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CRÓNICAS MARINERAS VII

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO IV (7). TENIENTE DE NAVIO OQUENDO (3).-

 El día 1 de septiembre de 1.798, llegó la noticia que nos heló la sangre. Nelson había pillado a Brueys D’Aigalliers anclado, y le había hundido 11 navíos y dos fragatas en Aboukir. Un desastre total para la Armada francesa que, al menos nominalmente, era nuestra aliada.

 El almirante francés enarbolando, a tope del mayor, en el L’Orient que era en ese momento, estando el Santísima Trinidad en dique seco, el buque más grande del mundo con sus 118 cañones, había mandado anclar la flota en la bahía de Aboukir, después de trasladar a Napoleón y su ejercito a Egipto.

 Había formado, lo más cerca que pudo de la costa, una línea apretada de buques cuyos baupreses no distaban más de 20 metros de la popa de su correspondiente  matalote. Ancló con un solo cable, ni siquiera tomó la precaución de disponer ancla de maniobra. Desembarcó mucha gente que dedicó a organizar baterías de costa, lo que deja claro que estaba esperando al Señorito y que sabía que le estaba buscando.

aboukir1

 Nelson le localizó y, en la noche de 1 al 2 de agosto, estuvo seis horas tirando a los patitos, a tocapenoles, que era lo que le gustaba; organizó en dos líneas los 14 navíos que llevaba; una dobló a los buques anclados, pegada a la costa (solo encalló uno), y otra, por fuera, fue liquidando el asunto, despacito, sin prisa.

 Por la noche, los buques sin faroles; las baterías de costa no pudieron hacer nada, o muy poco.

 La escuadra francesa, sin movimiento, no pudo hacer nada, o muy poco, para que los ingleses les fueran masacrando de uno en uno; desde el primero hasta el último, todos los buques franceses fueron cañoneados, por las dos bandas, por cuatro o más buques ingleses. Solo Villeneuve y dos buques más cortaron sus cables y salieron de naja.

 El L’Orient voló en una explosión que se oyó en La Roseta, a 40 km de distancia.

 Cada vez estaba más clara la situación de superioridad de la Royal Navy. No solo es que tuvieran más navíos que España y Francia juntas, es que, además, los manejaban mejor. No quedaba más remedio que ofenderles en el tráfico mercante, exponer la flota lo menos posible y solo en situaciones de ventaja.

Ya no era posible la estrategia de D. Blas de Lezo ni la osadía de Juan León Fandiño cuando le cortó una oreja al capitán Robert Jenkings y le dijo, “ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.

 Ahora los ingleses se atrevían a todo y nadie les cortaba las orejas.

 Ante la catástrofe de Aboukir, San Vicente quedaba como una escaramuza, aunque no habrá quien me quite la idea de que debimos machacar a Jervis el día 15 de febrero cuando se retiró a Lagos. Solo pensar que los navíos que estuvieron en Aboukir los teníamos que haber hundido en Lagos, me produce dolor de cabeza.

 Fui a Capitanía para enterarme de los detalles y el capitán Valdés me informó de algo que me pareció asombroso: El Leander, que yo había dejado maltrecho en enero, a 4.000 millas de Inglaterra, había participado en Aboukir, en agosto. En 7 meses, Thomson había llegado a Inglaterra, había reparado el buque y había navegado hasta la Escuadra de Nelson, en el Mediterraneo.

 Con una carta, de la bahía de Aboukir, encima de la mesa, D. Cayetano me contó las posibilidades que, según su criterio, desperdició el almirante francés.

 –          Imagínate, Roque, si cuando la primera columna de Nelson, con seis navíos, doblaba pegada a la costa y la segunda con siete batía por fuera, el francés manda cortar los cables a su retaguardia y dobla, más afuera, a la columna exterior de Nelson.

ABOUKIR

–          Dios mío, mi capitán!!!.

–          Sí, Roque. Desde el L’Orient y hasta toda la retaguardia, que son seis buques, L’Orient (118), Tonnant (80), Hereuse (74), Mercure (74), Guillaume Tell (80) y Timoleon (74), con el barlovento a su favor, hubieran cañoneado a placer por las dos bandas a siete buques ingleses de 74 cañones, con especial atención al Vanguard de Nelson, liquidando al Minotaur, Defence, Swiftsure, Leander, Majestic, Belerophon y la fragata Mutine. Luego, tranquilamente, podrían haber vuelto a por los demás que, ciñendo y con el rumbo que llevaban hubieran quedado bloqueados en la bahía y el Cullodem encallado.

 La rigidez en el mando y la poca iniciativa de Villeneuve y Blanquet de Chayla hicieron posible, una vez más, la victoria de Nelson. Pero lo más peligroso y amenazante, para España, era que Nelson no perdió ningún barco, Brueys perdió 11 y Francia perdió 11 capitanes y dos generales.

 Si hubiera mandado D. Cayetano, el día 2 de agosto de 1.798 estaría escrito, con crespones negros, en Westminster.

Una vez más, el Señorito había buscado la muerte y le había salido mal.

Los franceses vendieron aquello como “una derrota gloriosa”; no hay derrotas gloriosas por más que se disimulen.

 El día 6 de septiembre de 1.798 volvimos a salir de Cádiz, sin ningún navío inglés a la vista. Mí intención era patrullar desde Madeira hasta Cabo Verde para interceptar los mercantes ingleses que, desde la India, llegaban a la Metrópoli.

 Cuaderno de Bitácora.-“6 de Septiembre de 1.798 (Santos Cleto y Donacio). Damos a la vela a las 14,30, nos dirigimos a Madeira con intención de patrullar en busca de naves de carga.

 Durante tres meses navegamos en zig-zag desde Madeira hasta Cabo Verde, manteniendo al este las Islas Canarias como posible base de aprovisionamiento y refugio.

 Largas jornadas de instrucción, adiestramiento en el disparo y maniobra de la arboladura. Anselmo y Manuel tomaban tiempos y anotaban según un estadillo que diseñé con el objeto de poder saber, según distintas condiciones, la maniobrabilidad de la Matadora. Hacíamos ensayos con la tripulación al 100%, y con la tripulación mermada, en previsión de encuentros desfavorables.

Tratábamos de establecer un plan de contingencia que nos ayudara a determinar en qué casos y cuando (en qué momento) debíamos salir de naja.

 Al amanecer del día 2 de diciembre avistamos dos velas inglesas, a 8 millas, en el S-SW; pusimos proa hacia ellas y decreté el zafarrancho: los coys a la batayola y cartucho de doble alcance a la batería.

 Desde la cofa del mayor, que está a 20 m. de altura, se divisa horizonte hasta 20 km, aproximadamente, por tanto, con el barlovento a favor, o lo que es lo mismo, navegando a un largo, en un par de horas estaríamos en rumbo de colisión.

 Con mucha precaución, tomando rizos al velacho y la mayor, nos acercamos vigilando todos sus movimientos y tratando de determinar sus armamentos. No me fiaba ni un pelo.

 Cuaderno de Bitácora.-“6 de Septiembre de 1.798 (Santa Bárbara Bendita).Cielo cubierto. Ventarrón del N-NE. Al amanecer divisamos dos velas inglesas, demorando W-SW. No me fío. Ordeno zafarrancho y pongo proa hacia ellas tomando rizos.

 –          Anselmo prepare la batería de babor con carga doble y la de estribor con simple. Nos vamos a acercar hasta que den la cara.

–          A sus órdenes, mi capitán.

 Mi intención era no acercarme demasiado hasta no tener claro que clase de buque eran. A simple vista parecían dos fragatas mercantes, muy cargadas y ligeramente artilladas en la cubierta superior.

 Cuando nos vieron, viraron W-SW, en clara intención de huir, pero con la carga que llevaban no hacían más de 4 nudos.

En esta ocasión, no sé por qué, tenía la sensación de que nos estaban engañando. Temía una emboscada y, cuando nos tuvieran a tiro, nos sacudieran. No quería muertos ni viudas en mi conciencia.

 A 3,5 millas y con las dos piezas de 24 libras de la proa, hicimos dos disparos de advertencia. Pararon, y recogieron el velacho y la mayor.

Con las banderas de señales les pedí rendición y bajaron el pabellón inglés.

 –          Ángel, la lancha al agua, el alférez Rivera les va a llevar una cartita.

–          Sr. Rivera, tenga usted la amabilidad de acompañarme.

 En mi camareta, escribí:

 “Respetados comandantes de las fragatas Corneallis y Dafne, sean ustedes tan amables de acompañar al Sr. Rivera. En La Matadora serán tratados con las máximas comodidades.

Así  mismo, les ruego impartan instrucciones a su tripulación para que no sea necesario un baño de sangre. Cuando esto suceda, mandaré oficiales para conducir estos barcos hasta Cádiz.

Sus vidas y bienestar estarán garantizados”.  

 El día 16 de diciembre entramos en Cádiz, doblando por Punta San Sebastián, sin haber disparado un solo tiro.

 Cuaderno de Bitácora.-“16 de Diciembre de 1.798 (Santa Adelaida). Amanece, cielo radiante, el sol en los ojos. Estamos en la Caleta y llevamos el zurrón lleno. Adelaida, esposa del emperador Otón, tampoco era muy santa que digamos.

 Qué bien nos sentíamos todos al amparo de los cañones de San Sebastian y Santa Catalina, con dos fragatas hasta los topes de mercancía, cautivas y listas para Junta de Valoración.

 Este viaje, además de otros 100 días de mar para mi Hoja de Servicios (pasamos 5 en Tenerife), nos reportó un grandísimo botín.

 Solicité, a la Junta de Valoración, que una lista de mercancías, que elegí, fueran detraídas de mi parte; las monté en dos carros y se las mandé a Ana María, con un mensaje donde le anunciaba cuando desembarcaría.

Después de fondear, asegurar el barco y organizar los turnos de guardia, eché la lancha al agua y me dirigí al muelle de levante. Allí estaba esperando Ana María. El asunto ya estaba claro en mi mente.

 En la semana que transcurrió desde que fondeamos hasta que desembarqué, decliné cuatro invitaciones con una u otra excusa:

 1ª.- D. Dionisio, conocedor de mi orfandad, me invitaba a pasar las Navidades con su familia. Le dije que iría a Barbate con mis primos y tíos.

2ª.- D. Rafael de Villavicencio, conocedor de mi fortuna, me invitaba a comer para discutir de rutas marítimas. Le emplacé para después de las fiestas, alegando la misma excusa que a su cuñado.

3ª.- D. Manuel Gago Urquieta, conocedor de mi afición a la música, me invitaba a cantar villancicos. Le dije que “villancicos”, los cantaríamos para Reyes.

4ª.- Curro el cocinero, que se llamaba Francisco Baeza López, conocedor de mi afición a la cocinilla, me invitaba a comer y beber. Le dije que había cogido peso y no quería convertirme en el “pájaro”, todavía. La Marcha de Infantes…cuando me dieran el fajín rojo, de momento, mi cintura no necesitaba faja.

 Fue una semana muy ajetreada de trabajos y anhelos ya que había que inventariar todo, acordarlo con los interventores y hacer las cuentas de los distintos repartos, pero las jornadas no se hacían largas porque yo estaba deseando terminar todo para poder desembarcar.

 El concepto estaba muy claro en mi mente, ya digo, porque se trataba de probar la voluntad de Ana María, antes de dar el siguiente paso. Si ella estaba en el muelle era por su libre voluntad, si la voluntad de Ana María era yo, las cosas serían mucho más fáciles porque mi voluntad era Ana María.

 En cuanto estuve en el muelle:

 –          A la orden de usted, mi teniente.

–          Ana, te he dicho que no hace falta….

 No pude terminar la frase porque se abalanzó sobre mí y echándome los brazos por el cuello, me besó.

 –          Qué alegría, Roque. Cada vez que te vas me dejas muy inquieta.

–          No exageres, Ana. En la Matilde no tenías tantas inquietudes.

–          No, no tantas, pero es que entonces era hombre.

–          Ah!, ya entiendo.

 Fuimos paseando hasta la tienda. Ana María llebava un vestido de organdí, precioso, y pamela de paja; en su pecho, los galones de su rango emérito. Yo iba vestido con mi uniforme, incluyendo mi sable colgando de mi cadera izquierda. Ana se apoyaba en mi brazo derecho.

Cuando llegamos a la tienda, en la planta de arriba, había una pequeña vivienda con una salita, un dormitorio, una cocinita y un water.

 –          Qué te apetece comer?.

–          No me tires de la lengua!!!

–          Ja,ja,ja…idiota!!!.

–          Cocinaré yo, Ana. Curro me ha enseñado mucho.

 Estuvo enseñándome la tienda, con todas las mercancías, ya colocadas, que le había mandado. Sacó el libro de los asientos y empezó a explicarme las entradas y salidas.

 –          Ana, esto no es necesario; lo que tu hagas, bien hecho está.

–          Ya, pero yo quiero que tu sepas lo que pasa y cada grano de sal que entre o salga de esta tienda, que para eso eres el dueño. He comprado la casa entera y debemos, en cuanto puedas, escriturarla a tu nombre.

–          Ana, tú eres la dueña. Yo solo soy tu socio; no soy tendero, soy oficial de la Armada. La escrituraremos a nombre de los dos.

–          Tienes algo en contra de los tenderos?

–          Nada en absoluto y mucho menos en contra las tenderas. Tu tienes algo en contra de los oficiales de la Armada?.

–          Tenderas?. Has mirado a otras tenderas?

–          Antes me quedaría ciego, por mi fe de caballero.

–          Y de la señorita de Villavicencio, que me cuentas?.

–          No más de lo que tú sepas, que ya te habrán contado las comadres, imagino.

–          En esa familia harías carrera y estarías mejor.

–          Te equivocas de medio a medio, Ana. Yo estaré “mejor” en mi familia, la mía propia, no necesito más jerarquía que la de mi propia esposa. No quiero suegras, suegros, cuñados ni cuñadas.

 Subiendo las desvencijadas escaleras que comunicaban la tienda con la vivienda pensé que necesitaban un buen repaso. Al llegar a la salita, miré en derredor y pude comprobar que todo era bastante cochambroso y no mayor que mi cámara de la Matadora. Había muy pocos muebles.

 Apoyando las manos en mi pecho, Ana me conminó a sentarme en una especie de sofá con los brazos de madera, asiento y espaldar acolchados y capacidad para dos personas muy juntitas.

 –          Esta es mi humilde casa, Roque.

–          Sí que es humilde sí.

–          Qué insinúas?.

–           No insinúo, Ana, confirmo lo que tú has dicho. Además, ten cuidado donde pones las manos no sea que te pinches con las condecoraciones.

–          Cuales?

–          Las que llevaré.

–          Estaré yo, cuando lleves condecoraciones?

–          Sí, claro….si tú quieres.

–          Y que tengo que hacer para que eso pase.

–          Demostrar que eres mi mujer y cosérmelas.

–          Tu no sabes coser?.

–          No, yo sé cocinar y planchar, pero coser, no.

–          Yo tampoco sé coser, pero aprenderé.

 Al día siguiente, cuando desperté, Ana había hecho café y estaba friendo rosquillas. Toda la casa olía a anises fritos; desayunamos, la besé y nos despedimos.

Ella tenía que abrir la tienda y atender a su trabajo y yo tenía intención de preguntar a los carpinteros de la Matadora donde encontrar a uno de sus colegas, que fuera de confianza, pues quería darle una vuelta a todo el edificio, incluyendo tienda y vivienda.

Después de recorrerme medio Cádiz, encontré al carpintero que me recomendaron, le hablé del encargo que tenía para él y nos citamos para el día 26.

 Era 24 de diciembre y dediqué la tarde a cocinar la cena que tendríamos cuando Ana María cerrase la tienda.

A las 19,30 me asomé a la escalera:

 –          Ana, mi amor, cierra ya que he puesto dos copitas de Jerez.

–          Sí, ya subo.

 A las 19,45 subió y, tomando un jerez de Medina Sidonia, conversamos sobre las reformas que quería hacer, sus opiniones, sus gustos.

 –          Ana Maria, vamos a desarmar toda la escalera y la haremos nueva de madera de roble, incluyendo una baranda de haya.

–          Pero Roque, eso costará dinero.

–          Claro, amor, eso y toda la tarima del suelo que pienso cambiar. Esta es pino tea y no me gusta nada; la pondremos de cerezo francés, así como las puertas. Mira, trae papel, pluma y tinta y escribiremos lo que queremos. Te parece bien?, pero antes, cenemos.

Además, quiero que sepas que he comprado toda la casa medianera, para convertirla en el almacén.

–          Tanto quieres?

–          Sí. La mar, Ana, no durará siempre, los ingleses la quieren para ellos solos.

 Durante la cena, recuerdo, le hice algunas apreciaciones sobre mis gustos en manteles, bajillas y cristalerías. En las dos últimas fragatas capturadas había, en cajones llenos de paja, varias cuberterías de plata, bajillas de loza y cristalerías finas. Mandé una de cada clase a Ana que se sintió muy emocionada, con el regalo.

 –          Roque, te estoy muy agradecida por todo lo que haces por mí.

–          No lo hago por ti, Ana.

–          Por quien?

–          Por nosotros….Ana, quiero que seamos uno; la cubertería es para que tu me pongas la comida, que yo haga. Ana María Soto, quiero casarme contigo, aceptarás?.

–          No te dejarán casarte conmigo, Roque.

–          Sí me dejarán, buscaré fiador. Eres sargento mayor de infantes de marina.

 En aquella época un oficial, para contraer matrimonio, necesitaba el permiso de la Autoridad competente que, en esos casos, era el Mayor General. En mi caso era el General Escaño y debía buscar fiador.

 El día 26 de diciembre de 1.798, después de medirlo todo, encargué al maestro carpintero y al maestro albañil, que le acompañaba, las reformas que queríamos para la casa y la tienda, les leí y les entregué la memoria que habíamos escrito y les solicité presupuesto, lo más rápido que pudieran.

 –          Para después de Reyes tendrá “usté” el presupuesto, mi teniente.

–          Ni un día más, eh!.

–          La zanca de la baranda también de haya?

–          La zanca no es de la baranda, es de la escalera y la quiero de roble.

–          Tengo una partida de tablón de nogal muy buena….

–          Nogal viejo y curado?.

–          Sí.

–          Seguro?

–          Que se muera mi madre!!!.

–          Qué escuadría tienes?

–          Tablón de 6×11 pulgadas.

–          Qué buena medida para una zanca!!!. Entonces trae la memoria. Ale!!! todo en nogal, la zanca, los peldaños y la baranda.

–          Para la tarima del suelo?

–          Sacarás tabla de 1×11 pulgadas?

–          Algo menos de 1 pulgada, el corte se lleva 1/8.

–          Vale!!! 7/8, después de labra, machihembrada. Los rastreles de 3×3 pulgadas en melix curado.

 El día 28 de diciembre de 1.798 fui a ver a D. Cayetano Valdés para darle información de mi último viaje, recibir la que él pudiera darme y, sobre todo, a pedirle que fuera el fiador en mi compromiso de matrimonio con Ana María.

 –          Mi capitán, me gustaría que usted fuera mi padrino de bodas.

–          Hombre Roque, que te casas?. Puedo saber quien es la desafortunada?.

–          Sí, mi capitán, es Ana María Soto, aquel “infante de marina” que sirvió conmigo en la Matilde.

–          Roque, sabes que tendré que consultar al Mayor General y, además, tú debes cursar la petición. Lo que sí es seguro es que  los Villavicencio se opondrán.

–          Mi capitán, cree usted que me la denegarán.

–          No Roque, te vas a casar con una “Sargento Mayor”… ja,ja,ja…prepárate!!!. El Rey la concedió pensión, ascenso y Honor. Yo te apoyaré.

–          Gracias mi capitán.

–          Teniente de Navío Oquendo, quiero que sepas que se está barajando quitarte la licencia de corso y ascenderte a capitán de Fragata. Ya tienes méritos suficientes.

–          Señor, tengo intención de salir, una vez más, para ir a Cuba y rematar la labor que comencé con los canales de Florida. Quiero levantar las Islas Vírgenes y la ruta hasta Puerto Rico.

–          Sal ya mismo, Roque, antes que haya tomada una decisión y, desde luego, deja la boda para mejor ocasión, si es de Ley te esperará. D. Alessandro tenía razón; cada vez está más claro lo que quieren los franceses.

–          Lo sé, mi capitán. Quieren lo mismo que los ingleses.

–          Ni una palabra más, Roque.

 Comuniqué a Ana María la decisión de salir a la mar y, por consiguiente, el aplazamiento de la boda. No obstante, el día 2 de enero de 1.799 cursé mi petición de “autorización de matrimonio” con la firma de “fiador” del capitán de Navío D. Cayetano Valdés y Flores. Cuando fui a entregarla, mantuve una conversación con el Mayor General D. Antonio Escaño. Le comuniqué mi decisión de salir, inmediatamente, a la mar y la de casarme cuando volviera.

 –          Y el ascenso? –dijo el Mayor-

–          No me corre prisa, mi general –contesté yo-

 Mi intención era hacer una salida más en corso, ir a Cuba, cargar mercancía, tomar una serie de observaciones de comprobación entre la Florida, la Bahama, las Caico mayores y volver, llegando hasta Puerto Rico siguiendo la ruta de las naves inglesas, por si caía algún pescado en la red, hasta la Bermuda, para luego enfilar directamente a Cádiz.

El día 7 de enero vinieron el carpintero y el albañil con el presupuesto, que acepté, y se fijó la fecha para el comienzo de las obras.

 –          Ana, me siento mal dejándote con este parche.

–          No te preocupes, Roque, a estos los meto yo en cintura, por la gloria de mi madre.

–          Mi amor, si sale bien este viaje, aprovisionamos la tienda para tres años.

–          Deja eso, ahora; lo importante es que tengas cuidado y arriesgues lo menos posible.

–          Ana, quien nada arriesga, nada gana.

 En aquellos días, ascender significaba “cambiar de destino”, por tanto, al ascender a capitán de fragata, era preceptivo que dejara la Matadora y me incorporara a cualquier navío, para preparar el siguiente ascenso. Cuando estabas preparado para mandar un Navío, te dejaban en tierra para la formación científica.

 Nos dimos a la vela el día 10 de enero de 1.799.

 Cuaderno de Bitácora.-“10 de Enero de 1.799 (San Gregorio).Cádiz. Con la marea del alba nos damos a la vela a las 5,30. Nos dirigimos a La Habana, Dios nos ayude en esta singladura, la última con la Matadora”.

Ultimamatadora

 Enfilamos directamente el alisio, con rumbo S-SW, hasta el paralelo 20 y una vez allí viramos W para, empujados por los vientos de empopada, poner proa a la Martinica.

 En ningún momento descuidábamos la Instrucción y, siempre, procuraba tener a la tripulación en buen estado de salud y bien alimentados. Desde mi cámara, al anochecer, podía oír los cánticos de la tripulación contenta y añorando a sus novias y esposas.

 Llegamos a Martinica el 6 de febrero, atravesando para aproar hacia Cartagena de Indias, a 900 millas aproximadamente. Fondeamos en el puerto de Cartagena el día 18 de febrero.

 Cuaderno de Bitácora.-“18 de febrero de 1.799. 16,30 horas. Arribamos a Cartagena de Indias. Anclamos en el muelle de Baca Grande. Hacemos aguada, reparamos el mastelerillo del trinquete, averiado en una enrachada, cerca de la Martinica”.

 Hicimos aguada y cargué tabaco, cacao y ron. Saqué lastre de la sentina, tanto como peso iba almacenando. La estiba era una cuestión que me preocupaba especialmente, así que la supervisaba personalmente.

 El día 22 de febrero salimos con destino al Cabo Gracias a Dios, al que arribamos 5 días después.

 Cuaderno de Bitácora.-“27 de febrero de 1.799. 12,30 horas, divisamos el Cabo Gracias a Dios, a babor,  demorando W-NW. Tomamos medición.15º 0,6’N y 76º 11’W, con el meridiano de Cádiz”.

 El día 4 de marzo de 1.799, al amanecer y aproando a Yucatán, divisamos, a estribor, una corbeta con bandera inglesa; inmediatamente cambiamos de rumbo y nos fuimos a por ella.

 A las diez de la mañana la teníamos a tiro. Iba sin el mastelero del trinquete de modo que no pudieron hacer gran cosa. Maniobré hasta tenerla enfilada por popa y le hice los dos disparos de advertencia, como no respondió al aviso, le metimos media docena de peladillas de bala rasa en la toldilla y otra media docena de metralla y palanqueta en el combés.

 Aquí dio por concluida su resistencia y arrió el pabellón.

 Cuaderno de Bitácora.-“4 de marzo de 1.799. 6,30 horas, divisamos una corbeta con bandera inglesa, a la altura del paralelo de Jamaica (18º) y meridiana de 77º 46’ del meridiano de Cádiz. Después de una corta resistencia, la capturamos a las 13,30h. Corbeta de 102 pies, con 12 cañones de a 12. Nominada “Highwind, la llamaremos, a partir de ahora,La Escudera”.

 Era una corbeta de 102 pies de Burgos, armada con 12 cañones de 12 libras comandada por un teniente de navío y tripulada por 70 hombres. Transportaban Pliegos de Kingston a George Town, en la Isla del Caimán, una tormenta les sacó de su ruta y les desarboló el trinquete.

Como es natural y todo el mundo sabe en la mar, los Pliegos se perdieron en la tormenta que les rompió la gavia del trinquete.

Tuvieron 8 muertos y 24 heridos; todos fueron atendidos cristianamente. Los heridos por los cirujanos y los muertos por mi mismo que hacía de capellán, con mis conocimientos de monaguillo en Barbate; entregamos sus cuerpos al mar.

 Llegamos a Veracruz el día 17 de marzo de 1.799, al atardecer.

 Cuaderno de Bitácora.-“17 de marzo de 1.799. 19,30 horas, divisamos el puerto de Veracruz. Con la noche encima, fondeamos al amparo de los cañones del morro.

18 de marzo de 1.799. Desembarcamos a la tripulación de la Escudera”.

 Los días siguientes los dedicamos a reparar la corbeta y a enrolar tripulación española y criolla. Al mando de esta unidad puse al Teniente de fragata D. Anselmo Pérez de Agüero, que llevaba conmigo ya tres años. Anselmo me conocía y yo a él, aún así tuvimos no menos de media docena de largas conversaciones sobre táctica para el caso de encuentro con unidades inglesas.

 En Veracruz, pagando de mi bolsillo, cargué maíz y dos quintales de especias de Oriente que venían de Acapulco con el tráfico de Manila.

 El día 14 de abril, con la Escudera reparada y la tripulación al completo, salimos de Veracruz con destino La Habana. Reclutamos 106 hombres para la corbeta, en total 336 hombres en dos barcos.

Mezcle tripulación veterana con noveles, sobre todo en el caso de los artilleros.

Como llevaba la Matadora, a la Escudera le montamos sobrejuanetes y trapo de stay. En todo momento las dos naves debían estar coordinadas en maniobra; una de las dos debería entrar por popa a cualquier nave enemiga mientras la otra ponía el cebo, en caso de encuentro. Montamos cuatro piezas de a 18, de las de la Matadora, en la Escudera.

Estas operaciones, sacando lastre, hacían a la corbeta más inestable pero mucho más rápida.

Fijamos un programa de instrucción para que, en una semana, la gente de mar y artilleros supieran trabajar como trabajaban los de la Matadora.

 Cuaderno de Bitácora.-“14 de Abril de 1.799. 7,30 horas, damos a la vela en Veracruz, con destino La Habana. La Matadora y la Escudera, navegamos en conserva. 336 hombres y 52 cañones.

 La travesía hasta La Habana fue tranquila. 1.300 millas de tiempo apacible con vientos que nos empujaban a un largo, entrando por la aleta de babor. 8 días de tranquilidad y buenos alimentos.

El día 22 de abril entramos en el fondeadero de la Habana, protegidos por los cañones de a 36 del Morro.

En La habana cargamos azúcar blanco y moreno, frijoles y salazón de pescados. Varias personas civiles solicitaron transporte hasta la península pero, en tiempos de guerra, estaba prohibido el acceso de los civiles a los buques del Rey.

 El día 30 de abril salimos del Morro con rumbo E1/4NE hacia los cayos de la Bahama, a fin de situar el límite E de la navegación. Virando SE, arribamos a Inagua Grande y fijando los arrecifes y bajíos entre esta isla y la Caicos Oeste, llegamos a Puerto Plata, en La Española, el día 12 de mayo de 1.799.

Salimos de Puerto Plata el día 15 de mayo y, atravesando por el estrecho entre La Española y Puerto Rico, costeamos el barlovento puertoricense hasta las Vírgenes.

 Cuaderno de Bitácora.-“17 de Mayo de 1.799. 15,00 horas, viramos ¼ a N en la isla de Vieques. Estamos en alerta total. Entramos en zona de rutas inglesas. Mando seis hombres a las cofas de las embarcaciones.

 Como resultado de esa intensa vigilancia, en 18º 30’ N y 58º 28’ W del meridiano de Cádiz, divisamos dos pequeñas embarcaciones del tipo “urca” que navegaban en conserva con destino a La Virgen Mayor.

Las detuvimos, las vaciamos y, metiendo la tripulación de las dos en una de ellas, hundimos la otra. Le di una nota al capitán inglés con el ya sabido aviso para Lord Nelson.

No reflejé en el cuaderno de bitácora el encuentro pero sí mandé al contramaestre reflejara, en los estados de entrada, la carga confiscada que, básicamente, era ron y pólvora.

 Cuaderno de Bitácora.-“21 de Mayo de 1.799. 5,00 horas, viramos  N en Santo Tomás, dejando a babor la isla de la Culebra. Nos dirigimos, directamente a la Bermuda con el viento de través”.

canales

 El día 28 de mayo de 1.799 estábamos a la altura de la Bermuda y viramos N1/4 NE; llegamos a las costas de Terranova el día 8 de junio.

 El viento rolaba a E-SE, tal y como suponía; así es que mande virar para tener las banderolas orientadas a proa. Durante siete días, con todo el trapo al viento, mantuvimos al viento entrando por la aleta de babor. En esas condiciones, hacíamos 240 millas diarias.

 Con viento recio en la popa, las naves escoraban hasta 25º pero navegábamos a 10, 12 y hasta 14 nudos.

 Divisamos tres velas inglesas a la altura de las Azores.

 Cuaderno de Bitácora.-“15 de Junio de 1.799. 13,00 horas, Hemos divisado tres velas en el horizonte, demorando E-SE. Voy a echar los dados; viramos E para rumbo de encuentro. Comunico a la Escudera el zafarrancho de combate. Estamos en 38º 21’ N y 11º 10’ W (meridiano de Cádiz”).

 A las 16,30 las teníamos a 6 millas. Eran dos naves de carga escoltadas por una fragata de 34 cañones, de bandera inglesa. Estábamos al SE de las Azores

 Hice señales a Anselmo para que entrara en la formación que habíamos determinado. La Matadora podría el cebo, tratando que la fragata inglesa se viniera a por nosotros a darnos costado y la Escudera debería entrarla por popa y barrerla la cubierta con metralla y palanqueta.

 La Matadora y la Escudera navegaron en paralelo durante una hora y cuando la fragata inglesa nos puso la proa abrimos ángulos, navegando a dos tiros de cañón de distancia; inmediatamente los ingleses modificaron su rumbo para salirse del carril central y entrar a la Matadora por babor. Nosotros teníamos el barlovento y, por tanto, la iniciativa. Cuando la tuvimos a dos millas, mandé virar N-NE y la pillamos en medio de las dos. Trataron de virar W-SW, pero no les dio tiempo; la Matadora por proa y la Escudera por popa le barrieron las cubiertas. En la segunda pasada pude ver que estaba sin el trinquete y con la mesana flameando: la andanada de la Escudera le había destrozado la mesa de obenques.

 Tomé la decisión. Era la primera vez, en mi vida, que abordaba un buque. Hice señales a Anselmo para que se fuera a por las dos naves de carga y las parara; entré por su babor (nuestro estribor), a tocapenoles, descargando todo lo que teníamos; ordené el primer tercio de abordaje. Artilleros de la banda opuesta y marineros, todos armados hasta los dientes.

 Los infantes de marina formaron en toda la banda de estribor y la gente de mar, ayudados por los artilleros de la banda de babor, después de arriar las velas, cogieron sus armas y al mando de Manuel se apostaron en cubierta dispuestos a comerse a todo inglés que se les pusiera a mano.

 Cuando les echamos los garfios y las pasarelas, el brigada Clavero y el sargento Maldonado ordenaron tres descargas cerradas que les dejaron la cubierta sin nadie.

 Manuel, secundado por los Contramaestres Ángel y Paco, abordaron la fragata inglesa que, 15 minutos después, dejó de presentar resistencia.

 Anselmo capturó las dos naves de carga y, virando por redondo, nos encontramos a las 21,30, ya noche cerrada.

 Inmediatamente (los nuestros y los suyos), los carpinteros empezaron a trabajar a fin de poner los barcos en condiciones de navegar a toda vela.

 Cuaderno de Bitácora.-“18 de Junio de 1.799. 14 horas. Después del combate con la fragata inglesa, estamos en condiciones de navegar. Nos dirigimos a Cádiz.

 El resultado de aquel combate fueron 48 ingleses muertos y 35 heridos. Nosotros perdimos a 5 marineros y 3 artilleros, nos hirieron a 10 más, entre infantes de marina y marineros. Una bala de mosquete me quitó el índice y el corazón de la mano izquierda.

 Capturamos dos naves de carga con mosquetes, mucha pólvora, y grandes cantidades de ron y té.

 Y les hicimos cautiva una fragata de 34 cañones con toda su munición.

 El día 1 de julio de 1.799 entramos en la bahía de Cádiz en formación de línea; encabezaba la Escudera, con todo el trapo al viento y gallardetes en los tres palos. Seguían las dos naves de carga, con doble bandera inglesa y española; la española en lo más alto. Seguía la fragata Hermione, también con doble bandera y sin gallardetes.

 Al final de la línea íbamos nosotros, la Matadora, con gallardetes en los tres palos, y la bandera de España, al viento, en la jarcia de mesana.

 La gente se agolpaba en el puerto.

 Cuaderno de Bitácora.-“1 de Julio de 1.799. 14 horas. Después del combate con la fragata inglesa y reparadas las averías, entramos en la Bahía, en perfecta línea. Mando recoger las mayores y poner infantes de marina en los candeleros.”

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Categorías:CRONICAS MARINERAS
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