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LA MANIOBRA DE APROXIMACION AL CUERPO SANITARIO

En HRB: 20:32:41, y situado en l: 39º55’29”N y L: 3º59’58”W, mientras efectuaba labores de jardinero, me dio por recordar los acontecimientos acaecidos hace ahora diez años.

Por aquel entonces yo estaba enamorado, hasta las trancas, de una joven ventera instruida –de Chinchilla de Montearagón- que, con malas artes, me había privado de raciocinio. Se llamaba, digamos que Melody.

Y pensar que hace diez años

Fue mi locura

Que llegue hasta la traición

Por su hermosura

Que esto, que hoy es un cascajo

Fue la dulce metedura

Donde yo perdí el Honor.

Esta venterilla tenía una amiga, joven como ella y campesina como ella, pero algo más instruida; aunque algo funcionaba mal en su cabeza porque dibujaba los alzados al revés. No tenía ni medio claro cual es la charnela de abatimiento, ni el sentido del giro. Digamos que atendía al nombre de Peggie Sue.

El teniente Alcalá y este humilde servidor  de ustedes volvíamos de librar los primeros escarceos de la campaña alcarreña, que luego se prolongó durante cinco años más. Me comentó que iba a dar una fiesta en el palacio de Ambiciones:

  • Por qué no vienes con tu venterilla?
  • Esta es, más bien, rural. Tiene el 0,7 -de rural- que especifica la circular CT-7, me da miedo que haga algo que suene.

Ya había presenciado yo el espeluznante episodio de los tomates de carnaval, que contaré otro día.

  • No te preocupes, mi capitán, vendrán los compañeros de la Escuela y estos sí harán mucho ruido. La mayoría son misóginos y siguen solteros.
  • Pero entonces tendrá que venir, también, la dulce campesina de Tobarra. Esta pobre anda muy necesitada, con el corazón dolorido y con los grifos de fondo abiertos.
  • En tal caso, llamaré a Powerdick para que no falte.
  • Powerdick?.
  • Sí, un compañero de la Escuela que se especializó en Derecho.
  • Un abogado?. Estos, merced al oropel de sus alegatos, trocan la mentira en verdad!!!, menester sería suprimirlos. Powerdick es nombre o apellido?.
  • No lo sé, le llamábamos así. Powerdick, además, frecuenta los gimnasios; tiene muchos más músculos que los demás mortales, hasta el punto de que abre las Fantas con los párpados.
  • Tú crees que será adecuado para la pobre campesina?. A ver si en el abordamiento la rompe algún hueso!!!.
  • No te preocupes, capitán, Powerdick maniobra perfectamente, hace catorce nudos y vira, elegantemente, sin meter la primera batería en el agua. Tiene muy poca escora.
  • Alcalá, te tengo dicho que la escora no se tiene, se hace.
  • Es verdad. Disculpe, mi capitán.

Al llegar a casa, comenté a Melody el caso de la fiesta y la invitación que Alcalá había tenido a bien hacernos

  • Esas fiestas son divertidas?
  • Sí, mi amor, irán sus compañeros de promoción. La mayoría son de inferior graduación que Alcalá, dado que este fue el primero de aquella promoción.
  • Marineros tatuados?
  • No tengo ni idea de los tatuajes de nadie y no me importa eso. Todos, creo, son oficiales de la Armada. Marinos.
  • Podremos llevar a Peggie Sue?
  • Sí, ya he tratado ese extremo y Alcalá llamará, para que no falte, a uno de sus compañeros. Un jurídico con especiales talentos, por lo visto.
  • Talento para qué?
  • Especial habilidad para maniobra de aproximación. No escora nada y es aficionado a los oropeles y a las proteínas en vaso.
  • Muy bien, entonces iremos los tres.

En mi despacho, acto seguido, determiné las coordenadas del palacio de Ambiciones, que resultaron ser l= 39º51’29”N y L= 4º03’18”W.

Ya tengo datos para una estima inversa –pensé-.

20150727_092804

Calculé el incremento de latitud, la latitud media, el incremento de longitud, y el apartamiento, de donde deduje que el rumbo debía ser S40W, y la distancia 6,20 millas; por tanto el rumbo de aguja debía ser 220º más la corrección total. En esa zona la declinación magnética es 5º 6’W y la desviación del Castilla (mi barco), en ese rumbo, es 32’(+), ya que le tengo corregido el desvío con esferas de hierro dulce.

A HRB: 21:00 del sábado siguiente estaba prevista la salida. Había revisado las baterías y comprobado que tenía combustible suficiente para ir y volver. La maquina del Castilla, a cinco nudos, trabaja a 2.000 r.p.m. y consume 5 kg/h de gasoil. Nos esperaba un tranquilo paseo de una hora y doce minutos, hasta Ambiciones.

Con Melody a bordo y de lejos, pude apreciar que Peggie Sue venía acompañada por otra señorita, aparentemente rubia, ella, y de buenas hechuras. Al llegar pidieron permiso para subir a bordo y la dulce campesina rompió a hablar.

  • Capitán, te presento a Courtney, mi compañera de piso, pertenece al cuerpo sanitario, puede venir con nosotros?.
  • Sí. claro. No creo que nadie ponga pegas. Y, dime Courtney, de donde manifiestas proceder?.
  • De Totanés, un lugar de aquí al lado.

Ya de cerca pude apreciar que no era tan rubia ni tan señorita y de la sonrisa de Melody pude deducir que estaba al tanto de esta emboscada.

Sin conocer el objetivo de la sanitaria, y sospechando la felonía de las otras dos, puse proa a Ambiciones, con el programa predeterminado, no sin antes obligarlas a ponerse el arnés y cazar la línea de vida (en justa venganza).

En el viaje, en un apartado le comenté a Peggie que esa noche le iban a presentar a un chico muy interesante.

Sin novedad llegué al punto de atraque y, como estaba entrando ventolina por la aleta de babor, di el largo de popa y los dos spring para, con las defensas colgando y ayudándome de la hélice de proa, abarloar el barco al muelle y que las damas tuvieran más fácil el desembarco.

A HRB: 22:20, Alcalá vino a recibirnos, procediendo a los saludos y las presentaciones de rigor. Personas a las que yo no había visto en toda mi vida, me trataban con familiaridad extrema, igual que si comiéramos juntos todos los días. Las señoras me besaban y mucho más grave era que los señores, cuando me daban la mano derecha, me golpeaban en el hombro con la mano izquierda. Algunos, incluso, me abrazaban.

Alcalá trataba de explicarme, con discreción, quienes eran esas personas y cuando, por fin, recordaba a alguna, resultaba que era alguien con el que habíamos coincidido en alguna de esas absurdas reuniones donde se coordinan los documentos y los medios, quedando para la siguiente reunión absurda con las absurdas personas que se dedican a eso. Todas, circulan apresuradamente por los pasillos de las dependencias oficiales, con un montón de papeles debajo del brazo, embutidos en sus impolutos trajes y muy convencidos de que su función es fundamental para el buen orden de las cosas. Ninguno de ellos sabe, no ya resolver un triángulo de posición, ni siquiera hallar la Corrección Total tomando el azimut de la Polar. Pretorianos!!!.

A HRB:22:35, apareció el teniente jurídico Powerdick, el cual, dirigiéndose hacia mí, y a medio metro de distancia, se cuadró y dijo:

  • A sus órdenes, mi capitán.
  • Baja la mano hijo, en esta fiesta todavía no he visto ningún uniforme.
  • No le fallaré, señor.
  • Eso espero, porque, si no, en tus próximas vacaciones te voy a poner a meter carbón en la caldera.

Ustedes se preguntarán cómo sabía yo la HRB si ya no estaba en el barco. La explicación es muy sencilla. En mi muñeca izquierda llevo un cronometro de cuarzo que me da, en la esfera analógica, la hora del reloj de bitácora; además tiene una pequeña pantalla digital que me ofrece varios datos más, entre los que puedo leer la hora oficial, la presión atmosférica y la profundidad (para saber esa cota cuando me revienten los pulmones).

Las tres damas de mi dotación ya habían comenzado su tour por los distintos corros, mostrándose encantadoras, pizpiretas y dicharacheras, cuando Alcalá me presento a un amigo suyo de la infancia que me decía que había visto un reportaje televisivo donde una vela había batido el record del mundo navegando a 180 km/h. Yo no había visto ese reportaje y me pareció que este amigo no tenía muy claro qué es una vela.

A HRB:23:05, pude apreciar, en mi horizonte aparente, que Powerdick ya estaba en el corro de la dulce campesina y su amiga la de Totanés, la sanitaria. Charlaban animadamente y, por las risas de las damas, el teniente jurídico debía ser muy ingenioso y divertido. Ellas, escondiendo los músculos del abdomen, apoyaban su mano en la parte frontal del muslo mientras emitían sonoras carcajadas.

En ese momento pude apreciar que mi ventera no estaba ya en ese corro.

Alcalá se acercó a mí, cuando se dirigía a socorrer a un borracho que había caído al agua, y me dijo:

  • Es increíble, capitán, les está contando que, en l:63º39’S y L:62º30’W, tuvo que pelear y matar a un calamar gigante que amenazaba con mandar al garete a su fragata.
  • Dios mío!!!. Alcalá eso es el mar de Drake, en esas aguas fue la última vez que se vio al San Telmo. Si D. Rosendo Porlier levantara la cabeza!!!.
  • Pues no acaba ahí la cosa, parece ser que, en su feroz combate, le ayudaron Actiniarias y Corales.

Sí que era ingenioso y divertido, sí. El amigo Powerdick, además, era intrépido, valiente y obstinado, ya que el combate le duró desde la Antártida hasta el trópico, y con un calamar grandísimo, ya que una fragata mide 140 m de eslora y desplaza 6.000 toneladas.

Mientras Alcalá atendía a sus invitados, me dirigí a la cocinilla donde estaban las bebidas con intención de servirme un vino español. En este tipo de fiestas no hay servicio de camareros y cada cual se sirve lo suyo.

Cuando me di la vuelta, para retornar a la zona de combate observando las evoluciones del jurídico, me encaró una rubia de amplio escote y, al menos, 5,5 pies de altura que mirándome a los ojos y con vocecilla de alma en pena, me dice:

  • Porfa, me pones un cubata?
  • Claro que sí, señorita. De qué lo prefiere?
  • Vodka con lima.

Sin dudarlo un momento acometí el encargo, y cuando se lo entrego me dice:

  • Gracias, es usted muy amable.
  • No se equivoque, señorita, son tres euros.
  • Ah!, Hay que pagar?.
  • Solo la mano de obra, los materiales los pone el teniente Alcalá.
  • Pero es que no llevo dinero encima.

 

Ella había abierto los brazos, no sé si con intención de que la cacheara o para que comprobara que su vestido no tenía bolsillos.

Sin dejar de mirar, ni un momento, el espectáculo que me ofrecía su canal, entre Scilla y Caribdis, le contesté:

  • En este caso, por ese motivo y no por otro, le voy a exonerar del pago, señorita.
  • Me está usted mirando las tetas pero yo no soy mujer que exonere con cualquiera en la primera cita.
  • Señorita, sus tetas resplandecen como dos luceros, pero conmigo no tienen ninguna cita. Lo siento, discúlpeme, por favor.

Traté de ocupar un lugar de mejor vista para, con discreción, vigilar las evoluciones del jurídico. No habían pasado ni cinco minutos de tiempo cuando la señorita de las tetas resplandecientes, acompañada de su pareja, me volvió a abordar. Hablo él.

  • Señor, usted ha faltado al respeto a mi novia, tirándole los trastos.
  • Caballero, lo que yo hable con su novia es un asunto entre su novia y yo. Lo que le haya contado a usted, es un asunto entre usted y su novia. A mí no me interesa mucho.
  • Pero usted le ha hecho proposiciones no muy honorables.
  • Le aseguro, joven, que no la he hecho ninguna propuesta, solo la he exonerado del pago de mis honorarios. Tal vez si usted le explica lo que significa “exonerar”….

Mientras se alejaban el novio ofendido y su ignorante novia, se me cayó el alma a los pies cuando pude ver que el jurídico, con la sanitaria colgada del brazo, se dirigían rumbo N30E a una esquina poco iluminada y alejada del centro de la fiesta.

Unos pasos antes de llegar a la esquina la sanitaria atacó, ofendiendo el mascarón de proa del jurídico, y este respondió bloqueando, con las manos, los guarda-timones de ella.

Ante tal situación, la del cuerpo sanitario viró por avante y, cazando fuertemente en el primer candelero de la mura de estribor de la barandilla, provocó voluntariamente un asiento aproante; eso siempre hace que la quilla, girando alrededor del centro de carena, levante la popa no menos de cinco pulgadas.

Powerdick no desaprovechó la intención y, con la porta bajada y la batería de treinta y seis libras asomando, se dispuso a descargar bala roja. La primera descarga, que efectuó lentamente, hizo que la sanitaria orientara su mascarón de proa hacia la constelación de Pegaso.

Mientras Powerdick descargaba, inmisericorde, a ritmo de dos cañonazos por segundo, se me acercó Alcalá.

  • Dios mío, capitán, se ha equivocado de objetivo.
  • Eso parece, espero que no gaste toda la munición.
  • Voy a avisarle, ahora mismo, con el código de señales.
  • No, deja, deja que termine la faena.

La escena era espeluznante. El jurídico destrozando los jardines de popa de la sanitaria con una furia tal que la hacía enseñar el codaste y poner el tajamar por fuera de la barandilla; Alcalá a punto de caer presa del pánico; la pobre campesina de Tobarra sola, en medio de la fiesta, con los ojos llorosos; y sin noticias de Melody.

En la esquina N60W, otra pareja se despellejaba mutuamente. Como la barandilla medía 20 m,, podrán ustedes deducir la distancia a la que me encontraba yo.

  • Alcalá, no va haber más remedio que reforzar esa barandilla.

Peggie Sue, la pobre, se acercó a mí y, con amargas lágrimas en las mejillas, me dijo:

  • Capitán, por favor, sácame de aquí.
  • Sí, nos vamos. A ver si averiguas donde está Melody.

Por alguna razón, que desconozco, a los cinco minutos apareció Melody que venía de conversar con un gordo cuyo principal mérito, por lo visto, era haber heredado la fortuna de sus padres. Estaba guapísima, con sus mejillas sonrojadas por la templada ventolina nocturna.

En el muelle, Melody resbaló y se dio un culetazo y navegando de vuelta se mareó y me dispenso un graneado, de alitas de pollo, en la palanca de cambios.

Cuando llegamos a casa metí, a la mareada y a la llorica, a cada una en su coy. En evitación de sorpresas desagradables, no quise llevar a la llorica a su piso ni recorrer los bajos de mi ventera. Me fui a limpiar la palanca de cambios.

Fiera venganza la del tiempo

que te hace ver deshecho

lo que uno amó…..

Ya les digo, amigos, pavas, pavas donde las haya

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