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CAPITULO V (9). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (2).-

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (9). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (2).-

El día 16 de octubre de 1.805 yo tenía 33 años y en la Bahía de Cádiz estaban fondeados los siguientes navíos de guerra españoles.

ARMADA DE ESPAÑA DEL MANDO DEL EXCMO. SR. TTE. GRAL. GRAVINA

 NAVIO (CAÑONES)            CAPITÁN  BRIGADIER   GENERAL            BOTADURA

 Santísima Trinidad (136)     Uriarte                          Hidalgo Cisneros               1.766

Príncipe de Asturias (120)                         Hore         Gravina                             1.794

…………………………………………………………………           Escaño (Mayor General)

Santa Ana (120)                      Gardoqui                      Álava                               1.784

Rayo (100)                                                 Macdonnell                                        1.748

Neptuno (80)                                             Valdés                                               1.795

Ildefonso (74)                                            Vargas                                               1.785

Bahama (74)                                             Alcalá- Galiano                                   1.788

S. Juan Nepomuceno (74)                        Churruca                                             1.766

S. Agustín (74)                                         Jado Cagigal                                        1.766

Argonauta (80)                         Pareja                                                                 1.796

Monarca (74)                            Argumosa                                                            1.794

Montañés (74)                          Alcedo                                                                 1.794

Asís (74)                                    Flores                                                                 1.767

S. Justo (74)                              Gastón                                                               1.779

S. Leandro (64)                        Quevedo                                                              1.787

 Hacía ya cuatro semanas que habíamos recibido la orden de transbordar al San Justo, del mando de D. Miguel Gastón de Iriarte, mi antiguo comandante en la Matilde. En total 2 oficiales, cuarenta marineros y cincuenta y dos artilleros, procedentes de la Flora, fuimos embarcados en el San Justo.

 Debido a lamentable estado de fuerza de los buques, hubo que mandar al arsenal a alguno para poder armar convenientemente a otros, fue ese el caso de la Flora.

 Era penoso ver que solo la mitad de los buques tenían llaves de chispa y se habían hecho pruebas con el morterete porque la pólvora que estaba embarcada no tenía la potencia de ordenanza. Nos daba la mitad de alcance (en Toesas) que la pólvora de ordenanza.

 Tres años antes, la Flora fue comisionada para formar parte de la escolta de los reyes de Eturia en su travesía mediterránea hasta España. En esta ocasión embarcó, y tomó el mando, el entonces Capitán de Navío y ahora brigadier  D. Rafael de Hore, con el que trabé buena amistad.

 Después de la Paz de Amiens, en el año 1.803, el amigo Godoy trató de hacer lo imposible: permanecer neutral entre Francia e Inglaterra pero pagando a Francia, para que esta reconociera la neutralidad. En caso contrario Francia amenazaba con una invasión. Así entendía Napoleón la “alianza” y así se entendía con Godoy. Dos grandes amigos.

 Naturalmente, ante esta neutralidad tan extraña, Pitt, el primer ministro inglés, decidió que Inglaterra también quería cobrar la neutralidad de España, por las buenas o por las malas.

 En 1.803 y 1.804, España pagaba a Francia en oro y barcos e Inglaterra se cobraba en barcos con todo lo que tenían dentro. Hubo numerosas agresiones, con violación flagrante del derecho internacional. España no estaba en condiciones de responder a tales agresiones.

 Hubo muchos incidentes con buques menores, pero el hecho que colmó el vaso de la paciencia fue la captura de una división de cuatro fragatas que volvían de Montevideo y Lima cargadas de caudales.

 D. José Bustamante y Guerra, colega de D. Alessandro, mandaba una división de cuatro fragatas, a saber, la Mercedes, la Medea, la Clara y la Fama; fueron detenidas, cañoneadas y capturadas las tres últimas y hundida la primera en tiempos de paz, frente al cabo Santa María, en el Algarve portugués.

 De igual manera, la Matilde fue capturada, el 22 de octubre de 1.804, por el navío Donegal (capitán Strachan) y la fragata Medusa. El capitán de navío D. José de la Guardia, comandante en esos momentos de la Matilde, me contó años después que hubieran podido huir, cuando vieron a los buques ingleses, pero que no se esperaba esa reacción. Fue la Medusa la que la capturó, ya dije que, a la Matilde, los navíos viejos le gustaban mucho, pero las fragatas jóvenes, muy poco; una vez capturada sirvió, como HMS Hamadryad, diez años más, la Matilde “servía” bien a todo el mundo; era una “chica de buen conformar” y de los ingleses puedes esperar cualquier cosa.

 El capitán de la Guardia, izó el pabellón español y lo afirmó soltando un cañonazo con bala…nada había que hacer ante una fragata de 44 cañones y un navío de 74. Este acto solo pretendía dejar claro que era una captura ilegal. Un acto de guerra.

 Estos incidentes culminaron con la declaración de guerra que el Rey cuarto de los Carlos Borbones hizo a su primo, el rey de Inglaterra, tercero de los Jorges Hannover, a primeros de diciembre de 1.804.

 Después de esta declaración de guerra al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, España se echó en brazos de Napoleón…una mala madrastra.

Después del bloqueo de Brest, en el que el emperador había “repudiado” a Mazarredo, por ser muy poco afrancesado, D. Federico Gravina se había hecho cargo de la flota.

 Federico Gravina y Napoli era un marino que, si bien formado en la Escuela de Guardiamarinas de la Isla de León, no era español. Había acreditado, a lo largo de toda su vida, su lealtad, su fidelidad y su amor a España, pero no era español y esto lo había dejado patente en cartas al propio emperador: “no me obliguéis a luchar contra mi patria”, contestó a Napoleón cuando le propuso la invasión de Sicilia.

 En enero de 1.805, Gravina era el séptimo de los tenientes generales de la Armada de España, y el más joven (47 años). Los seis primeros eran:

 1º.- Araoz, Capitán General de Cuba.

2º.- Mazarredo, cabreado y fuera del servicio en Bilbao.

3º.- Gil y Lemus, Director General de la Armada.

4º.- Borja, Capitán General de Cartagena.

5º.- Tejada, Capitán General de Ferrol.

6º.- Aristizabal, Capitán General de Cádiz.

 En esa época las Capitanías las ostentaban los Tenientes Generales.

 Godoy puso a Gravina al frente de todas las negociaciones con Francia y su emperador porque el italiano le gustaba mucho al francés. No valía Mazarredo, no valía Grandallana, no valía Borja y no valía ninguno que se opusiera a las consideraciones del Corso, como era el caso de los seis tenientes generales que encabezaban el escalafón.

 El ministro francés, Sr. Decrés, y nuestro embajador en la corte del emperador, Sr. Gravina, acordaron los navíos, las fragatas y los suministros que cada capitanía debería aportar a la campaña que se avecinaba y esos acuerdos excedían, con creces, las capacidades de los arsenales españoles, que estaban en estado de “desarme”, por orden de Godoy, desde dos años antes.

 El Teniente General Gravina, además, propuso los nombramientos de los generales y capitanes de navío de su escuadra.

 El Teniente General Gravina disfrutaba todo lo que podía.

 Lo curioso de esa negociación fue que lo que se “negociaba” era lo que ponía España, nada se hablaba de lo que tenía que poner Francia. En realidad, Gravina fue a Paris a recibir órdenes.

 El Teniente General Gravina fue a Paris a consumar lo que el Brigadier Malaspina había anticipado en 1.795: Francia quiere la destrucción de la Armada, del mismo modo que lo quiere Inglaterra. Esto le costó, a D. Alessandro, 10 años de presidio y el destierro posterior.

 Este planteamiento (la destrucción de la Armada de España), en 1.805, ya no tenía mucho fuste, dado que desde 1.795 España no construía buques de guerra, de modo que los más modernos tenían ya 10 años en sus cuadernas. El más viejo, el Rayo, navegaba desde hacía 57 años.

 La muerte de un buque de guerra es la inactividad, como se comprobó después con el Príncipe y el Santa Ana que se fueron a pique, en La Habana, por falta de carena.

 En 1.805, el estado de postración de España era absoluto. El cuarto de los Carlos Borbones y el Señor Duque de Alcudia y Príncipe de la Paz, llamado así por su victoria en la Guerra de las Naranjas, nos habían llevado a ese estado de miseria.

 En abril de 1.805, Villeneuve salió de Tolón con la escuadra francesa, burlando el bloqueo de Nelson, que lo dejó salir porque quería pillarlo en alta mar. Al pasar por Cartagena, solicitó de Borja que se le uniera la escuadra que, según los acuerdos, se le debería unir. Borja y el Jefe de la Escuadra D. José Justo Salcedo, no le mandaron los barcos con excusas dilatorias. Borja y Salcedo no eran afrancesados, así que Villeneuve siguió hasta Cádiz donde se le unió Gravina, que sí lo era, con los navíos Argonauta (insignia), Terrible, San Rafael, Firme, España y America, además de la fragata Magdalena.

 Quedaron armados en Cartagena los navíos Reina Luisa (112), San Carlos (112), S. Francisco de Paula (74), Guerrero (74), Asia (64), S. Pedro (64) y la fragata Soledad (34)

 En realidad, en Cádiz, no se le unieron todos; Villeneuve intuía que Nelson le pisaba los talones, no quiso esperar a que salieran todos y con el Argonauta y el América, navegando en conserva de su flota, puso proa a la Martinica.

 El Terrible, el Firme, el San Rafael y la fragata Magdalena atravesaron el Atlántico “a riesgo y ventura” y se unieron a la flota combinada en Fort de France.

 Por esas fechas D. Silvestre tenía una razón y una justificación para hacer lo que hacía. La razón era que estaba muy flojo de recto ante la idea de volver a encontrarse con D. Horatio; después de lo de Aboukir, D. Silvestre se despertaba empapado en sudor solo de pensar en el amante de la Hamilton y la suerte que tuvo él en la bahía egipcia.

 La justificación era que tenía que cumplir las órdenes de su emperador que, como todo el mundo sabía, era un gran estratega, sobre todo en la mar.

 Nosotros, con la Flora, estábamos en Ferrol y el Teniente General D. Domingo Pérez de Grandallana se había hecho cargo de la escuadra, izando su insignia en el Príncipe de Asturias.

 Yo mantenía correo regular con Ana María en el que me contaba la marcha del negocio y las grandes penurias que tenía D. Juan Joaquín para armar y abastecer los buques que habían quedado en La Carraca. Tuvo que recurrir a una leva de vagos y maleantes para dotar de personal a los barcos.

 D. Juan Joaquín Moreno Mondragón había sustituido, interinamente, al Capitán General Aristizabal por enfermedad de este.

 En la Armada había tres tipos de personal: 1º.- los de Matricula, que eran más o menos profesionales. 2º.- Los Voluntarios, que eran asalariados para una campaña determinada y 3º.- los de Leva o de presidio.

 El Teniente General Moreno Mondragón había estado en San Vicente, en la del 14 y en Algeciras en la del 11. Ahora se enfrentaba a su tercera derrota y él lo sabía pero cumplía, aseadamente, con su responsabilidad, después de 60 años en la Armada.

 Todo el mundo, en Cádiz, sabía, o por lo menos intuía, lo que sea avecinaba porque hacían acopio de alimentos y productos de primera necesidad, lo cual era muy bueno para nuestro negocio.

 Villeneuve y Gravina estuvieron dos meses en el Caribe, hicieron un poco el tonto, y regresaron a Europa. Todos suponíamos que se dirigirían a Brest a reunirse con la escuadra francesa de Ganteaume que allí estaba bloqueada y, todos juntos, limpiar el Canal de la Mancha. Napoleón tenía 300.000 hombres acantonados en el Bois de Boulogne listos para invadir Inglaterra.

FINISTERRE1

 La idea de Napoleón, que era reunir a todas las escuadras españolas y francesas y derrotar a los ingleses cerca de la isla D’Ouessant, no hubiera sido mala del todo si hubiera tenido comandantes valientes, pero con Villeneuve, Ganteume, Gourdon y Allemand no había ninguna esperanza. Eran todos de nuevo cuño, trepas que habían accedido al generalato como consecuencia de la Revolución.

FINISTERRE2

 Villeneuve y Gravina se encontraron el día 22 de julio con la escuadra de Cadler. La Combinada tenía 20 navíos y Cadler 14; la combinada tenía el barlovento, pero la Combinada no recibió las órdenes, esta vez a causa de la niebla, y los navíos franceses no entraron en combate, se mantuvieron navegando en paralelo con los ingleses durante tres días y luego se refugiaron en Vigo.

FINISTERRE3

 Gravina, a la cabeza de la formación, con el Argonauta hizo los movimientos tácticos necesarios para ganar la batalla, pero los franceses no entraron en combate y perdimos 2 navíos, el Firme y el San Rafael.

 Gravina, al frente de la formación y en un día de niebla cerrada, cuando un navío solo ve al que tiene delante, viró dos veces, con el barlovento a favor, para pillar a la armada de Cadler en desventaja. Gravina hizo lo que debía e infringió a Cadler un duro castigo dejando muy mal parados a 5 de sus navíos, aún a costa de perder dos y dejar muy averiados a otros dos.

FINISTERRE4

 Naturalmente, Cadler hizo lo que pudo pero no pudo evitar el duro castigo que llevaron varios de sus buques. Sí, evitó lo que pudo ser un desastre para la Armada Inglesa y para Inglaterra. Luego lo juzgaron por cobarde, muy pocos entendieron que Cadler, con su actuación en Finisterre, salvó a Inglaterra.

A las 16,00 del día 22 de julio de 1.805 los barcos españoles Argonauta, Terrible, América, España, Firme y Rafael, secundados por los franceses Plutón, Mont-Blanc y Atlas, habían infringido un durisimo castigo a la flota inglesa que tenía ingobernables al Windsor Castle; sin respuesta al fuego al Hero, al Ajax y al Barfleur y fuera de la línea y muy averiados al Glory y al Malta. Villeneuve, desde el Bucentaure, y los seis navíos que le seguían no envolvieron la retaguardia inglesa y cuando Gravina ordenó aflojar vela, para facilitar la maniobra de Villeneuve…..el amiguete también aflojó vela, en vez de forzar y doblar por sotavento, dejando muy claras sus intenciones.

 En superioridad numérica y táctica Villeneuve no quiso pelear y, al menos, uno de los Villavicéncios (Rafael), se fue con el Firme para Inglaterra. Ni  Firme ni Rafael valían para nada, se quedaron de pontón para prisioneros….pero nos devolvieron al Villavicencio, los ingleses tontos no eran.

 En una visita que hice al Observatorio, para conversar con mis antiguos compañeros, me encontré con el Teniente General Moreno Mondragón, a la sazón Capitán General de la Zona Marítima, y hablamos de los combates de  San Vicente, Algeciras y Finisterre.

1 DE AGOSTO

 –          Imagine, mi general, si Villeneuve nos avisa de su llegada, con alguna de las seis fragatas que llevaba.

–          Estabais preparados?.

–          El 22 de julio, el Teniente General Grandallana disponía, listos para navegar, de 14 navíos (9 españoles y 5 franceses) en Ferrol. Villeneuve traía catorce, incluidos los de Magon, imagine, mi general, si nos hubiéramos unido y machacado la escuadra de Cadler.

–          Cadler lo sabía, por eso hizo lo que hizo. Cuando vio que el francés se dirigía a Ferrol, él salió a toda vela a reunirse con Cornwallis. No te olvides que Gravina y Grandallana no son muy amigos.

–          Imagine, mi general, si después de deshacer los quince de Cadler y reunidos los veinte de Villeneuve, los 9 de Grandallana y los 5 de Gourdon, un total de 34 navíos navegando hasta Brest, donde Gentaume tenía 21 navíos más, eso nos da la respetable cantidad de 55 barcos de guerra, sin contar con los 6 que Allemand tenía en Rochefort, en cualquier caso, con el debido respeto, para hacer la guerra no hace falta ser amigos.

–          Nelsón y Collingwood estaban en Gibraltar con 30 navíos y hubiéramos pillado a Cornwallis con 20 navíos. Ahora el escenario es totalmente opuesto.

 El error estratégico de Nelson, dirigiéndose a Gibraltar, dejó en desventaja la zona del canal, pero nadie lo aprovechó. Desde el 22 de julio hasta el 15 de agosto Inglaterra estuvo en mucho peligro.

 Nelson era un egocéntrico que buscaba la gloria y la muerte en combate y lo consiguió. Villeneuve sospechaba que el Señorito le quería dar por el camino más directo para el amor.

 Lo sabíamos todos, pero todos, todos. Los ingleses también, y concentraron, en las inmediaciones de la isla de Ouessant, 54 navíos al mando del almirante Cornwallis. En el momento crítico de la campaña, los ingleses hicieron lo que debían; Cadler hizo lo que debía y navegó hasta D’Oissant, con noticias de primera mano sobre las posiciones de las flotas y con dos navíos españoles capturados. Collinwood mandó, así mismo, once de sus quince navíos a la fiesta. Los Ingleses creían, en ese momento, que el gran combate se daría en aguas del Canal. Nelson llego a D’Oissant, con sus navíos, el 15 de agosto….reunidos 55 navíos, se fue de vacaciones. Después de dos años en el mar y con sus cosas en orden, fue a despedirse de su odalisca, lo cual es muy sintomático.

 El día 16 de octubre de 1.805 hacía ya 8 días que el Consejo de Guerra, a bordo del Bucentaure, había determinado la inconveniencia de salir a la mar, sobre todo con viento de poniente.

 Además de la española, la escuadra francesa fondeaba en la bahía:

ARMADA FRANCESA DEL MANDO DEL ALMIRANTE D. SILVESTRE VILLENEUVE

NAVIO (CAÑONES)                         CAPITÁN              BRIGADIER               GENERAL       

Scipion (74)                                            Berenguer

Intrepide (74)                                        Infernet

Formidable (80)                                    Letellier                                           Doumanoir

Dugnay-Trouin (74)                                Touffet

Mont-Blanc (74)                                       Villegris

Heros (74)                                                  Remi Poulain

Bucentaure (80)                                      Magendie         Prigny                  Villeneuve

Neptune (80)                                            Maistral

Redoutable (74)                                      Lucas

Indoptable (80)                                      Hubert

Fougueux (74)                                       Baudoin

Pluton (74)                                             Kerjulien

Aigle (74)                                                Gourrège

Algesiras (74)                                       Bronard                                                   Magon

Swift-Sure (74)                                    L’Hospitalier

Argonaute (74)                                   Epron

L’Achille (74)                                       Denieport

Brewick (74)                                        Camas

Dos escuadrillas de 5 navíos, cada una, protegían la entrada a la bahía, mandadas por D. Dionisio y al amparo de los castillos de San Sebastián y Santa Catalina.

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