ABAUT ME

Hola, me llamo Alexandro y tengo 54 años.

Soy Ingeniero de Edificación y tengo dos masters. Uno, que hice bien jovencito, me mandó mi padre al Tibet donde un lama de alto rango, durante dos años, me enseñó a eyacular sin tener orgasmo. Otro, donde unos tíos economistas y sociólogos me enseñaron a manejar las herramientas de la Investigación socio-económica.

Esta formación, como podrán comprender, marcó mi vida ya que no me motivan los orgasmos, solo el amor y los edificios. La suerte me hirió con zarpa de fiera y aprendí a interpretar tendencias desde la explotación de datos. Ahora es mucho más difícil engañarme.

Como diría el maestro, cuando nací mis padres no estaban en casa, así que me recogió, en una rivera del Arauca vibrador, una familia humilde donde, en una caja de zapatos sin tapa, vivíamos mi padre, mi madre, mi abuela materna, mi abuelo paterno, mis cuatro hermanos y yo. Cuando llovía, pillábamos unas pulmonías de aquí te espero; al final, mi abuela murió y mi abuelo se fue al Caribe buscando mejor meteorología, después de dejar un rosario de corazones rotos entre las viejas del barrio (ah!, como echo de menos aquel barrio plateado por la luna, con rumores de milongas en la cortada mistonga).

Nunca llegué a saber si las quiso ni si la encontró. No he vuelto a tener noticias de los espermatozoides de mi abuelo, aunque no pierdo la esperanza de ser primo-hermano de algún futbolista famoso.

A los diez años me expulsaron de mi primer colegio bachiller por hacer negocios con los internos y, a pesar que expliqué al Jefe de Estudios que yo quería ayudar, vendiendo más barato el pegamento, no atendió a mis alegatos de defensa y me expulsó porque él lo vendía más caro. No tuve abogado y el jefe de estudios fue el fiscal, el juez y el verdugo. Nunca llegué a aprenderme, del todo, el Caralsol y me declararon a los 10 años, por ese delito, terrorista peligroso. Nunca me gustaron los Mandos de la Escuela de Mandos, nunca llegué a saber a qué se dedicaban (aparte de vigilar). Muchos años después fui compañero, en la Administración, de ese jefe de estudios. Yo entré por oposición (Cuerpos Especiales) y él no. Seguía vendiendo caro el pegamento (o lo que vendiera).

A los catorce me expulsaron de mi segundo colegio bachiller por negarme a hacer “confesiones comunales” que el director usaba cómo medio de delación. Los tocamientos penalizaban en matemáticas y nunca lograron suspenderme. En esta ocasión tuve por abogado a mi padre, pero tampoco sirvió de mucho. El director fue el fiscal, el juez y el verdugo. Tampoco llegué nunca a creer lo que debía creer, lo de la Santamadreiglesia no me convencía. Esta vez fui declarado anatema y barriobajero, insulté al director en inglés en vez de en latín (no sé como se dice “mamón” en latín). Nunca comprendí por qué para evangelizar a un indio hay que meterle la Cruz de Caravaca, por la juntura de los parietales, hasta los hombros. Muchos años después ese director me pidió, mirándome a los ojos, aportación monetaria (como antiguo alumno) para un colegio nuevo que estaba haciendo, le contesté que pidiera dinero a sus delatores; si yo era malo para el colegio, también lo soy para poner dinero. Este quería vender una vida futura mejor….a un funcionario!!!!.

Por fin, con 15 años, pude acceder a la enseñanza pública y aquí fue todo mucho mejor, las matemáticas eran matemáticas y los tocamientos, tocamientos. Hice buenos amigos que todavía me duran, aunque casi todos andamos muy mal de la vista, por culpa de las matemáticas.

A los 24 años terminé mis estudios universitarios, me casé y tuve tres hijas, aunque no por ese orden y las hijas no las tuve yo porque, aunque me hubiera gustado, yo no puedo tener hijos (no tengo útero). Las tuvo Penélope, que sí podía. Yo aporté las semillitas que empujé, convenientemente, en la medida de mis posibilidades. Las criamos sanas y hermosas. Las dos mayores han terminado su carrera y andan revoloteando porque quieren abandonar el nido; esto solivieanta mucho a Penélope pero yo he aprendido a aceptar la Ley de la Vida.

Después de 23 años construyendo edificios y familia, en 2.003, me embarqué en un viaje iniciatico donde, después de ver a 60 jóvenes guerreros perdiendo la vida en las playas de Troya, también perdí el barco y la tripulación en las grandes celebraciones con Circe. Se fue con su maleta de rallas (traumas infantiles) y su bikini de piel (muy elástico). Ella se marchó y solo me dejó recuerdos de su ausencia, sin la menor indulgencia….y a por el siguiente, sin poner el remite en el sobre y mintiendo como una bellaca.

Con una tumbada, en una curva, me despisté, la moto no quiso ir como le dije y estuve a punto de dejarme la vida (qué mal se me dan las comas!!!). Encallé.

Afortunadamente, Penélope, destejía por la noche lo que tejía por el día. Mi viejo perro Argos me reconoció por el olor, a 10 Km (cinco años en la Vado Maloliente, qué mal olía!!!, teníais que ver como ladraba!!!). Penélope me lavó, me vistió y me dio de comer. Su amor me hizo esclavo de sus deseos. Llora y ríe de verdad.

Animula, vagula, blandula….

Luego me dio por estudiar y terminé otros estudios universitarios….que no me valen para nada salvo que “el saber no ocupa lugar”. Siempre se me dieron bien las aulas y los juzgados pero muy mal los bares.

Ahora, en la seguridad de Ítaca, me dedico a conjugar tres verbos: amar, observar y escribir. Se acabaron los paseos por el Egeo con sirenas y hechiceras tontasdelculo: el tiempo es finito pero no tiene bordes. Soy un novio de la muerte, pero nos lo vamos a pasar pipa. Penélope me brinda refugio…gimmie shelter!!!, dancing to the end of love.

Mira, muerte, no es necesario mentir, para amar no hacen falta personas, solo imaginación y voluntad (Sta. Teresa levitaba):

Dos amiguetes habían comprado un Seat-600 en el desguace. Lo restauraron, le rectificaron el motor, dejándolo a 650 cc., le pusieron una tapicería de cuero, un volante pequeñito de tres radios, llantas de nido de abeja, todos los cromados nuevos…..estaba, el 600, que parecía una piruleta.

Cuando fueron a probarlo, uno de ellos se puso al volante y el otro, desde fuera, cronometraba los tiempos. En la primera curva, el 600 volcó y se incendió con el conductor dentro. Menudo piñazo!!!

El compañero, corriendo a todo correr, se iba quitando el mono de mecánico y cuando llegó al siniestro empezó a apagar las llamas sacudiendo con el mono.

El conductor decía:

– Déjame que me quemeeeeeeee!

-Pero amigo, cómo voy a dejar que te quemes!!!, que le den por culo al 600. -seguía atizando con el mono-

-Déjame que me quemeeeeee!.

– Que no, coño, pero cómo voy a dejarte!!! -se esforzaba en apagar las llamas que devoraban a su amigo-

– Déjame que me queme, hijolagranputa, o saca la llave inglesa del mono.

Como diría la más faraona: “si me queréis: irse”. Dios mío, cuanta sabiduría!!!!.

Ah!!!, que se me olvidaba. Este blog no tiene animo de lucro. No voy a insertar ninguna publicidad ni consejo que me reporte beneficio monetario. Es, tan solo, un entretenimiento y nunca he ganado dinero con otra cosa que no sea vendiendo mis conocimientos, ni siquiera con el pegamento. Siempre he vivido como pienso… he tenido suerte.

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