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CRÓNICAS MARINERAS VIII. CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO

Bueno, amigos, después de un verano de lo más instructivo, tranquilo y familiar, me dispongo a comenzar el nuevo curso con el más animoso talante.

Conseguí todo el “Corpus Documental de Trafalgar” que publicó el contralmirante Gonzalez-Aller, me lo leí (la primera vez) y me fuí al Cabo Trafalgar para ver (sentado en una roca) las evoluciones, que detalla Gonzalez-Aller, de las Escuadras combinada e inglesa; regresé más marinero que nunca (con una camiseta a rayas) y ahora me puedo hacer una idea más clara de lo que ocurrió frente a Trafalgar en la jornada del 21 de Octubre de 1.805.

Pero resulta que todavía soy Teniente de Navío y necesito ser Capitán de Fragata, para llegar a Trafalgar, de modo que seguiré “documentándome”.

Trafalgar fué el final de una serie de episodios….que venían ocurriendo desde 1.796, aunque yo creo que el final de todo aquello fué el Motín de Aranjuez en marzo de 1.808, donde los españoles mandaron “a la porra” al Principe de la Paz y al padre del Rey Felón que era felón y medio.

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (8). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (1).-

 El día 2 de Julio de 1.799, después de ancladas las naves, arrié la lancha y me dirigí a la Comandancia General.

 Dejé instrucciones claras respecto de la carga; lo mío particular, que yo pagué con mi dinero, a la tienda de Ana María; el resto capturado, a la Junta de Valoración, en el Arsenal.

 En la Comandancia, me presenté ante el Mayor General D. Antonio Escaño.

 –          Se presenta el Teniente de Navío Roque Oquendo, a la orden de vuecencia, mi general.

–          Ya no eres teniente, Roque. Ahora eres el Capitán de Fragata Oquendo, con efectos de 15 de mayo de 1.799; estás, desde ahora mismo, en situación de disponible y se te asignará destino en breve.

–          Gracias, mi general. Entrego lo capturado para junta de valoración.

–          Tienes un Pliego de Cargos, interpuesto por el Capitán de Navío D. Rafael de Villavicencio, referente a las cuentas de tu anterior singladura.

–          Eso no es un asunto que me competa. El Contramaestre y el Interventor de la Junta de Valoración hicieron las cuentas; en cualquier caso, las comprobaremos y estaré a las conclusiones de la Superioridad.

 Como D. Cayetano había previsto, los Villavicencio iban a dar por la popa todo lo que pudieran, pero no tenía miedo, todo estaba correcto y así lo determinó el consejo de oficiales que vio el caso, de modo que estaba libre de todo cargo y dispuesto para contraer nupcias con Ana María. Ni los Villavicencio ni nadie iban a dictar mi rumbo.

 Según me contaron los “chupatintas”, no era la primera vez que cuando alguien deseaba algún objetivo inconfesable inicia pleitos, querellas administrativas y judiciales, contra otra persona que no tiene que ver nada en ese asunto. Se trata, sencillamente, de entretener a la persona y hacer que pase el tiempo para alcanzar sus turbios objetivos.

 No se debe permitir que estas acciones estúpidas, de gente estúpida, perturben el rumbo. Yo era muy consciente de que mi suerte no podría continuar mucho tiempo; hasta esa fecha, siendo teniente de navío, no se me juzgaba por perder un barco o porque gente bajo mi mando hubiera muerto debido a mi desidia, molicie o estulticia. No, el asunto era que los míos propios no podían tolerar que hubiera acumulado beneficios por encima de los 500.000 reales, (lo que representaba 1,5 millones para la Corona) y, además, era Capitán de Fragata con 27 años y solo tenía un agujero en el muslo y me faltaban dos dedos; esto era un asunto inasumible para la “nobleza”.

 El día 2 de septiembre de 1.799, siendo Capitán de Fragata y con destino vacante, adscrito provisionalmente al Observatorio de la Armada en la Isla de León, me casé con Ana María Soto.

 Dejé meridianamente claro a los Villavicencio cuales eran mis intenciones y cuales mis jerarquías.

 Fueron mis padrinos de bodas D. Cayetano Valdés y Flores Bazán y Dª Joaquina María Benavides y Pacheco, duquesa de Santisteban y condesa de Castellar.

 De D. Cayetano he hablado y hablaré más.

 Dª Joaquina era muy amiga de D. Cayetano y era clienta de Ana María; suministrábamos productos ultramarinos al convento de los Mercedarios de Castellar, del cual Dª Joaquina era benefactora.

 El esposo de Dª Joaquina era el duque de Medinaceli, D. Luis María Fernández de Córdoba y, por tanto, su hijo Luis Joaquín reunió los ducados de Medinaceli, de Santisteban y diversos condados y marquesados. Él, el duque, siempre estaba en Madrid, en la corte, mientras ella, la duquesa, se dedicaba a sus obras de caridad, dirigiendo diversas instituciones benéficas. Llegó a Castellar en 1.780 para recuperarse del parto de su hijo y aquí se quedó.

 Cuando me casé, D. Luis Joaquín era el único hijo vivo de Dª Joaquina y asistió a la boda que se celebró en la iglesia de Castellar; este bi-duque, casó con Dª Concha Ponce de León, que también fue muy amiga de D. Cayetano (cuidó de él después de Trafalgar).

 De modo que a D. Cayetano, que no tuvo esposa, nunca le faltaron buenas amigas; lo digo porque corrieron rumores maldicentes sobre las inclinaciones sexuales de D. Cayetano. No, no era mariquita, era marino y había, por entonces, marinos que pensaban que siendo marino no se podía ser esposo, eso dejaba muy claro los afectos principales de esos marinos..

 A las obras de la casa y almacén todavía le quedaban remates pero teníamos los estantes llenos y el negocio iba viento en popa. Ana María había tomado a su servicio a dos chicas y a dos mozos de carga; vendía, con diligencia, los productos nacionales que ella proveía y los ultramarinos que yo había traído. Además, yo había dejado contactos en Cartagena de Indias, Veracruz y La Habana. El suministro de género estaba asegurado mientras las rutas estuvieran abiertas.

 –          Roque, estamos metiendo mucho dinero en este negocio. Tu crees que nos dedicaremos a esto?.

–          Sí, mi amor, la Armada no tiene futuro, tal y como la conocemos ahora, estamos en manos de los franceses. Godoy acabará con la Armada, no tengo ninguna duda.

–          Roque, cómo sabes eso?.

–          Lo presiento, Ana. Tu futuro y el mío están unidos, no te preocupes por nada. Lo que haya de ocurrir ocurrirá, pero tú y yo somos lo mismo y afrontaremos lo que venga.

 Los tratados que Godoy firmaba con Francia nos dejaban en sus manos y este ilustre extremeño no debía conocer aquel refrán que reza: “más vale una vez colorado que ciento amarillo”. La amenaza de invasión le asustaba mucho y él era “el generalísimo de mar y tierra”, sin haber pegado un tiro en toda su vida; me refiero a la pólvora…de los de alcoba si que pegaba, por lo visto.

 En abril, había salido de Ferrol el Jefe de Escuadra D. Francisco Melgarejo con cinco navíos, dos fragatas y un bergantín; su misión era desembarcar tropas en Irlanda para ayudar a los independentistas,  pero los franceses cambiaron de planes y ahora estaban bloqueados en Rochefort.

 En mayo de ese año, mientras nosotros estábamos en La Española, 15 navíos y dos fragatas, al mando de D. José Mazarredo, habían salido hacia el Mediterráneo, con objeto de recuperar Menorca. Después de unirse a la escuadra de Eustache Bruix no liberaron Menorca, cruzaron el estrecho y acabaron en Brest; estaban bloqueados en puerto por una escuadra inglesa que mandaba el Conde de St. Vincent, el almirante Jervis.

bruix

                                    Eustache Bruix

 BLOQUEADOS EN BREST

 BUQUE                                               COMANDANTE

 NAVÍOS

San Francisco de Paula                 CN D. Agustín Figueroa

San Francisco de Asís                     Brigadier  D. José de Goicoechea

Príncipe de Asturias                       Tte. General D. Federico Gravina

                                                              Brigadier D. Juan Vicente Yañez

San Pablo                                           Brigadier D. Luis Villabriga

San Joaquín                                       CN D. Marcelo Espínola

Pelayo                                                 CN D. Cayetano Valdés

Neptuno                                             JE D. Juan M. Villavicencio

                                                               CN D. Bernardo Muñoz

San Telmo                                          CN D. Juan José Martínez

Concepción                                       Tte. General D. José de Mazarredo

                                                               Brigadier D. Antonio Escaño (Mayor)

                                                               CN D. Francisco Uriarte

Reina Luisa                                        JE D. Domingo de Nava

                                                               CN D. José Gardoqui

Mejicano                                             Brigadier D. José Bonoso

Conquistador                                   CN D. Cosme Churruca

Guerrero                                             Brigadier D. Nicolás Estrada

Nepomuceno                                   CN Francisco Mondragón

Bahama                                             CN José Aramburu

 FRAGATAS

Atocha                                               CF D. Ignacio Olaeta

Perla                                                   CF D. Francisco Moyua

Carmen                                             CF D. Manuel Bustillos

Soledad                                            CF D. Antonio Quesada

 BERGANTINES

Vigilante                                            TN D. José de Córdoba

Descubridor                                     TN D. Juan Coronado

Vivo                                                    TN D. Juan Deslobes

 BLOQUEADOS EN AIX (ROCHEFORT)

BUQUE                                               COMANDANTE

 NAVIOS

Real Carlos                                        JE D. Francisco Melgarejo

                                                             CN D. Juan Nepomuceno Morales

Argonauta                                       CN D. Juan Herrera Dávila

Monarca                                          CN D. Joaquín Mozo

San Agustín                                     CN D. Ramón Clayrac

Castilla                                              CN D. Juan Villadiego

 FRAGATA

Paz                                                     TN José María Heredia

 Así pues, medio mes antes del 18 de Brumario del VIII año republicano, cuando más débil estaba el Directorio Frances y cuando yo regresaba de mi viaje de novios, en Madrid, España tenía secuestrados, en puertos franceses, 20 navíos, 5 fragatas y 3 bergantines, por obra y gracia del Primer Cónsul (mesié Bonaparte) y del Generalísimo de mar y tierra (Sr. Godoy).

 Y lo peor de todo era que, con las flotas, tenía secuestrados a los mejores de nuestra Armada, si excluimos a los dos Villavicencios.

 Si bien Rafael, que mandaba el Soberano, desarboló en San Vicente y volvió a Cádiz. El padre de Mari Carmen Regla Pepa, cuñado de D. Dionisio Alcalá-Galiano, volvía a hacer de las suyas y no fue de las últimas que hizo.

Su tío, D. Juan Maria las hizo muchas y peores, antes, en el medio y después.

 Esta situación dejaba muy a las claras las intenciones de los franceses y la debilidad del Gobierno de España. Godoy no solo iba a acabar con la Armada….iba a acabar con España.

 Con la perspectiva que da el tiempo, y cuando se han publicado algunos documentos, como la carta de Carlos IV a la República francesa, fechada el 11 de junio de 1.799, no se podía esperar mucho del “deseado” felón si el padre ya era felón y medio. Esta carta demuestra, meridianamente, la abyección y el servilismo del cuarto de los Carlos.

 Pasé un año y medio destinado, como capitán de fragata, en el Observatorio. Daba clases a los guardiamarinas; clases de matemáticas, astronomía y, entre todos, recopilábamos información que nos sirvió para la publicación de las Tablas de Navegación de 1.800.

 El día  22 de abril de 1.801 se me otorga el mando que tanto deseaba; me pusieron al mando de la fragata Flora, con base en Ferrol.

 Era, la Flora, una fragata de 40 cañones, construida en Ferrol en 1.795. Al estar la flota en Brest, y aunque la escuadra de Melgarejo había regresado a Ferrol sin desembarcar a nadie en Irlanda, había suministros suficientes para armar la Flora convenientemente. Hice el viaje por tierra y tomé posesión de la fragata el día 22 de mayo de 1.801.

 En el dique del Martillo de Ferrol se carenó, le cambiaron el forro de cobre y repusieron cabullería. Nos dimos a la vela el día 22 de junio de 1.801, con destino a Cádiz.

 Solicité, al Mayor General Escaño el destino, en la Flora, del Teniente de Navío, Perez de Agüero y del Teniente de Fragata Rivera de Togores, ambos habían ascendido y pidieron venir conmigo.

 Era, por aquel entonces, Capitán General del Departamento de Cádiz el Teniente General D. José de Mazarredo, gran persona y mucho mejor marino, que después de discrepancias muy serias con el Gobierno de Madrid y de haber provocado dolores de cabeza al Primer Cónsul francés, había caído en desgracia y en este destino.

Era la segunda vez que Mazarredo había llevado la contraria a Godoy. Mazarredo sabía mucho de mar: era un gran marino. Godoy era un calientacamas sin ninguna formación. El primer Cónsul pidió el cambio de interlocutor; le quitaron a Mazarredo y mandaron a Gravina que no era español, aunque lo parecía.

Juan Joaquín Moreno Mondragón, conde de Hontlier, a la sazón teniente general, arribó a Cádiz con seis navíos y dos fragatas, procedente de Ferrol, enarbolando en el Real Carlos. D. Juan Joaquín acababa de dar “pan y tomate, ‘pa que no t’escapes” a una invasión de los ingleses que desembarcaron 5.000 hombres en los aledaños de Ferrol, los mandó a todos de vuelta a sus barcos….a todos menos a unos cuantos que mando al Averno, por felones.

  Moreno Mondragón había tenido una carrera militar brillantísima; un marino de la antigua escuela, valiente, inteligente, mandaba a su gente con firmeza y siempre procurando preservar sus vidas, por lo qué era muy apreciado por el personal de su mando.

 En el asedio a Gibraltar del año 82 ya era brigadier, su navío se fue contra las rocas cuando se acercó a bombardear a los buques ingleses que estaban en el fondeadero y, después de sacar a todo el mundo, le prendió fuego para que no cayera en manos inglesas; en la del 14 de febrero del ‘97, ya era teniente general y enarbolaba en el trinquete del Príncipe de Asturias, batió a toda la línea de Jervis e impidió, en lo posible, el desastre total al retrasar a base de cañonazos la marcha del Victory y los que le seguían, dando tiempo a que acudieran al fuego los seis navíos de la retaguardia. Ese día D. Juan Joaquín llevaba por capitán de bandera a D. Antonio Escaño. Morales de los Ríos, con 11 navíos no quiso saber nada del asunto.

 Ahora estaba en Cádiz con su escuadra, esperando la llegada de una francesa al mando de Durand-Linois.

 El día 4 de julio de 1.801, el conde de Linois manda recado a Moreno Mondragón donde le comunica que ha anclado en la bahía de Algeciras, acosado por una escuadra de 6 navíos ingleses al mando de James Saumarez.

220px-Linois-Antoine_Maurin-3                                                                        

El maiquitar del Durand-Linois, bien guapo que se ponía él.

 Eran los navíos franceses del contralmirante Linois:

 NAVIO                                    CAÑONES                     CAPITÁN

 Indoptable                                   80                             Moncore

Formidable                                   80                             Aimable

Dexais                                           74                              Paliere

 Además, los franceses navegaban con la fragata Mouiron que fue la que llevó a Napoleón desde Egipto a Francia en el ‘99.

220px-Vice-Admiral_James_Saumarez                                                                                         Almirante  James Saumarez, 1er. Barón de Saumarez.

 Eran los navíos ingleses del contralmirante Saumarez:

 NAVIO                                      CAÑONES                   CAPITÁN

 Cesar                                             80                            Brenton

Pompee                                        74                             Stirling

Venerable                                    74                              Hood

Hannibal                                       74                              Ferris

Spencer                                        74                              D’Esterre

Audacious                                    74                              Perd

 La superioridad inglesa no solo era patente en el número de navíos, sino que, además, las escuadras eran mandadas por perfiles guerreros muy diferentes. Mientras Saumarez era un viejo lobo de mar curtido en cien combates, Linois era un francés mariquita e histérico que se embazaba con el humo de la pólvora y se le aflojaba el recto cuando olía a inglés.

 Linois, con gran imaginación, hizo lo mismo que D’Aigailliers en Aboukir: ancló los barcos a la vista de la costa, con un fondo de 16 metros, y se preparó para la fiesta.

Algeciras

 Saumarez mandaba el Orión en Aboukir y el desenlace hubiera sido el mismo que en Abuokir, de no ser porque el coronel Riosoto, artillero al mando de las baterías de costa, no estaba dispuesto a consentir aquello.

 Este coronel disponía de 5 cañones de 24 libras en el Fuerte de San García; 12 de 24 en el Fuerte de Isla Verde; 12 de 24 en el Fuerte de Santiago y 3 de 18 en la Torre Almiranta.

 En dos días Riosoto organizó las baterías, las abasteció y dio órdenes concretas para que, de ninguna manera, los buques ingleses pudieran doblar, pegados a la costa, a los franceses. Además de los cañones de 24 libras de las fortificaciones de la costa, se estacionaron 12 cañoneras, de las que inventó Barceló, en las entradas norte (enfrente de la Almiranta) y sur (en Isla Verde). Riosoto mandó traer 12 cañones de 24 desde el Fuerte del Mirador y los estacionó, de fagina, en la desembocadura del río Palmones; estableció su puesto de mando en el Fuerte de Santiago.

 El Fuerte de Santiago ocupaba la posición central, teniendo media milla hasta la posición más alejada de las baterías. Riosoto, en las siete horas que duró la acción, recorrió a caballo todas las baterías en seis ocasiones.

 La batería del Fuerte de Santiago estaba mandada por un joven teniente artillero de 25 años llamado Manuel Velasco y Coello que era sobrino de aquel otro Luis Velasco, Capitán de Navío, que defendió y entregó su vida en el Morro de la Habana en el 62.

 A las 8 de la mañana del día 6 de Julio, la escuadra inglesa apareció por Punta Carnero; a las 9, San García abrió el fuego; a las 10 la línea inglesa estaba a la altura de la francesa y se enzarzaron. El Hannibal y el Pompee, en cabeza, viraron a babor para doblar por el norte, pero fueron recibidos convenientemente con los fuegos del Fuerte de Santiago, de la Torre Almiranta y de las fuerzas sutiles. El Hannibal, tratando de eludir el castigo, embarrancó y recibió para él y para su familia (un blanco inmóvil!!!); el Pompee, después de batir al Formidable, se acercó a socorrer al Hannibal y Manolo Velasco le dispensó su ración de bala rasa, desarbolándolo, de forma que quedó hecho un pontón. Saumarez mandó todas las lanchas de los demás buques para remolcar a estos dos y las sutiles les pusieron de postre su parte del pastel de pólvora y metralla…

 A las 11 de la mañana, con sus tres buques en muy mal estado, el mariquita de Linois mandó picar los cables de las anclas y encallar sus buques en la playa; el Cesar, con la insignia de Saumarez se acercó más y se puso a tiro de las baterías de Isla Verde, intentando un desembarco que fue rechazado; el Cesar y el Audacious fueron batidos hasta el punto de que el segundo de estos tocó fondo, ya sin gobierno, pero no embarrancó, lo pudieron remolcar las lanchas. A las 4 de la tarde, con cuatro de sus seis barcos en muy mal estado, Saumarez dio por perdida la batalla y salió del fuego poniendo rumbo a Gibraltar. Remolcó al Pompee y al Audacious pero dio por perdido al Hannibal, que había arriado la bandera pidiendo árnica.

 El capitán Ferris fue juzgado y exonerado de toda culpa, pero lo mandaron a Port Royal, así se las gastaba el Almirantazgo inglés.

 Linois ni pudo, ni quiso perseguir a lo que quedaba de la escuadra inglesa pero, eso sí, se apuntó la victoria, sin tener en cuenta que la de Algeciras fue la única batalla naval que presenció el público desde la playa y pudieron disfrutar de 6 horas de fuego y acero que pasaba por encima de sus cabezas. Los vítores, vivas a España y aplausos fueron estruendosos cada vez que caía un mástil inglés o una andanada hacía blanco en sus costados. El mariquita informó al Primer Cónsul de la gran victoria francesa.

 Todo esto me lo contó uno de los cabos artilleros del Fuerte de Santiago que sirvió en la Matadora y que se había establecido en Algeciras al abrigo y empleo que le proporcionaban las baterías de costa y su familia. Este cabo, luego, navegó conmigo en el San Justo.

 Cosa distinta es lo que contaron los franceses, que consideraban a los españoles como meros “empleados”.

 El día 9 de julio, Moreno Mondragón arribó con su escuadra y un navío francés (cedido por España) que estaba en Cádiz, le acompañaban, además, la fragata Indienne, la Liubre y un bergantín que Linois destinó a remolcar al Hannibal. Dumanoir, que estaba en Cádiz, no quiso saber nada de Linois.

 Escuadra de Moreno Mondragón:

 NAVIO                           CAÑONES                     CAPITÁN

 San Fernando                    94                           Joaquín Molina

San Agustín                        74                           Ramón Topete

Argonauta                         80                            Herrera Dávila

San Hermenegildo          112                            Emparán de Orbe

Real Carlos                       112                           Esquerra Guirior

San Antoine (francés)       74                           Le Ray

 Además navegaba con ellos la fragata Sabina, de 40 cañones, aquella amiga de la puta Matilde con la que el capitán Stuar dio por el saco al Señorito en el Cabo Negrete, a la vista de la Batería de Cenizas.

 Según me comentó años después en Cádiz, él mismo, D. Juan Joaquín era partidario de meterse en el fondeadero de Gibraltar y machacar lo que quedara de los ingleses pero Durand Linois no aceptó esta solución pues ya tenía su parte de gloria (el Hannibal que él no había capturado) y no quería perderla, además de sufrir, en ese momento, una gran descomposición intestinal debida a algo que había comido. Moreno, para entonces, ya tenía mucha gloria colgada en su fajín y mucha pólvora en su casaca; tenía 66 años y llevaba 49 en la Armada.

 Cuando me lo contaba D. Juan Joaquín sabía, con 73 años, que en el estrecho dejó todas sus glorias: el estrecho se las dio y el estrecho se las quitó. Referiré esta conversación que tuvo lugar siete años después.

 –          Usted que hubiera hecho, Oquendo?.

–          Si me lo permite, no me gustan los subjuntivos, mi general.

–          Usted tiene acreditado el valor, hubiera entrado en Gibraltar?

–          Yo hubiera formado en línea de combate frente a Punta Carnero, virando por redondo y, ganando barlovento hubiera ido a por al inglés con los dos tres puentes en cabeza y todo el trapo al viento. Hubiera tratado de meter a los ingleses contra la costa para que Riosoto les hubiera puesto un lazo.

–          Y el francés?

–          Con permiso, mi general, al francés ya le hubieran dado por el culo, que era lo que le gustaba y por eso estaba loco por llegar al Mentidero. Pero, mi general, si se cañonean dos tres puentes españoles, ni usted, ni yo, ni Cristo Bendito hubiéramos podido hacer nada.

 La tarde del 12 de Julio partieron hacía Cádiz en tres líneas de frente, con los barcos franceses en cabeza y los españoles protegiendo sus popas. Las órdenes de Linois eran claras y refrendadas desde Cádiz; Moreno sabía que esto era un error táctico de primer orden, propio de un principiante: los franceses no hacían más de cuatro nudos y todos marchaban a esa velocidad dando la popa el inglés.

 Saumarez, al que le gustaban mucho las popas, salió de Gibraltar con lo que tenía y el Superb, del capitán Goodwin Keats con 74 cañones, que se le había unido. Esa noche sin luces el contralmirante inglés lavó la afrenta de Algeciras. Quien creen ustedes que pagó?.

 Mucho se ha escrito, pero la realidad es que, esa noche, se cañonearon entre sí el Real Carlos y el San Hermenegildo, los dos ardieron, explotaron y, al amanecer, la escuadra franco-española había perdido al Real Carlos, al San Hermenegildo y al Saint Antoine (antiguo San Antonio). Murieron 1.700 españoles.

 Linois, en la Sabina, siguió huyendo con el rabo entre las patas hasta entrar en Cádiz el día 13, a medio día.

 Moreno, al lado de Linois, no pudo hacer nada y los capitanes Herrera, Topete y Molina se las arreglaron con la escuadra inglesa de Saumarez; desarbolaron y mandaron contra la costa al Venerable de Hood y volvieron a batir con eficacia al Cesar de Brenton con Saumarez a bordo.

 Todo eso no valió para nada. Una vez más se vio qué querían los franceses y como combatían los ingleses: cuando Saumarez se quedó con tres navíos (Caesar, Spencer y Audacious) contra tres españoles (San Fernando, Argonauta y San Agustín), tomó su botín y sus heridos y se volvió a Gibraltar, igual que hicieron antes Jervis en San Vicente, Rodney en Cabo Espartel e hizo después Cadler en Finisterre.

  (To be continued)

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