo en su momento, que esta terapia escritora es muy buena para cualquier salud mental.

 

El hábito de escribir, además, mejora ostensiblemente el rendimiento horario de cada día, puesto que las musas andan a su libre albedrío de 5 a 7 de la mañana. Son las mejores horas para escucharlas y rendirlas el culto que se merecen.

 

Es, pues, mi intención hacer labor de partera y ayudar a alumbrar. No hay otra intención, no la busquen.

LA MATILDICIOSA.-

Francisco Manuel Garoz-Esteban

Juan de Peñalosa, insigne músico renacentista español de la corte de Carlos V, compuso una cancioncilla para cuatro voces y vihuela de gran belleza y emotividad, esta sencilla pieza musical evocadora de otros tiempos y otras gentes más antiguas y nobles, narra las dichas y desdichas de aquellas garridas serranas que por las sierras de Madrid moraban, y que las homólogas de las sirenas que acaso encontró Ulises en sus viajes por los mares al regreso de la guerra de Troya. Estas serranas embaucaban a aquel que  osaba acercarse a ellas con sus dulces cantos pastoriles y su lozanía infinita,  proporcionándoles un destino fatal.

La sierra de Guadarrama, frontera entre las Castillas, basto bosque de granito en la Pedriza, adustas montañas de redondeados picos, y regia apariencia en Peñalara, recoletos valles en Rascafría, imponentes pinares de Valsain, fuentes de los rios Guadarrama, Manzanares, Lozoya o Eresma, nieves engañosas en las cumbres de la capital de este fragmentado reino de taifas que llamamos España.

Y es que siempre fueron refugio espiritual de reyes, nobles y eremitas. Guarida de bandoleros, refugio y maldición de pastores, tumba de dictadores, suelo ideal para edificar los chaletes de la burguesía más pija de los madriles… y para mí, en los últimos tiempos, refugio y lugar de descanso, anhelado y querido, cumbres afanadas por mi… De Madrid al cielo, sí… pero pasando por la sierra.

(Y por qué no decirlo?… pedazo de región arrancada de cuajo de nuestro territorio patrio, para formar esa cosa horrenda que se llama Comunidades Autónomas… que se hubiesen quedado los murcianos con Albacete… pero por favor, que nos devuelvan nuestro Madrid).

Este lugar capitalino, mágico y especial, esta lleno de leyendas e historias peculiares.

Hace unos meses iba con mi buen amigo Malaspina en dirección a Segovia, y al pasar por la sierra, contemplando la siluetas de las montañas Carpetanas, me acordé de las muchas veces que he tenido el placer de ascender LA MALICIOSA,  cumbre mirador de Madrid, montaña mítica  para el alpinismo domingueril madrileño, con su cara sur escarpada y vertiginosa que se precipita sobre las localidades de Navacerrada, Becerril y Mataelpino.

En ese momento y a tenor de la amena conversación mantenida sobre las psicopatías femeninas, sobre las que tantos conocimientos atesora mi buen amigo, y sobre asuntos varios, todos ellos relacionados con el mal de amores… Empezó mi cabeza a evocar a aquellas serranas a las que antes hice alusión. Todos aquellos asuntos y la evocadora llamada de la montaña me hicieron elaborar en mi mente la siguiente historia que paso a narrar.

“Valentiniano era un pastor que andaba los veranos con su rebaño por los prados que circundan el  Ventisquero de la condesa y las fuentes del río Manzanares. Cada tarde el pastor bajaba por las cañadas hasta los rediles que se encuentran en Canto Cochino, encerraba a su ganado y descansaba hasta que a la mañana siguiente volvía a subir hasta las praderías de  las faldas dela Boladel Mundo y Valdemartín.  Nuestro pastor había así,  prosperado forjándose un humilde pero sólido futuro…

Una tarde de junio, cuando se encontraba por la parte alta de la sierra y se disponía a volver a su redil, una inmensa nube negra salida por detrás de las Cabezas de Hierro cubrió el cielo por completo, sumiéndole en la más absoluta oscuridad. Repentinamente truenos, rayos y centellas empezaron a atronar los cielos de una forma casi sobrehumana… el pastorcillo consiguió llegar con su rebaño a una covacha cercana que  el conocía bien y que ya le había guarecido en otras ocasiones, cuando Júpiter había lanzado su furia y sus rayos sobre la sierra …

Repentinamente,  entre el ruido de la tormenta, empezó a escuchar unos extraños gritos, eran los gritos de una mujer que pedían auxilio ante lo que parecía un destino fatal, el pastor al escuchar estos gritos (en si bemol mayor) sintió una mezcla entre alarma y seducción, era una voz sobrehumana e inmensamente bella, que demanda ayuda ante algo inevitable y terrible.

Salió de la covacha que le protegía, enfrentándose a una manta de agua y a unos rayos que podían terminar con su vida de forma fulminante… pero Valentiniano, no se acobardó, se dirigió sin pensarlo en la dirección de procedencia de aquellos dulces alaridos, como abducido y sin mirar el peligro…

Detrás de una roca se guarecía el cuerpo sugerentemente desnudo de una mujer cuya belleza  blanquecina contrastaba con la oscuridad de la tormenta fatal que estaba apunto de terminar con su vida…. Por alguna razón Júpiter había decidido descargar toda su ira sobre aquella Venus serrana. Aquella criatura angelical, cuya virginal belleza e inocencia  no podía dar motivo más que a pasional adoración.

Nuestro audaz pastor tomo su manta y cubrió el nacarado cuerpo de la joven serrana, que le miró con ojos de cordera… ojos entre  tímidos y turbadores…  después tomo en brazos su lozano cuerpo y la llevo hacia su refugio, con la intención de guarecerla… cuando llegaron a la covacha, el pastor le preguntó… “¿puedo saber cual es el nombre de este ángel venido del Olimpo?”, ella dijo “soy Mati, la serrana”… “¿y dime, Mati… cual es la razón por la que eres perseguida por Júpiter … que has hecho para que descargue su ira sobre una de las ninfas del Olimpo”…. Mati evadió la respuesta y se desmayó.

Los cuidados del pastor se prolongaron durante días, cuidando de más la serrana que de su propia vida…. Le dio refugio, protección y amor…  la serrana pudo  ver que su aguerrido salvador era un pastor de vida acomodada, con muchos bienes y con un gran patrimonio, formado por la dehesas de Villalba y gran cantidad de reses y cabezas de ganado… fue entonces cuando decidió ceder a las pasiones mas intensas que despertaba en Valentiniano, el cual lo  había abandonado todo seducido por la serranilla… Fué entonces cuandola Mati, le dijo al pastor… ¡Oh… eres el hombre de mi vida…!!!

A partir de aquel día Mati fue la dueña y señora de los designios del pastor (y también de su patrimonio, ¿por qué no decirlo?), ella empezó a mostrar su verdadera naturaleza,  y comenzó a dar signos de dominio y altanería… dejo de satisfacer los deseos carnales del pobre Valentiniano, para yacer en  compañía de otros pastorcillos durante sus ausencias pastoriles.

Poco a poco la fama de Mati empezó a extenderse por la sierra, sus favores eran célebres y hasta desde la capital se desplazaban grandes de España para disfrutar de esa fruta  prohibida y peligrosa…

Mientras el pobre Valentinano, que ignoraba los movimientos de su amada, era vampirizado por esta, y cada vez se encontraba más débil y enfermizo.

Un día, un hombre encapuchado de larga barba, (casualmente muy parecido a Gandalf) llamo a la puerta del pastor,  el cual se encontraba ausente… fue recibido efusivamente por Mati, la cual muy ligerita de ropa, invitó a pasar al desconocido, pero cuando lo observo bien se dio cuenta que era un mendigo que únicamente requería la caridad de aquel hogar. En ese momento ella cogió una vara de avellano y empezó a golpear al anciano hasta que lo mató.

Llena de ira, subió al monte a buscar a su marido, para comunicarle que un viejo verde había intentado deshonrarla, y que ella heroicamente se había defendido causando la muerte del intruso… con semejante engaño pretendía buscar una coartada para defender su inocencia ante tan terrible asesinato…

Cuando encontró a Valentiano, este se encontraba desolado, llorando, en un estado deplorable… ¿puede que fuese porque no tenia plan B..?…. No… Nuestro héroe había descubierto la verdad sobre su amada…

Bajo un árbol próximo, Mati observó horrorizada la silueta del hombre encapuchado con una larga barba que se acercaba hacia ella mirándole fijamente a los ojos…. ¿Acaso no era el hombre al que acababa de asesinar impunemente?…

De pronto, el hombre encapuchado extendió su capa gris a los vientos, tornándose  en un inmenso nubarrón que en pocos segundos tiñó el cielo de la sierra de negro, convirtiéndose este en una violenta tormenta…

De entre las nubes surgió un terrible bramido de Zeus que decía:

“Maliciosa ninfa del olimpo, por segunda vez has demostrado al mundo tu maldad, tras tu primera fechoría fuiste salvada por este pobre pastor cuando ibas a ser castigada… pero ahora el pago por tus culpas será inexorable… “

Un extraño grito salio de la garganta de Mati, era la segunda vez que Valentiniano lo escuchaba… pero esta vez no pudo hacer nada…

Cuando abducido por el grito de la serrana, Valentiniano iba a actuar, desapareció súbitamente la tormenta apareciendo ante sus ojos una hermosa montaña, tan bella, enigmática  y peligrosa como había sido su amada…

La montaña fue bautizada como la Matildiciosa… aunque con el pasar del tiempo, y después de conocida esta fabulosa historia, las gentes espontáneamente la llamaron “LA MALICIOSA”.

Hoy muchos montañeros a los que sorprenden las tormentas en la zona de esta montaña, siguen escuchando los gritos y llantos de una mujer, muchos de los más valientes, en un intento de socorrer al sujeto de tales gritos, han asegurado ver a una mujer entre las peñas, que les ha conducido hasta algún abismo…. o a la locura…

Fin de la historia

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