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LA FORMULA MAGISTRAL

LA FORMULA MAGISTRAL.-

(Carefull with that axe, Eugene)

Había dormido mal, toda la noche empapado en sudor y dando vueltas. Al amanecer, sin sábana ni colcha que lo arropase, sintió frío y se despertó tiritando.

Su cerebro era un hervidero de pensamientos sin sentido, los fantasmas del “como será?” se colaban por los rincones y los ángulos de la habitación, acosándole continuamente.

Dos semanas transcurridas desde que, buscando entre antiguos papeles en el sótano de la casona familiar, había descubierto un manuscrito en viejo papel de estraza con los ingredientes de una fórmula magistral, probablemente escrito por su bisabuela, que fue conocida en la ciudad cómo la Señora Minerala, porque se dedicaba a fabricar pulimento para los objetos de bronce.

Dolores Frias vivió en la Cuesta de Bis Bis, en el barrio judio de Toledo, aunque cuando vivió ella, hacía varios siglos que los judíos se habían ido por invitación de la reina Isabel. Estuvo casada con Nemesio García, rumboso sastre de la casa de Fuensalida que, siendo amante del arte de Cuchares, cuando le parecía oportuno, se iba a ver toros y toreros a Aranjuez, sin hacer ningún tipo de concesión a Dolores que le advertía de la falta de presupuesto para festejos. Ella proveía, con sus pulimentos, para la familia ante la poca sensatez de su marido.

El manuscrito había aparecido entre viejas fotografías y documentos testamentarios que reposaban, hacía mucho tiempo, dentro de los cajones, llenos de carpetas, de un mueble aparador con encimera de mármol y espejo de alumbre, que él había visto cuando bajaba al sótano a por otras cosas. Ese mueble pasó a pertenecer a su abuela paterna (la señora Luisa Seriñán), que fue nuera de la Señora Minerala y, consecuentemente, el mueble fue retirado de la circulación, con todo lo que contenía dentro, hacía ya más de setenta años. El manuscrito debía tener, cómo poco, cien años.

Lo puso delante de un espejo

Era más que evidente que se trataba de una formula o receta antigua para la elaboración de algún tipo de dulce o postre toledano. Pero esta primera apreciación era muy simplista.

Por alguna razón, que no comprendía, esta receta se le clavó en la mente y no podía pensar en otra cosa que no fuera en el “por qué” su bisabuela escribió aquello y lo guardó entre los papeles y legajos de su testamento. Que pretendía la Señora Minerala, con aquel acto?.

Qué tiene de valor una receta de postre cómo para que esté entre los papeles testatarios de una bisabuela?.

Por qué se había aparecido en este momento?.

En cualquier caso no podía, tampoco, adivinar qué se podría hacer con aquellos componentes, como se mezclaban, cuales serían los tiempos, ni el resultado final.

Este manuscrito reposaba escondido entre las páginas de un viejo libro encuadernado en piel y con los lomos cosidos con tripa de cerdo. Un libro que, en la portada, se titulaba Necronomicón. Estaba escrito en árabe con notas a pié y margen de página en latín especular y, por ningún lado encontró el nombre del autor.

Decidió mezclar y empezar con un proceso febril que, sabía, le llevaría a la locura. Era perfectamente consciente que por los ángulos de su alcoba, cuando iniciara el sueño y se encontrara en esa primera fase de somnolencia, entraría R’lyeh? (la duda) para apoderarse de su mente de humano y convertirlo en instrumento de venganza contra Nyarlathotep! (la seguridad), en su eterna lucha por el poder de los Dioses Primigenios.

Dos semanas llevaba peleando cada noche, con su mente de humano, para no caer en la dominación de los dioses malignos. Quince infernales días que, despertándose empapado en sudor, no conseguía recordar los sueños y, por tanto, no sabía qué le querían transmitir estos hechos.

Recordaba que los sueños tenían que ver con el manuscrito pero no podía dar forma comprensible a sus indicaciones. Además, los estigmas rosados de su costado y espalda le certificaban, delante del espejo, que la batalla se estaba produciendo dentro de su cuerpo.

R’lyeh, con su cabellera, le azotaba el torso y con su nariz-pico corvo intentaba sacarle el hígado por el lado izquierdo.

Quince días de desazón y desastre emocional que le llevaban, irremisiblemente, al alcohol y a la Hidromorfona.

Sabía, de otras veces, que no podría aguantar mucho más con sus propios medios, y no le quedaría más remedio que utilizar la ayuda de estas sustancias, en orden a sacar de su mente, por algunos momentos, el pensamiento y mitigar, en lo posible, el dolor de los estigmas según se fueran haciendo más profundos. El tetrahidrocanabiol y las hormonas polipeptídicas ayudarían, sin duda, pero no podría mantener, en el tiempo, ese régimen. Sabía que el coma insulínico era el final.

Esta vez el asunto era más serio que en ocasiones anteriores ó, tal vez, había desarrollado una predisposición a la curiosidad, una especial clarividencia.

Yeah Woman!!!….the largo…..

Aquella tarde, paseando por las viejas calles de la ciudad, le había parecido ver, en las grietas que forman los cercos de las ventanas, al juntarse con las jambas, a Al-Azif (la fe) y a Azathoth (la desesperanza) en continua lucha por salir al mundo de los humanos y cumplir su destino.

Al-Azif le decía que tenía que intentarlo, que siempre había conseguido sus objetivos aunque le supusiera un inmenso trabajo. La observación humilde del procedimiento natural, la abnegación fija, ignorante del dolor, y el trabajo continuo, siempre, te hacen poder, pero aún pudiendo, además, tienes que querer.

Azathoth, aparecía, y con horribles bramidos y, propinando continuos zarpazos, le conminaba a abandonar la tarea con razonamientos tales como “para que te va a servir eso?”, “pelear, pelear para qué?, ó “no comprendes que eres un humano, poco más que un paramecio, y no sabrás culminar el trabajo?.”

El atardecer, con las últimas luces rojas del día, era el momento más peligroso. Cuando más evidentes se hacían las criaturas del infraconsciente; el momento más propicio para que el infraconsciente invadiera el supraconsciente, provocando serios problemas de contacto con la realidad habilitante. Los médicos lo llamaban “Delirium Tremens”.

Trataba de no tomar conciencia en estas cosas, pero estaba claro que las figuras geométricas de los elementos arquitectónicos eran los lugares por donde los Dioses Primigenios escapaban de su mundo para hacerse presente en el de los humanos paramécicos. Se preguntaba el por qué estos dioses estaban tan interesados en los humanos. Si en el mundo existen otros Seres por qué nos atormentan a los humanos y no a los demás?.

Había notado, al principio, que R’lyeh siempre salía por los rincones de su alcoba y, siempre con el mismo fin: devorar su alma.

Se hacía materia y, comenzando con adulaciones, lloriqueos y palabras dulces, siempre terminaba haciendo preguntas sin respuesta, tales como: “tú crees que una mujer puede estar bailando, con un negro, hasta las cinco de la mañana y que no pase nada?. Qué motiva a una mujer, que no sabe bailar, a estar en esas tesituras, tan agudas, cuatro horas?. Qué hace que las frecuencias de vibración suban por encima de los 22.000 hercios?.

Para tratar de evitar esto, y pensando que reduciendo los ángulos se lo pondría más difícil, hizo construir en los ocho rincones de su alcoba unos tetraedros equiláteros de yeso, con uno de sus vértices encajado en el rincón. De esta manera rompía la ortogonalidad del rincón.

Hubo unos días de descanso y los estigmas empezaron a remitir, pero, al cabo del tiempo, R’lyeh empezó a salir por los encuentros entre paramentos verticales y techo, y él empezó a comprender que no “salía”, sino que “entraba”. Entraba por las aristas del poliedro prismático abatido que formaba su habitación; le gustaban las ortogonalidades y el mundo exterior era mucho más grande que el interior. Siempre, empezando con frases dulces para, cuando le tenía confiado, azotarle y tratar de devorarle.

R’lyeh entraba, por la noche, desde el muntagma exterior a su muntagma interior. No existía refugio. Decidió colocar una escofia de Riemann, en los ángulos de encuentro de los paramentos y convertir los tetraedros de los rincones en triángulos esféricos.

Seguía entrando, al anochecer. No todos los días ni a la misma hora, y ahora lo hacía por la arista que formaban paredes y suelo. Estuvo estudiando la relación de días y horas pero no existía sucesión que lo representase, era aleatorio.

Cambió los rodapiés por molduras en espiral de Descartes (logarítmica, ), empotrando en el suelo y poniendo mucho cuidado en sellar cada grieta.

Decidió, en fin, cambiar las carpinterías de las ventanas, haciendo que el carpintero construyera cercos especiales donde no hubiera ángulos diedros.

Después de una discusión con Luis Galán, el carpintero de la Calle del Ángel, al que encargó las ventanas (en Melix curado y envenenado contra xilófagos), decidieron modificar el diseño de la hoja, también, quitar los tapajuntas, y modificar el jambeado de los huecos para que no hubiera posibilidad de ángulos, introduciendo en el diseño, la cámara de descompresión, en evitación de corrientes de aire indeseables. El carpintero, amigo de la infancia le dijo:

– Alex, que te pasa?.

– Nada, Luis, estoy desarrollando nuevas posibilidades. Nuevas ecuaciones que me permitan resolver el determinante de Cramer.

– Siempre te lo dije: Se te van a hacer los sesos agua. Bien lo sabía tu madre, la que es puta no lo es para un día.

En tanto se fabricaban las dos ventanas de su habitación, él intentó hacerse con todos los ingredientes que señalaba el manuscrito. Compró la harina, la levadura y el azúcar molido en el supermercado valenciano; mandó pedir, en la farmacia, el agua de azahar; compró la mantequilla en la tienda de productos lácteos del barrio, preparó todo lo necesario y lo puso en la encimera, de Silestone, de la cocina. Se sentó a contemplar todo, pensando en cómo iniciaría el proceso de trabajo con todo esto.

En la redoma pequeña mezcló la levadura con la harina y, añadiendo la leche, amasó hasta conseguir una masa fina y consistente. Lo puso a reposar.

Dos horas más tarde, en la redoma grande, mezcló el resto de ingredientes y añadió la primera masa. Lo conformó en forma de rosca y lo metió en el horno.

El resultado, después de 20 minutos, era una especie de rosca de bizcocho, que se puso como una piedra a las dos horas de salir del horno. Todo el proceso había resultado fallido, la mezcla daba un resultado inerme. Se lo puso para comer a la perrita, que lo miró con desprecio y se apartó de semejante bazofia.

Esa noche, y sin saber por dónde había entrado, R’lyeh le atormentó de una manera muy especial, haciendo que los estigmas escocieran como disparo de cartucho de sal. Las volteretas hicieron que no quedara, ni siquiera, la sábana bajera en la cama. Amaneció encima del mutón.

Al amanecer, tomó la decisión de ir a ver al gurú más sabio de la ciudad. Hacía muchos años que lo conocía y estaba seguro que le permitiría hablar con él.

Con el costado y la espalda, prácticamente, en carne viva asaltó a Toni, en una de las estrechas calles de la ciudad. Su aspecto era espectral, con los ojos hundidos y opacos, las ojeras moradas, barbas de tres días, cabello despeinado….en estas condiciones todavía no comprendía cómo Toni no llamó a la Santa Hermandad o, todavía peor, a la Inquisición.

Le había seguido desde la calle de Sto. Tomé, hasta la calle de las Bulas, que es donde vivía Toni. Él lo sabía porque le había hecho la casa, hacía unos años, y sabía que Toni había sido oficial de obrador en la pastelería de Sto. Tomé.

Mostrándole el manuscrito, dijo:

– Toni, que es esto?.

– Aaaaah!. Coño, que susto!!!.

– A qué responde esta receta?.

– Joder, Alex, pareces un espectro.

Toni examinó el manuscrito con atención.

– No te puedo decir a que se refiere esta receta.

– No lo sabes?.

– Sí lo sé pero, en mi gremio, hacemos juramento de no revelar los secretos a nadie.

– Toni, no tientes a tu suerte.

– Lo siento, Alex, antes la muerte.

En ese momento la cara de Toni se convirtió en la de Messi y sujetándole, con la mano izquierda, por el bocado de Adán, le amenazó con descargar la otra mano en su rodilla izquierda.

– Toni, por Dios!!!

– No, Alex, no lo diré.

No descargó la mano derecha, solo fue un momento de ofuscación. Al contrario, aflojó la mano izquierda y acariciando a Toni en la mejilla, le dijo:

– Lo siento, amigo. Te entiendo, perdóname.

– Compréndelo, Alex, cada maestrillo tiene su librillo, tú lo sabes porque eres maestro y, seguramente, quien escribió esto tenía un propósito, porque le faltan cosas. Has oído hablar de Abdul Alhazred?.

– No, quien es?

– Ese camino lo debes andar tú. Al final está la luz.

Mientras caminaba desolado, iba pensando en la respuesta de Toni: le faltan cosas?. R’lyeh reaparecía con una presencia demoledora.

Ciertamente, la bisabuela Minerala tenía un propósito. Cual era esa secreta intención?. Al-Azif salía por entre las junturas de las embocaduras de las tejas de los aleros….”el trabajo, la perseverancia, la imitación humilde de los procesos naturales”. La bisabuela Minerala estaba dando consejos a un biznieto?.

Al llegar a casa, puso el manuscrito encima de la mesa de su despacho y volvió a leerlo, con atención. Claro que faltaban cosas, claro que sí.

Have a cigar: you`re gonna fly high… you’re never gonna die, you’re gonna make it, if you try, we’re gonna love you.

Faltaban las medidas. Dos puñados de harina no son lo mismo para los puños de la bisabuela Minerala que para los suyos. Los vasos de hace cien años, seguro, no tenían la misma capacidad que los de ahora.

Faltaba el procedimiento de elaboración, el orden de las cosas. Faltaba, en fin, el tipo y calidad de los materiales, la Ley de los ingredientes.

La noche fue demencial. A pesar de tomar su dosis de Hidromorfona y cuatro combinados de Hendriks con Q-Water, la fase de duerme-vela fue aterradora. Apareció Cthulhu con su cabeza de tentáculos y su pico de calamar. Este maligno, se contaba en El Libro (a pié de página), había destrozado moral y físicamente a su propio marido primigenio, en épocas anteriores. Lo había destrozado con la ayuda de R’lyeh, haciendo que la duda fuera insoportable en su mente. Lo llevó a la locura y aquel pobre no se pudo sustraer a la tortura y acabó haciendo cosas que bajo ningún concepto se deben hacer.

La presencia de Cthulhu era completamente reveladora y clara porque faltaba dinero de la caja del cash, los Primigenios no querían que siguiera por ese camino, y ya no quedaba más remedio que tomar medidas serias y acometer el problema desde sus cimientos: decidió cambiar la puerta de entrada a la habitación; ese, que estaba siguiendo, no era el camino. Había que frenar esta sangría.

Sin saber por dónde se colaban, los Primigenios herían y herían toda cordura y racionalidad….querían su alma, pretendían arrebatarle su personalidad.

Decidió, aplicando una variante de la espiral de Durero, modificar cerco y hoja de la puerta de entrada.

R’lyeh machacaba con frases absolutamente contradictorias como “te quiero pero no te amo”, él lloraba, gritaba “si no me amas, márchate, por favor, no me quieras”. R’lyeh insistía “cuando estemos seguros”, y mientras tanto seguía azotándole. Los estigmas, cada noche, aumentaban en tamaño y profundidad; estaban empezando a supurar sangre.

Consiguió, cuando estaba amaneciendo, conciliar el sueño con el descanso.

Despertó después del medio día, con el estomago pegado y el paladar como papel de lija. Por alguna razón, que seguía sin entender, se le había venido a la cabeza el nombre de otro de los gurús de la ciudad y este, que él supiera, no había pertenecido a ningún gremio de adoradores secretos; tal vez este tuviera vocación docente.

Juanmari Revaya era un viejo conocido suyo. Se conocieron de jóvenes y eran, más o menos, de la misma edad. Entonces, Juanmari era un tipo bohemio que leía, escribía y pintaba. Luego, a lo largo de muchos años, habían coincidido en la vida muchas veces.

Le encontró en la plaza de Santa Isabel la Obtusa, que se llamaba así porque en esa plaza no existen los planos diedros. Estaba leyendo algo, sentado al sol. Se acercó con pasos sigilosos y cuando estaba cerca de Juanmari, mostrándole el manuscrito le dijo:

– Juanmari, qué es esto?.

– Uhhhh!, Alex, cómo estás?. Por tu aspecto, veo que muy mal.

– Qué puede ser esto y como se puede trabajar?.

Leyó con atención y dijo, muy bajito y acercándose a su oído:

– Es fácil.

– Será fácil para ti, amigo. Yo no puedo saber la elaboración, la ley de los ingredientes ni las medidas en un sistema comprensible. Está escrito hace mucho tiempo y, todas las noche me mata.

– Cual es un sistema comprensible, para tí?

– MKS….metros, kilos y segundos.

– Debes usar harina de fuerza. No más de 50 gr., en la masa madre.

– Juanmari, sabes quien es R’lyeh?.

– Debes usar levadura natural, no sintética. 60 gr.

– Me está destrozando el alma.

– Cuando amases la madre, déjala reposar, una noche, cubriéndola con un trapo húmedo. Cuidado con la leche, no más de 50 gr, en la masa madre. Amasa, con vigor, sobre el mármol.

– Cthulhu ha venido a mí. Esto se está poniendo muy serio.

– Usa mantequilla natural, no margarina ni guarradas de esas. 125 gr. Por amasada. Dos huevos de gallina y 100 cc. De leche, entera, de vaca. Si la calientas un poco, amasarás mejor.

– Me machacan las dudas. Ya no sé qué pensar. Todo es confusión y mentira.

– El azúcar (200 gr), natural, dilúyelo en la leche templada y la sal añádela solo a la masa hija.

– No comprendo por qué me atormentan.

– Cuando hayas amasado con la leche, la masa hija con 500 gr. de harina de fuerza, los dos huevos, la sal (un pellizco), la ralladuras de naranja y limón (cuidado, no te pases), la masa madre y una copita de ron del Caribe, déjala cuatro horas envuelta en un trapo húmedo y a 25ºC.

– Juanmari, qué diferencia hay entre querer y amar?.

– Comprobarás, al cabo de cuatro horas, que la masa ha triplicado su volumen. Vuelve a ponerla en el mármol y, espolvoreando harina, vuelve a amasarla. Cuando la tengas en su volumen original, dale la forma de rosca, la pones en la bandeja del horno y la dejas otras dos horas a 25º.

– Cómo podría yo evitar que me acosaran esos monstruos?.

– Cuando hayan pasado las dos horas, comprobarás que la rosca ha vuelto a engordar. Píntala con huevo batido, ponle unas rodajas de fruta y patínala con azúcar mojado mezclado con almendras molidas.

Cuando hubo terminado de contarle esto, se acercó, aún más, a su oído y, con un tono, casi inaudible, en susurros le dijo:

– Alex, Cthulhu es la madre, la que manda, la que te va a matar. R’lyeh es un instrumento de ella, el anzuelo con el que te va a pescar. Nyarlathotep y Al- Azif son hermanas de R’lyeh….todas fueron educadas, con el mismo fin, por Cthulhu. Todas forman parte de la misma tragedia, del mismo teatro. Todas sirven al mismo objetivo, aunque no lo parezca. Todas estarán en la misma masa.

Se quiere a un objeto mientras te sirva, se ama a una persona. Se quiere a un cuerpo, un tiempo, se ama a un alma.

Todas quieren pero no aman, porque no tienen alma. Eso es lo que quieren de ti, tu alma. Todas sienten la necesidad pero no el sentimiento. Quieren desposeerte de tu alma, porque ellas no tienen y envidian.

Eso es lo que pone en  Necronomicón, el Libro del árabe loco Abdul Alhazred, que se perdió hace muchos siglos. Mucha gente mató y murió por poseer ese libro.

Te pueden hacer eso porque tú las dejas, porque tú eres frágil. Debes pensar que como evitar eso, qué te hace frágil?. Ellas lo han detectado; céntrate en la Zeta de Riemann, siempre vuelve al cero; los números, sean primos o no, siempre son números. Abandona esa sucesión; los números no son importantes, lo es la sucesión.

Trabaja y amasa….cuando las tengas en la redoma, 20 minutos a 170ºC, serán suficientes. Luego, descansarás.

Ah!, y estos monstruos los creas tú, por eso se interesan en ti, eres su creador.

Juanmari siguió leyendo su libro y él, sin decir ninguna palabra, se marchó por la calle de los Desesperados abajo, pensando en si su alma estaría hecha de dinero.

Dos días después, volvió a dejar el manuscrito entre las páginas del libro antiguo e hizo firme propósito de no volver a abrir los cajones del aparador del espejo de alumbre. Comprobó, con curiosidad, que el mueble no tenía ángulos rectos ni planos diedros.

Ciertamente, la bisabuela Minerala daba consejos muy prácticos cien años después de irse: la espiral de Riemann siempre vuelve al cero.

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Categorías:Uncategorized
  1. diciembre 1, 2012 en 1:26 am

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