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Archive for 10 julio 2014

CAPITULO V (12). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (5).-

CAPITULO V (12). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (5)

 

 

A las 14,30 toda la columna de Collingwood había entrado en combate de forma ordenada destrozando a la dispersa retaguardia de la combinada.

Los ingleses en ningún caso intentaron abordar. Destrozaban a cañonazos los cascos de los buques, de una forma sistemática.No tenían, solo, intención de ganar. Querían destruir la flota, en especial los barcos de tres puentes. Sabían que en esos momentos teníamos 6 y los querían debajo del agua. En Trafalgar, nosotros pusimos cuatro de tres puentes. Los franceses ninguno, no tenían. Al Trinidad, cuando ya no tenía ninguna posibilidad de defensa, con 300 bajas y sin ninguna bandera, porque no tenía palos para colgarla, le siguieron cañoneando, durante dos horas, cuatro navíos ingleses.

Con las carronadas de 48, dispensaban metralla para la gente de la cubierta superior y con las piezas de 32 de la primera batería tiraban a la lumbre del agua. Los tres puentes ingleses y pusieron 8, además, tenían otra batería de a 24 que cargaban con palanqueta o bala doble y, con esta, tiraban a desarbolar, Sencillito, no?.

D. Cosme, al mando del Nepomuceno (último de la línea), fue cañoneado por ambas bandas por el Defiance (74) de Durham, que lo batía por estribor, y por el Dreadnouht (98) de Conn que, batiéndolo por babor, lo rindió a las 15,30, después de ensañarse.

A las 14,15 murió el segundo en el mando, el Capitán de fragata Moyúa y a las 14,30 una bala de cañón se llevó una pierna de D. Cosme. El teniente de navío Núñez Falcón rindió el barco con 150 hombres muertos o heridos. Se lo llevaron a Gibraltar.

La predicción de D. Cosme se había cumplido: “si te enteras que mi navío ha sido capturado, bien puedes decir que estoy muerto”.

El Bahama de D. Dionisio fue cogido por el Belerophont de Cooke, por babor, y por el Colosus de Norris, por estribor, y a las 13,30, una bala de cañón se llevó la cabeza y los hombros del marido de Dª Concha de Villavicencio, mientras ella estaba en Chipiona con fuertes jaquecas, y sus hermanos ocupados, en otros menesteres administrativos el mayor y preso en Inglaterra el segundo. El capitán de fragata Ramery rindió el navío a las 16,30, con más de 80 muertos y 150 heridos. Aguantó 3 horas el castigo inglés, liberando al Príncipe del acoso de esos dos buques.

Mucho más curiosa fue la historia de D. Cayetano Valdés que iba, con el Neptuno español, en cabeza de la formación, después de la virada.

Villeneuve había izado la señal, para que volviera la vanguardia a las 12,30 y Dumanoir no la había visto debido a los grandes humos y fuegos, naturalmente. Tampoco sabía donde debe estar un capitán en un día de combate, así que decidió no hacer nada hasta las 14,30 que viró…para alejarse del fuego, puso rumbo W1/4SW, cuando el fregado estaba demorando a ESE.
Cómo resulta que a las 13,30 Villeneuve ordenó a “cada barco” virar, D. Cayetano y D. Cypriano decidieron no obedecer a Dumanoir y acudir al fuego. Ambos, después de virar por avante, arrumbaron SSE, tomando por el través de estribor, y aproaron hacia el Bucentauro y el Trinidad que a esas horas estaban aboyados, sin arboladura ninguna, rendidos y rodeados por seis navíos ingleses. El Bucentauro derivaba hacia el Trinidad.

Los ingleses al ver los rumbos de unos y de otros, inmediatamente salieron al paso de Valdés y L’Infernet. El Spartiae de Laforey y el Minotaur de Mansfield enfilaron, a contra marcha, al Neptuno, por su banda de babor, causándole serias ofensas en la arboladura hasta el punto que a las 14,30 se desplomó el palo de mesana cayendo sobre el alcázar de popa dejando inconsciente a D. Cayetano; luego viraron, doblando por popa al Neptuno y le batieron por las aletas. Heridos el capitán, el segundo y el tercer oficial, el Neptuno se rindió al Minotaur a las 16,40, con D. Cayetano incosciente.

A D. Cypriano le llegó su turno inmediatamente después. Primero el Agamennon de Berry y, luego, el Spartiae de Laforey le batieron despiadadamente y le remató el Britannia, que acabó por quemarlo y mandarlo al fondo del mar.

Cuentan que L’Infernet estaba pelando una manzana y cagándose en todo lo que se meneaba, incluyendo a toda la Corte Celestial, cuando un teniente de navío se puso detrás de él; D. Cyprien, mirándole a los ojos, le dijo: “señor, piensa usted que yo soy un forro de cobre?, cuando me atraviesen a mí, morirá usted y a mí me van a tirar mucho más que a usted”.

Nosotros, el Leandro, el Montañés (sin Alcedo, que había muerto ya), y el Neptune de Maistral, siguiendo las aguas del Príncipe de Asturias, iniciamos la retirada hacia Cádiz a las 17,30 cuando voló el Achille y cesaron todos los fuegos. De vuelta encontrada venían, desde la vanguardia, el Rayo, el Francisco de Asís y el Heros de Remí-Poulain. Todos juntos llegamos al placer de Rota, a las 2 de la madrugada, donde pudimos fondear.

Fueron 30 millas infernales, 10 horas a 3 nudos con toda la flota inglesa, con órdenes concretas de destruirnos, encima de nosotros.

La noche fue infernal, digo, sobre todo para mí que al bajar desde la toldilla al alcázar de popa para comprobar el estado de la mesa de obenques, de estribor, del palo mayor que había recibido un balazo, me caí y me doblé el pié izquierdo, con el consiguiente batacazo en el hombro derecho.

A lo largo de la noche y en la mañana del 22 fueron llegando varios navíos más, el Plutón de D. Cosmao, el Argonaute de Epron, y el Indoptable de Hubert, que había rescatado a la tripulación del Bucentauro, incluyendo a los ingleses que tenía, el cual había tocado fondo en Punta del Sur, muy cerca del Castillo de San Sebastián, y luego se había hundido.

Así pues, de 33 navíos que salimos de Cádiz el día 19, quedábamos a flote 10, y todos muy ofendidos. En ese momento no teníamos ni la más remota idea de cómo estaban los ingleses que lo suyo habían llevado (nuestras balas) pero que al retirarnos, estarían ayudando a los suyos y tratando de llevarse lo más que pudieran de los nuestros.

No sabíamos nada de D. Dionisio ni de D. Cosme, nos enteramos después.

El 22, a media mañana, empezó a arreciar el temporal y amenazaba muy seriamente nuestro palo mayor que tenía 4 obenques picados debido a una descarga de bala doble que pegó en la mesa de estribor. El capitán Gastón volvió del consejo de guerra que había convocado el Teniente General Gravina, a bordo del Príncipe, y dio orden de tratar de llegar a La Carraca, justo cuando el ancla principal empezó a garrear y, al tratar de meterla a bordo, falló el cabrestante e hirió de gravedad a cuatro hombres, no hubo más remedio que picar el cable. El botalón del bauprés, que también estaba atravesado, se fue al agua, arrastrando al contrafoque. Hacíamos 2 pies de agua por hora y teníamos descosidos los trancaniles de estribor como consecuencia de una descarga del Belleisle.

Cuando nos dimos a la vela a las 12,30 del día 23 de octubre de 1.805, pudimos ver como al Príncipe de Asturias se le venían abajo el mayor y el mesana.

El capitán Gastón me dijo:

– Roque, van a salir a represar.
– No creo que estemos en condiciones, mi capitán.
– Con condiciones o sin ellas hay que ayudar al que se pueda. El General ha dejado muy claro que no debemos presentar batalla salvo que tengamos mucha superioridad. No se alejarán de la costa.
– Y nosotros?. Qué hacemos?.
– Volvemos a puerto. No estamos en condiciones de navegar, bastante tendremos con llegar. A nuestra popa vendrá el Príncipe. Macdonel con el Rayo, mandará las operaciones de represa; irán con él los franceses Plutón, Neptune e Indoptable y los españoles Montañés y San Agustín.

El temporal, que estaba adquiriendo una fuerza considerable, con vientos de 40 nudos y olas de 5 metros; nos arrastraba hacia el Puerto de Santa María. A las 6 de la tarde, sobre Punta Diamante, fondeamos con el ancla de respeto pero el San Justo seguía abatiendo NE, garreando y sin posibilidad de control.

A las 22,00 el capitán Gastón mandó picar el palo mayor y, efectuada que fue esta operación, el barco seguía derivando, así que mandó picar el mesana.

A las 12 de la mañana del día 25, en una de las lanchas, llegaron de Capitanía dos anclas con sus respectivos cables. A las 6 de la tarde estábamos anclados y con el cabrestante reparado.

La tripulación estaba extenuada, establecí turnos de trabajo en las bombas de achique y en la jarcia para tratar de limpiar la cubierta, ordenar los escombros y salvar lo que se pudiera. Tuvimos que tirar por la borda la verga del velacho.

La noche del 25 al 26 de octubre de 1.805 el temporal arreció. Vientos muy duros, el cielo blanco, la mar rota por olas de 7 metros. Nosotros anclados tratando de no irnos contra las rocas del Fuerte de Sta. Catalina.

San Telmo nos ayudó y a las 10,30 del día 27, pudimos recoger las anclas y, con el solo trinquete y las lanchas bogando, llegamos a Puntales. Sí amigos, San Telmo nos ayudó y llegamos a la entrada del caño de La Carraca y, después, al muelle del Arsenal donde amarramos a las 16,40.

Inmediatamente comenzaron las obras de reparación por parte de las cuadrillas de carpinteros que taponaron los agujeros del casco y detuvieron el acceso de agua.

A las 8,00 h. del día 29, como éramos los primeros en atracar el capitán Gastón me dijo:

– Roque nos vamos a la Comandancia, lea este informe y, si está de acuerdo, suscríbalo. Si no está de acuerdo, redacte el suyo.
– Sí, mi capitán, vamos al observatorio?
– No. Nos esperan en el Arsenal.

El capitán Gastón no había dormido en toda la noche, redactó un extenso informe que era, precisamente, lo que íbamos a entregar.

Leí, con detenimiento, el informe. Era un escrito aséptico, describiendo las maniobras, los tiempos, los daños sufridos y la relación de heridos (no tuvimos ningún muerto) y el consumo de munición.

No daba explicaciones de los “porques” ni refería ninguna opinión particular.

– Mi capitán, no deberíamos poner nada más?
– Yo no lo haré Oquendo. Ya le digo que, si le plugue, escriba usted su informe.
– Pero, mi capitán, usted cree que no pudimos hacer más?
– Nosotros, Roque, somos soldados y obedecemos órdenes. No sabemos si pudimos hacer más, nos mandaron virar y viramos. Conseguimos agrupar a una columna y sacudimos lo que pudimos; a nuestra popa venían el Leandro, el Neptune y el Indoptable. Conseguimos liberar al Montañés, que se unió a nosotros, y los enemigos, al ver que nos acercábamos al Príncipe, se retiraron.
– Sí, hicieron lo mismo que en San Vicente.
– Y nosotros hicimos lo mismo que Valdés. Los ingleses prefirieron llevarse lo que pudieron. No te equivoques, Roque, ellos tenían muchos barcos en muy mal estado, flotando como corchos. Prefirieron ayudar a los suyos y quedarse con lo que ya tenían.
– Si hubiéramos acudido a ayudar al Santa Ana y al Trinidad, tal vez, se hubieran podido salvar.
– Seguro. Pero entonces hubiéramos perdido al Montañés y al Príncipe. Los ingleses tontos no son, se van directos a por las insignias; pudieron con la francesa pero no con la española. Los tres puentes de la columna inglesa de sotavento ya tenían lo que les habían dado el Nepomuceno, el Ildefonso, el Bahama, el Monarca y los Navíos franceses de cola, el Swift-Sure, el Argonaute el Algesires y el Aigle. Parece ser que Magón ha muerto en la acción. Los ingleses ya no querían más, debían ayudar al Mars, al Belleisle, al Revenge y a sus propias insignias, el Victory y el Royal Sovereign que estaban desarbolados y agujereados.

A lo largo de la semana siguiente pudimos conseguir noticias de casi todos los navíos. Recibíamos noticias de los suyos que nos mandaban desde el apostadero de Algeciras. El desastre era absoluto y yo empecé a pensar en solicitar la baja en el Servicio. Empecé a preguntarme cosas que no tenían respuesta. Cómo fue posible?. Se puede ser tan estúpido de pelear al lado de una nación con la cual la guerra era inevitable, antes o después?. Se puede ser tan desleal a tu propia patria como para firmar un tratado que te convierte en esclavo?. Los soldados obedecemos órdenes!!!.

D. Cayetano estaba vivo, el Neptuno fue represado pero encalló en Santa Catalina.

De los tres Neptunos que pelearon en Trafalgar, el Inglés se fue muy maltrecho para Gibraltar, remolcado por una fragata; el español naufragó y el francés estaba anclado en la bahía.

Habían muerto cientos de hombres, habíamos perdido 10 barcos de guerra y habíamos hecho, posiblemente, el mayor ridículo de la historia de la Armada….y el día 9 de Noviembre nos ascendieron a todos.

Por Real Orden de 9 de Noviembre de 1.805, todos los oficiales que estuvimos en el combate de Trafalgar fuimos ascendidos un grado, aunque eso daba lo mismo porque como no cobrábamos….

De esa forma, a mis 33 años, fui ascendido a Capitán de Navío. Sí amigos, fui ascendido por perder!!!.

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Categorías:CRONICAS MARINERAS