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CÓNICAS MARINERAS III

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO I (3).- ASPIRANTE OQUENDO.-

Aquella tarde del final de verano corría viento fresco de poniente y, bajo los efectos del buen vino, el brigada Gago se sinceraba. Nunca supe muy bien por qué, pero empezó a hablarme de asuntos más íntimos.

–        Roque, y del asunto del amor, qué?.

–        No sé qué se refiere, Manuel.

–        Sí sabes, sí.

–        No tengo novia ni pretendo a ninguna.

–        No me refiero a eso.

–        No entiendo, pues.

–        Qué edad tienes, hijo?

–        17 años, señor.

–        Un poco mayor para guardiamarina. Todavía no has metido?

–        Ah!!!, ya entiendo. No señor, ni lo he hecho ni lo haré con ninguna mujer a la que no ame.

–        No exageres, hombre. La puedes amar diez minutos y luego olvidarla.

–        No valgo para eso, Manuel. Solo a la que ame y, a la que ame, la amaré toda la vida, si Dios quiere.

–        Bueno, bueno, tú sabrás !!!.

Anocheciendo, levantamos la sesión y cada mochuelo marchó para su olivo.

Yo, directo a la Escuela a repasar los problemas de matemáticas para las clases del lunes siguiente y a descansar, ya que nos esperaba, como todos los lunes, clases teóricas e instrucción de orden cerrado.

Manuel ,… qué sabe nadie donde pudo ir un lobo de mar que anda sin más atadura que la Armada, que es una amante sin celos.

Los siguientes seis meses fueron de instrucción y clases. Los profesores eran marinos con algunos años de experiencia, excepto cuando venía algún alto capitoste a darnos una lección magistral.

Vino, recuerdo, D. Juan de Lángara, que a la sazón era Teniente General, y nos habló de astronomía, de los vientos y de las corrientes y de cómo hacer viradas, cargando y descargando el velamen.

–        Caballeros guardiamarinas hay dos maneras de virar a contramarcha. Se puede virar por avante, pasándole la proa al viento, lo que te deja sin arrancada y, si eso conviene, arrancando desde parado, y se puede virar por redondo, pasando la popa por la dirección del viento lo que te proporciona empopada y sales lanzado del viraje. Todo va a depender del rumbo y la velocidad que quieras, a la salida.

Naturalmente, esas cosas ya nos las había explicado el profesor de turno pero todos aplaudíamos a un Teniente General, a fin de cuentas era “el pájaro” de la marcha de infantes.

Ya está aquí el pájaro, ya está aquí el pájaro

Ya está aquí del pájaro….cuando se irá!”.

Una cosa es explicarlo en el aula y otra, muy distinta, ejecutarlo en la mar, sobre todo cuando mandas una flota de 25 barcos. Claro que eso a ver como se lo explicas al general que se dejó atrapar en el Cabo Santa María, mandando virar por avante y a una, cuando estaba barloventeando a los ingleses. Eso se lo cuentas al brigada Gago y al balaustre que le cruzó la cara.

–        Bien, alumnos guardiamarinas, España espera lo mejor de ustedes. La disciplina y el espíritu de servicio deben ser sus nortes. Alguna pregunta?.

No quiero ni pensar que hubiera pasado si le pregunto la diferencia entre viradas en función del estado de la mar y de las corrientes. Si le digo que descargar las velas y aflojar las escotas dejando las vergas flojas, maniobra necesaria en las viradas, es un trabajo que hay que optimizar porque trapo flameando no es una cosa que me gustara mucho.

En mayo de 1.789, para hacer las prácticas necesarias, solicité enrolarme en la tripulación de la Descubierta o de la Atrevida.

Eran dos corbetas que se acababan de construir en los astilleros de La Carraca y que iban a zarpar para dar la vuelta al mundo.

En junio, después de los exámenes, me comunicaron que debía presentarme al Teniente de Navío Alcalá Galiano en la Descubierta; después de la entrevista…..

–        Joven aspirante, usted sabe donde está Montevideo?

–        Sí, mi teniente, en la desembocadura del Río de la Plata.

–        Y sabría hacer una estimación de cuanto tardaríamos en llegar con la Descubierta, suponiendo viento constante del NNE de 20 nudos?

Me puso sobre un mapa y después de hacer mis cálculos, estimando el velamen del barco y el ángulo de incidencia para determinar la velocidad máxima y mínima, con el compás medí la línea y contesté.

–        Creo, señor, que tardaríamos no menos de 65 días y no más de 75.

–        Y sabría decirme el teorema fundamental de un triángulo?.

–        Sí, señor, en un triángulo el seno de un ángulo dividido por su lado opuesto es constante en los tres ángulos.

–        Sabría usted decirme cuando vale el Sen(a+b).

–        Sí señor, vale el seno de a, multiplicado por el coseno de b, sumándole el producto del coseno de a multiplicado por el seno de b.

–        Bien aspirante, recomendaré su presencia en la Descubierta.

A finales de junio me dieron los resultados de los exámenes y me comunicaron, oficialmente, que había sentado plaza como Guardiamarina de la Armada y se me ofrecía mi primer destino en la Descubierta de D. Alejandro Malaspina Millelupi.

CAPITULO II (3). LA EXPEDICIÓN.-

Con rumbo norte-una cuarta noroeste, remontábamos la costa con intención de hacer aguada en la isla de Chiloé.

Cuaderno de Bitácora: “25 de enero de 1.790, 10 de la mañana. Remontamos la costa. Vientos flojos del N-NE, ceñimos con mucho trabajo, en una de las maniobras de bordada hemos roto el foque mayor. Mando cambiarlo y repararlo”.

Aunque hacía frío, ya no era el frío de los días de primeros de año. El tiempo iba atemperando y los amaneceres eran claros, notábamos que la latitud nos iba ayudando.

–        Buenos días Curro, qué estás haciendo?

–        Hola Roque, estoy preparando los pocos pájaros que me quedan para escabeche, pronto llegaremos a puerto y repondremos.

–        Qué hago?.

–        Quítate la guerrera y ponte a pelar.

Yo iba pelando y Curro abría en canal a las aves, las limpiaba, las salaba, y luego en una sartén con unas bolitas de pimienta negra, unos ajos y varias hojas de laurel, daba dos vueltas de fritura a los pájaros y los metía en tarros de cristal.

Cuando tuvo a todos los volátiles metidos en los tarros me ordenó:

–        Ahora pon a cocer mitad de agua, mitad de vinagre y le pones unos ajos, laurel y pimienta negra, luego llena los tarros.

–        Ya está?

–        Sí, el vinagre y la sal harán su trabajo en dos o tres días.

–        Y ya se podrán comer?

–        Se podrán comer o utilizarlas en otros guisos.

CAPITULO III(3) TENIENTE DE FRAGATA OQUENDO.-

En dos semanas los desperfectos de la Matilde estaban reparados y se nos asignó una compañía de Infantería de Marina de 50 hombres que embarcaron el día 1 de febrero de 1.797.

El capitán Gastón de Iriarte fue asignado a la Sabina, que estaba en dique seco y se dio el mando de La Matilde al capitán de fragata D. Manuel Victéria de Locía.

Este capitán, de buena familia, se mareaba al segundo bandazo y se cagaba al primer pantocazo. Su carrera en la Armada era una obligación impuesta por su padre.

El destino, cómo capitán de fragata, en la Puta Matilde era un castigo.

En primer día de embarcar, y después de los honores de Ordenanza, me llamó a su camarote:

–        Da usted su permiso, mi capitán.

–        Pase Oquendo.

–        Se presenta el teniente de fragata Roque Oquendo, mi capitán.

–        Oquendo, puedo llamarle Roque?

–        Desde luego, señor.

–        Tengo excelentes informes de usted; todos sus superiores destacan su eficiencia y amor al servicio.

–        Gracias, señor, hago lo que puedo; la Armada es mi novia.

–        Roque, vamos a la guerra.

–        De la guerra venimos, señor; hace un mes hemos dado por la popa al comodoro Nelson.

–        Lo sé, Roque, espero que en el futuro desempeñe usted tan bien como en el pasado.

–        Lo intentaré con todas mis fuerzas, Señor.

–        La Matilde está bajo su mando, Roque.

Al retirarme, sentí una mezcla de sentimientos encontrados. Estaba contento porque me había dejado muy claro que La Matilde era mía y estaba muy triste por ver a un hombre que vivía la vida de otro.

A mis 24 años, disponía de la suficiente autonomía para mandar mi primer buque; era una responsabilidad que no me daba miedo y pensaba ejecutar con firmeza.

A mis órdenes estaban un alférez de navío, muy nervioso, que se llamaba Francisco, un alférez de fragata, Anselmo, muy diligente y bravo, y un guardia marina, Luisito, con muchas ganas de aprender.

Completaban la tripulación un contramaestre, Ángel, al mando de 61 hombres de mar y un Sargento Mayor de Infantería de Marina, Sr. Clavero, que mandaba a su compañía.

En la cubierta de artillería tenía dos sargentos y 62 artilleros que daban servicio a los 34 cañones de 12 libras que montaba la Matilde.

El día 1 de febrero de 1.797, por orden del nuevo jefe de la Escuadra D. José de Córdova y Ramos, que era sobrino de aquel Córdova que puso en fuga a Howe en el Cabo Espartel, en el 82, dimos a la vela. Se nos asignó al navío Conde de Regla que mandaba el brigadier D. Jerónimo Bravo como capitán de bandera del Jefe de Escuadra el Conde de Amblimont.

Estaba muy contento porque el Conde de Regla era un navío de 112 cañones en tres cubiertas y, fuéramos donde fuéramos, entraríamos en combate con toda seguridad. Era un buque de primera clase y sacudiríamos al inglés en cuanto lo viéramos. Portaba la insignia del Jefe de Escuadra, el Conde de Amblimont, lo cual significaba que otros cuatro navíos y otra fragata navegaban con nosotros.

Íbamos en la tercera escuadra (retaguardia), bajo el mando del  Teniente General D. Joaquín Moreno Mondragón que izaba su insignia en el Príncipe de Asturias que era un navío gemelo al nuestro, teniendo por capitán de bandera al brigadier D. Antonio de Escaño.

Durante la primera noche de travesía, a la altura del cabo de Gata, ceñíamos al viento en la virada S-SW y yo me encontraba en la cubierta, supervisando la maniobra, cuando uno de los infantes de marina, sin volver la mirada, me dijo:

–        Mi teniente, vamos a por ellos?.

–        Sí, soldado, vamos a por ellos y nos estarán esperando.

–        Esta vez, con lo que llevamos, les vamos a dar candela.

–        Cómo se llama usted, soldado?.

–        Antonio Maria Soto, mi teniente.

–        Esté pendiente, Antonio, en cuanto vea un inglés dele usted toda la candela que pueda, son muy golosos y les gusta mucho.

–        Lo haré, mi teniente.

–        Tenga usted en cuenta que, para ellos, un herido es mucho peor que un muerto. Tire usted a los huevos.

–        Si tienen, ahí tiraremos.

 

 

Cuaderno de Bitácora.-Jueves, 2 de febrero de 1.797, a las 3 de la mañana el viento fresco esta rolando a poniente. Navegamos a 3 nudos. Arrumbamos SSW,  volteando el cabo de Gata.”

A lo largo de los días posteriores y en varias ocasiones tuve oportunidad de entablar conversación con este soldado que parecía especialmente motivado y con muchas ganas de meter caña, de la que araña, a los ingleses.

Navegábamos en dos líneas y bajo nuestra protección venía una flota de barcos de transporte que, a la altura de Cádiz, se separó escoltada por varios navíos que estaban averiados. Se separaron de la flota el Bahama, el Terrible y el Neptuno, junto con las fragatas Brígida, Casilda, Dorotea y Guadalupe.

La Armada puso rumbo NNW con viento fuerte, que amenazaba temporal del SSW.

La Matilde, junto con las otras fragatas, cumplíamos las misiones de repetición de señales y caza en el horizonte; teníamos mucho trabajo porque la Flota se componía de 23 navíos y 7 fragatas; la extensión de mar que teníamos que batir era mucha, y además de las continuas maniobras que agotaban a la gente de mar, el tiempo no acompañaba.

Cuaderno de Bitácora.-Lunes 13 de Febrero de 1.797, a las 6 de la tarde llevamos varios días barloventeando a la flota que se encuentra muy desperdigada después del temporal.”

 

A las ocho de la mañana del 14 de febrero, cuando estaba aseándome en mi camarote, Anselmo, el alférez de guardia tocó en la puerta:

–        Mi teniente, órdenes del General. Ponemos proa SSW para avisar al Pelayo y al Pablo, que están de caza, que a la caída de la tarde debemos estar de vuelta en la flota.

–        Bien, Anselmo, empiece la maniobra. Ya mismo estoy en la cubierta.

Comuniqué estas órdenes al Capitán Victeria y salí disparado para la cubierta. Fue una maniobra penosa porque la Puta Matilde no quería ir; el rumbo que nos ordenaban era justo de donde venía el viento.

A las 10 de la mañana ya habíamos contactado con el Pelayo y transmitido las órdenes. D. Cayetano nos ordenó, entonces, navegar en conserva a sotavento y a un cable de su mura de estribor. A media milla, por la popa, venía el Pablo.

Cuando oímos los primeros cañonazos, el Capitán D. Cayetano nos mando situarnos a barlovento del Pelayo y poner rumbo hacia donde se oían los estruendos; el San Pablo de D. Baltasar Hidalgo seguía al Pelayo a la distancia de un cable.

Bajo la protección de los 74 cañones del Pelayo más la seguridad que da tener a menos de un cable los 74 del San Pablo, viramos por avante desde el rumbo que llevábamos hasta poner NNW y recibimos señal de sacar todo el trapo que tuviéramos. Desde el Pelayo y a viva voz, Manuel Ruiz de los Paños, el teniente de fragata que fue a la Expedición, cómo guardiamarina, en la Atrevida, nos dijo:

–        Roque, que dice el capitán que quitéis los rizos. A todo trapo que entramos en combate en cuanto lleguemos.

–        Viva España, Manuel. Que Dios reparta suerte.

Mandé zafarrancho y cada vela a su palo.

Cuaderno de Bitácora.-Martes 14 de Febrero de 1.797, a las 12,30 del medio día se oyen cañonazos al N. Recibimos orden de barloventear al Pelayo y poner rumbo NNW. El combate ha comenzado y nos ha pillado a 9 millas.”

 

A la 1,00 del medio día ya podíamos distinguir la escena.

La línea inglesa con rumbo SSE, arribando desde el NNW, había pillado a la flota dispersa, cortando nuestra línea y dejando fuera de escena a la Escuadra (vanguardia) de Morales de los Ríos. Estaban virando, en orden, ciñendo el viento por la mura de babor hasta alcanzar rumbo NNW.

La línea inglesa corta el centro de la flota. El Príncipe de Asturias bate al Victory.

Con esta maniobra, además, dejaban fuera de escena, también, a los primera clase de la Escuadra (Retaguardia) de Moreno Mondragón, los navíos de 112 cañones Príncipe de Asturias y Conde de Regla, si bien estos habían maniobrado, ciñendo el viento por su mura de babor y venían cañoneando, sucesivamente, a toda la línea inglesa causando todo el daño que podían en tanto trataban de unirse al General.

La línea de 15 navíos ingleses, encabezados por el Culloden, del capitán Thomas Troubridge, cargaba en perfecto orden contra el centro de la flota, la de Córdova, con el Santísima Trinidad que era el Insignia nuestro.

A dos tiros de cañón seguían al Príncipe y al Regla los navíos San Francisco de Paula, San Antonio y San Fermín que estaban comenzando las maniobras para virar por avante para arrumbar NNW. Estos tres eran navíos de dos cubiertas y 74 cañones.

El Capitán de Nelson, con 74 cañones, rompió la línea y arrumbando  a W, se dirigió al San José. El Cullodem, el Prince George, con el gallardete del contralmirante William Parker y 98 cañones, y el Excelent, del capitán George Towry y 74 cañones, superando al Trinidad, Se arrumbaron en ayuda del Comodoro Nelson (el señorito).

 

El Capitán de Nelson bate al San Nicolas.

Justo en nuestra proa pudimos ver como tres ingleses, el Blenheim de 98 cañones, el Irresistible y el Orión, ambos de 74 cañones, batían al Santísima Trinidad, nuestro insignia.

Les aseguro, amigos, que la sangre se te pone muy espesa cuando presencias una de estas escenas. Tres buques ingleses cañoneando sin piedad a nuestro mejor buque que aguanta como jabalí acorralado las acometidas de la jauría. Tu sueltas todo el trapo….pero vas muy despacio y ves cómo, una tras otra, las andanadas impactan en tu Insignia.

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(El Pelayo entra por la aleta de estribor del Trinidad)

A las 3 de la tarde y a viva voz recibí las órdenes de D. Cayetano, que no ofrecían ninguna duda:

–        Roque Oquendo, salvemos al Trinidad o muramos todos!!!.

–        A sus órdenes mi capitán.

–        Entra por la aleta de babor del Trinidad, échale un cable y trata de hacerlo virar para que dé costado al Blenheim, el más barloventeado. Guárdate de sus cañones de 36, ya está muy castigado pero todavía es muy peligroso.

–        A sus órdenes mi capitán.

–        El Pablo y el Pelayo vamos a entrar por la aleta de estribor del Trinidad y vamos a presentar facha al Orión y luego al Irresistible.

Inmediatamente bajé a la cámara del capitán Victéria:

–        Da usted su permiso, mi capitán?

–        Pase Roque.

–        Mi capitán vamos a entrar en combate y tenemos muchas posibilidades de morir todos. Da lo mismo morir aquí que en cubierta.

–        Voy para arriba, Roque.

–        Póngase una guerrera sin insignias, mi capitán.

El capitán Victéria se situó en el alcázar de popa y yo, de vez en cuando iba a hablar con él.

Yo estaba muy asustado pero procuraba que no se me notase. Estaba mas cabreado que asustado. Estaba cagándome en la puta madre que parió a los ingleses.

–        Contramaestre, a mi orden vamos a virar por avante, necesitaremos mucha fuerza. Las dos lanchas al agua. Recoja los juanetes y la sobremesana.

–        Sargento Clavero, quiero a ocho de sus hombres mezclados con los ocho de mar de las lanchas. Elija a gente con fuerza, la vamos a necesitar.

–        Alférez Anselmo, usted manda las lanchas.

Cuando estuvimos a tiro de pistola del Trinidad el ruido era atronador pero me pude entender con ellos. Alguien había izado una bandera inglesa, en señal de rendición.

–        Vamos a echar un cable, fíjenlo en la mura de babor.

Todavía no estábamos en la línea de tiro del Blenheim y mi objetivo era estar el menor tiempo posible, así que cuando estuvimos a la altura de la mura de babor del Trinidad y el cable estuvo fijo:

–        Timonel, todo el timón al viento!!!.

–        Contramaestre, descargar las mayores y las gavias

La Matilde, ayudada por los dos cables de las lanchas, que paleaban como si les fuera la vida en ello, comenzó a virar hasta poner proa al viento. En ese momento ya le estábamos dando facha al Blenheim, la situación se complicaba y era muy peligrosa. Una descarga de la batería de 36 libras nos hubiera puesto de merienda a los peces.

–        Contramaestre afloje los foques.

–        Piloto, timón al centro.

La cangreja nos hacía virar y las mayores y gavias estaban flameando.

–        Contramaestre, vergas al viento.

En cuanto variamos las orientaciones de las vergas:

–        Contramaestre trinque foques y cargue las mayores y las gavias

–        A sus órdenes, mi teniente.

–        Ángel, suelte los juanetes.

–        Anselmo, ahora te necesito más que nunca.

En cuanto la Matilde empezó a tirar, el Trinidad, muy lentamente, comenzó a hacer dos cosas. La primera fue que toda la escora que tenía a estribor se corrigió nivelando el barco, con lo que sus cañones de esa banda estarían más útiles. La segunda que comenzó a virar a babor. Alguien había arriado la bandera de rendición y había puesto en la verga de mesana el pabellón de España.

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En esas estábamos cuando el Pelayo entró en acción y se interpuso, a tiro de pistola, entre el Orión y el Trinidad. Le descargó, a quemarropa, una andanada de 37 cañonazos que, dado que estaba a barlovento, inundaron de humo al buque inglés, lo que le dio tiempo, a los artilleros, para volver a cargar y soltarle una segunda andanada. El Trinidad a pesar de estar desarbolado y con numerosas bajas, en cuanto pudo y le dejó su escora soltó una descarga, con los cañones que le quedaban útiles porque toda la arboladura había caído en esa banda de estribor, sobre el Irresistible, el cual se vio, seguidamente, batido por el Pelayo.

Justo por detrás del Pelayo entraba el San Pablo que volvió a batir al Orión del Capitán Saumarez. Hidalgo de Cisneros, siguiendo el ejemplo de D. Cayetano mandó, a discreción, dos andanadas de peladillas de 36 al gigante perseguidor de las Pleyádes.

A las 16,30 expuestos, como estábamos, pude ver que detrás del San Pablo, en línea de combate, entraban el Príncipe y el Regla que venían batiendo toda la línea inglesa y, habiendo hecho ya mucho daño al Culloden y al Victory, se incorporaron a la defensa del Insignia, pero es que algo más atrás entraban el San Fermín, el San Antonio y el San Francisco de Paula que aún no habían entrado en combate y venían, a todo trapo, a cobrar su parte de Gloria. La Escuadra de Moreno Mondragón había conseguido, por fin, la línea y venía sacudiendo estopa a diestro y siniestro.

Diez minutos después, el Trinidad estaba orientado para descargar sobre el Blenheim….y descargó. No pude contar, pero le metió no menos de 30 cañonazos y detrás venían el Pelayo y el Pablo.

A estribor nuestro, en el NNW, podíamos ver a toda la división de Morales de los Ríos que no había cumplido la orden de virar.

Jervis, el almirante inglés, que también sabía que lo cortés no quita lo valiente, dio por concluida la jornada, izó las señales desde el Victory, y se retiró llevándose entre las uñas al San José y al Salvador del Mundo, navíos de primera clase de 112 cañones, y al San Isidro y al San Nicolás, navíos de 74 cañones. Dejó al Trinidad con más de 300 balazos en la línea de fuego y con los masteleros sobre la cubierta.

Cuando el Blenheim de Thomas Lenox empezó a virar, arrumbando a NNE, el soldado Antonio de Soto me dijo:

–        Mi teniente y le vamos a dejar irse de rositas?

–        Ya lleva lo suyo.

–        Mi teniente nos está dando la popa!!!

–        Tienes razón, Antonio.

Me asomé a la cubierta de artillería y ordené:

–        Francisco déle usted, al inglés, todo lo que pueda para que lleve buen recuerdo de nosotros y no piense que somos descorteses.

–        Clavero, mande a sus mejores tiradores a los mastelerillos y que tiren a los huevos.

–        Contramaestre las lanchas arriba, quiero a esa gente a bordo lo más rápido posible.

Pude ver a Antonio, con sus ojos de fuego, trepar a la cofa del mayor y empezar a disparar.

El Teniente General Córdova transfirió el mando, junto con su Mayor General, a la fragata Diana y a nosotros nos comisionó para comunicar esto a toda la línea.

Cuando soltamos al Trinidad y empezamos a virar para poner rumbo NNW y avisar a la división de vanguardia pude ver que Morales de los Ríos viraba. Eran las 17,30 horas y la orden la había recibido a las 12,30.

Morales de los Ríos, en vez de por redondo, viró por avante, con lo cual perdió la ventaja de la empopada y paró los barcos.

Morales de los Ríos tenía muy pocas ganas de combatir, como demostró después cuando se le preguntó.

 

Cuaderno de Bitácora.-“14 de febrero, 17,30 horas. El Conde Morales de los Ríos, con su división de 11 navíos, vira por avante dejando sin arrancada a los barcos y perdiendo la oportunidad de castigar la retirada del enemigo”.

 

Corrimos por toda la línea, con rumbo NNW, transmitiendo las órdenes del General hasta las 19,30 que volvimos al cuerpo fuerte de la Flota.

Recibimos, entonces la orden de cazar, a distancia, la flota inglesa. Pusimos rumbo N.

–        Contramaestre, todo el trapo!!!!.

–        Piloto, rumbo norte, sigamos los humos.

Quedaba ya muy poco tiempo para que si hiciera la noche pero antes de caer la noche pudimos ver que la escuadra inglesa arrumbaba NNE y, ya noche cerrada, fondeaba en Lagos.

En estas maniobras de caza, hacia las 20,30, pudimos ver en el NE a la Minerva. Nada más verla, la Matilde dio un bandazo, cómo queriéndose ir a por ella, que tuvimos que corregir con el timón.

Estábamos en el alcázar de popa. Antonio de Soto no se separaba de mí, ya teníamos más confianza.

–        La puta Matilde ha visto a la Minerva y se va a por ella.

–        Déjela usted, mi teniente, vamos a por ella!!!.

–        Antonio, entre la Matilde y usted acabarían con la Royal Navy.

–        En cuanto usted lo mande, mi teniente.

–        No es esa nuestra misión y tenemos que volver a dar novedades.

Volvimos a la mura de la Diana en la Insignia del General y, echando una lancha al agua, el Capitán Victéria comunicó al General las noticias.

La flota estaba navegando, en orden, con rumbo NNW, en dirección al Cabo de San Vicente.

Esa noche, cuando volvió el capitán, pude acercarme al Pelayo y subiendo a bordo, por orden de D. Cayetano, hablamos mientras cenábamos.

–        Roque, el General ha preguntado, dos veces, si estamos dispuestos a pelear mañana.

–        Estamos dispuestos?

–        No solo estamos dispuestos, sino que estamos obligados. Nos han capturado cuatro navíos, el Trinidad navega, haciendo mucha agua, para Cádiz y nadie sabe si llegará. Orozco lo manda, llegará.

A la cena asistían todos los oficiales del Pelayo y un teniente de fragata del Pablo. D. Cayetano dijo que era partidario y firme defensor de la idea de atacar a la escuadra inglesa al día siguiente y nos explicó sus razones:

–        Señores, nos han capturado cuatro navíos que, antes de arriar el pabellón, se han batido como leones, esto les habrá hecho mucho daño. El San José y el Nicolás han batido duro, antes de arriar, al Excellent de Colingwood y al Captain de Nelson; Cuatro de los suyos han batido al Trinidad sin rendirlo, esto les habrá hecho mucho daño también;  Además el Mejicano y el Soberano han dejado sin trinquete al Culloden, el Príncipe y el Regla han desarbolado al Colossus del capitán Murray; nosotros y el Pablo hemos agujereado al Bleheim, al Irresistible y al Orión. Pero hay algo que les ha hecho mucho más daño

–        Que cosa es, mi capitán?

–        Ellos han gastado mucha pólvora, toda la línea ha entrado en combate. Los 15 navíos ingleses están muy tocados y sin munición. El Príncipe y el Regla han batido toda la línea, desde las 11,30 hasta las 17,30, y han hecho muchos agujeros, en cambio he visto las señales y ambos están dispuestos para la acción de mañana. Nosotros y el Pablo, también hemos metido caña a tres de ellos y el Soberano y el Mejicano han desarbolado a otros dos. Total que de sus 15 navíos más de la mitad están prácticamente inútiles y son los de primera clase.

–        Muchos de los nuestros no han tirado ni un tiro, mi capitán.

–        Esa es la segunda razón. Después de perder cuatro, nosotros seguimos teniendo 18 navíos, cuatro más que ellos, y de estos, 11 no han entrado en combate. Están íntegros. Otros 7 de nosotros, si bien tocados, estamos listos para el combate con la arboladura completa y pólvora suficiente, las urcas están rearmando a la flota. A nosotros nos quedan 4 de primera clase.

–        Y por qué no atacamos?. Córdova es pusilánime?.

–        No vuelva a repetir eso, Roque. Recuerde que, él solo, ha aguantado los fuegos de cuatro ingleses. Nosotros, vosotros y todo el mundo cumplirá las órdenes. No se puede repetir lo de la jornada de hoy.

–        Pero mi capitán si nos presentamos en Lagos, ellos fondeados y nosotros con 18 navíos contra sus 15 sin pólvora obtendríamos una gran victoria. Imagine si los cogemos con el barlovento y ellos con la costa detrás!!!.

–        Obtendríamos una gran victoria y recuperaríamos a los cuatro nuestros y eso si no les capturamos alguno a ellos, pero eso solo lo sabremos si el General decide echar los dados.

El Teniente General Córdova y Ramos no quiso echar los dados. No quiso arriesgarse a que le volviera a pasar lo de la jornada anterior que toda la Escuadra de Morales no obedecía las órdenes, sobre todo cuando, preguntado de viva voz, este manifestó que no estaba dispuesto al combate.

En un aparte y cuando ya me despedía para ir a mi barco, el capitán Valdés me dijo:

– Roque eres muy valiente, lo haré constar en mi informe, pero no vuelvas a provocar a un navío tres veces mas grande que tú.

– A sus órdenes mi capitán.

Cuaderno de Bitácora.-“15 de febrero, 14,00 horas. Recibimos ordenes de virar arrumbando a SSE. Volvemos a Cádiz. El General no quiere echar los dados”.

RELACIÓN DE BUQUES PARTICIPANTES.- (cañones)

1º.- PERDIDOS.-

–        Santísima Trinidad (130)

–        San José (112)

–        Salvador del Mundo (112)

–        San Isidro (74)

–        San Nicolás (80)

2º.- EN COMBATE.-

–        Soberano (74)

–        Mejicano (112)

–        Príncipe de Asturias (112)

–        Conde de Regla (112)

–        D. Pelayo (74)

–        San Pablo (74)

–        Oriente (74)

3º.- NO ENTRARON EN COMBATE

–        Concepción (112)

–        Conquistador (74)

–        Nepomuceno (74)

–        San Genaro (74)

–        Ildefonso (74)

–        San Fermín (74)

–        San Antonio (74)

–        Firme (74)

–        Glorioso (74)

–        Paula (74)

–        Atlante (74)

4º.- FRAGATAS

–        Atocha (40)

–        Ceres (40)

–        Paz (40)

–        Perla (34)

–        Mercedes (34)

–        Matilde (34)

–        Diana (34)

5º.- URCAS (Cargadas de munición)

–        Asunción (28)

–        Sta. Justa (18)

–        Sta. Balbina (18)

–        Sta. Paula (18)

6º.- BERGANTIN (Comunicaciones)

–        Vigilante (12)

  (To be continued)

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Categorías:CRONICAS MARINERAS
  1. septiembre 5, 2012 en 8:02 pm

    ¿Dónde te has documentado y cómo te las has amañado para sacar tantísima información? Es increíble la cantidad de datos históricos que manejas.

    • septiembre 5, 2012 en 11:02 pm

      Me los cuenta el cura cuando me voy a confesar….por eso me confieso casi todos los días, Estoy tratando mostrar como se forma un carácter…el de Roque Oquendo, que podría ser cualquiera de nosotros.

      Gracias por leer..

  2. Gregorio
    abril 20, 2016 en 8:50 pm

    Da su permiso?

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