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EL HOMBRE QUE PELEABA EN LA CALLE

EL HOMBRE QUE PELEABA EN LA CALLE

En el confort de la cama caliente, Herminio disfrutaba de los últimos minutos de la noche; esa noche la partida de tute se había prolongado más de lo habitual y, como de costumbre, el Bigotes había impuesto su ley y soplado a los compañeros una media de 15 pesetas. La cuestión era muy sencilla para personas de ciencias: jugar y perder, pagar y callar; no había ninguna otra implicación emocional.

La Sole, todavía, no había sacado a Felipe al patio, el sol no había hecho acto de presencia. Felipe era un canario tenor que, con sus afinados trinos, daba la coña todas las mañanas. La Hermandad de Andrés Mellado estaba considerando muy seriamente poner fin a tal estado de cosas.

Entre las consideraciones que se barajaban, en la asamblea, estaba la de la pena por el pobre animal y lo poco efectivo que sería ponerle un loro como partener; cuando Felipe empezara a cantar el loro lo haría callar. Esta era una propuesta del grupo radical, compuesto por una persona.

No adelantarían nada debido a que un loro no haría callar a la Sole que comentaba todos los días, a través del patio desde el cuarto piso, con la del segundo, la desvergüenza imperante en esos tiempos en los que las parejas se “cataban”, como si de melones se trataran. Esta era la contrapropuesta del grupo conservador, compuesto por otra persona.

–        Paquiiiiiii, has visto como son ahora los jóvenes?

–        Si, menudos cochinos

–        El otro día, mi Adolfito me pidió que le comprara unos pantalones vaqueros.

–        No me digas!!!!

–        Ves lo que pasa por alquilar pisos a estos rojos asquerosos?. Ves que ejemplo?.

–        Claro, y fíjate que llevan el pelo largo y no creo que se duchen.

–        Le dije que de pantalones vaqueros nada de nada y le sacudí un sopapo, por guarro.

La Sole era la vecina del cuarto, una mujer de principios sin finales y con una voz estridente que producía rigidez en la columna vertebral cuando te despertaba con sus consideraciones filosóficas que se podían resumir en que si Sócrates era mortal y ella era mortal, ella era Socrates. Esa confesión, además, justificaba el golpazo que se oyó la tarde anterior, como cuando alguien cae al suelo. Una mujer para expulsar de cualquier nube.

–        Paquiiii, y no te imaginas lo que me pasó el otro día.

–        Que te pasó, Sole?.

–        Pues que al meterme en la cama, al girarme, toqué y Adolfo padre estaba desnudo!!!!.

–        Será asqueroso!!!

–        Le dije: ponte ahora mismo el pijama que me vas a ensuciar las sábanas.

Adolfo padre, era un hombre honrado y trabajador que, aún llevando el pelo perfectamente cortado a navaja, se duchaba poco y ensuciaba las sábanas. La Hermandad nunca supo cómo las manchaba y empezaba a tomar conciencia de que Adolfito hijo había venido de Paris, por correo certificado, en vez de Estardos Unidos. La Hermandad perdió la esperanza de que Adolfo padre lo hiciera (hacía tiempo que había tirado la toalla) y comprendió que nadie haría callar a la Sole.

Después de arduos debates se optó por minimizar los efectos sonoros del amanecer en el patio de Andrés Mellado, haciendo callar a Felipe, aunque no pudieran hacer callar ala Sole. A tal efecto, y del fondo común, se acordó comprar un loro al que se impuso el nombre de Dalmacio.

Además se acordó poner en el buzón de correos de la Sole mensajes de animo para Adolfo padre y para Adolfito. Esta propuesta fue tramitada por el grupo mixto, compuesto por las dos personas que quedaban.

ANIMO, ADOLFO, NO TE RINDAS…DORMIR EN PELOTAS ESTÁ MUY BIEN.

ADOLFITO AMIGO, EN CLEPER, QUE ESTÁ ENLA RIVERA DECURTIDORES, HAY LEVI STRAUSS POR MIL DUROS….ROMPE EL CERDITO!!!!, AQUÍ TIENES TU CASA PARA CAMBIARTE.

(Consejos por gentileza de Cyrano de Bergerac)

Esa mañana, bien temprano, sonó el zumbador del timbre. Era el camarada Hochimín que proclamaba el estado de anarquía e incitaba a ir a la plaza de Callao a cortar el tráfico en la hora punta.

–        No me jodas, Hochi, ahora vamos a ir a eso?

–        Camaradas, la República nos necesita.

–        A nosotros?.

–        Si, en el Estado socialista, al que nos dirigimos, todos somos necesarios.

–        Ale!!!, Hochi, vete a tomar por el culo, machote, y déjanos dormir, pasado mañana tengo un examen de Mecánica de fluidos y el señor Bernouilli me está esperando.

No era la primera vez que Hochi derramaba sus soflamas tratando de hacer proselitismo del Marxismo Materialista de Engels y tampoco era la primera vez que el camarada pedía los apuntes y los trabajos de la Facultad, ya que él no los hacía porque estaba muy ocupado en difundir la política que mandaba socializar los trabajos que hacían los demás y él no.

Eran los momentos finales del antiguo Régimen, muy descompuesto y con su líder en muy mal estado de salud. Un par de años antes ETA había dejado sin delfín al sistema, mandando su coche, y a él dentro, por encima de la cornisa de un edificio en Claudio Coello.

Herminio nunca estuvo de acuerdo con la violencia, sobre todo si en ese vehículo, además, viajaban un escolta y el chofer. Le hubiera gustado decir a los vascos, si tantos cojones tenían, que se hubiera acercado uno, cuando se bajaba del coche para ir a misa, y le hubiera roto el cuello con sus propias manos, total era un anciano. Nunca le gustaron esos valientes que matan a distancia. El homicidio requiere de causa y sentimiento.

La Hermandad tenía una radio en la que, en onda corta, podían escuchar las noticias sin censura que llegaban desde Radio Londres y, sobre todo, de Radio España Independiente (la Pirenaica).

La oposición en el exilio hacía análisis políticos sobre la derrota que debería seguir España cuando el dictador marchara a su destino en el Valle de los Caídos. Los había “rupturistas” y partidarios de una “transición”.

En el interior, los señores Procuradores en Cortes debatían entre la postura “aperturista” y la “purista”; todos estos estaban en las nubes y tras muchos años de privilegios y abotargamiento no eran capaces de entender nada, la situación les superaba. El país había adelantado a sus dinosaurios. Los políticos no trabajaban para el pueblo, la corrupción estaba generalizada y todos trabajaban para sí mismos.

A Herminio toda esa basura le daba lo mismo. Atendía y debatía las noticias y las situaciones pero tenía meridianamente claro (cristalino) que ni unos ni otros pintarían nada. Serían las altas Instancias del Estado las que diseñarían. Las altas Instancias de ese Estado eran el Príncipe Heredero (el de mejor derecho) y su gabinete de hombres sabios. Estos serían los que asignarían los papeles a cada actor.

Mientras tanto, lo que procedía era “dar guerra”. Hacer ver que el Régimen era incapaz de dar respuesta a las aspiraciones de los ciudadanos que, entonces, eran “administrados”. No se puede amordazar a una población que estaba pidiendo, a gritos, libertad.

La idea de cortar el tráfico en la plaza de Callao era muy divertida para una persona que podía hacer 100 m. en once segundos y Hochi seguía tentando.

–        Venga, camaradas, vamos a demostrar a los grises que son tontos.

–        Igual no les gusta mucho saberlo, Hochi.

–        Que les den por culo a esos cabrones.

–        Ya, amigo, pero es que son ellos los que tienen las porras y las bolas de goma.

–        Venga, coño, sois unos cagaos!!!. Va a ir un montón de gente de Periodismo y Derecho y, además, con un poco de suerte aparecen los de Caminos y algunos de Aparejadores.

Aquello era un dardo directo a la masculinidad aprendida en tantos textos clásicos. Tildar de cobardes a hombres era muy ofensivo en aquellos días, y a Herminio los de Caminos y los Aparejadores le producían admiración: siempre que aparecían había fiesta de la buena, ostias, patás y patós. Era gente de obra.

Los de Telecomunicaciones y los de Arquitectura nunca aparecían, eran unos mierdas, siempre muy ocupados en sus estudios, mariquitas!!!.

–        Me cagonlaostia, Hochi, vamos a ello!!!. Como pensamos hacerlo?.

–        Tiramos, en medio de la Gran Vía, todas las sillas y las mesas de la cafetería California.

–        Judiiiiiii, menudo chocho vamos a armar. Y oyes!, puedo poner la parada del 46 en medio de la calle?

–        Si nos da tiempo sí, y la de la M2, también. Cuando lleguen los grises….maricón el último, estamos?.

–        Vale, voy a por la llave de vaso del 22 para aflojar los tornillos de las paradas.

Ardor guerrero corría por las venas, la adrenalina, con solo pensar la que se iba a armar, encendía las emociones y hacía absolutamente imprescindible la música.

Herminio fue hasta el tocadiscos “pick up” y, buscando entre los vinilos, encontró “Beggar’s banquet” y en este disco venía, en estudio, street fightin man ……Richards y Jones con las acústicas, algo más que decir?:

Evrywhere I hear the sound of marching, charging feet, boy

Cause summers here and the time is right for fighting in the street, boy
But what can a poor boy do
Except to sing for a rock n roll band
Cause in sleepy Madrid town
There’s just no place for a street fighting man
No

Hey! think the time is right for a palace revolution
But where I live the game to play is compromise solution
Well, then what can a poor boy do
Except to sing for a rock n roll band
Cause in sleepy Madrid town
There’s no place for a street fighting man
No

Hey! said my name is called disturbance
I’ll shout and scream, I’ll kill the king, I’ll rail at all his servants
Well, what can a poor boy do
Except to sing for a rock n roll band
Cause in sleepy Madrid town
There’s no place for a street fighting man
No

 Desde Andrés Mellado hasta la calle de la Princesa y, a la izquierda, todo seguido hasta Callao, Herminio iba acumulando adrenalina. No era la primera vez que sentía ese impulso porque nunca le había gustado ver a los grises, a caballo, estacionados en la plaza de Juan XXIII como vigilando a los putos estudiantes rojos. Hoy les iban a dar qué hacer, hoy no habría tiempo para botellines del Mahou ni para chistes, con el casco puesto, el escudo en una mano y la porra en la otra, no les quedaría más remedio que trabajar.

El asunto era de lo más arriesgado ya que Callao estaba muy cerquita de la DGS (en Sol), los mandos de los grises se iban a sentir muy ofendidos y chuleados si esto salía bien. Si salía mal, nosotros nos íbamos a sentir muy doloridos. Leña al gnomo cagón sonriente, Arias Navarro.

A la altura de la Plaza de España se empezaban a ver las primeras caras con barbas y las primeras cabezas con los pelos largos. Eran las ocho menos cuarto de la mañana y cuando el reloj rojo de la Telefónica marcara las ocho la suerte estaría echada.

Cuando empezaron a volar las primeras sillas y se empezaron a oír las primeras voces:

–        Hijos de puta, los medios de producción para el Pueblo!!!!

–        Isidoro, mételos a todos en el talego!!!

Los de Derecho se las tenían tiesas con el mobiliario de la cafetería California y los de Periodismo chillaban mucho pero no hacían nada (como siempre, haciendo bulto).

Herminio se fue directo a la parada del 46, al tiempo que veía como los de Caminos entraban en acción y arrancaban los bancos de madera de las aceras haciéndolos volar por encima de la barandilla verde….a tomar por el culo, todos los bancos en medio de la Gran Vía. los Aparejadores se dedicaban, entre varios, a cruzar los vehículos con el conductor dentro.

I was born in a cross-fire hurricane
And I howled at my ma in the driving rain,
But it’s all right now, in fact, it’s a gas!
But it’s all right. Im jumpin jack flash,
Its a gas! gas! gas!

I was raised by a toothless, bearded hag,
I was schooled with a strap right across my back,
But it’s all right now, in fact, it’s a gas!
But it’s all right, Im jumpin jack flash,
Its a gas! gas! gas!

I was drowned, I was washed up and left for dead.
I fell down to my feet and I saw they bled.
I frowned at the crumbs of a crust of bread.
Yeah, yeah, yeah
I was crowned with a spike right thru my head.
But it’s all right now, in fact, it’s a gas!
But it’s all right, Im jumpin jack flash,
Its a gas! gas! gas!

La parada tenía cuatro placas de anclaje con seis tornillos cada una, era la disposición que había visto en otras paradas, de modo que sin pensarlo un momento encajó la llave de vaso en el primer tornillo.

Necesitó cuatro patadas, al brazo de la llave, para aflojarlo. Cuando estaba atacando al segundo tornillo oyó una voz dulce que le decía:

–        Quieres que te aiiiudeee?

Volvió la cara y pudo ver a una chica vestida con pantalón y chaquetilla vaqueros, polo Fred Perry y zapatos náuticos. Tenía pelo largo castaño que le caía por la cara y llevaba un bote de Coca-Cola en la mano……Herminio pensó, en un fugaz instante, que de donde habría salido esta pava?.

–        Si claro, cielo, ve poniendo Coca-Cola en todos los tornillos.

Atacó al tercero, al cuarto, al quinto y al sexto, a patada limpia los tornillos chirriaban, quejándose como perros capitalistas perdiendo dinero, cuando se les obligaba a iniciar el giro anti-horario.

En la primera placa gastó tres minutos y eso era mucho tiempo; los grises, estando tan cerca de Sol, no tardarían más de quince minutos en aparecer y aún quedaba desatornillar, pero esta operación no requería de fuerza. Al dirigirse a la segunda placa, la chica ya había mojado con coca-cola las cabezas de los tornillos y, poniendo las rodillas en el pavimento, al oído de Herminio y con voz muy dulce preguntó:

–        Ahora que tenggo que hacer?.

–        Ve desatornillando.

–        Me voy a romper las uñas.

–        No lo hagas con las uñas, mujer, usa las yemas de los dedos.

–        Me iamo Carmen y tú?.

–        Vladimir. Sigamos con la tarea!!!.

Hablaba desde el fondo de la garganta, como si la voz le saliera de una gruta.

Cuando Herminio terminó con la cuarta placa habían pasado diez minutos y Carmen estaba desatornillando en la segunda. Él empezó a quitar tornillos por la cuarta y se encontraron los dos, al unísono, en la tercera.

De repente, a pesar del follón que ya se había organizado, por encima del ruido de los pitos de los coches, los conductores dando voces y todo el mundo corriendo de un lado para otro, se empezó a oír el zumbido y traquetear característicos del rotor de un helicóptero: pah, pah, pah, pah.

–        Carmen, vámonos de aquí, como te trinquen, tu padre me mata a ostias.

–        Y tu como sabes quién es mi padre?.

–         No lo sé, pero si yo fuera tu padre, mataría a ostias al rojo de mierda que mete a mi hija en estos follones.

–        Tu no me has metido en esto.

–        Eso cuéntaselo a tu padre, cuando venga a sacarte de la DGS.

Herminio, con la ayuda de Carmen, lo más que pudo hacer fue volcar la parada; los de Caminos habían iniciado la fuga tal y como estaba previsto: a maricón el último. Los de Periodismo se habían largado hacía un rato, seguramente a contar lo que ellos no habían hecho pero que se atribuirían a sí mismos para obtener réditos sexuales con las tontas de la facultad.

El helicóptero estaba muy cerca, lo que indicaba que los dispositivos de cerco y aislamiento de la algarabía ya tenían información precisa de lo que estaba ocurriendo.

Todo lo que fuera alejarse de la DGS era una buena idea. Bajar por Gran Vía hasta la plaza de España era una temeridad y, desde luego, salir zumbando en dirección a la Cibeles, una locura.

Herminio, tomando de la mano a Carmen, inició la retirada mirando para todos lados y evaluando la situación, sobre la marcha, en décimas de segundo. Optó por salir del lío por la calle de Silva y cogiendo alguna de las que giran a la izquierda hasta San Bernardo y de allí subir hasta la glorieta donde emboca Alberto Aguilera. Hasta no llegar al Corte Inglés de Princesa no se sentiría seguro.

Su idea era despedirse de Carmen en Carranza y meterse en el Corte Inglés para pasar las próximas dos horas mirando discos en la sección de música.

En la esquina de Gran Vía con Silva, un tipo con gabardina, que se parecía a Roberto Alcázar, les bloqueó el paso y, lo más peligroso, como Roberto Alcázar, llevaba una porra de esas pequeñitas en la mano.

Intentaron esquivarle pero el amigo de Cristo Rey descargó la porra y, a pesar del movimiento de engaño, golpeó a Carmen en un hombro.

Herminio, de forma instintiva y cuando Roberto tenía el brazo bajado, le propinó un cabezazo en la boca que lo mandó al suelo y, animando a Carmen, corrieron como alma que lleva el diablo.

El helicóptero seguía con su ritmo machacón, no se veía pero se le oía…pah,pah,pah,pah…..volaba bajo, ya estaba transmitiendo información concreta de los elementos que se dispersaban, desde esa altura ya se distinguen las caras. Estaban cerrando la puerta de la ratonera.

Al llegar, corriendo, a la calle de la Luna pudieron ver que, al fondo en San Bernardo, la salida estaba taponada. Una lechera de grises con sus luces violetas taponaba la salida.

–        Dios mío, Vladimir, estamos atrapados

–        Tranquila, mujer, todavía quedan cosas por hacer.

Herminio aflojó la carrera y tomó por el hombro a Carmen, como si fueran dos novios enamorados. Eran las ocho y media de la mañana y a esas horas ni siquiera los novios enamorados van tan apretados, pero era una engañifa que se le ocurrió para no parecer asustados.

Giraron por la calle de la Madera y vieron que el fondo también estaba bloqueado y media docena de antidisturbios, con sus escudos, sus cascos y sus porras, iniciaban la marcha para cerrar el paso a los insurgentes.

Herminio estaba empezando a rezar el Confutatis Maledictis cuando vio un viejo portal de vieja puerta que daba acceso a un viejo edificio de viviendas. Con un movimiento delicado dirigió a Carmen hacia el portal y, nada más entrar, dijo:

–        Ataca, cielo, que es lo último que nos queda. No hagas ruido.

Empezaron a subir, con mucha precaución y a toda ostia, los tramos de escaleras con peldaños de madera, tratando de que no crujieran bajo sus pies. Cuando llegaron a la puerta que daba acceso a la azotea comprobaron que estaba cerrada.

–        Rómpela, Vladimir.

–        No, Carmen, si no es necesario no romperemos nada, esto es una propiedad privada y nosotros no somos delincuentes.

Se sentaron en la meseta última de la escalera, sobre el suelo de madera, casi sin resuello y mirándose el uno al otro.

–        Deja que te vea ese golpe, por favor.

Carmen se quitó la chaquetilla vaquera y el polo Fred Perry dejando ver un esplendido torso y unos senos turgentes atrapados por un sujetador con puntilla. En el hombro tenía una erosión de color rojo purpura de 2×4 cms.

–        Tienes un cleenex?

–        Si, en la chaqueta. Tienes sangre en la frente.

–        No es mía, es de Roberto Alcazar. Sssshhhh, habla bajito.

Herminio sacó un tisú de la bolsita y chupó la erosión. Con toques suaves y reiterados, secó la herida. Carmen, con otro pañuelito, limpió la sangre de la frente de Herminio, sin dejar de mirarle a los ojos.

–        Seguro que te llamas Vladimir?

–        Tan seguro como que tú te llamas Carmen.

Le acarició la cara barbuda y entreabriendo la boca le ofreció sus labios. Herminio aceptó y se entrego a un beso cálido y esponjoso.

Carmen, sin dejar de besarle, le tomó una mano y se la llevó al pubis. Herminio podía notar cómo la respiración de esa mujer se aceleraba y, lo más glorioso, se había desabrochado dos botones del vaquero. Herminio dibujó, en su cabeza, una canción que todavía no se había compuesto.

Hey baby,
Every man is the same come on
I’ll make you a star
I’ll take you a million miles from all this
Put you on a pedestal
Come on, come on

Have you ever heard those opening lines
You should leave this small town way behind
I’ll be your partner
Show you the steps
With me behind your tasting of the sweet wine of success
Cause I’ll take you to the top, baby
Hey baby
I’ll take you to the top

Step on the ladder
Toe in the pool
You’re such a natural you don’t need no acting school
Don’t need no casting couch
Or be a star in bed
Never, never, never let success go to you pretty head
Cause I’ll take you to the top, baby
I swear we’ll never going to stop, baby
I’ll take you to the top

Don’t let the world pass you by
You better take your chance now baby
Or be sorry for the rest of your sweet loving life, baby
Oh, sugar
Hey sugar, I’ll take you to the top
I’ll take you to the top
I’ll take you to the top, sugar

Herminio deslizo su mano hasta encontrar el sexo húmedo y blando de Carmen. Pudo comprobar que no llevaba bragas, pero eso ya importaba poco: Herminio dejó de oír al helicóptero. La abrazó con toda la pasión que le proporcionaban los metros cúbicos de adrenalina que destilaba su cuerpo mientras ella, separando las rodillas, le ofrecía sus adentros.

–        Te sabes la Internacional?

–        Sí, claro.

–        Cántamela.

Mientras decía esto, se quitó los pantalones y, poniéndose de pié, se apoyó en la barandilla. Girando la cara, le mostraba el backing.

Herminio la beso en la nuca y notó cómo el musculo que no cesa bombeaba sangre mucho más deprisa de lo que hubiera predicho el señor Bernouilli. Con la poderosa enhiesta  echando lumbre, la acompañó al Top al tiempo que cantaba susurrando:

–         Arriba los pobres del mundo, ahhhh!!!….en pié los esclavos sin pan…si te joden los fachas….por el culo les tienes que dar…

Tanto empujaba que la barandilla empezó a chirriar, de modo que Herminio la tomó por los pechos y la puso contra la pared. Pudo comprobar, al desabrochar el sujetador, que era de la marca La Perla que debía ser una mercería de su barrio.

Dos veces le cantó la Internacional, con todas sus estrofas, antes de darse cuenta que el helicóptero ya no sonaba. Eran las nueve y media de la mañana y, mientras se vestían, comentaron:

–        Vladimir, eres comunistoa?

–        No, Carmen, soy cantante en una banda de rock’n’roll.

–        Pero te sabes la Internacionoal.

–        Yo sí, pero tu no. Si te canto street fighting man, igual no hubieras gozado tanto.

–        A mí me ggusta mucho Pablo Iglesias, ese cantante de Vallecas.

–        Paco Ibáñez, cielo, y es valenciano; Pablo Iglesias es un primo mío de Torrejón, le conoces?.

–        No, me lo presentarás?. Mi padre tiene una casa en Torrejón de Ardoz.

–        Claro!!!, cielo. La semana que viene tocamos en Torrejón de Velasco.

Bajaron hasta el portal y, con mucho sigilo, Herminio asomó la gaita para ver si había moros en la costa. Todo tranquilo.

Volvió a tomar a Carmen por el hombro y como dos novios enamorados, llegaron a San Bernardo y, acelerando el paso, enfilaron hasta las viviendas de los militares en Conde Duque.

–        Carmen, debes borrar de tu mente todo lo que ha pasado en las últimas dos horas. No me conoces, nunca me has visto y yo no tengo ni puta idea de quién eres tú, vale?.

–        No te volveré a ver?

–        No lo creo, cielo, y si eso pasara será como si fuera la primera vez.

–        Eres un sinvergüenza.

–        Carmen, te podría querer toda la vida y te haría sufrir toda la vida, un rockero insurgente no es pareja para una moderna complaciente, por eso es mejor que me olvides. No le cuentes a tu novio que has follado con un rojo, porque yo no soy rojo ni me llamo Vladimir y, aunque tu novio, seguramente, se lo merece, tú no.

Se separaron en Alberto Aguilera. Carmen llevaba lágrimas en los ojos, Herminio también, pero por distintos motivos. Las de Carmen, falsas; las de Herminio, las de la culpa.

Nunca más, Herminio, volvió a ver a Carmen en vivo. La vio, años más tarde, en una revista de casquería y comprobó que seguía con su vieja costumbre de no usar bragas, costumbre que, con seguridad, desaprobaría la Sole.

Herminio volvió a sus quehaceres; el examen de Mecánica de fluidos fue bien y se hizo muy amigo del señor Bernouilli, del señor Timoshenko, del señor Hardy Cross, del profesor Jimenez Montoya y algunos otros, con los que dialogó toda su vida.

El dictador murió (adiós, guapo!!!), y lo demás está en los libros de historia y en las películas que se montan los de Periodismo.

Como explicar lo que se siente cuando todo tu amor ha sido en vano?.

Well, I followed her to the station with a suitcase in my hand
Yeah, I followed her to the station with a suitcase in my hand
Well, it’s hard to tell, it’s hard to tell, but all your love’s in vain

When the train come in the station I looked her in the eye
Well, the train come in the station I looked her in the eye
Well, I felt so sad and lonesome that I could not help but cry

When the train left the station, it had two lights on behind
Yeah, the train left the station, it had two lights on behind
Yeah, the train left the station, it had two lights on behind
Well, the blue light was my baby and the red light was my mind

All my love’s in vain

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Categorías:Uncategorized
  1. marzo 10, 2013 en 6:30 pm

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