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CAPITULO V (11). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (4).-

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (11). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (4).-

13h dia20

 A las 14,30 h del día 20 de octubre de 1.805 el almirante francés dio la primera de las órdenes contradictorias. Mandó, a través de las señales, virar por redondo, a un tiempo. Pasarle la proa al viento para recibir por estribor.

14,30 día 20

 Después de tres horas de maniobra nos encontrábamos, desordenados, y navegando S1/4SE.

–          Roque, este tío es tonto de baba. No pretenderá embocar el estrecho con esta ventolina !!!.

–          Además, mi capitán, está rolando a W. Nosotros lo tomamos por estribor y ellos por la popa; no pasamos de cabo Trafalgar.

–          No se da cuenta que el combate es inevitable?. Maniobra para zafarse, no para combatir. Nos van a cazar como a conejos.

Esta maniobra, debido a las distintas aptitudes de los barcos ya produjo un cierto caos en la formación, porque los barcos no tenían el mismo radio de giro y porque las tripulaciones no eran las mismas y no tenían el mismo entrenamiento, la consecuencia lógica de esta maniobra fue que se alteró, considerablemente, el orden de la formación y los buques franceses fueron amontonándose, para navegar juntos.

No íbamos al Mediterráneo y antes de anochecer las fragatas señalaron velas enemigas demorando W1/4NW.

Aquello no tenía sentido, dado que las fragatas británicas observaban los movimientos de la flota y transmitían las señales al Victory.

Pero, por si faltaba algo, a las 21,00 h. mandó formar línea de combate sin sujeción a puestos, a lo que Gravina, repitiendo las señales, respondió que tomaba la cabeza de la formación con su escuadra de observación. Montó un gran farol en la mesana del Príncipe de Asturias.

a las 21,30

–          Mi capitán, línea de combate sin sujeción a puestos en este rumbo?.

–          Es posible, Roque, que pretenda ganar el barlovento, tal vez espera el ataque por la noche.

–          Con viento del oeste?.

–          Cual crees tú que es la razón?.

–          No lo sé, mi capitán, pero es muy desconcertante.

–          Crees que los barcos franceses tienen órdenes secretas?

–          Eso, con toda seguridad, mi capitán. No nos dejan tomar la popa del Bucentauro.

–          Pues yo no lo creo. Sencillamente, Villeneuve no tiene ni idea de qué hacer.

–          Una formación de combate, a un cable, con 33 navíos nos da una línea de 5 millas; un navío, a 3 nudos, va a necesitar 2 horas para recorrerla.

–          No te preocupes, Roque, nadie la va a recorrer. Los tres puentes ingleses solo necesitan un cuarto de hora para liquidar a un 74 cañones.

Nosotros, después de esta maniobra, estábamos a popa del Bucentauro y barloventeados pero la gran aglomeración de navíos franceses nos impedía acceder a nuestro puesto en la línea, así que corrimos la línea por barlovento, recibiendo el viento por el través de estribor, hasta encontrar un hueco justo por delante del San Leandro y a proa del Redoutable de Lucas y del Neptuno de Maistral.

Toda la noche maniobrando para colocarnos en algún hueco de la línea.

Cualquiera que sepa algo de esto habrá comprendido que toda la táctica del general Escaño, a estas alturas, se había ido al garete pero, al menos, el general Gravina encabezaba la formación y con él navegaban Churruca, Alcalá Galiano, Vargas y Alcedo, con el Nepomuceno, el Bahama y el Ildefonso y el Montañés.

Con esta maniobra, Gravina dejó meridianamente claro que quería encabezar el ataque, pero el italiano no sabía que Villeneuve no quería atacar.

Otro detalle curioso de esa orden es que nos acercaba a la boca del Estrecho, con lo cual nos acercábamos a la base de los enemigos (Gibraltar) y nos alejábamos de la nuestra (Cádiz). Esto da lo mismo cuando vas a ganar, pero si vas a perder es mucho mejor estar cerca de casa, sobre todo si los barómetros están bajando. El temporal, que se avecinaba, en vez de pasarlo en casa lo íbamos a pasar en alta mar.

A las 6 de la mañana se divisaron, demorando W, 20 velas enemigas. Inmediatamente el francés izó señales de “formar línea, con sujeción a puestos, mura estribor” que era por donde nos entraba el viento. La flota de Nelson navegaba en tres columnas con rumbo ENE.

a las 6,00 h

El capitán Gastón reafirmó el estado de zafarrancho de combate ordenando “coys a la batayola”. Toda la tripulación del barco estaba ya muy nerviosa. Nos dispusimos a ejecutar la maniobra de colocarnos en el “orden natural”, la cual nos dejó sotaventeados e inmediatos por la popa del Sta. Ana del general Álava y el capitán Gardoqui. El Leandro de Quevedo nos seguía.

La suerte estaba echada. El viento nos entraba por la aleta de estribor y el enemigo venía con el viento. Nelson formó en dos líneas y, con viento de empopada, corrigió el rumbo tomando E1/4 SE.

En ese momento, la única orden posible, para evitar el desastre, era la de dejar que Gravina, con el Príncipe, virara N-NW con su escuadra de observación, y el cuerpo fuerte de la flota hiciera lo mismo para, poniendo dos líneas paralelas tratar de cortar por la mitad la columna de Collingwood, dejando fuera de fuego la de Nelson y, en todo caso, maniobrar de vuelta encontrada. En ningún caso permitir que las líneas inglesas cargaran contra la retaguardia de la línea nuestra.

En la cola de la línea, y a 5 millas, estaba el Neptuno de D. Cayetano.

–          Mi capitán, van a cargar contra la cola de la formación.

–          Sí Roque, van a tratar de coger del Bucentauro para atrás, incluyendo al Trinidad y al Sta. Ana.

–          Deberíamos tomar la popa del Sta. Ana, achicando la distancia todo lo que podamos, señor.

–          Sí, Roque, fuerce vela.

Me fui para el combés gritando como un poseso:

–          Contramaestre, suelte los pericos.

–          A sus órdenes, mi capitán.

–          Piloto, enfile directamente la popa del Sta. Ana.

El piloto del San Justo, D. Salvador de Castro, era un oficial muy mayor que actuaba con todo el pundonor de un joven pilotín, pero tenía un defecto: no sabía mandar a sus subordinados. No le querían. Aún así cumplió con su deber con esmero y aseo.

Eran las 7,45 de la mañana cuando nos disponíamos a acortar la distancia y cuando el Almirante francés izó señales. Era completamente increíble!!!.

–          Mi capitán, el francés dice que “a virar por redondo, a un tiempo”.

–          Ya lo estoy viendo, Roque. Ahora se le ha aflojado el recto y quiere volver a Cádiz. Pero por redondo?, por qué no vira por avante y alarga la distancia?.

–          Pero eso es imposible, mi capitán, he tomado la marcación de los buques de cabeza de la formación inglesa, nos cortan antes de llegar a Trafalgar.

–          Ya lo sé. El Sta. Ana está virando, Roque, manda virar si no quieres abordarlo.

–          Se lo vamos a poner a huevo, mi capitán.

–          Sí, Roque, este tío no tiene ni pajolera idea.

Otra vez cambio de borda, más voces.

–          Suelten el velacho y la mayor, aflojen los foques.

–          A sus órdenes.

–          Timón al viento!!!!.

El San Justo, muy lentamente, empezó a virar a las 8,30h y a las 9,00 h, había pasado la proa por el viento, que cada vez era más suave. Estábamos virando con ventolina. Eso, si lo manda un guardiamarina, lo expulsan de la Armada.

–          Cambien de borda la cangreja!!!. Cazamos los foques!!!.

A las 10 h., estábamos como matalote de proa del Leandro, al cual seguía el Sta. Ana y dos navíos detrás se podía ver al Monarca de D. Teodoro Argumosa y al Plutón de Cosmao.

12hdel21

Por delante de nosotros iba el Neptune del capitán Maistral y por delante de este y a popa del Bucentauro se había colado “le petite capitén” Lucas, con el Redoutable. D. Etienne estaba dispuesto a hacer lo que siempre había deseado.

A las 11,00, teníamos las dos líneas inglesas encima haciendo rumbo E-1/4NE, separadas 1 milla. Estábamos muy sotaventeados con relación a la línea y entre nosotros y los ingleses se interponían el Redoutable, el Neptune y el Sta. Ana que venía detrás de este.

Gardoqui facheó gavias para permitir que entráramos en la línea, por delante, el Leandro, nosotros y el Indoptable, que venía por nuestra popa.

El Royal Sovereing de Collingwood y Rotherham, cortó al Santa Ana de Alava y Gardoqui, por la popa con lo cual se puso a tiro de nuestros guardatimones. Despreció el hueco que le ofrecíamos por la proa del Sta. Ana.

El Royal Sovereing seguido del Belleisle, se dirigió, directamente (sin cambiar el rumbo), a cortar la línea por entre el Sta. Ana y el Forguex. Esta columna colocó a dos tres puentes en cola que se dirigieron en línea recta al Príncipe de Asturias.

El asunto estaba claro. Pretendían cortar nuestra línea de combate y dejar fuera de objeto, por lo menos, a 12 navíos. Esto estaba muy claro a las 10,00 horas. Nelson quería cruzar por la popa del Trinidad que era la proa del Bucentauro. De este modo, incluyendo al insignia, podía acometer a la retaguardia de la flota combinada y dejar fuera de combate a todos los que iban por delante.

El mesié Thiers y otros dijeron que los ingleses confundieron al insignia y pensaron que era el Trinidad….como si no estuviera claro el pabellón a tope del mayor en el Bucentauro. Nelson eludió al Trinidad, que tenía su insignia en el mesana, y se fue directo a por el gabacho.

El movimiento táctico era el mismo, tanto antes como después de nuestra virada: cortar la flota, atacando a la retaguardia. Nelson, con el viento en la popa, elegía el rumbo.

En esta maniobra el Royal Sovereing recibió fuego del Santa Ana, del Forgueux y del Indoptable. Nosotros y el San Leandro abrimos fuego sobre el Royal Sovereing a las 12,00, con los guardatimones. A las 12,30 Collingwood se “estacionó” en el costado de estribor del Santa Ana y se destrozaron mutuamente; los dos estaban desarbolados y seguían soltando fuego por el costado.

Sta. Ana

El Belleisle, otro tres puentes, vino en auxilio de Collinwood pero le recibieron, convenientemente, el Forgueux de Baudoin y el Plutón de D. Julièn, que había progresado hasta colocarse en la aleta de estribor del Belleisle.

El capitán Cosmao, también fiel a su criterio, maniobraba para sacudir sin que pudieran sacudirle.

A las 13,00 h, el almirante francés izó señales para que toda la vanguardia virara y viniera a sostener el fuego de la retaguardia.

En ese momento, la cola de la columna Collingwood estaba doblando la retaguardia combinada, D. Cosme, en el San Juan Nepomuceno, se defendía contra el Defiance, el Prince y el Revenge. El Príncipe de Asturias sacudía por babor y los Defiance y Revengue progresaron en busca de piezas más asequibles, se quedó el Prince que con una descarga de metralla partió un brazo a D. Federico y una rodilla a D. Antonio. El Dreadnouht progresaba.

El Prince y el Dreadnouht, dos potentes buques de tres cubiertas colocados en la cola de la columna de sotavento inglesa progresaban, uno por cada banda, machacando los navíos que encontraban a su paso.

A esas horas, tal y como habíamos comentado el capitán Gastón y yo, no vale para nada mandar virar a la vanguardia, ya que para llegar al fuego necesitarían, como poco, dos horas. Eso se ha llamado, toda la vida en España, “llegar al humo de las velas”.

La Ordenanza del 93, codificada por Mazarredo, prohibía a cualquier capitán abandonar su puesto en la línea sin recibir órdenes expresas y en la Armada todos sabíamos que, en un día de combate “un capitán no está en su puesto si no está en el fuego”. Esto es una contradicción que debe resolver el Jefe de la flota…..Villeneuve no resolvió.

Villeneuve, ni comió la berza y ni la dejó comer. Ni resolvió, ni dejó que resolvieran los que sabían. La retaguardia, después de la virada, estaba perdida, y él también.

La columna de Nelson, con el Victory a la cabeza, seguido del Temeraire y del Neptuno (tres de tres puentes), entonces, empezó a virar haciendo rumbo E-SE, y de empopada se dirigió al Bucentauro. El señorito iba, como un lobo, a por el mariquita francés.

Bucentauro-Trinidad

Esta maniobra, siendo muy arriesgada, demostraba la determinación del Señorito. Tenía que pasar por el costado de babor del Heros y del Trinidad, que montaba 70 cañones en esa banda, pero por si hubiera alguna duda, Uriarte, el capitán del Trinidad, facheo velas para acortar la distancia de su popa con la proa del Bucentauro, con lo que el Victory no tuvo más remedio que pasar por la popa del francés y por delante de su costado. Eran las 12,45 cuando el Victory pasó por la popa del Bucentauro.

El Señorito aguantó dos andanadas del Trinidad y otras dos del Bucentauro, en su costado de babor, sin soltar ni un solo cañonazo. Cuando pasó por la popa del buque insignia francés, le soltó toda la mala baba, con metralla, que había guardado. Le destrozó los jardines de popa y le barrió las cubiertas. Le mató a más de 100 hombres.

El Victory, desarbolado, se alejó del Bucentauro y su capitán, Hardy, prefirió un bocado más digerible, dejando que “otros” terminaran el asunto con el barco insignia francés. Nelson, que veía a Collingwood entrar en combate no podía esperar más.

El Redoutable de Lucas forzó vela y se puso al costado de estribor del Victory. D. Etienne, fiel a su criterio, intentaba abordar al insignia inglés, pero no contaba con el Temeraire de Harvey que pasándole por la popa le destrozó por completo. Esto no evitó que los tiradores de infantería del 2º de línea, que llevaba D. Etienne, le metieran al Señorito media libra de plomo en el espinazo, a las 13,30 h.

Después de liquidar al Redoutable, el Temeraire se dirigió al costado del Bucentauro y acabó con él.

Toda la vanguardia de Dumanoir estaba fuera de objeto y cuando el Bucentauro estaba acribillado y sin palos, 8 navíos no habían entrado en combate.

El último de la columna de Nelson, el Britannia, se dedicó a “dar la puntilla” al Bucentauro y al Trinidad que ya habían sido batidos por el Victoy, el Temeraire, el Neptuno, el Conqueror y el Leviathan…ahora se dirigían a la cabeza de la columna machacando por ambas bandas, uno a uno, a los que se encontraban. Estando a barlovento, elegían la banda por donde entrarles.

El Orden de Combate, que publicaron después, de los ingleses era:

Nombre Cañones Capitán
Columna de Nelson
Victory 100 Insignia Vicealmirante Lord Nelson, Comandante en Jefe escuadra británica.
Capt. Thomas Hardy
Temeraire 98 Capt. Eliab Harvey
Neptune 98 Capt. Thomas Freemantle
Conqueror 74 Capt. Israel Pellew
Leviathan 74 Capt. Henry Baytun
Ajax 74 Teniente. John Pilford
Orion 74 Capt. Edward Codrington
Agamemnon 64 Capt. Sir Edward Berry
Minotaur 74 Capt. Charles Mansfield
Spartiate 74 Capt. Sir Charles LaForey
Britannia 100 Insignia Contralmirante Northesk
Capt. Charles Bullen
Africa 64 Capt. Henry Digby
Columna de Collingwood
Royal Sovereign 100 Insignia Vicealmirante Cuthbert Collingwood
Capt. Edward Rotherham
Belleisle 74 Capt. William Hargood
Tonnant 80 Capt. Charles Tyler
Mars 74 Capt. George Duff
Bellerophon 74 Capt. John Cooke
Colossus 74 Capt. James Morris
Achille 74 Capt. Richard King
Polyphemus 64 Capt. Richard Redmill
Revenge 74 Capt. Robert Moorsom
Swiftsure 74 Capt. William Rutherford
Defence 74 Capt. George Hope
Thunderer 74 Teniente John Stockham
Defiance 74 Capt. Philip Durham
Prince 98 Capt. Richard Grindall
Dreadnought 98 Capt. John Conn
Barcos menores
Euralyus Frigate 36 Capt. Henry Blackwood
Naiad Frigate 38 Capt. Thomas Dundas
Phoebe Frigate 36 Capt. Thomas Capel
Sirius Frigate 36 Capt. William Prowse
Pickle sloop 10 Teniente John Lapenotiere
Entreprenante sloop 8 Teniente Robert Young

Con ligeras variaciones fue el que se presentó en la batalla, Collingwood, con el Royal Sovereign, percutió por la popa del Santa Ana, asistido por el Belleisle, el Tonnant y el Marte mientras los cinco últimos doblaban la retaguardia de la combinada.

Nosotros, nada más ver la señal del almirante, y por tanto tener la orden, viramos por avante.

–          Roque, el almirante dice que vayamos a sostener a la retaguardia.

–          Viramos, mi capitán?.

–          Sí Roque, nos vamos a aliviar al Príncipe de Asturias.

–          Señor, el Leandro está virando.

Ordené cargar y prepararse a las baterías de estribor. Y en cuanto estuvimos en rumbo, descargamos sobre el Royal Sovereing y seguimos S-SE en dirección al Príncipe de Asturias.

El Leandro iba por delante de nosotros, también había virado y descargaba sobre el Marte el cual, ya batido por el Pluton de Cosmao y, sobre todo por el Monarca de Argumosa, estaba flotando como un corcho, sin palo donde colgar bandera y una descarga lejana de los guardatimones del Fougueux le arrancó la cabeza a su comandante, el capitán Duff. El Fougueux rindió su último servicio y se fue a por el Temeraire; este ya había destrozado al Redoutable y cuando llegó el Fougueux, poco pudo hacer. A las 14 h, su comandante, el capitán Baudoin había fallecido.

Monarca y Pluton 13,30

Cosmao, con el Plutón, se dedicó durante una hora más a sacudir al Belleisle y luego viró poniendo proa al mediodía.

Don Teodoro Argumosa, a bordo del Monarca, sufría el acoso del Tonnant de Tyler que trataba de pasar por la proa del Monarca y la popa del Plutón de D. Julièn cuando este inició la virada para, como nosotros, volver a la retaguardia.

D. Teodoro prefirió achicharrar al Marte, lo cual consiguió, pero ya no le quedaba ni gente ni munición para enfrentar al Tonnant que le batía por la banda contraria a donde estaba el Mars.

D. Teodoro, después de cesar el fuego del Tonnant que se dirigía a socorrer al Royal Sovereing, con su capitán Tyler gravemente herido, se vio batido por el Belerophon de Cooke y el Colossus de Morris y, sin posibilidad ninguna de respuesta, estando Argumosa en la enfermería, a consecuencia de un astillazo que le aplastó el esternón, autorizo para arriar la bandera. Tuvo 100 muertos y 150 heridos en el combate. Después de muchos avatares, naufragó en Arenas Gordas, el día 28 a causa del temporal y murió el 70% de la tripulación.

El Tonnat de Tyler, se abarloo al Algesiras y le rindió a las 15,30 con la muerte del Contalmirante Magon. El Tonnat, entones aproó sur para atacar a los barcos del final de la columna aliada.

El Monarca, además, sufrió la villanía del Leviathan del capitán Baytun que le localizó el día 25 de octubre en pleno temporal. Les mandó fondear, retiró la dotación de presa y luego marchó después de picar los cables del Monarca, lo que le dejaba a la deriva en medio del temporal y con 150 hombres a bordo.

14,30

Era la segunda vez que D. Teodoro perdía un barco a manos de los ingleses.

Estos hechos, no solamente los viví, es que, además y como consecuencia de la conmemoración del 40 aniversario, nos juntamos viejos marinos a comentar y cotejar los papeles de cada uno y entre ellos, vinieron a Sevilla Francisco Blanco e Isidro Terneiro, entonces grumetes, Pablo Helguera, artillero preferente, y José Gonzalez, marinero de primera, todos estos del San Justo. Además, asistieron muchos del Príncipe, del Trinidad, del Neptuno e incluso algún francés que se quedó a vivir en España (se enamoraban).

Esto lo vuelvo a repetir para corregir las afirmaciones del mesié Thiers y no solamente las corrijo yo, las pueden corregir todas las personas que estuvimos en Trafalgar y todavía vivimos.

 

(To be continued)

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Categorías:CRONICAS MARINERAS
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