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CAPITULO V (10). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (3).-

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (10). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (3).-

  En la primera quincena de agosto perdimos la ventaja estratégica y, aunque no lo sabíamos, ahora íbamos a perder la ventaja táctica.

  Cuando Napoleón se enteró que el mierda de su almirante, en vez de ir a Brest, había ido a Cádiz aprovechando la tercera opción de las órdenes anteriores (ir al Mediterráneo), que solo debían cumplimentarse en el caso extremo de no poder cumplir las dos anteriores (ir a Brest), mandó un sustituto para que D. Silvestre volviera a Paris para tener un “rendez-vous” con su Majestad Imperial.

  Si se hubiera producido, aquel acontecimiento me hubiera gustado verlo. Napoleón medía 1,55m y Villeneuve 1,90m. Qué maravilla!!!, un enanito valeroso y verde de ira dando la bronca a un gigante cobardica y blanco de miedo.

  –          Mesié Villeneuve, incline usted el togso y muéstrgeme el culo que le voy a disciplinag.

 –          Vuestrga Majestad Impeguial me azotagá el culo con una gegla?

 –          Oui, mesié. Cobagde, gallina, capiten du les sagdines!!!.

 La flota combinada estaba anclada, dentro de las agujas de la bahía, desde agosto y, por tanto se daban permisos para que parte de las tripulaciones bajaran a Cádiz y se fueran a Naja que era donde estaban las mejores tabernas y las señoritas que fumaban.

 Los comandantes de los barcos también bajaban a tierra de vez en cuando y, en una de estas “bajadas a tierra” conocí a D. Julián María Cosmao-Kerjulién, comandante del Plutón que era un 74 cañones francés botado en 1.803.

                                                Julien Cosmao-Kerjulièn- Comte. del Plutón 

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Estábamos cenando, en un establecimiento con vistas a la Caleta, D. Miguel María Gastón de Iriarte, D. Julián María Cosmao-Kerjulién, D. Luis Antonio Cipriano L’Infernet, D. Etienne de Lucas, el teniente de navío Francisco María Boulet y este su humilde servidor.

La cena, a instancias de los franceses, era por la admiración que sentían por D. Miguel, desde diciembre del 96, después de lo que le hicimos a la Minerve y el canguelo que le entró al Señorito Nelson cuando le pasamos, a contramarcha, y le metimos dos andanadas en el combés. Hablaban muy mal español y L’Infernet también hablaba mal el francés, pero podíamos entendernos.

L’Infernet era un tipo alto, bien parecido y con voz de trueno. Contaban que no usaba la bocina. Era provenzal, del sur de Francia. Mandaba en L’Intrepide, que era el antiguo Intrepido español, un Romero Landa de 74 bocas de fuego.

                                                     Ciprien de L’Infernet-Comte. del Intrepido

l'infernet

–          Mesié Gastón, mon capitén, gueturné pur batig la Minegve avec la Matilda…qué cohone!!!, 44 contrga 32 cañons.

  El capitán Gastón contestaba.

  –          Era nuestro deber, pusimos fuera de objeto a la Blanche, la rompimos el mastelero de gavia y volvimos a rematar a la Minerva. Tengan en cuenta que el capitán Stuart, antes de bajar la bandera, ya le había dado lo suyo, en inferioridad de condiciones. En cualquier caso la Perla y la Ceres venían a todo trapo a ayudar, Nelson consideró prudente retirarse sabiendo lo que se avecinaba.

 –          Se guefiegue a la du catogse?- manifestó Lucas-

–          Oui, mesié.

 –          Oh!, fantastic batalle….daguía un bgaso pog habeg estado allí.   –decía L’infernet–.

 El capitán Gastón se estaba haciendo un poco de lio. Lo de la Matilde y la Minerva fue en diciembre de 1.796 y lo de San Vicente, en febrero de 1.797, entre esas dos fechas el capitán Gastón sufrió un acontecimiento mucho más doloroso que ensombreció lo demás y de lo que huía Nelson era del Príncipe que venía detrás de la Ceres y la Perla. La pena nuestra, y no nuestro mérito, fue que Nelson se nos escapó.

                                      Miguel María Gastón de Iriarte-Comte. del San Justo

Gaston-hijo

–          Nosotros también sufrimos, la Blanche me mató a 7 hombres y me hirió a 16 más, y el capitán Oquendo (entonces novel oficial) por poco si se intoxica con el humo.

 –          Pego guescató a la Sabíne y captugó a Hardy.

 –          Ciertamente, y lo cambiamos por Stuart, que estaba en poder de Nelson.

 –          Valía más Stuart que Hardy?

 –          Quien mide el valor de los hombres?. Quien conoce el futuro?. El futuro, señor, siempre es incierto. Se hace cierto cuando es pasado. En cualquier caso Stuart valía más que Hardy, porque, además de Hardy, les dimos a los otros 30 que estaban en la Sabina.

 Cosmao-Kerjulièn era un valeroso y bien parecido capitán que entró en la marina francesa como voluntario (con 15 años), en contra de los deseos de su padre que era notario, y había ascendido a Capitán de Navío recientemente después de una muy brillante carrera de enfrentamientos con los ingleses.

 En la presente campaña, mandando el Plutón, había dirigido la toma del islote del Diamante en la Martinica y, después de la maniobra de Gravina, había acudido a sostener el fuego de los buques españoles en la reciente del Cabo Finisterre. Cuando el Firme y el Rafael se sotaventearon y cayeron en la línea inglesa, el Plutón forzó vela y acudió a la defensa del España, impidiendo que lo doblaran por la popa y cayera en manos inglesas.

 El Plutón era un navío de 74 cañones botado en 1.803 (nuevecito!!!), tripulado por marineros que adoraban a su capitán y adiestrados por él, educados en el sacrificio y el honor. El 22 de Julio de 1.805, el Plutón descargó con fuerza sobre el Widsor Castle y el Agamenon (dos tres puentes) y sobre el Difiance, de 74 y, luego, volvió a la línea. Aquello le valió la felicitación y el sincero afecto del Teniente General Gravina. El capitán Cosmao era más partidario de maniobrar y disparar que de esperar a que le dispararan.

 –          Mesié Oquendo, he oído hablag de usted, lo que hizo con la Tegpsichog. Lo del 96 fue su debut?

 –          Oui mesié, debuté con picadores del mando del capitán Gastón. Fue mi bautismo de fuego y el capitán Gastón, mi padrino.

 –          Luego estuvo con Hidalgo de Sisnegos en San Vinsen, no?.

 –          Dos meses después confirmé mi alternativa en plaza grande, estuve en la del 14, con la Matilde, y remolcamos al Trinidad, mientras D. Cayetano y D. Baltasar se metieron entre los ingleses y el nuestro soltando mala baba por estribor.

 –          Cuente, cuente, Oquendo. –dijo D. Miguel Gastón-

 –          Señor, con el debido respeto. D. Cayetano nos mandó tirar del Trinidad para orientarle y que pudiera disparar, ya que estaba desarbolado. Lo hicimos mientras el Pelayo y el Pablo se metieron entre nuestra insignia y el Orión (74) de Saumarez que, después del Blenheim (98) de Lenox y el Irresistible (74) de Martin, venía a sacudir a Córdova; cuando vio aquello, Jervis salió por viento y vela, con lo que ya había pillado. Cuando el Trinidad, desarbolado y lleno de agujeros, volvía solo a Cádiz, la Therpsichore, del mando de Mr. Bowen, le enfrentó e intentó batirle. Orozco pudo maniobrar y le metió media docena de balas de a 36 en el trinquete. El día 2 de marzo, cuando la flota regresaba a Cádiz, vi a Bowen acechando al Trinidad, solicité pero no obtuve permiso para perseguirle. Cuando me encontré a la Therpsichore, en agosto de 1.797, a Mr. Bowen me lo habían matado en Tenerife (por insolente y por inglés), lo que me ahorró tener que matarle yo, y la Terpsichore, que venía averiada, fue presa fácil para la Matilde y pasó a ser la Matadora, una pasada por popa fue suficiente. La Matilde nunca consintió que se metieran con sus hermanas y la Terpsichore había capturado a la Mahonesa, esto era “lesa fraternidad” para la Matilde. Quid in gladio occiderit, gladio peribit!!!!.

 –          Megveyes!!! –manifestó Lucas-. Gladio occiderit!!!. Pego usted habla de la Matilde como si tuviega vida prgopia!!.

 –          La tenía. La Matilde estaba embrujada. Maniobraba eligiendo a quien atacar, cuando ella quería no hacía falta tocar la rueda del timón para que hiciera los movimientos correctos. Cuando vimos a la Therpsichore se fue, como una loba, a por ella, la engañó en la primera pasada a contramarcha y luego se fue directa a por la mesana.

 –          Fantastic, fantastic…mesié, pego mucho me temo que fue usted el que hizo aquello y el que lo descrigbe ahoga….bebamos a la salud du le pute Matilde y del capitán de fgagata Oquendo. –dijo Lucas-

                                                Etienne de Lucas-Comte. del Redoutable

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–          Viv la Matilda et viv la Frgans. –dijo L’Infernet, con voz de trueno-.

 En ese momento bajaba por las escaleras que comunicaban con la planta superior el brigadier D. Cosme Churruca, nos vio y se acercó a la mesa. Tenía los mofletes colorados y los botones de sus pantalones delataban que no hacía mucho que se los había bajado. Todos nos pusimos en pié y el capitán Gastón le saludó.

 –          A tus órdenes, brigadier.

 –          Señores, me permiten brindar con ustedes?

 Lucas le alargó un vaso de vino y D. Cosme, poniéndolo a la altura de su barbilla dijo:

 –          Viva la Matilde y Vi-vaspaña!!!

 Un rotundo y contundente Vi-va!!!….resonó desde el sótano hasta la tercera planta del edificio.

 –          Mon yeneral, -dijo Lucas-, navegagá con nosotros hasta el avegno?.

 –          Sí, caballero, navegaré con ustedes y defenderé mi bandera.

 –          Hasta que no haya más guemedio que agiagla. -dijo Cosmao-

 –          Señor, si ve la bandera de mi barco arriada, bien puede decir que estoy muerto.

 El capitán Cosmao estaba convencido del desastre que se nos avecinaba y sabía perfectamente que las maniobras iban a ser definitivas. Había recibido reprimenda por su actuación en Finisterre y ahora el orden natural de marcha intercalaba barcos franceses con españoles. Ya no cabía la estrategia de desgastar a la escuadra española, la guerra era contra ellos. En la siguiente, todos deberíamos arrimar el hombro.

 D. Etienne de Lucas era un mini-capitán, conocido en la armada francesa como “le petit Lucas” porque medía 1,55 m. Creía firmemente en el “acto de guerra” y estaba loco por entrar en combate. Adiestraba a su tripulación de forma marcial dando preferencia a las compañías de infantería que llevaba a bordo (del 2º de línea con el capitán Puossier)….creía en el abordaje, era su táctica preferida saltar a la cubierta del buque enemigo y cortar cabezas y miembros, a sablazos, en el cuerpo a cuerpo, lo cual, con esa estatura, denotaba cual era su gusto. Elegía siempre compañeros y camaradas una yarda más altos que él.

 De Lucas (1,55) y L’Infernet (1,95), lógicamente, eran habituales socios de juergas en los garitos de Cádiz, El Puerto y Naja…se les veía, sin prejuicios y haciéndose acompañar por sus hombres, disfrutar de vino y señoritas de moral relajada; algunas, incluso, fumaban!!!. En locales de muy buena reputación.

 La diferencia entre uno y otro era que mientras de Lucas era educado, amable y con conversación amena, L’Infernet era un ogro. Mientras el “petit capitain” ganaba el amor de sus hombres, L’Infernet ganaba el miedo.

 En la armada francesa, como en la española, había capitanes que no eran partidarios de salir estando la estación tan avanzada y les parecía mejor estrategia la de esperar en puerto a que se presentara una oportunidad mejor, una vez desaprovechada lo de primeros de agosto. Sin duda el invierno la proporcionaría.

 Villeneuve se enteró, el día 18 de octubre de 1.805, que Rosily estaba en Madrid y venía a sustituirle.

 Villeneuve, en 1.805, era un neurótico-paranoico obsesionado con el Señorito Nelson. Después de lo que presenció en Aboukir, cuando Brueys D’Aigalliers ancló los barcos y permitió que Nelson tirara a los patitos una noche entera, se cagaba de miedo cada vez que alguien le mencionaba el apellido de D. Horatio.

 Como se demostró en Algeciras, anclar los barcos no era mala idea siempre que tuvieras detrás las baterías de Fuerte Santiago e Isla Verde y, en cualquier caso, Linois hizo lo mismo que Brueys, anclar demasiado lejos. La diferencia?, en Aboukir no estaban los artilleros, en Algeciras estaban Velasco y los suyos y el Hannibal pasó a ser barco francés y el Cesar y su matalote, el Pompee, dos barcos agujereados.

 Siempre ha habido dos clases de hombres. Los que se levantan, después de una derrota, y ansían fervientemente la revancha y los que se cagan por las patas y huyen. Linois y Villeneuve eran de los de la segunda clase.

 Rosily-Mesros era más científico que militar, estuvo con Ives Kerguelen explorando el Índico-sur en la década de los ochenta. Era hijo de un conde marino que llegó a Jefe de Escuadra, con base en Rochefort. Se libró de las depuraciones de la Revolución porque estaba en el Pacífico. En la década de los noventa, a las órdenes de Napoleón, prestó importantes servicios reconociendo y cartografiando toda la costa africana. Ahora venía a Cádiz a tomar el mando de la combinada franco-española. Era un gran jefe y, desde luego, cobarde no era. Era, pienso yo, un maestro en el arte de lo posible, como demostró después. En la vida, son los actos los que definen a las personas.

 Rosily nunca arriesgó, sin sentido, la vida de sus hombres y, desde luego, no la arriesgó por interés personal, por condecoraciones o mandos.

 Recuerdo aquella tarde del 18 de octubre. A las 17,30, después de ver las señales, bajé a la cámara del capitán Gastón:

 –          Mi capitán, el francés dice que todos a bordo, que metamos dentro todos los equipajes.

 –          Gracias Roque, que dice Gravina?.

 –          Ha repetido las señales.

 –          Pues adentro todos los botes y abajo todos los que no sean tripulación de este barco. Cumpliremos las órdenes, saldremos con lo que tenemos.

 A la hora de la cena, el capitán Gastón me mandó llamar para que cenara con él. Estaba sumamente tranquilo.

 –          Roque estamos en una situación comprometida. Has hecho testamento?.

 –          A qué se refiere, mi capitán?.

 –          Habrás observado que tenemos Poniente.

 –          Sí, señor.

 –          No podemos salir. Si salimos con Poniente nos achicharran. La única oportunidad es ganar el barlovento.

 –          Usted cree que Gravina dará la orden de salir?.

 –          Sí Roque. Federico está convencido de seguir la suerte que siga la Combinada, pero ni siquiera el francés puede ser tan incompetente como para mandar salir con el viento en contra. No saldremos y en dos o tres días estará aquí el sustituto de Villeneuve.

 Gastón mandaba la Sabina con la insignia de Moreno Mondragón en la batalla del Estrecho cuando se perdieron el San Hermenegildo y el Real Carlos, maniobró con destreza para mantener, en todo momento, las comunicaciones y la transmisión de órdenes, lo que hizo que Saumarez se volviera a Gibraltar, tan contento de la actuación de los españoles. Esto, lo refiero a los efectos enunciados al principio: “Cuando no estuve, el que me lo contó sí estuvo”.

 Aunque nadie nos lo podíamos creer, a las 6,00 de la mañana del 19 de Octubre el almirante francés izó la señal de “dar a la vela”, la cual fue repetida en el mayor del Príncipe a las 8,30.

 Con viento del W1/4SW el almirante mandaba salir de la Bahía!!!. Con intención de ir…donde?

                                       La Bahía de Cádiz, según la levantó Mazarredo

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El mesié Thiers dice que D. Silvestre dijo, el día de Trafalgar, “en medio de esta matanza, no hay una bala para mí?”, lo cual es incierto y más adelante explicaré por qué, pero adelanto: de ninguna de las maneras Villeneuve tenía intención de morir.

 En primer lugar dejó muy claro, en el consejo de guerra, a bordo del Bucentauro, que no quería salir y si lo hizo fue solo cuando se enteró que lo sustituían.

 En segundo lugar se aseguró navegar con el Trinidad como matalote de popa y el Neptune, un 80 cañones, como matalote de proa.

 En tercer lugar las órdenes de maniobra, durante los días 20 y 21, lo dejan al descubierto.

 Todo lo que sucedió fue responsabilidad suya.

 Paso a explicar el orden de combate que nos fue hecho llegar desde el Príncipe de Asturias y que todavía conservo entre mis papeles.

 El general Escaño, Mayor General de la flota distribuyó el orden y los distintivos de cada buque, así como las fragatas de señales y lo hizo llegar a cada capitán, con acuse de recibo.

 Efectivamente, iríamos intercalados. Lo de Finisterre no se podía repetir por mucho que los tratados que firmaban en Madrid nos dejaran en manos de los franchutes.

Cuerpo de la Armada (Villeneuve) Grimpolones   Comandante
                              NAVÍO                                 FRAGATA
Segunda escuadra, grimpolon al trinquete 1 Plutón Rojo                         Cosmao
2 Monarca Azul                      Argumosa
3 Fogueaux Amarillo                   Baudoin
4 Santa Ana (Alava) Rhin Blanco                    Gardoqui
5 Indomptable Rojo y blanco            Hubert
6 Justo Azul y blanco             Gastón
7 Intrépide Azul y rojo                Infernet
Primera escuadra, grimpolón al palo mayor 8 Redoutable Rojo                          Lucas
9 Leandro Azul                        Quevedo
10 Neptune (F) Amarillo                   Maistral
11 Bucentaure (Villeneuve) Hortense/Furzi Blanco                   Magendie
12 Trinidad Rojo y blanco            Uriarte
13 Hero Azul y blanco   Remi-Poulain
14 San Agustín Azul y rojo       Jado Cagigal
Tercera escuadra, grimpolón al mesana 15 Mont-Blanc Rojo                       Villegris
16 Asís Azul                        Florez
17 Duguay Trouin Amarillo                  Toufett
18 Formidable (Dumanoir) Cornelie Blanco                     Letellier
19 Rayo Rojo y blanco        Macdonell
20 Scipion Azul y blanco        Berenguer
21 Neptuno (E) Azul y rojo                 Valdés
 
Escuadra de observación Grimpola         Comandante
Primera división, grimpola al trinquete, grimpolita roja al mesana 1 San Juan Rojo                    Churruca
2 Berwick Azul                        Camas
3 Príncipe (Gravina) Themis/Argus Amarillo                   Hore
4 Aquilles Blanco                 Denieport
5 San Ildefonso Rojo y blanco          Vargas
6 Argonaute (F) Azul y blanco             Epron
Segunda división, grimpola al mesana, grimpolita blanca al trinquete 7 Swift-Sure Rojo                  L’Hospitalier
8 Argonauta (E) Azul                           Pareja
9 Algesiras (Magon) Hermione Amarillo                   Bronard
10 Montañés Blanco                      Alcedo
11 Aigle Rojo y blanco         Gourrege
12 Bahama Azul y blanco   Alcalá-Galiano

Navío
Príncipe de Asturias, en Cádiz, 1º de octubre de 1805.- Antonio de Escaño.

  El 19 de Octubre estuvimos todo el día mareando y dando bordadas para salir y terminamos el día, sin salir, fondeando. Era muy difícil dar bordadas pequeñas con tantos barcos alrededor. El peligro de abordaje hacía que las tripulaciones novatas se desgastaran más de lo necesario pero tenía la ventaja del entrenamiento. Todo el día dando voces, órdenes y blasfemando en latín y castellano.

  –          Mi capitán estoy tentado de despellejar a alguno de los gavieros. No saben trepar por los flechastes, Dios mío!!!! van a caer como moscas secas.

 –          Roque, ya le dije que es muy difícil lo que quiere el francés. Tómatelo con calma, no asesines a nadie, nos van a hacer falta mañana. Mándales subir y bajar; tomar rizos y soltarlos; orientar jarcia….que se habitúen a la maniobra, de eso depende sus vidas… y las nuestras.

  El capitán Gastón, D. Miguel María, me trataba de usted en público y de tú en privado.

  –          En la Matilde no teníamos estos problemas, mi capitán.

 –          Ah! La Matilde, que puta era!!!. Antes o después te va a abandonar.

 –          Muy nerviosa, tenía la quilla revirada a babor. Un problema de diseño. Los que le pusieron la quilla se equivocaron de madera. Tiene usted razón, vio al Donegal y se fue con él, y eso que el Donegal era 15 años más joven y con acento francés. Qué puta era!!!.

 –          15 días después de lo de Nelson, murió mi padre en Cartagena. Tengo malos recuerdos de aquellos días.

 –          Lo siento, mi capitán.

 –          Ahora, debemos tener muy claro que el San Justo no es un barco de mucho andar y muy duro de virar, esas dificultades debemos suplirlas con mucho trabajo y celo en el cumplimiento del deber. Roque, no debemos quitar el catalejo del mayor de Gravina. Estos gabachos nos la van a liar, con toda seguridad.

  El día 20 de Octubre amaneció aturbonado y el viento había rolado a NNE. A las 6,30 Gravina ordenó salir a toda la flota. En realidad el Bucentaure y seis barcos más habían fondeado fuera de las puntas de la Bahía, entre Rota y el Castillo de Sta. Catalina. El viento, ahora, favorecía la maniobra y había ganado fuerza hasta el punto que a las 11,30 se ordenó tomar rizos a las gavias y formar en tres líneas según el orden natural, mura a babor, a dos cables de distancia.

  –          Roque, tome usted la popa del Indoptable. Rojo y blanco en el trinquete.

 –          Señor, navegamos W1/4NW, donde cree que vamos?.

 –          Al infierno, Oquendo, vamos al infierno. Nos van a partir por la mitad.

  A las 13,00 el Teniente General Gravina formó su escuadra de observación en dos columnas y se situó a barlovento de las tres columnas de Villeneuve que viró N1/4NW, con lo que nos encontramos navegando de bolina en cinco columnas con dirección al cabo de Santa María.

  Era muy evidente que Gravina esperaba a Nelson por barlovento y, como en Finisterre, pretendía tomar la cabeza de la formación y, de esta forma elegir la maniobra. De hecho solicitó mando independiente pero le fue denegado. Le fue denegado porque Villeneuve no tenía intención de pelear…..quería poner a la escuadra de Gravina en la cola de la formación.

  Villeneuve no tenía ninguna intención de cruzar al Mediterraneo.

  La situación era absurda. De ninguna de las maneras, en el caso de ir a Ferrol, sobrepasaríamos el cabo de San Vicente. Si, por el contrario, lo que buscábamos era el encuentro, esa no era la mejor manera de ganar el barlovento, maniobra preceptiva máxime cuando no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar. Desde la reunión de la flota inglesa en Oissant, el 15 de agosto, no sabíamos nada de sus movimientos. No se habían despachado fragatas o barcos rápidos para espiar los movimientos y composición de la flota inglesa.

  Nelson, que tonto no era, se había situado lejos del alcance de las cañoneras sutiles que tanto daño le hicieron en el intento del 97. Nelson conocía bien a Gravina. Al parecer, se habían visto las caras en los abordajes de las lanchas en el asedio a Cádiz. Nelson se situó a 50 millas al WSW de Cádiz (por detrás del horizonte de las torres vigías) y puso un sistema de comunicación por señales, emplazando dos fragatas enfrente de la Bahía y haciendo navegar a dos navíos a 25 millas, de este modo las señales eran rápidas. Ellos conocían la composición y el movimiento nuestro pero nosotros solo podíamos adivinar el suyo.

 

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