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Archive for 24 enero 2013

CRÓNICAS MARINERAS VI. TENIENTE DE NAVÍO OQUENDO (2)

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO IV (6). TENIENTE DE NAVÍO OQUENDO (2).-

Después del combate con el Leander y la captura de las dos naves de carga, pusimos rumbo a las Azores con todo el trapo al viento.

Durante la travesía el cirujano atendió a los 6 heridos, uno de los cuales falleció; entregamos su cuerpo al mar después de una breve ceremonia. Advertí al contramaestre que su parte del botín sería entregado a sus familiares, de tal forma que no lo diera de baja de la lista de beneficiarios.

Cuaderno de Bitácora.-“29 de Enero de 1.798, 16 horas. En el día de la fecha ha fallecido el marinero Francisco Mojón García, casado y con dos hijos, natural de Tarifa (Cadiz). Entregamos su cuerpo a la Mar, a la altura meridiana de las Azores y paralela de Cádiz, rogando a Dios se digne recibirle en su seno. Se batió valientemente, sus haberes serán entregados a sus familiares”.

 Matadora

El día 6 de febrero, a 250 millas de las Canarias, viramos N-NE y dos días después divisamos la costa africana. Pusimos rumbo a Cádiz, donde entramos el día 11 de febrero.

Entregué los informes en Capitanía, con una particularidad: que comprendía los cuadernos de bitácora de las embarcaciones capturadas.

Fue un viaje de más de 9.000 millas que rindió un buen beneficio que, como en el caso anterior, ingresé en mi cuenta del FAVA. En aquella época se estaban creando y desarrollando los “Montepíos de la Armada”, en previsión y atención de las viudas e hijos de los oficiales de Marina, tanto artilleros como de la “gente del mar”.

En este viaje, además de poner muy nerviosos a los ingleses, pude estudiar las rutas de los buques ingleses que, desde Jamaica, iban a Gran Bretaña. Estos, escoltados por el Leander, habían tomado la ruta E para bordear Puerto Rico y doblando por las Islas Vírgenes, enfilar el E-NE que les lleva, con los Alisios, a Europa; tenía la sospecha que remontaban hasta la Bermuda y, luego, viraban E.

Fueron, descontando las estancias en Tenerife y La Habana, 139 días de mar que entraron en mi Hoja de Servicios.

A la semana de fondear en la bahía, di “permiso indefinido” a la tripulación, con la excepción de seis hombres solteros y un casado con una suegra insoportable que, voluntariamente, quisieron quedarse. Anselmo y yo fuimos al domicilio del marinero Francisco Mojón y entregamos a su mujer la gorra, una bandera y los haberes del marinero muerto; incluí en el paquete un certificado, mío, con las coordenadas exactas donde reposaba el finado.

A las dos semanas de llegar a Cádiz, es decir, el día 26 de febrero, me mandó llamar el Mayor General D. Antonio Escaño que, a la sazón, era brigadier de marina a las órdenes del Teniente General Mazarredo.

–        Da Vuecencia su permiso?.

–        Pase, Roque, me permite que le llame así?.

–        Se presenta el Teniente de Navío Roque Oquendo Matamoros, al servicio de Vuecencia y del Rey

Con esta presentación, intenté dejar cristalinamente claro que, aún estando en corso, seguía siendo oficial de la Armada.

–        Parece ser, Roque, que has dado por la popa a un Navío HMS de Línea. Esto, unido a que usted no tiene pelos en la lengua, les hace saber mucho más de lo que debieran. No debió, usted, identificarse.

–        Sí, señor. Si conseguimos ser más marineros que ellos, les daremos lo que se merecen, por felones y marrulleros. Si me identifiqué, fue porque prefiero que me busquen a mí antes que a un buque del Rey.

–        Roque, ya se te olvidó lo que el Capitán Valdés te aconsejó?.

–        En absoluto, señor; en todo momento, nos mantuvimos fuera del alcance de sus cañones. Creo yo, que ese es el secreto.

–        Tú crees?.

–        Sí, mi general. Debemos utilizar sus tácticas: sacudir al más débil y huir del más fuerte. De ninguna manera presentar una batalla a tocapenoles, ahí nos ganan. Maniobrar y no recibir ofensa.

–        Qué te hace pensar eso?.

–        El encuentro con la Minerve y la Blanche. En diciembre del 96, pudimos ver como la Sabina, que presentó batalla, fue rendida y como la Matilde, que maniobró, hizo que soltara a su presa. En febrero del 97, Jervis nos cogió con el culo a las goteras e hizo su fiesta, en cuanto los buques del general Moreno maniobraron, salieron de naja. En el 82, en el Cabo Espartel, más de lo mismo.

–        No exageres, Roque, si no aparecen la Perla, la Ceres y el Príncipe, que hubiera pasado?.

–        No puedo saber, mi general, lo que hubiera pasado. Sí se lo que pasó y lo que pasó es que le metimos tres andanadas, que sumadas a las que ya tenía hizo que la Minerve del Señorito Nelson saliera de naja (huía del más fuerte). Luego apareció la Blanche, pero esta era de nuestro porte y, esa misma mañana, la habíamos dado “puerta”. La Minerve, prácticamente, ni nos tocó y la Blanche también huyó del que creyó más fuerte. La Blanche jamás va a presentar batalla a la Ceres.

A la Terpsíchore, la pillé sola y ahora se llama Matadora y al Leander también le pillé solo y le dejé los jardines de popa hechos unos zorros.

–        Pero eso, teniente, no es muy honorable.

–        Con su permiso, mi general, el Honor es muy caro y, ahora, no disponemos de mucho dinero.

–        Muy bien, teniente, y ahora qué?.

–        Con su permiso, nos daremos a la vela, en cuanto podamos, para la siguiente singladura. Quiero comprobar un par de cosas que sospecho.

–        Puedo saber qué cosas?.

–        Sí, mi general. Quiero comprobar las rutas de navegación que usan los ingleses desde Jamaica a Gran Bretaña, es ahí donde debemos sacudir fuerte porque es esa ruta la que deben proteger. Debemos obligarles a gastar fuerzas en el Atlántico. No se trata de presentar batalla, no; se trata de sacudir lo que podamos y que solo nuestra presencia les haga estar nerviosos.

Los ingleses, mi general, no gastan en ejército y eso es una ventaja muy importante que les da su insularidad. Disponen de muchos más recursos para su Armada; hay que asfixiar sus canales de abastecimiento, si Nelson se dedica a proteger sus buques mercantes, no tendrá tiempo de hacer barrabasadas en el Mediterraneo.

–        Muy bien explicado, Roque, pero Nelson saldrá de caza.

–        Que lo haga y, con seguridad, cazará, pero para cazar necesitará navíos y cuando cace, que cace fragatas. Dediquemos a Nelson a la caza menor.

Un mes llevaríamos fondeados en la bahía cuando, un sábado por la tarde, salí a pasear. Quería saber lo que se siente con el uniforme militar y los galones de teniente de navío, que aún no había estrenado; a mis 26 años, qué queréis?. No bien hube llegado a tierra, un ordenanza se me acercó y me entregó un tarjetón; era una invitación a “merendar” en casa del capitán D. Dionisio Alcalá Galiano y su esposa Dª. Concepción de Villavicencio.

El ordenanza, casualmente, viajaba en un carruaje que, amablemente, me llevó hasta Chiclana que era donde vivía D. Dionisio y su familia.

Estaba mediado marzo y el corto trayecto, impregnado de olores, fue maravilloso. Tenía 26 años, bien cumplidos, era teniente de navío y, en dos salidas, me había hecho rico; y si no rico, sí con suficientes recursos para vivir toda mi vida.

Al llegar a la casa, en la puerta, estaban esperando D. Dionisio y su señora esposa Dª Concepción. Todavía me estoy preguntando cómo sabrían a qué hora llegaría yo.

Ella portaba un vestido rosa pastel y él iba con su traje de capitán de Navío de la Armada.

Como de costumbre, me cuadré delante de D. Dionisio, y después del taconazo de rigor, tomándome por el brazo izquierdo, me presentó a su señora, Doña Concepción de Villavicencio, a la que salude con una inclinación de cabeza que me salió más marcial de lo que me hubiera gustado.

En el patio de la casa habían puesto mesa y mantel. Un lugar muy agradable con buganvillas, ibiscus y un jazmín blanco que daba un olor dulce y persistente. Doña Concepción abrió el fuego:

–        Y bien, teniente Oquendo, nos contará usted sus aventuras?.

–        Todas las que sean contables, Dª. Concepción.

–        Llámeme Concha, por favor.

–        Y usted a mí Roque, si tiene a bien.

En esos prolegómenos estábamos cuando apareció una señorita muy bien vestida con un traje, color verde pastel, de espectacular escote.

–        Ah! Roque, le presento a mi sobrina, la señorita María del Carmen Regla Josefa de Villavicencio y de las Torres Bermejas, su padre….

–        Disculpe, doña Concha, sé quien es su padre. Encantado de conocerla, señorita.

Para el besamanos me levanté y pude ver, de soslayo, como D. Dionisio se tapaba los ojos, pasando la palma de la mano por ojos, nariz y boca. La señorita, en cuestión, era fea con ganas; no es que fuera fea, es que era difícil de mirar; aún mirándote de frente, parecía que estaba en escorzo. Y es que siempre miraba en escorzo, con una mirada que yo interpreté como sucia y que otros interpretaban como tímida porque miraba para abajo, a media altura que, dadas las polainas del uniforme y la dimensión del escote…..

D. Dionisio, naturalmente, marcó el rumbo de la conversación:

– Roque, podrías contarnos algo de esos extraordinarios animales que encontraste?.

Después de contarle, a Dª. Concha, un par de cuentos chinos sobre mis actividades en la Mar Oceana, relativos a encuentros con monstruosos cetáceos, calamares gigantes y hablarle sobre cómo la tripulación disciplinada y valiente resolvió esos encuentros, nos sirvieron un “milky tea”, muy inglés, al modo francés (con pastas); Dª Concha estaba a la última en costumbres europeas.

–        Pues sí, Doña Concha, aquel calamar tenía dos ojos grandísimos y un pico parecido al de una currutaca. Con sus ocho tentáculos abrazaba a la Matadora e intentaba comerse la verga del velacho. El alférez Sánchez-Montemayor, asiendo uno de los bicheros que estaban en la batayola de babor, trepó por los flechastes de los obenques del trinquete y le metió más de un metro de bichero en el ojo derecho, el monstruo, al sentir el dolor….

Las señoras estaban excitadísimas con el relato y proferían grititos de placer, levantaban las cejas y abrían la boca con cada acierto de alféreces, contramaestres y sargentos.

–        Inmediatamente mandé una descarga cerrada de fusilería contra aquel molusco que amenazaba la seguridad de la Matadora y pretendía ofendernos, atenta la primera batería, ordené y, en cuanto el animal intentaba sumergirse, le descargamos dos estupendas peladillas de bala rasa de las que dispensan la Elvira y la Esperanza de Triana, que así se llaman los cañones principales de la mura de estribor…..Que no escape, que no escape!!!, gritaba el cocinero, con este y el arroz que tenemos podemos comer paella seis meses.

Fue una tarde agradabilísima, en la que mantuve un intenso cruce de miradas con la señorita Villavicencio de las Torres Bermejas y Canal Profundo. Siempre me ha preocupado mucho esto de las miradas porque nunca puedes saber cómo se va a interpretar; en este caso yo la miraba para tratar de comprender esa fisonomía tan abrupta que tenía por cara. No es que tuviera feos los ojos, la boca o la nariz; era, más bien, el conjunto lo que hacía a su cara de difícil comprensión, y su padre era Capitán de Navío; pobre D. Dionisio, dos cuñados y los dos, capitanes de navío.

Al salir, despidiéndome de Dª. Cocha y su difícil sobrina, D. Dionisio se acercó a mi oreja y dijo:

–        Teniente, mañana a las nueve en mi despacho.

Para no faltar a la tradición y porque a mi me da la gana, en presencia de las dos damas, me cuadré y volví a darle un taconazo que sobresalto a Maricarmen, lo que hizo que se le descolgara el belfo. Dije, en un susurro:

–        A la orden de usted mi capitán.

El carruaje, con el ordenanza, me estaba esperando y volvió, por donde habíamos venido, hasta Cádiz. Estaba muy claro que D. Dionisio me ofrecía entrar a formar parte de una gran familia de marinos.

Eran las ocho de la tarde y, tal y como lo había pensado yo, me dispuse a pasear; por la Avenida del Puerto hasta la Plaza de la Candelaria, aquella en la que bebía vino, con el brigada Gago, hacía ya nueve años.

Allí estaba, sentado en la misma mesa y bajo el mismo árbol, el brigada de infantes de marina D. Manuel Gago Urquieta, natural de Gatariza que, aunque retirado de la Armada, seguía viviendo en San Fernando. Al verme, se le iluminó el rostro, se levantó y me sacudió el taconazo en el que yo era especialista porque él me lo enseñó; me enseñó alguna cosa más…a levantar el codo para que, en el primer tiempo del saludo, el antebrazo, la muñeca y los dedos describieran una línea recta y horizontal, la cabeza ligeramente levantada y la mirada en el infinito. En ese momento recordé algunas de sus frases, cuando lo hacía mal: “Roque, no es usted un torero, es usted un oficial de la Armada”.

Naturalmente, le contesté al saludo cuadrándome y respondiendo taconazo por taconazo.

–        A sus órdenes, mi teniente.

–        Manuel, coño, qué alegría!!!. Bebemos?

–        Bebamos, Roque, me tienes que contar un par de cosas.

–        Qué quieres saber?, viejo lobo.

–        Me han dicho que has estado en medio mundo, sigues sin fringir?

–        Ja, ja, ja!!! ….nada, amigo, no hay manera. La última, esta tarde y me ha dado más miedo, la señorita que he visto, que el capitán Thomson, qué peligro tenía la dama!!!.

–        Sí, las noticias vuelan en la Armada; me han dicho que el Almirantazgo inglés anda buscándote, que les has dado algún azote en el culo, no?.

–        Eso, eso, que me busquen!!!. Sí, ya llevan un par de ellos, bien dados, en la mesana y el trinquete.

–        Y tú cómo has salido?.

–        Aparte de un boquete en el muslo, poca cosa.

–        Roque, cohone, tenemos que sacudirles fuerte. Tú puedes.

–        No te hagas ilusiones, Manuel, desde Madrid no nos dejarán.

–        Me entristece que digas eso, Roque.

–        Lo sé, Manuel, pero es que es así.  Mira lo que le pasó a D. Alessandro por decir eso, todavía está en el Castillo de La Coruña. Los Tratados con Francia nos dejan en sus manos, los de Madrid negocian con la Armada que es lo único que tienen y nosotros, por no tener, no tenemos ni marineros. Más pronto o más tarde, si siguen así las cosas, nos cazarán.

–        Yo sigo asistiendo a las tertulias del club de suboficiales, viejos lobos, mutilados casi todos. Viene, con nosotros, un brigada que sigue trabajando en la oficina de la Mayoría.

–        Bien, Manuel, estate atento a las noticias.

–        Qué gran persona D. Alessandro!!!.

–        Y gran profesional, de los más grandes y clarividentes. En la Expedición, hubo muchas noches que me habló del futuro de la Armada. En ese viaje nos dimos cuenta que las Colonias se nos irán de las manos si no inventamos algo que las mantenga unidas a nosotros.

Al día siguiente, a las 9 de la mañana, me presenté en el Observatorio de la Isla de León que era donde tenía su despacho D. Dionisio Alcalá-Galiano.

–        Da usted su permiso?.

–        Pasa Roque, siéntate. Tenemos que hablar.

Le conté a D. Dionisio mis sospechas sobre la ruta que usaban los ingleses y mis temores: esa ruta era mucho más rápida ya que, navegando a un largo con todo el trapo, se conseguían mejores rendimientos. Los Alisios empujaban de popa y con sobrejuanetes y las velas de stay, podíamos conseguir hasta catorce nudos. También discutimos sobre ciertos “errores” que aparecían en las Cartas de Navegación que publicaban los ingleses, errores que, bajo mi punto de vista, eran intencionados en la situación de islas, bajíos, bancos de arena, etc. Esto hacía necesario que algún buque de la Armada comprobara la costa de America del Norte.

Estuvimos discutiendo de cartografía y algunas de las materias que aprendí con él cuando el viaje en la Descubierta; D. Dionisio ya había publicado su método para determinar latitudes midiendo dos alturas del sol y la distancia a astros conocidos.

–        Roque, creo que me destinan a Madrid. Después de lo de D. Alessandro, creo que ya me perdonan.

–        Tan lejos del mar?.

–        Sí, voy a confeccionar cartas marinas. Me hago chupatintas. Tú qué quieres hacer?.

–        Seguir con lo mío, es decir, dar por la popa, todo lo que pueda, al inglés.

–        Voy a ofrecerme para burlar el bloqueo y, después de parar en La Habana y Veracruz, regresar con caudales. Tu crees que esa es la ruta?

–        Esa es la que yo haría pero, mi capitán, sería necesario buscar ortogonalidad para cortar ese derrotero; ángulos grandes, recuerda?.

–        Remontando hasta Terranova?.

–        Por ejemplo. Yo voy a levantar, en la próxima salida, toda la costa y situar exactamente La Bermuda.

–        Roque, en La Bermuda hay buques HMS.

–        Habrá que arriesgarse. No se preocupe, mi capitán, llevaré un pañuelo grande para despedirme de ellos cuando salga de naja.

–        Gracias, Roque. Ah!, por cierto, no han dormido en toda la noche, lo del calamar las dejó impresionadas.

–        Disculpe, mi capitán, no me pareció oportuno describirles al general Winthuysen, sin piernas, mandando meter fuego a la Santabarbara.

–        No, claro que no, Roque, con calamares gigantes, que se comen la arboladura, ya tienen suficiente para no dormir.

Nos despedimos, con mi habitual taconazo y su habitual sonrisa. D. Dionisio era un marino cabal, un hombre formal, un científico brillante y un español de la cabeza a los pies, pretendía, con su singladura para traer caudales con un solo navío, congraciarse con el Gobierno.

Para muestra, un botón de su guerrera.

Me contó, el brigada Gago, que conoció a su señora en un baile benéfico de la Armada.

Los dos hermanos mayores de Dª. Concha de Villavicencio eran marinos y rezaban como oficiales de la Armada; D. Rafael y D. Juan María, eran capitanes de navío cuando D. Dionisio era teniente de fragata.

En el dicho baile, D. Dionisio sacó a bailar a Dª. Concha, la cual incluyó en su librillo y, luego bailó, con D. Dionisio.

Los padres de Dª. Concha estaban en trámites para casarla con D. Pedro de Carrillo Bamboa, Caballero de San Juan, el cual, al enterarse del baile, rompió las negociaciones.

D. Dionisio, no más enterarse de este extremo, se presentó en el domicilio del padre de Concepción, a la sazón coronel de infantería, y le manifestó que, si en algún momento hubiera perjudicado a la “moza”, él estaba dispuesto a reparar cualquier agravio, casándose con ella. Se casó.

En ese año del Señor de 1.798, salimos dos veces más en patrulla y, efectivamente, averigüé que el tráfico principal inglés, que partía de Jamaica, para evitar los cayos de Florida y el fondeadero de La Habana, viraba en Puerto Rico y cruzando por la Islas Vírgenes inglesas, remontaban hasta La Bermuda y, desde allí, poniendo proa al Este, arribaban a las costas inglesas.

Aunque los ingleses seguían bloqueando Cádiz, era un bloqueo nominal que, más bien, era patrullar y navegar por todo el golfo, tratando de capturar todo lo que navegara. De hecho, nosotros salimos y entramos dos veces y, por lo que pude saber, D. Dionisio también salió y volvió.

Según mis noticias, Jervis estaba en el Almirantazgo y le habían hecho conde de St. Vincent, después de lo del cabo de San Vicente, y Nelson, después de lo de Tenerife, estaba rabioso buscando la muerte cada vez que podía; ya había hecho otra de las suyas en el mediterráneo y andaba detrás de la flota de Brueys. Napoleón estaba en Egipto, tratando de ofender las rutas comerciales que, desde la India, abastecían Londres.

En la primera salida no capturamos ningún barco pero Manuel y Anselmo, con los instrumentos que habíamos subido a bordo, fijaron con mucha precisión los canales de navegación entre Cuba y La Florida, las Islas Bahamas mayores y la costa americana hasta Carolina del Sur y, luego de remontar hasta Massachusetts, poniendo rumbo E-una cuarta S, localizamos y situamos, exactamente, la Bermuda.

El método para determinar latitudes, por observación de la distancia de los astros en el crepúsculo, que desarrolló D. Dionisio, era fundamental para situar, con coordenadas exactas, cualquier punto de la superficie terrestre.

Este método, publicado por el capitán de navío Alcalá Galiano, en 1.796, fue adoptado por las marinas de todo el mundo, con mayores o menores modificaciones.

En esta primera singladura de 1.798, salimos de Cádiz el día 15 de marzo y volvimos a entrar el 26 de Julio se produjeron algunas novedades que tuvieron importantes consecuencias.

A la altura de la Bermuda, cuando enfilábamos rumbo E-una cuarta S, navegando a un largo y con todo el trapo, cuando cortábamos la ruta inglesa, divisamos cuatro velas demorando W-SW. Eran dos fragatas y dos navíos de guerra, de los HMS. Mantuvimos el rumbo, agitando mi pañuelo, pero la expectación cundió por la tripulación. Un grumete jovenzuelo, encaramándose a la verga de la cangreja, se quitó el pantalón y enseñaba “sus poderes” a los ingleses, con frases alusivas a lo que les iba a ocurrir si nos cazaban.

Cuaderno de Bitácora.-“29 de Junio de 1.798 (Santos Pedro y Pablo), 16,00 horas. Divisamos, en el horizonte, cuatro velas inglesas. Dos fragatas y dos navíos de guerra. Les damos popa y sacamos todo el trapo que tenemos. Un marinero, subido a la verga de la cangreja pone en peligro su vida. Me dispongo a impartir doctrina.

–        Ángel, mande a ese marinero que baje y tráigamelo.

Cuando estuvo en mi presencia, toda la tripulación estaba pendiente, incluyendo a Curro el cocinero, que había subido a cubierta para presenciar la escena.

–        Contramaestre, explique a este marinero por qué no se debe hacer eso.

–        Marinero, eso no se debe hacer porque arriesgas, tontamente, la vida. Si te caes al agua, no podemos volver a recogerte.

–        Correcto, Contramaestre. Ahora, Curro, explíqueselo usted.

–        Hijo, cada cual tiene lo que Dios le dio. No nos enseñes a nosotros lo que ya suponemos que tienes. Cuando tengas un inglés a dos metros demuéstrale que lo tienes; no se lo enseñes, métele la bayoneta por el culo y ya verás como ellos lo suponen y nosotros, que ya lo suponíamos, lo confirmamos.

–        Cómo se llama usted, marinero?. –pregunté-

–        Gabriel Romero Martín, mi capitán.

–        Gabriel, sabes que tu vida es responsabilidad mía, verdad?.

–        Sí, mi capitán.

–        Gabriel, qué castigo crees que debo imponerte, teniendo en cuenta que has puesto en peligro una responsabilidad mía?.

–        Una docena de latigazos, mi capitán.

–        No hará falta eso, Gabriel, me bastará con que, voluntariamente, no bebas vino, ni ron, hasta que estemos en Cádiz. Sabes por qué?

–        No, mi capitán.

–        Porque la responsabilidad es mía pero la vida es tuya, estúpido!!!. Si me desobedeces, te despellejo.

Cuando me retiraba, hacia mi camareta, oí a Curro que le decía:

–        Hostia cana, grumete, has cabreado al capitán, como te pille en otra te vas a cagar por las patas.

No nos alcanzaron porque La Matadora era mucho más ligera y rápida que los navíos y las fragatas inglesas. Con sobrejuanetes y pesando menos éramos una galerna, escorábamos 20º pero cortábamos las olas como cuchillo en queso. Cuatro días nos persiguieron las dos fragatas, pero ya digo, haciendo 14 nudos, les enseñamos el sombrero por la popa, como los rejoneadores a los toros. Tomando rizos a los juanetes, estuve jugando con ellos, para comprobar su buen andar.

Cuaderno de Bitácora.-“4 de julio de 1.798 (Santa Isabel de Portugal), 7.30 horas. Hemos perdido de vista a las velas inglesas. Mantendré rumbo y trapo todo el día. Se acabaron las fiestas.

La Santa del día, cuyo nombre significa “promesa de Dios”, confirmó mis sospechas.

Siempre me hicieron mucha gracia estas santas. Santa Isabel, que por su piedad fue elevada al santuario, era hija de Pedro III de Aragón, nieta de Jaime I, el conquistador, y biznieta de Federico II de Alemania, muy santa no la veo yo. Mucho me temo que el dinero, algo influye en la subida a los altares.

Al amanecer del quinto día de persecución, cuando ya habíamos perdido de vista a los buques ingleses, la tripulación vitoreó al Teniente de Navío Oquendo, burlador de ingleses. El resto de la travesía, Anselmo, Manuel y yo nos dedicamos a pasar a limpio todas las lecturas de aparatos y observaciones de sonda, hicimos un primer croquis de carta esférica de la costa norte de Estados Unidos y de La Bermuda.

Derrota del Bahama

El día 26 de Julio fondeamos en la Bahía. Me dí una semana de plazo para reponer aguada y víveres. Sin capturar nada, la gente estaba un poco nerviosa. Fue un viaje de 12.500 millas que añadió a mi Hoja de Servicios 119 días de mar; sumados a los que ya tenía daban un total de 301 días de mar. Muchos, en la Armada, vestían el fajín rojo con menos méritos.

Al bajar a tierra, una semana después, me enteré de la “noticia” que era la comidilla de todo Cádiz y alrededores.

Resultó que Antonio Soto, aquel infante de marina del que me hice amigo en la Matilde y que se subía a las cofas a matar ingleses, con más mala hostia que su puta madre, se había puesto malito de un constipado, o algo así, y en el reconocimiento médico se dieron cuenta que no era un hombre; era una mujer!!!!.

Se llamaba Ana María Soto y era natural de Aguilar (Córdoba). Había servido 6 años y nadie se había dado cuenta….ni yo!!!.

El día 1 de agosto de 1.798 causó baja en la Armada; el Rey la concedió 2 reales (diarios) de pensión y el honor de usar los colores y galones de Sargento de Infantes de Marina, en sus vestidos de mujer.

Fui a verla donde me dijeron que estaba. Le estaban organizando una tienda de tabacos. Al verla, yo no supe que decir…ella me miró, se cuadró y dijo:

–        A la orden de usted, mi teniente.

–        Antonio….Ana….cómo debo llamarte?.

–        Ana, señor…Antonio se acabó.

–        En tal caso, Ana, ya no necesitas cuadrarte.

–        Algunas cosas, Roque, son para toda la vida.

–        Te hace falta algo?

–        Sí.

–        Qué?

–        Navegar contigo.

–        Eso no puede ser, Ana, y tú lo sabes.

–        Sí, lo sé.

Estuvimos hablando más de dos horas; aunque acataba, Ana no comprendía por qué no podía navegar ahora después de haberlo hecho, con “honor y acrisolada conducta” (palabras del Rey), durante casi seis años.

A ver cómo le explicas a una mujer, con esa personalidad, que el problema principal es que la tripulación no se entere de que eres mujer, si se entera, hay que desembarcarte porque vas a causar más problemas que beneficios.

Su mirada limpia y recta, de frente y a los ojos, era la misma que aprecié en el infante de marina cuyas intenciones no engañaban.

–        Ana, me gustaban las noches de guardia en la Matilde.

–        A mí también, Roque.

–        Te hace falta algo?.

–        No, pero no sé si voy a ser capaz de llevar este negocio. Estoy pensando en irme a ultramar.

–        Sí, sí vas a ser capaz. Quédate aquí.

–        Tú crees?.

–        Tanto lo creo que estoy dispuesto a poner dinero. Ana, si tú me lo permites, voy a darte ocho mil reales para que pongas la mejor tienda de Cádiz, pero no solo de tabacos, también vas a vender todos los productos que yo traiga de ultramar.

Ana María estaba temblando cuando la dejé. Me costo tres meses comprender por qué temblaba ella y me costó diez minutos comprender por qué temblaba yo.

Al día siguiente, retiré ocho mil reales de mi cuenta en el FAV y se los entregué a Ana María, en el convencimiento de que ella les sacaría mejor rendimiento que el Fondo Voluntario.

Me preguntaba por qué había sido tan cobarde, al no declarar mis intenciones, y tratar de fijarla en Cádiz comprando su voluntad. No era momento, todavía, de adquirir compromisos que, tal vez, no podría cumplir.

Estaba muy claro que Ana María era y es “de Ley”.

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EMOCIONALMENTE DEPENDIENTES.

Bueno amigos, empezaremos el año dando caña. Estamos vivos (a pesar de los pesares) y, como siempre digo, “hace mucho que sé que los Reyes Mayos soy yo”.

La otra noche pude ver en TV5 (cómo no?) una sucinta entrevista que le hacían a Lucía Etxeberría de Asteinza.

Vaya por delante que no voy a poner excusas. Sí, lo vi en Telecinco. Y vaya por delante que sí, me cae mal esta mujer.

Empezaré por los “considerandos” y dejaré la sentencia para el final.

Smells like teen spirit. does it?

Esta señora, de ilustres apellidos vascongados, resulta que es de Valencia y manifiesta que “quien pierde la lengua, pierde la patria”, porque no habla vasco. Ella no tiene patria (debe ser) porque habla castellano.

Esta aseveración tiene jugosas connotaciones literarias, dado que el lenguaje es un medio y no un fin. La literatura tiene muchas lenguas y muchas patrias particulares (el idioma), y una común (las ideas). Así mismo tiene jugosas connotaciones políticas, ya que ella escribe en castellano.

Esta señora, que ha tenido (no menos de) dos pleitos por plagio, vive de la “literatura” y, me parece, no vive mal, no. Esta señora ha declarado que “no va a escribir, por un tiempo prolongado, en protesta por la piratería”, (nos castiga). Naturalmente, “plagiar” no es piratería, es intertextualidad y como no tiene patria, tampoco es corsaria; sobre todo cuando intenta, aprovechándose de su fama, difundir una teoría sin confirmación científica: la opinión de un psicólogo que afirma una cosa y todo lo contrario en un mismo párrafo. Eso sí, ella lo pone en femenino todo, dejando muy claro a quien dirige el escrito; impartiendo doctrina.

Un psicólogo que se inventa un problema, lo dibuja y, luego, nos dice cómo solucionar el problema que se ha inventado él. Clientes para su consulta.

Parece ser que en este mundo inmediato y virtual, que hemos creado, hay un montón de gente a la que le gusta que existan patrones, a los que aferrarse, en las relaciones interpersonales. Enanos emocionales, les llamaría yo: los sentimientos se sienten y se elaboran, cada cual los suyos, no se negocian ni se adaptan a estereotipos que impone un especialista o un gabinete de sociólogos. Son los actos los que se deben negociar, sobre todo si afectan a terceros. Son los actos, más que las palabras, los que definen los sentimientos de las personas, creo yo.

“Afectar” es en verbo muy bonito.

Si lo fuera, yo no tendría ningún problema en afirmar que soy un “dominante emocional”, de la misma forma en que, si lo fuera, tampoco tendría ningún problema en afirmar que soy un “dependiente emocional”. Sabéis por qué?….porque todos somos dominantes y/o dependientes en distintas fases de nuestras vidas.

“Generalizar” es un verbo muy feo.

Los seres humanos nos diferenciamos de los animales en que “sentimos” y elaboramos esos sentimientos. Evolucionamos esos sentimientos. Además de hormonas, hemos aprendido a lo largo de 30 siglos procedimientos de racionalización.

Claro, si la evolución es en once meses se nos ve mucho el plumero; me parece que esas evoluciones tan espectaculares no son muy sinceras.

Bueno pues hay gente que parece pensar que hay que ser “neutro emocional”, tan neutro como un ordenador de sobremesa, tan neutro como un psicópata.

Esta señora, que se declara feminista militante, ha manifestado que “cambia de novio con frecuencia y, desde luego, cambia más que de pantalones”. Esta señora denomina “trampa machista” a la dicotomía entre “buena y mala”, cuando calificamos a las mujeres. No debe ser muy partidaria de Mae West, cuando decía “cuando soy buena, solo soy buena; cuando soy mala, soy mucho mejor”.

Las habrá buenas y las habrá malas, aunque hay muchos que piensen que “mujer” y “buena” son términos antitéticos. Yo no lo pienso así, estoy rodeado de mujeres buenas, aunque he conocido a alguna más mala que un dolor.

A mi me gusta fotografiarme en calzoncillos y meter centros de 40 m, en “banana”, como a David Beckham, pero por pudor no lo hago en público.

Esta señora que manifiesta tener las “tetas por la cintura y una celulitis que le hace tener las piernas con gotelé” manifiesta que le “gusta fotografiarse desnuda igual que a Scarlett Johansson”: lo mismo va a ser!!!!. Se pone en plano de igualdad, nada menos que, con la Johansson; menos mal que ha dejado fuera de consideración a Kim Basinger, que es la que a mí me gusta.

El aspecto físico es lo menos importante cuando la relación ha de durar más de una semana. Es mucho más jodido que te huelan los pies o que ronques, y no os digo nada cuando descubres que tu pareja se cambia de bragas una vez a la semana y cree que el bidé es para lavarse los pies.

Pues bien, esta ínclita mujer, que no aparenta tener contradicciones en su cabeza (al menos no tantas como tenemos los demás), que muestra una gran coherencia de pensamiento emocional (al menos mucho más coherencia de la que mostramos los demás) manifiesta que el año 2012 ha sido malísimo, para ella, porque ha sufrido una gran depresión debido a que, a sus 46 tacos, no ha podido quedar encinta ni siquiera con los más modernos tratamientos de fertilidad que ella se puede pagar.

Bueno, nos dejó alguna que otra perla más, como que las que “donan” óvulos no cobran o que ella no cobra por promocionar su nuevo libro (el que no iba a escribir para protestar contra la piratería). Parece ser que lo de cobrar o no cobrar es importante, para ella.

Resulta que “ha tenido” que dejar a su pareja, aunque le quiere un montón, porque se ha dado cuenta (ella) que no era la mujer que él necesitaba y creía que era.

Fijaos, amigos, que este planteamiento le he vivido en mis propias carnes y, después de elaborarlo, aún me sorprende y maravilla: “no soy la mujer que a ti te hace falta y por eso te dejo”. Un planteamiento muy feminista, sí. Muy independiente emocional. Planteamientos que se deben expresar en subjuntivo que es un modo que, en castellano, se emplea para enmascarar….amor en condicional….mentiras!!!.

Y él, qué pintaba en esta pareja?.

Es un dialogo absolutamente egocéntrico, es una pareja de una sola persona; el otro es un objeto, solo existen sus sentimientos (los de ella), los de él se obvian y, si se puede, no existen. Una relación de pareja donde uno es D. Tancredo.

En fin, cuando uno no quiere dos no regañan, aunque el amor no se negocia…..se negocia la relación.

Y puede parecer un pensamiento esquizoide o bipolar: “te quiero un montón, pero es mejor dejarlo”, pero no, no es así. Ya os digo que lo he vivido y he tenido que elaborarlo.

Es una máscara, una justificación; no existe otra personalidad es, sencillamente, una mentira.

Cómo no puede quedar encinta, deja a la pareja?. Eso sí, muy deprimida y con mucha ayuda del terapeuta que le dice “déjalo”.

Eso se llama “defensa aloplástica”: es que me aconsejan!!!, los que me quieren dicen…!!!. Y el terapeuta, cuando dice “déjalo”, se refiere al “plan” de embarazo, lo cual deja sin objeto todo lo demás, incluyendo a la pareja: la pareja son espermatozoides y 1.500 de pensión. Sin embarazo, no hay pensión; para qué le quiero, entonces?. Ay!!!, que me quedo sin amor, “se me pudre el amor”.

Y si se queda embarazada, hubiera seguido ese amor?. Cualquiera sabe!!!; a buen juez, mejor testigo, que diría D. José, y no diré el apellido para que no haya confusiones.

Ahora, creo, la indemnización por despido es de 10 días por año trabajado, es decir, que con que le des 20 euros para el taxi ya está resuelto el problema. Ya no eres “dependiente emocional”. Qué bonito!!!.

Menudo pedazo de merengue!!!.

Y lo que me pareció más glorioso, resulta que todo eso, que estaba explicando, estaba escrito en su nuevo libro (mostrando el libro). Se dio cuenta al releer.

Para qué era la pareja?…once meses le ha durado esta vez. Espero que, de “pantalones”, cambie más a Menudo (y a ella misma).

Lucía, cielo, a eso se le llama “relaciones instrumentales” y no tiene que ver nada con el amor, ni con los quereres, ni con los sentimientos, tiene que ver con “planes”, “intereses”, “manipulaciones” y “mentiras”. A ti te da lo mismo quien sea el “donante”, te hacen falta unos espermatozoides y engañas a alguien del género neutro. Es eso feminismo?; pues yo creo que a eso se le debería llamar “estafa”.

pa·mi, tú no eres na, tienes la bemba colorá.

El amor pasional siempre es dependiente. Cuando deja de ser dependiente?: cuando deja de ser pasional, cielo.

Cómo vas a ser pasional si han pasado por tu vida 750 Jabalíes de Erimanto?. Heracles tuvo suficiente con uno.

Es el Tiempo el que te lo va a decir; es el compromiso su cimiento.

Cuando hice la primera vivienda, había pasión. Cuando llevaba 750 hechas, había profesionalidad.

Me apuesto lo que quieras a que, después del fracaso “sentimental”, te pones morada a gin-tónics, con esencias de pepino, para promocionar el libro que no ibas a escribir (tal vez, ni has escrito) y para “evadirte” de tan horrendo fracaso emocional…. Y te evades, lo consigues en un par de semanas.

Y digo “tal vez, ni has escrito” porque anda!!!, que darte cuenta al releer?. Y declaras que “todo esto estaba escondido en una subtrama”: quien escribió la subtrama y escondió eso?. Qué cabrón!!!!, igual deberías vigilar más a tus “colaboradores”. Tal vez va a resultar que algunos hombres no son tontos del todo.

Claro que no!!!, esos, que no son tontos, son machistas. Cabrones!!!!.

No es que yo sea adivino, pero me parece, guapa, que el problema es que estás llegando al final; el fin de una vida sin sentido, sin dirección y sin módulo; y qué tienes?. Ya ligas poco, me parece: a ver quién es el valiente que mete carne en tu asador, sabiendo que en cuanto se te acaba la “pasión”, que te dura doce horas, das matarile al “caballero”.

En un asador que tiene las tetas por la cintura y gotelé en las caderas.

A tus 46 tacos, ya no tienes óvulos, ni hormonas, ni endometrio, ni na de na….gotelé en las caderas y temple liso en la cara!!!, una exigua familia monoparental y el famoso monstruo jurásico que te amenaza…el climaterio.

Ningún psicólogo terapeuta te dijo que ese es el fin?; nadie te advirtió que a  Scarlett Johansson le pasará lo mismo?, has considerado el aspecto de la DIGNIDAD?; que todos envejecemos porque lo manda Dios, que es otro machista?; que te falta muy poco para que empieces a comprar pasión: amor no has conocido, ni creo que conozcas.

Has oído hablar de la “reciprocidad”?.

Sabes algo de “compromiso”?. De lealtad a un proyecto que no sea exclusivamente tuyo?. Claro que siempre podrás trincar a un tontito lobotomizado para tenerlo sentado en el sofá, que te lleve a veranear a Benidorm y que hable cuando le aprietes la barriguita….pero que no hable mucho, vale?, y si supiera escribir, ya sería la polla de Bedoya.

Yo también envejezco, pero me voy a ahorrar decir qué es lo que se me cae. A Benidorm no he ido nunca pero sí a Santa Polla, sin tener niños pequeños, cuando fui dependiente emocional.

Has considerado la posibilidad de ir a la consulta de Robert Hare (tú te lo puedes permitir) y que te mire la cabeza (por dentro)?.

No vayas a la consulta de uno de 20 €, que luego mira lo que pasa: vende más libros que tú.

Y pretendes ponerte a la altura de Johansson, en aspecto físico, y a la de Marías y Reverte, en intelecto?.

“No soy la mujer que él necesita”, pero mujer, no comprendes que eso lo tiene que decir él, no tú, y te lo tiene que decir a ti, no a los demás.

Tú crees que a alguien le importa un pimiento las parejas de Marías o Reverte?; crees que, a sus lectores, nos preocupa que sean emocionalmente independientes, se les caigan las cosas o que se cabreen cuando se afeitan?.

Consulta con el psicólogo ese, al que has hecho famoso y rico, si procurar cambiar para agradar a la persona que amas es ser “emocionalmente dependiente”, y pregúntale, también, si eso es malo.

“Estaba escondido en una subtrama”, pero, cielo, cómo va a estar escondido si lo has escrito tú!!!. En qué estabas pensando?.

Sabes aquella mujer que fue a la farmacia y pidió un frasco de “ampichas” y la farmacéutica le dijo, “será de ampollas”….uy!!! sí, en qué estaría yo pensando!!!.

Lucia Etxeberría de Asteinza, sabes que te digo?…..que no te creo, que lo que parecen contradicciones no es más que “afasia semántica”…nena estás, solo, regular de la cabeza; ya te apañarás, guapa!!!, ese camino es muy corto.

Más me parece otro episodio de “copiar y pegar”, de buscar coartadas para que estúpidos planes, que tienen que ver más con “trepas” y personas con alteraciones serias de la personalidad, aparezcan como historias de penita comunes….que vende más. Todo, en ti, es muy “light”, muy poco consistente. Eres muy comercial, cielo.

Me parece que vas a vender pocas fotos, pocos libros y, desde luego, no vas a entrar en la Academia porque los académicos son unos machistas asquerosos….que no aceptan el cupo en la Academia, ni el género en las personas; a no ser que te pongas a escribir y te salga Auster o Wilde, por mucho que te den los premios antes de concursar o por mucho que lo que veas, en el espejo (cuando te afeitas), no te guste.

En cualquier caso, te diré……nunca es tarde si la dicha es buena, San Pedro negó a su Maestro y fue perdonado. El perdón requiere de tres elementos fundamentales: dolor de los pecados, propósito de la enmienda y cumplir la penitencia (decir los pecados al confesor, fue una morcilla que metieron en Nicea).

Es un asunto interior.

La penitencia es lo menos importante. Si los dos anteriores son sinceros, yo te impondría dos avemarías y un padre nuestro; si los dos primeros no son sinceros, te impondría 30 años y un día de asistencia en un comedor de acogida, para que vayas conociendo Mundo. El Demonio y la Carne ya los conoces, los describes muy bien.

Una condición te impondría: atiende a los niños igual que a las niñas, en caso contrario, te mandaría un supervisor con un físico estupendo de gimnasio, pero enamorado de su pareja.

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