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Archive for 15 julio 2012

ME ASALTAN LAS DUDAS

Me asaltan las dudas.

Como diría D. René: Je pense, donc je suis.

Siempre me ha hecho mucha gracia la controversia que se produce si traduces eso al latín…. que si « dubito ergo sum », que si « cogito », que si « cognito ». Por qué razón no lo dejan en francés que es como lo escribió el mesié Descartes ?: Piernso, luego soy.

Hay veces en la vida que, de los anaqueles de la memoria y sin voluntariedad, aparece algún registro que creías olvidado….y piensas.

Esta mañana he visto pasar por mi lado a una señora o señorita (nunca sabré esto) que ha llamado, de mi memoria, el registro de cuando yo tenía mirada lasciva.

La sonrisa ha aflorado a mi rostro….. me he acordado de D. Joaquín y cuando comentábamos la anticonstitucionalidad de algunos Mandamientos de la Ley de Dios:

NO DESEARÁS A LA MUJER DE TU PRÓJIMO.

Cómo alguien pudo escribir esto en unas tablas de piedra?.

–        Hijo, es anticonstitucional. Desear, lo que se dice desear, tú puedes desear lo que te de la gana.

–        Ya Joaquín, pero Dios puede ver hasta tus más ocultos pensamientos, lo cual te deja a las patas de los caballos.

–        Bien, pero eso es un asunto entre tú y Dios que también eres tú, por eso pienso que habría que modificar ese texto y redactarlo como: No te cepillarás a la mujer de tú prójimo y, consecuentemente con todo el cuerpo legal sobre igualdad y paridad, debería ser: No te cepillarás a la mujer de tu prójimo ni al hombre de tu prójima y, en cualquier caso, yo no he leído eso entre los Mandamientos de la Ley de Dios.

–        No?

–        No. Lo más parecido que yo he leído es el 9º que dice que no “consentirás” pensamientos ni deseos impuros. Esto también es anticonstitucional pero, a lo largo de los siglos, los de la Sociedad de la Información han ido cambiando el texto, introduciendo los elementos que le interesaban a unos y a otros. Introdujeron al prójimo y a la prójima; los de la Sociedad de la Información se venden por treinta monedas de plata.

–        Por qué?.

–        Pues porque “consentir” tiene implicaciones muy violentas y, además, no debes consentirlos dentro de ti, ni dentro de los demás. Donde la Ley no distingue, no caben interpretaciones.

–        Esto significa…..

–        Esto significa que cuando notes que otro tiene deseos o pensamientos que para ti son impuros, le debes dar dos hostias. Ya tenemos el fundamentalismo funcionando.

–        Aunque para él sean puros?.

–        Exacto. Si para él son puros y para ti no, alguno de los dos es un pervertido, por tanto hay que eliminar a los dos y que Dios distinga en el cielo, siguiendo los postulados de Simon de Monfort en la cruzada albigense.

–        Y si los tengo yo?

–        Pues te pones el cilicio y te azotas, por guarro!!!.

–        En cualquier caso, Juaco, siempre ha de haber prójimo.

–        Insisto, no hay ningún prójimo en el texto legal original.

–        Y si lo hubiera en la realidad?

–        Peor para ti, igual te tienes que quedar con la foca, por hacer el tonto. Si te estás cepillando a la mujer de un prójimo es que la prójima es muy ligerita de afectos y de bragas; una joya!!!.

Esto era una conversación distendida, entre personas adultas que hacíamos risas con los diferentes preceptos legales de las diferentes “legalidades” que pueblan nuestro universo.

Efectivamente, hace unos años, las chicas de mi oficina detectaban mi mirada lasciva. No porque yo fuera consciente de esto, no, es que ellas lo detectaban y, en alguna comida de trabajo, siempre me daban el primer premio en el concurso de “amantes del deleite”, que dice la RAE.

Esto pasaba a pesar de que yo siempre me he considerado más “estoico” que “epicúreo”; claro, que lo que yo me considere nada tiene que ver con lo que ellas notaban.

Lo más curioso de esos concursos es que las que me daban el premio eran una cuadrilla de focas de “aquí te espero”, lo cual me maravillaba y me movía a decirles:

–        Pero en serio que yo os miro con mirada lasciva?.

–        Hombre claro, anda que no se nota.

También era muy curioso que ganara un concurso al que no me presentaba.

Cada cual creerá lo que quiera, pero os puedo decir que jamás he tocado a una mujer que no haya amado. Me he enamorado tres veces en toda mi vida y, de esas tres, dos veces de la misma mujer.

Bueno, pues parece ser que tengo la mirada lasciva!!!!. Lo cual no es incompatible con lo anterior.

Yo me pregunto: Donde se ubica la lascivia?. En qué parte del cuerpo humano radica este sentimiento?. Es “la propensión a los deleites carnales” un sentimiento?.

Bueno, pues parece ser que yo tengo propensión a los deleites carnales en la mirada. Tengo una mirada muy expresiva que expresa lo que la que me mira quiere entender…. Esto, naturalmente es, una vez más, un problema de empatía: Cada cual entiende a los demás según sus propias sensaciones, según sus propias experiencias.

Miro a una mujer y pienso: “no tienes ni puta idea de nada, nena, y además trabajas menos que el sastre de Tarzán”. Bueno, pues ella piensa que tengo mirada lasciva.

Esto deja muy claro lo que cada uno vende.

La mirada se puede entrenar. Una vez, en una serie televisiva de abogados, vi que un tío, muy abogado y muy culto él, había estado dos años asistiendo a la consulta de un psiquiatra para conseguir una mirada “entre tímida y seductora”.

Una de estas series donde los americanos venden doctrina psicópata… un tío de alto poder adquisitivo se había gastado una pasta para conseguir una máscara.

Yo, una vez, fui a un psiquiatra pero no para eso. Fui a que me enseñara a dejar de amar. Me cobró una pasta para decirme que eso no se puede hacer. Cuando salía de la consulta iba cagándome en su padre.

Amigos, es más que evidente que la lascivia estaba más en la mente del jurado de mamíferas marinas que en mi mirada pero, a mí, me asaltan las dudas.

Es posible que dentro de mi mismo haya un monstruo pervertido?.

Si eso fuera así, sería un monstruo pervertido tímido que jamás se ha atrevido a pedir a una señora o señorita (nunca se sabe) una cita. Un monstruo reprimido, una caldera a punto de estallar.

Un degenerado que nunca ha asistido a ninguna de las modalidades de sexo pagado que existen en el mercado pero, a mí, me asaltan las dudas.

Ahora estoy sintiendo muy fuerte. Estoy perdidamente enamorado de mi Presidenta. La miro, en las miles de fotografías que hay por todos lados, y mi mirada lasciva se hace patente.

No sé si es señora o señorita (eso nunca se sabe) lo que sí sé es que me da lo que quiero, lo que merezco: es la mujer de mi vida.

Ha bajado el sueldo, dos veces, a los asquerosos funcionarios y, ahora, se lo va a volver a bajar. Bravo, presidenta!!!.

Estos que se creían?, que la Administración es una Agencia de Colocación?…donde el acceso es libre, donde cualquier vago puede estar toda la vida sin hacer nada y ganando un dineral?.

Estos, de Castilla-La Mancha, además, han llegado a olvidarse que España es una Unidad de Destino en lo Universal y, por tanto, Castilla La Mancha debe colaborar, con todas sus fuerzas, al bienestar de Cataluña, el País Vasco, Valencia y Madrid que son comunidades que cumplen sus objetivos de consolidación fiscal y están mucho peor que nosotros….hay que ser solidarios, coño!!!.

Así, debemos hacer un esfuerzo titánico para que quede claro quienes somos nosotros. Bravo, Presidenta!!!.

De la memoria sale el recuerdo de aquel ensayo de John Elliot que trataba sobre los presupuestos de la Corona entre 1.500 y 1.600.

En cuatro o cinco años nos va a sacar de la deplorable situación en la que nos encontramos por culpa de anteriores gobiernos irresponsables. En cuatro o cinco años vamos a dejar de pagar la ingente suma de 365 millones en intereses, lo que supone un 3,5% del presupuesto pero, a mí, me asaltan las dudas.

No sé si el Estado está intervenido, pero lo que es seguro es que Castilla-La Mancha está intervenida por el Estado. Y D. Alfredo dice que se teme que estas reformas tienen fondo político…..es un lince, el tío.

Algunos dicen que, en tiempos de recesión, no se debe amortizar deuda sino renegociar y diferir pero, a mí, me asaltan las dudas.

Algunos dicen que las cuentas siempre tienen trampas y que hay comunidades a las que dejan hacer trampas, como el caso de Madrid cuya Comunidad debe 15.000, pero es que el Ayuntamiento debe otros 15.000, si tenemos en cuenta que Madrid es uniprovincial…..

Algunos dicen que no parece lógico que para cumplir las condiciones de saneamiento de los bancos, tengamos que pagar los ciudadanos. A estas alturas cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que no va a fluir ningún crédito, y si fluye, lo va a hacer a un precio que nadie se va a poder permitir. Si el Estado paga bonos a diez años al 7%, que creéis que van a hacer los bancos con el dinero?. Si alguien te da un 7, tú vas a vender a un 4?.

Aquí, en Castilla la Mancha, nos vamos a poner al día en un santiamén, este años seremos la Comunidad que más esfuerzo haga. Bravo presidenta!!!, y leña a los funcionarios.

De la memoria salta un recuerdo: la escena de Los Santos Inocentes, cuando la Sra. Marquesa está sentada en una mesa, los administradores de pié, detrás, y los lugareños, en fila, reciben el premio a su lealtad en forma de unas monedillas….pero el hijo de la Sra. Marquesa, como no cace, se enfada y le pega un tiro a la Milana bonita, la finca es suya y todo lo que hay dentro, también.

Por qué hacemos esto?. A mí me asaltan las dudas.

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CRÓNICAS MARINERAS II

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO I(2). ASPIRANTE OQUENDO.-

Cuando llevaba dieciséis semanas de instrucción, nos dieron el primer permiso de fin de semana.

A las 6 de la tarde del viernes 19 de septiembre de 1.788, vestido impecablemente con mi uniforme de Guardia Marina de la Armada, salí a pasear por las calles de Cádiz.

En una de las calles aledañas al puerto, a poniente de la bahía, desemboqué en una placita muy coqueta que tenía un gran árbol en el centro. Debajo del árbol había mesas de madera y sillas de enea; atardecía y sentado en una silla, con una jarra de vino y un vaso, estaba el brigada Gago.

Al verme, mi brigada se levantó a saludarme, al dirigirse a mí me cuadré:

–        A la orden de usted, mi brigada Gago.

–        Baja la mano, hijo. No tienes a nadie en Cádiz?.

–        No, señor.

–        Siéntate conmigo y tómate un vasito de vino.

–        No soy bebedor, mi brigada.

–        Ya imagino, pero lo serás. El vino solo lo hay de dos clases, el bueno y el mejor; cuando recibas metralla de los ingleses comprenderás que un vasito de tintorro te engrasa el cerebro.

Pidió un vaso y me sirvió vino de la jarra de barro. Conversamos de algunos asuntos de instrucción; de cómo el orden en el combate salva vidas y procura mejores resultados, de que la obligación de un soldado no es morir por sus ideales sino que los enemigos mueran por los suyos.

–        Roque, a los ingleses les importa tres mierdas que tú ames a tu Rey o que tengas más o menos honor, lo que quieren es matarte; por lo tanto debes procurar matarles tú a ellos, sin importarte nada si ellos aman al suyo.

–        Mi brigada…..

–        Fuera de la Escuela, llámame Manuel.

–        Manuel, pero cuando estás en la mar los combates son a vida o muerte, no?

–        Claro, mientras el pabellón esté alto hay que matar y morir.

–        Y cuando se baja el pabellón?

–        Ya has perdido y hubiera sido mejor que estuvieras muerto.

Manuel Gago Montemayor era cabo de Infantería de Marina cuando el combate del Cabo Santa María el 16 de enero de 1.780.

–        Ese día D. Juan de Lángara ordenó la flota y le dimos por el culo, bien, al señorito Rodney.

–        Pero yo tenía por entendido……

–        Usted no entiende nada, Guardiamarina.

–        Pero Manuel…..

–        Ni Manuel, ni hostias.

Siendo aspirante Guardia Marina y a esa corta edad pude comprender que, al brigada Gago, la jornada del 16 de enero de 1.780 frente al Cabo Santa María, le dolía mucho; y pude comprender que este Infante de Marina tenía dos sentimientos:La Armada y España. Había elaborado, dentro de su cabeza, unos acontecimientos distintos porque su mente no podía soportar la realidad.

Pude comprender esto porque yo tenía esos mismos sentimientos; el dolor del brigada Gago era mi dolor. Es un simple problema de empatía, que no es otra cosa que participar de los sentimientos de tu interlocutor pero desde tus propias experiencias. Es muy difícil comprender un sentimiento, en toda su extensión, si no lo has sentido.

En el marco del Bloqueo a Gibraltar de 1.779 a 1.783, el día 16 de enero de 1.780, los once navíos del General Juan de Lángara avistaron la flota, compuesta por más de 200 velas, del Almirante Rodney.

Lángara tenía un buque de tres puentes y 80 cañones, nueve de 2 puentes y 74 cañones, y uno de dos puentes y 64 cañones, además de las fragatas,  la Santa Rosalía y la Santa Cecilia, ambas de 34 cañones de 18 libras.

Rodney, que escoltaba un convoy de suministros, formó la línea con un navío de tres puentes y 100 cañones, dos de tres puentes y 90 cañones, trece de dos puentes y 74 cañones y uno de dos puentes y 64 cañones, además de la fuerza de 10 fragatas de 24 a 50 cañones, cazadoras por excelencia.

En esa época las fragatas españolas armaban de 24 a 40 cañones de menos calibre que las inglesas. Sacrificaban el poder de fuego a favor de la maniobrabilidad. Se les encargaba misiones de transmisión de señales y comisiones de búsqueda.

Tal era el asunto, que cada vez que una fragata española combatía con una inglesa, excepto en el caso de La Matilde, era una fragata apresada por la Royal Navy.

Los ingleses utilizaban las fragatas para dar caza a los navíos, que después del cañoneo, y muy tocados, abandonaban el combate.

Cuando un navío se batía en retirada las fragatas inglesas, que eran mucho más veleras que los navíos, lo perseguían batiéndolo por la popa con las piezas que instalaban en el castillo de proa. Nunca se ponían en la amura del cazado, solo trataban de desarbolarlo para dar tiempo a la llegada de buques de más porte que pudieran enfrentarlo.

Lángara y los capitanes de las fragatas españolas, destacadas en observación, no podían entender como una flota de 200 naves había pasado por Brest, donde había estacionada una fuerza combinada franco-española al mando de Córdova, con cincuenta navíos, sin sufrir daño alguno.

Nadie entendió, después, por qué Córdova, con veinte navíos y después de dejar otros veinte en Brest, no se unió a Lángara, como estaba acordado y tampoco se entendió por qué Lángara, si tenía que retirarse, no se retiró a tiempo.

Aquella tarde el general español, ante la inferioridad de fuego, inició la retirada cuando tenía a Rodney encima (a 12 millas) y el comandante inglés cambió las señales de “orden de combate” por las de “caza general”. Esta orden autorizaba a los comandantes de buque a romper la formación y entrar en combate según su leal saber y entender.

Rodney mando sotaventear a sus buques, cortando la retirada hacia Cádiz de la escuadra española.

Con once navíos españoles a barlovento y dando la popa a los ingleses, el desastre fue general. Los fueron cazando de uno en uno.

El Santo Domingo fue cazado y volado. El Real Fénix (insignia), el Princesa, el Diligente y el Monarca, fueron apresados después una lucha muy desigual. El resto de la flota  pudo refugiarse en la Bahía.

El San Eugenio y el San Julián, después de apresados, en un golpe de mano, recuperaron el control y llegaron a Cádiz con sus captores convertidos en presos.

Bien, amigos, pues el brigada Gago iba embarcado en el San Julián que estuvo a punto de zozobrar la noche del 16 al 17 de enero de 1.780 cuando, represado, volvía a  Cádiz.

Después de recibir los fuegos del Edgar, del Resolution, del Defence y del Bedfor, el San Julián arrió el pabellón a las 21,30 horas (ya noche cerrada) cuando estaba desarbolado y era una boya a la deriva.

El brigada Gago perdió una mano, que se llevó un mosquetazo de los tiradores del Edgar, y una bala roja, que impactó en el candelero del castillo de proa, arrancó el balaustre que le cruzó la cara y le recordaba todas las mañanas, cuando se afeitaba, el combate del Cabo Santa María y lo que sufrió aquel día. Le recordaba que arriaron y que después, a puro huevo, recuperaron el Navío. Recuerdos y emociones contradictorias que requieren de una elaboración que dura más de diez años. El tiempo, con su manto de olvido, tarda mucho en tejer la red necesaria.

En muchas ocasiones lo que parecía olvidado, y almacenado en los anaqueles de la memoria, reaparece con fuerza.

–        Pero mi brigada, no siempre se puede ganar. En el Cabo Espartel, les devolvimos lo que nos dieron en Santa María. Además, el San Julián fue un ejemplo de valor y gallardía para cualquiera.

–        Claro que sí, hijo; claro que sí. Cuando lo único que te queda es el honor, ya la vida importa bien poco, si, además, también te han quitado el honor, es mejor estar muerto. Cuando se desató el temporal, los ingleses no tuvieron más remedio que cortar las amarras porque el Edgar, también, iba muy tocado por ambas aletas y hacían mucha agua. El Capitán, Marqués de Medina, mandó asaltar a los ingleses que nos apresaban y, después de reducirlos, nos hicimos con el control del barco y pudimos llegar a Cádiz.

–        Ustedes hicieron lo que el deber les pedía.

–        Peleamos de noche, bajamos el pabellón a las 9,30, y recuperamos el barco a las 4 de la madrugada. Con la mano que me quedaba y con la cabeza vendá, le metí la bayoneta por el culo a dos ingleses cabeza de zanahoria.

–        Esos dos, seguro, ya no podrán contar el Combate del Cabo Santa María a sus nietos.

–        Esos dos no, pero los que quedaron, de los 75 que habían mandado a marinarnos, los hubiera yo tirado por la borda, si me hubieran dejado, pero el Capitán dijo que no quería más muertos.

Estaban ciegos de ira en su derrota. Los 600 hombres del San Julián, que habían visto morir a sus camaradas y destrozar su barco, querían un baño de sangre y dar de comer a las gambas de San Lucar.

…..//….

ARBOLADURA EN UN NAVIO DE TRES PUENTES.

Dos años más tarde, frente al Cabo Espartel, se volvió a comprobar como los navíos Ingleses eran más eficaces por más maniobrables, por construcción y porque tenían dotaciones completas y profesionales.

En octubre de 1.782, el Teniente General D. Luis de Córdova se encontraba al mando de 46 navíos de línea en el apostadero de Algeciras.

El día 11 de ese mes se divisaron las velas de una escuadra inglesa de 34 navíos, al mando del almirante Howe, que escoltaba a un convoy de suministros para Gibraltar.

Los barcos ingleses atravesaron el Estrecho, internándose en el Mediterráneo, porque viento y marea no les dejó fondear bajo la protección de las baterías de Gibraltar.

Córdova mandó dar a la vela el día 13 y se dirigió en busca del inglés, llegando hasta Velez-Malaga.

El día 15, la flota hispano-francesa se dirigió al sur hasta las costas de África, atravesando el mar de Alborán.

Volvieron, el 16, aponer proa al Estrecho, buscando a la flota de Howe, que les había burlado, y ponía rumbo al océano. Barloventeando, el 19 de octubre se localizó a los ingleses, pero esa noche se les perdió de vista porque sus naves eran más rápidas y al estar en inferioridad no querían presentar batalla.

Al amanecer del día 20 de octubre, se volvió a localizar a la escuadra enemiga al S-SW, a la altura del Cabo Espartel. Llevaba rumbo NNW por lo que Córdova ordenó rumbo WSW. Desde el primer navío de la línea hasta el insignia de Córdova, el Santísima Trinidad, había 40 buques.

A las 13,30 los rumbos de encuentro eran tales que las flotas se encontraban a 2 millas de distancia. A las 16,30, desde el Trinidad, que había progresado hasta el centro de la línea, se izaron señales de “ataque general”, sin sujeción a puestos en la línea, y se ordenó a la retaguardia, compuesta por 14 navíos al mando del Conde de Guichen, un francés muy señoritingo, doblar al enemigo poniendo rumbo W-NW, para cortarle la retirada.

A las 6 de la tarde, la vanguardia de la flota combinada, encabezada por el Invincible, con la insignia de Lamotte-Picquet y 110 cañones, abría fuego contra el centro de la flota inglesa que maniobró para poner fuera de objeto los fuegos del Trinidad y los buques mayores que le acompañaban, en el centro de la línea.

Cuando llegó la retaguardia, los 14 navíos del conde de Guichen, el centro de Córdova maniobró para atacar a la vanguardia inglesa, liberando al Invincible, al Guerriere, al Dictateur, al Robuste y al Suffisant y a los nuestros de vanguardia de excesivo castigo.

El Guerrero, el San Isidro, el Santa Isabel y el Rayo abrieron fuego contra la segunda división de vanguardia inglesa, el Edgar, el Foudroyant, el Polyphemus, el Sufolk y el Vigilant

A las 11 de la noche, los ingleses se pusieron fuera de todos los fuegos y maniobrando, sin obstáculos, formaron su línea de retirada en perfecto orden y abandonaron el combate.

Se les persiguió toda la noche, pero al amanecer ya estaban a 6 leguas y a las 5 de la tarde del día 21 se les perdió de vista.

En este combate se vio que los ingleses “elegían”, lo cual es una ventaja capital. Cuando se veían copados, salían de naja; no se empecinaban en combates infructuosos: si podían capturar algún navío, peleaban; si no, escapaban.

Aquella vieja táctica de emparejar navío contra navío y ver quien tenía más cojones ya no se usaba. La ventaja de la vela era capital.

…//…

CAPITULO II(2).- LA EXPEDICIÓN.-

Amanecía sobre Hornos el día de Año Nuevo de 1.790. Densa niebla y fino granizo azotaban  las naves.

Cuaderno de Bitácora: “Año Nuevo de Dios de 1.790. 6 de la mañana. Viento suave del S-SE. Mucho frío, los termómetros bajan a 5º. Mando proteger los relojes.”  

Los relojes eran piezas fundamentales en la medición del meridiano. Los primeros relojes que se montaron en barcos de la Armada tenían ahora 5 años y se había comprobado que la grasa que suavizaba los movimientos del eje-volante aumentaba de viscosidad, al bajar la temperatura, y el reloj no funcionaba correctamente, dando errores inadmisibles.

Eran cronómetros Harrison que daban medición de hasta una décima de segundo.

Viento suave y gélido. Una fina granizada me azotaba la cara cuando, desde el castillo de proa, podía ver claramente la mole de piedra que supone el Cabo de Hornos.

La tarde anterior habíamos virado N-NW y navegábamos a 4 nudos, con los trapos bajos de los tres palos; Velacho y Gavia de trinquete; Mayor y Gavia en el palo mayor;  y Cangreja y Sobremesana en el palo de mesana.

–        Ves, Roque?. Ayer por la tarde, el capitán mandó arriar los juanetes.

–        Cual es la razón, mi teniente?

–        No quiere maniobrar el aparejo con estos fríos. Si la temperatura sigue bajando, mojados como están, los cabos se hielan y se sufre mucho en las maniobras.

–        El Capitán Malaspina ya ha pasado por aquí antes?

–        Dos veces. Como capitán de Fragata con la Astrea, sabe muy bien lo que hace.

Cuaderno de Bitácora: “Cabo de Hornos a estribor. Tercera vez que le veo. 12 del medio día. Viento N-NW a 4 nudos. La temperatura sigue bajando. Mando guarnecer los relojes y ponerlos al lado de un candil.”

Hornos

 Esa noche había escrito una carta a mi madre con la intención de dejarla en el primer puerto con posta que visitáramos:

“Querida madre:

 Me imagino que estará usted preocupada, no lo esté. El Capitán Malaspina nos lleva por derroteros seguros que él conoce, cuida de todos nosotros, y yo estoy muy bien.

 El Teniente de Navío Alcalá Galiano se ocupa de mi instrucción, es un oficial muy competente y comprensivo con el que me llevo muy bien y estoy aprendiendo muchos de los aspectos prácticos de navegación.

 El cocinero, Curro, me enseña los rudimentos de la cocina y me cose los botones.

 Madre, la echo de menos. Echo de menos nuestro pueblo, nuestra casa, a padre y a usted.

 Me dice el Teniente Alcalá que, con seguridad, cuando lleguemos a puerto tendré mi despacho de Guardia Marina de la Armada lo cual me hace mucha ilusión.

 Sin otro particular, reciba usted un abrazo de su hijo que la quiere.”

 …//…

CAPITULO III(1). TENIENTE DE FRAGATA OQUENDO.-

Después de mi periodo de estancia en tierra, con destino en la Escuela Naval, con empleo de Alférez de Navío y como ayudante del Capitán de Navío D. Cayetano Valdés y Flores, ascendí a Teniente de Fragata el día 22 de noviembre de 1.796.

En este periodo fui comisionado en tres ocasiones para salir a la mar, con el empleo de Alférez de Navío, a bordo del Rayo, Navío que estaba al mando del Capitán de esa clase D. José de Rivas.

El Rayo era un barco con excelentes condiciones marineras armado con 64 cañones de 18 librasen sus dos puentes de artillería.

Eran tiempos de paz y el primer viaje fue a Cartagena, el segundo a Mahón y el tercero, que duró tres meses, de escolta de un cargamento de azogues para La Habana.

D. Cayetano Valdés, siendo Teniente de Navío, viajó con la Atrevidade D. Jose Bustamante, compañera  de la Descubierta de D. Alessandro Malaspina hasta Acapulco. Desde aquí fue destinado, al mando de la Goleta Mejicana, junto con D. Dionisio Alcalá, al mando de la Sutil, a explorar el Estrecho de Juan de Fuca que separa la isla de Vancouver del continente. D. Dionisio mandó aquella expedición por ser más antiguo en el empleo que D. Cayetano.

Desde septiembre de 1.794 hasta noviembre de 1.796 estuve varado en tierra dedicándome al estudio de las matemáticas, la hidrografía y la astronomía.

Atendí a mi padre enfermo, que finalmente murió en diciembre de 1.795, y a mi madre, que no teniendo a mi padre, murió tres meses después.

El día 1 de diciembre de 1.796 embarqué en la Fragata Matilde y cambió mi vida.

El capitán de fragata D. Miguel María Gastón de Iriarte mandaba esta unidad, era un hombre afable, culto y, como comentaré después, de un arrojo rayano en la temeridad. En medio de los cañonazos daba órdenes como si estuviera jugando al billar.

El caso de la Matilde merece mención especial entre las fragatas de guerra españolas.

“Ya hubieran querido para sí otros de sus enemigos de entonces, fueran franceses, holandeses o daneses, poder decir en cualquier situación que habían visto la popa del buque de Nelson. Y, desde luego, si aquella modesta victoria la hubieran obtenido buques de cualquiera de esas naciones, no hubiera permanecido virtualmente desconocida hasta la fecha”.

(Agustín Ramón Rodríguez González. Revista de Marina)

LA SABINA Y LA MINERVE

La Matilde era una fragata de 34 cañones de 12 libras. Era velera donde las haya, hasta el punto de ingobernable. Era habanera, aunque cartagenera de adopción. Estuvo manejada por muchos capitanes de esa clase y todos manifestaron estar enamorados de ella y todos acabaron hartos de ella, de suerte que fue conocida en La Armada como “La Puta Matilde”…. Por la “mala follá” que tenía.

En todo el tiempo que estuve embarcado en la Matilde, siempre me pareció que estaba embrujada, había veces que maniobraba ella sola.

El día 19 de diciembre de 1.796, recién ascendido yo a teniente de fragata, la Sabina y la Matilde mandadas por Jacobo Stuart y Gastón de Iriarte dieron proa a las inglesas, de la misma clase, Minerve y Blanche, que navegaban en conserva, al sureste de Cartagena. Se dirigían al encuentro de la escuadra de Jervis.

En el alcázar de proa nos encontrábamos cuando:

–        Oquendo, mande usted zafarrancho de combate que, o mucho me equivoco, o el Capitán Stuart  izará la señal de caza.

–        Me parece, mi capitán, que ya la ha izado. Señor, la fragata mayor es la Minerve y enarbola, en el trinquete, la insignia del comodoro Nelson. Estoy contando y porta 50 cañones.

–        Largue todo el trapo, hoy les vamos a hacer correr mucho. La otra es la Blanche, esa es la nuestra.

Inmediatamente la Sabina (40 cañones), de porte superior a la Matilde, dio costado a la Minerve, que enarbolaba la insignia de Horatio Nelson, recién ascendido a Comodoro, entablando un vivo cañoneo por la amura de estribor.

La Matilde huyó dando popa a la Blanche que la persiguió a todo trapo. A la Matilde le daban miedo las fragatas y las corbetas pero le gustaban mucho los bergantines y los navíos viejos. Se le daba mejor engañarles.

–        Mi capitán, rehuimos el combate?

–        No, Oquendo, vamos a poner fuera de combate a la Blanche y luego volvemos a por Nelson.

–        Señor, fuera de combate sin un cañonazo?.

–        Sí, teniente. La vamos a sacar del escenario.

–        Señor, se cuenta que Nelson no ha perdido ningún combate.

–        Y, quizás, tampoco pierda este pero vamos a tirar los dados, dice Jacobo.

Stuart aguantó el superior fuego de Nelson durante tres horas y cuando no pudo más se rindió, siendo traspasado herido de gravedad, el Capitán de Fragata Jacobo Stuart-Fitzpatick a la Minerve de Nelson, el cual, al enterarse que su prisionero era bisnieto de Jaime I de Inglaterra, lo trató con toda la amabilidad que pudo.

La Minerve estaba muy seriamente tocada después del combate con la Sabina, pero remolcaba a esta hacia Gibraltar con la intención de repararla.

A media tarde apreció la Matilde, que había dado esquinazo (La Matilde encontraba esquinas en la mar) a la Blanche y, sin dudarlo atacó, como un rayo, con todas sus bocas de fuego, a la Minerve.

–        Oquendo, prepare la batería de babor. Vamos a disparar tres veces. Luego cargue todo el personal a la batería de estribor que vamos a disparar otras tres veces.

Ordené al alférez de fragata, que estaba al mando de las baterías, que encartuchara para doce disparos en cada cañón y que estuviera atento a las órdenes.

–        Oquendo, la gente a los juanetes, quiero todo lo que me puedan dar. Vamos a enseñar a Nelson como corre un galgo.

–        A sus órdenes, señor.

Estaba muy asustado, era la primera vez que entraba en combate y el corazón me latía fuerte y rápido.

Era la primera vez, en mi vida, que mandaba la gente a los juanetes y me acordé del Teniente Alcalá y de Curro. En frente teníamos nada menos que a Nelson con un buque el doble de potente que nosotros, cada muerto y sus familias estarán en mi conciencia.

Debutar contra Nelson, con la Matilde y en Cartagena….nunca me lo hubiera imaginado…. Qué estupendo baile!!!.

Soplando suave S-SW, barloventeando y con todo el trapo puesto, La Matilde pasó veloz, descargando mala hostia por babor, sobre la amura de babor de la Minerve (de proa a popa), que ceñía; luego, virando por redondo, le dio la otra banda y volvió a descargar mala hostia, por estribor, sobre la misma amura del inglés. Le metimos 90 cañonazos de a 12 antes de que el señorito reaccionara.

El olor a pólvora negra era insoportable, me picaban los ojos con la humareda y empecé a sudar como un caballo de carreras. Bajé a la cubierta de artillería y allí todo era mucho peor. La gente gritaba y se afanaba en volver a cargar. Aquello era una caldera del infierno y todavía no habíamos recibido correo de la Minerve.

Nelson mandó cortar las amarras de remolque y empezó a maniobrar para defenderse del ataque de semejante bicharraco. No se esperaba que una fragata menor le atacara; No se esperaba que una fragata con piezas de a 12 libras en las dos andanas defendiera a su hermana mayor con esas uñas y esos dientes.

Nelson era un egocéntrico patológico, pero seguro que no le hubiera gustado morir a fuego de una fragata menor.

–        Señor, la Minerve maniobra, vira a babor.

–        Teniente, todo a estribor. Le cortaremos, prepare la andanada de estribor, cargue con metralla y tire a las velas.

–        Señor, debemos mantenernos alejados del alcance de las carronadas.

–        Si, Roque, eso estamos haciendo, pero en algún momento…..

Aunque la Matilde era de menor porte y menor poder que la Minerve, aguantó el cañoneo y maniobró cortando las salidas de esta, tratando de barrerle, de través, las cubiertas.

Cuando llegó la primera andanada de la Minerve, nos hirieron a siete artilleros y dos infantes de marina, además de rompernos la verga de la cangreja.

Una hora después de empezado el combate, aparecieron por el horizonte las velas de la Ceres y la Perla, fragatas de 40 y 34 cañones. Cómo lobas furiosas, venían a todo trapo. Con base en Cartagena y alertadas por los cañonazos iban en auxilio de sus hermanas. Las seguía el más lento Príncipe de Asturias, flamante y potente navío de tres cubiertas y 114 cañones que, si procedía, remataría la fiesta.

Nelson, que sabía que lo cortés no quita lo valiente, puso proa a Gibraltar y dio la popa, por primera y última vez en su vida, a buques españoles. Abandonó la lucha contra la Matilde, que le persiguió con la cangreja de mesana hecha unos zorros, hasta bien entrada la noche, cañoneándole con las dos piezas de18 libras de la proa.

–        Oquendo, parece que el señorito va a perder uno. Déle usted candela.

–        Ya le hemos metido media docena de peladillas en el combés, señor, pero no atinamos al palo mayor.

–        Le doy media hora más, Oquendo, luego volvemos a por la Sabina.

–        Mi Capitán, Nelson saca el pañuelo para decirnos adiós.

–        No es para decirnos adiós, es para coger todo el aire que pueda.

Lástima que no tuviéramos la cangreja!!!. Hubiéramos puesto al señorito, un par de años, en dique seco.

La Matilde de Gastón de Iriarte recuperó a la Sabina e hizo prisioneros a los Tenientes de Navío Hardy y Culverhouse, que la marinaban, y a 50 marineros que Nelson había enviado al buque capturado.

Después de canjeados por otros prisioneros, estos dos marinos ingleses mandaron El Victory y el Royal Sovereing, respectivamente.

Cuando volvió la Blanche, al amanecer, al ver a toda la agrupación, salió de naja con todo el trapo que tenía, incluyendo el pañuelo del capitán.

La Ceres y la Perla la persiguieron pero, al anochecer, la perdieron de vista.

El 26 de diciembre de 1.796 Nelson escribió a Gastón de Iriarte:

“Señor: La fortuna de la guerra me dio posesión de la Sabina después de una defensa de las más bizarras: la misma señora, tan voluble, os devolvió el buque con algunos de mis oficiales y hombres a bordo. He procurado hacer lo más llevadera posible la cautividad de su valiente comandante, don Jacobo Stuart, y confío en la generosidad de vuestra nación para que dé trato recíproco a los oficiales y hombres ingleses. Consiento, señor, en que sea cambiado don Jacobo y en que quede en plena libertad de servir a su Rey cuando sean entregados los Tenientes Culverhouse y Hardy a la guarnición de Gibraltar, con los otros que acuerde el Cartel establecido entre Gibraltar y San Roque para el intercambio de prisioneros. También se me cogió un criado en la Sabina: se llama Israel Coulson: no dudo de que V. E. dará órdenes para que inmediatamente me sea devuelto, por lo que me consideraré su deudor. También confío en que se mandarán a Gibraltar a los hombres que actualmente tenga prisioneros de guerra. Es propio de grandes naciones tratarse mutuamente con generosidad en alivio de los horrores de la guerra. Nelson”.

 –        Roque, el señorito me escribe, lea.

–        Señor, no dice nada de la Matilde.

–        Eso le va a doler toda su vida y lo silenciará. Quiere a Hardy, es amigo personal.

–        Pero pide que le devolvamos a todos.

–        Es lo que vale Jacobo, según sus cuentas.

–        Lo vale?

–        Sí. A nosotros Hardy no nos vale para nada.

 …//…

To be continued

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