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MEDITERRANEO

El otro día, o debería decir la otra noche, estuve viendo la película MEDITERRÁNEO, de Gabriele Salvatores, que obtuvo un oscar a la mejor película extranjera en 1.991.

La película, en si, es una de las que más me han gustado en toda mi vida. La ví, por primera vez, hace años y ya me gustó mucho.

Me resulta curioso el sentimiento aquel de que cada vez que ves algo que ya has visto antes, si ese algo, sea cine, literatura, escultura, pintura, es bueno (o a ti te parece bueno), cada vez es mejor.

Me imagino que sucede porque la segunda o tercera vez que ves y piensas en lo que ves, descubres cosas nuevas.

El argumento que, en apariencia es sencillo, encierra una gran filosofía. Es mucho más que una película de humor.

Los soldados italianos que se desplazan a una isla de la costa sur de Turquía, en pleno Mediterráneo oriental, para ocupar una pequeña isla como consecuencia del tratado de amistad de 1.941, descubren, después de un tiempo, que la isla estaba habitada y se integran en la sociedad aquella. Solo había niños, mujeres y viejos porque los alemanes se habían llevado a los hombres.

La película va describiendo la personalidad de cada soldado.

Cuando descubren que en el pueblo había una puta, el sargento establece los turnos de asistencia a la casa de la señorita cortesana.

Lo descubren porque la señorita se presenta en el Mando, pidiendo trabajo. Sin embargo no se hace ninguna referencia a precios, habiendo dejado ella bien claro que era “puta”. Nada se dice de donde sacaban los soldados el dinero.

Es muy curiosa la imagen de la impecable fachada de la casa de la meretriz en contraste con el ruinoso entorno.

Resulta que uno de los soldados no quería entrar a fornicar con Basilisa, que así se llamaba la señora, aunque de lisa no tenía nada. Se quedaba sentado en el poyete de la entrada. Hay una conversación entre Antonio, el soldado italiano, y Basilisa que a mí me parece de lo más tierno.

Un plano medio donde se ve a los actores en medio cuerpo. El soldado está, claramente, enamorado de la mujer de moral relajada.

Él le pregunta a ella:

–     Por qué eres puta?

Ella contesta:

–        Mi abuela fue puta, mi madre fue puta y mi hermana es puta.

Él le pregunta:

–        Y vas a ser puta toda tu vida?

Ella contesta:

–     No, quiero poner un restaurante.

Ella deja muy claro el asunto del determinismo cultural lo cual es una fuerza o costumbre que tiene que ver mucho con los canales de la información en el cerebro de las personas: hace tres generaciones que las mujeres de su familia son una cosa determinada. Todo el mundo sabe que va a ser eso….y lo es. No te puedes sustraer al destino y no te puedes sustraer porque desde muy jovencita te han educado para eso.

Gabriele Salvatores no debe ser partidario de ese concepto porque acaba con él a tiro limpio.

Antonio declara su amor a Basilisa y ella acepta el compromiso que supone todo amor. Cuando los camaradas de armas vienen a cumplir con su turno de visitas a la casa de Basilisa, se lía a tiros con ellos y ni el sargento ni el teniente pueden hacer nada por restituir la tradición puteril.

–        la amo, dice Antonio.

–        Y tu que tienes que decir, Basilisa?, pregunta el teniente.

–        Yo también le amo, contesta ella.

–        Si se han enamorado, contra los sentimientos no se puede ir.

Remata el teniente, dando por zanjado el incidente de los disparos y volviendo a las pinturas de los frescos de la capilla, que era su ocupación principal. Lo Russo y Luciano se miran y se alejan compungidos y aceptando la situación.

Me recordó aquella escena de chiste donde cuatro leones escuchaban los finos acordes de un flautista cuando, de repente, un quinto león apareció y se comió al flautista. Uno de los leones oyentes le dice a otro: pues nos ha jodido el concierto el sordo.

No sé si porque convenía al guión o por qué razón, pero cuando se tienen que ir a casa, Antonio se esconde y con la anuencia del sargento, se queda en la isla, aún a riesgo de ser considerado un desertor. Todo sale bien y Antonio y Basilisa viven felizmente hasta la muerte de ella, regentando un restaurante típico.

El sargento Nicola Lo Russo, veterano de la guerra en España (Corpo Truppe Volontarie), es otro de los tipos curiosos que se describe en este film. Un tipo cariñoso pero muy convencido de que tiene que cumplir con su deber y con el procedimiento.

En un momento en que está dando órdenes alguien le dice:

–        Lo Russo, por qué siempre tienes que dar ordenes a voces?

–        Porque soy el sargento y desde las guerras Púnicas, los sargentos damos voces.

Un hombre comprensivo y sin maldad. Un hombre que cuando establecen los turnos para ir a casa de Basilisa él se coge el primero, que para eso es el sargento, y cuando sale, arrastrando los pies, dice:

–        La he machacado!!!.

Pobre idiota sería si no se adivinara en su rostro que no se creía lo que estaba diciendo y, además, no era esa su intención. En cambio he leído en alguna crítica que lo califican de “machista”. Los que dicen esto no saben el artículo 5º del Cabo, de las Ordenanzas de Carlos III:

“EL CABO, COMO JEFE MAS INMEDIATO DEL SOLDADO, SE HARA QUERER Y RESPETAR DE EL; NO LE DISIMULARA JAMAS LAS FALTAS DE SUBORDINACION; LE INFUNDIRA AMOR AL SERVICIO Y MUCHA EXACTITUD EN EL DESEMPEÑO DE SUS OBLIGACIONES; SERA FIRME EN EL MANDO, GRACIABLE EN LO QUE PUEDA Y SERA COMEDIDO EN SU ACTITUD Y PALABRAS AUN CUANDO SANCIONE O REPRENDA”.

Un hombre que reconoce, dirigiéndose al capitán del equipo contrario, en la discusión de un partido de futbol:

– Bueno, vale, ha sido penalty, pero con dos condiciones, primera, que lo tiras tú y segunda, que te lo paro yo.

Para mí que Salvatores describe a un misógino que acaba desengañado con su Patria y vuelve a la isla a vivir.

Misogino?…… no lo sé, porque el tío quería encontrar una buena mujer, que le quisiera, y una harpía hermosa para acostarse con ella…..el viejo sueño de los misóginos, desde la época de Ulises. Naturalmente, no lo encuentra, como no lo encontró Ulises. No existen las gaseosas Caseras y Revoltosas, al mismo tiempo. En este concepto, Salvatores se equivoca; la que es puta porque lo fue su abuela, lo fue su madre y lo son sus hermanas….va a ser puta mientras su cuerpo aguante (las putas, como los deportistas, tienen una vida profesional corta).

Un hombre que se siente halagado y temeroso cuando Luciano le declara su amor. Esa escena también es muy tierna.

Luciano cuida, afeita, da masajes, hace la comida del sargento y de ese roce surge la amistad. Lo Russo explica a Luciano su sentido de la vida y este le pregunta:

–        Mi sargento, y no puedo ser yo esa persona que usted ame?.

Un hombre que, al segundo día de estar en la isla, ya se había quitado la guerrera porque no le hacían falta los galones, su autoridad devenía, directamente, de su sabiduría y experiencia. Era el factotum al que todos recurrían.

Corrado Noventa, otro de los personajes, es un hombre en fuga. Un hombre enamorado y que echa de menos su hogar, su mujer y sus hijos.

Se tira toda la película escribiendo cartas que entrega a Lo Russo el cual las guarda en un cajón porque no hay correo, pero le hace creer que las está mandando. Escribir cartas que no mandas, les aseguro, es una forma, como otra cualquiera, de mantener vivo un sentimiento. Las cartas son un bálsamo para el abandono.

Se pasa toda la película tratando de escapar de la isla. Todos saben que es un desertor pero nadie le dice nada por la sencilla razón de que no puede escapar de la isla. Él continua, hasta el final, en su deseo absoluto de volver con su familia.

Todo termina con una secuencia melancólica donde el teniente Raffaele, pintor de frescos, regresa a la isla ya pasados los años.

Todo está lleno de turistas y Salvatores, con un movimiento sabio de la cámara (como en todo el film), pasa de soslayo por el “Restaurante Basilisa” y la cruz griega de la tumba con la foto de la puta….se encuentra con Antonio y este le lleva a una terraza donde Lo Russo sigue con su filosofía, después del desengaño de la Patria….hablan y Lo Russo vuelve la mirada al Mediterraneo….a lo suyo….a su cultura.

Ya les digo, amigos, película muy recomendable.

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Categorías:Uncategorized
  1. francisco
    julio 26, 2011 en 6:07 pm

    Lo de puta, es por la bruja o por la mala

    • julio 27, 2011 en 6:20 am

      Gracias Paco……es que era puta por tradición familiar. Honra merece quien a sus padres se parece…dice el refran.

  2. paloma martinez lario
    julio 27, 2011 en 12:28 am

    ¡Hola, Valentín! Ante todo, felicidades. Como lectora por obligación, he pasado muchos años analizando textos (en la carrera me enseñaron a hacerlo de un modo científico) pero sobre todo, como lectora por devoción, he entrenado la intuición para distinguir la calidad y he aprendido a afinar el “oído” para apreciar la “música” de un buen texto, y te puedo decir que tu escritura me gusta por muchas razones: tu dominio verbal, ese torrente que debes domeñar, sin embargo; la agilidad en los variados registros, sea el formal o el familiar o coloquial; la capacidad para utilizar técnicas diferentes y todas ellas muy modernas como el monólogo o el estilo indirecto libre en los diálogos, sin la utilización de verbos introductorios del tipo: pensó, decía, explicó, etc. que tanta pesadez puede imprimir a un texto; la elección de ciertas referencias culturales que dan categoría al contenido y producen gratificación en el lector cultivado; la mezcla de un lenguaje canalla y elegante al mismo tiempo; la intrusión de citas, letras de canciones o poemas de manera abrupta, al modo de la escritura automática , con la imperiosa irrupción de la memoria o el pensamiento inmediato (todo ello muy moderno, muy en la línea de la mejor literatura experimental, antes de que el exceso la arruinara); la facilidad para combinar géneros ( la biografía, la reflexión moral o política, el artículo-ensayo, la descripción y la narración); el uso de la ironía, las paráfrasis y el humor como rectificadores de lo melodramático que acecha todo pensamiento profundo. Además, desde el punto de vista de la construcción gramatical o sintáctica, no se te puede reprochar nada.
    Me gusta la paráfrasis quevedesca que subraya el título de tu blog.
    Y ahora viene el capítulo de las recomendaciones: eliminar el exceso verbal, domesticar, limpiar, decantar el torrente. Evitar las descripciones prolijas: aunque tu escritura posea una plasticidad y una viveza extraordinarias deberías utilizar más las elipsis; abandonar cada vez más lo autobiográfico (interesa más a un lector la historia del accidente, el hospital y la recuperación del amor, por ejemplo, con lo que aquél se puede identificar, que tus recuerdos infantiles y adolescentes que sólo te gratifican a ti o a quien te conoce y comparte contigo esas experiencias. O sea: lo importante es elevar la anécdota a categoría, universalizar lo individual –creo que ése es el objetivo del arte-; más ficción: crear, crear personajes y situaciones alejadas del individuo Valentín García Rojas (aunque en el fondo, al escribir, todo escritor se reinvente a sí mismo), distanciarte de ti mismo, reinterpretar el mundo; Utilizar la imaginación más que la memoria cuando narras. Si bien en un buen texto tienen cabida las dos, la segunda debe estar al servicio de la primera ; no preocuparse por la forma. En la controversia fondo-forma y a pesar del papanatismo de los críticos, el experimentalismo como bandera de modernidad no debe nunca sustituir a una buena historia.
    Por cierto: ¿no crees que a Caravaggio se le daba muy mal componer escenas tiernas?
    Un beso, Paloma.

    • julio 27, 2011 en 6:18 am

      Gracias Paloma.
      Como te dije, una crítica tuya siempre es muy de agradecer. Recuerda que yo soy Ingeniero de profesión y esta vocación es nueva para mi……tomo nota de tus consideraciones, que por profesionales, las estimo en lo que valen y valen mucho. Gracias, otra vez.
      En cuanto a lo de Caravaggio….te aseguro que aquella escena se puede calificar de todo lo que quieras menos de tierna….tenías que haber visto la cara de mala baba que tenían las tres!!!!. Te aseguro que me daban más miedo ellas que el guardarrail. La imagen que pasó por mi mente fue….Maribel sonriente con mi cabeza, por los pelos, en la mano; pero no fue así, no. Mi madre, desde el cielo, organizó todo (algún día te lo contaré….. tal vez en los Dolomitas), solo que sepas la escalofriante sucesión de casualidades que ocurrieron aquel día.

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