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CAPITULO V (12). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (5).-

CAPITULO V (12). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (5)

 

 

A las 14,30 toda la columna de Collingwood había entrado en combate de forma ordenada destrozando a la dispersa retaguardia de la combinada.

Los ingleses en ningún caso intentaron abordar. Destrozaban a cañonazos los cascos de los buques, de una forma sistemática.No tenían, solo, intención de ganar. Querían destruir la flota, en especial los barcos de tres puentes. Sabían que en esos momentos teníamos 6 y los querían debajo del agua. En Trafalgar, nosotros pusimos cuatro de tres puentes. Los franceses ninguno, no tenían. Al Trinidad, cuando ya no tenía ninguna posibilidad de defensa, con 300 bajas y sin ninguna bandera, porque no tenía palos para colgarla, le siguieron cañoneando, durante dos horas, cuatro navíos ingleses.

Con las carronadas de 48, dispensaban metralla para la gente de la cubierta superior y con las piezas de 32 de la primera batería tiraban a la lumbre del agua. Los tres puentes ingleses y pusieron 8, además, tenían otra batería de a 24 que cargaban con palanqueta o bala doble y, con esta, tiraban a desarbolar, Sencillito, no?.

D. Cosme, al mando del Nepomuceno (último de la línea), fue cañoneado por ambas bandas por el Defiance (74) de Durham, que lo batía por estribor, y por el Dreadnouht (98) de Conn que, batiéndolo por babor, lo rindió a las 15,30, después de ensañarse.

A las 14,15 murió el segundo en el mando, el Capitán de fragata Moyúa y a las 14,30 una bala de cañón se llevó una pierna de D. Cosme. El teniente de navío Núñez Falcón rindió el barco con 150 hombres muertos o heridos. Se lo llevaron a Gibraltar.

La predicción de D. Cosme se había cumplido: “si te enteras que mi navío ha sido capturado, bien puedes decir que estoy muerto”.

El Bahama de D. Dionisio fue cogido por el Belerophont de Cooke, por babor, y por el Colosus de Norris, por estribor, y a las 13,30, una bala de cañón se llevó la cabeza y los hombros del marido de Dª Concha de Villavicencio, mientras ella estaba en Chipiona con fuertes jaquecas, y sus hermanos ocupados, en otros menesteres administrativos el mayor y preso en Inglaterra el segundo. El capitán de fragata Ramery rindió el navío a las 16,30, con más de 80 muertos y 150 heridos. Aguantó 3 horas el castigo inglés, liberando al Príncipe del acoso de esos dos buques.

Mucho más curiosa fue la historia de D. Cayetano Valdés que iba, con el Neptuno español, en cabeza de la formación, después de la virada.

Villeneuve había izado la señal, para que volviera la vanguardia a las 12,30 y Dumanoir no la había visto debido a los grandes humos y fuegos, naturalmente. Tampoco sabía donde debe estar un capitán en un día de combate, así que decidió no hacer nada hasta las 14,30 que viró…para alejarse del fuego, puso rumbo W1/4SW, cuando el fregado estaba demorando a ESE.
Cómo resulta que a las 13,30 Villeneuve ordenó a “cada barco” virar, D. Cayetano y D. Cypriano decidieron no obedecer a Dumanoir y acudir al fuego. Ambos, después de virar por avante, arrumbaron SSE, tomando por el través de estribor, y aproaron hacia el Bucentauro y el Trinidad que a esas horas estaban aboyados, sin arboladura ninguna, rendidos y rodeados por seis navíos ingleses. El Bucentauro derivaba hacia el Trinidad.

Los ingleses al ver los rumbos de unos y de otros, inmediatamente salieron al paso de Valdés y L’Infernet. El Spartiae de Laforey y el Minotaur de Mansfield enfilaron, a contra marcha, al Neptuno, por su banda de babor, causándole serias ofensas en la arboladura hasta el punto que a las 14,30 se desplomó el palo de mesana cayendo sobre el alcázar de popa dejando inconsciente a D. Cayetano; luego viraron, doblando por popa al Neptuno y le batieron por las aletas. Heridos el capitán, el segundo y el tercer oficial, el Neptuno se rindió al Minotaur a las 16,40, con D. Cayetano incosciente.

A D. Cypriano le llegó su turno inmediatamente después. Primero el Agamennon de Berry y, luego, el Spartiae de Laforey le batieron despiadadamente y le remató el Britannia, que acabó por quemarlo y mandarlo al fondo del mar.

Cuentan que L’Infernet estaba pelando una manzana y cagándose en todo lo que se meneaba, incluyendo a toda la Corte Celestial, cuando un teniente de navío se puso detrás de él; D. Cyprien, mirándole a los ojos, le dijo: “señor, piensa usted que yo soy un forro de cobre?, cuando me atraviesen a mí, morirá usted y a mí me van a tirar mucho más que a usted”.

Nosotros, el Leandro, el Montañés (sin Alcedo, que había muerto ya), y el Neptune de Maistral, siguiendo las aguas del Príncipe de Asturias, iniciamos la retirada hacia Cádiz a las 17,30 cuando voló el Achille y cesaron todos los fuegos. De vuelta encontrada venían, desde la vanguardia, el Rayo, el Francisco de Asís y el Heros de Remí-Poulain. Todos juntos llegamos al placer de Rota, a las 2 de la madrugada, donde pudimos fondear.

Fueron 30 millas infernales, 10 horas a 3 nudos con toda la flota inglesa, con órdenes concretas de destruirnos, encima de nosotros.

La noche fue infernal, digo, sobre todo para mí que al bajar desde la toldilla al alcázar de popa para comprobar el estado de la mesa de obenques, de estribor, del palo mayor que había recibido un balazo, me caí y me doblé el pié izquierdo, con el consiguiente batacazo en el hombro derecho.

A lo largo de la noche y en la mañana del 22 fueron llegando varios navíos más, el Plutón de D. Cosmao, el Argonaute de Epron, y el Indoptable de Hubert, que había rescatado a la tripulación del Bucentauro, incluyendo a los ingleses que tenía, el cual había tocado fondo en Punta del Sur, muy cerca del Castillo de San Sebastián, y luego se había hundido.

Así pues, de 33 navíos que salimos de Cádiz el día 19, quedábamos a flote 10, y todos muy ofendidos. En ese momento no teníamos ni la más remota idea de cómo estaban los ingleses que lo suyo habían llevado (nuestras balas) pero que al retirarnos, estarían ayudando a los suyos y tratando de llevarse lo más que pudieran de los nuestros.

No sabíamos nada de D. Dionisio ni de D. Cosme, nos enteramos después.

El 22, a media mañana, empezó a arreciar el temporal y amenazaba muy seriamente nuestro palo mayor que tenía 4 obenques picados debido a una descarga de bala doble que pegó en la mesa de estribor. El capitán Gastón volvió del consejo de guerra que había convocado el Teniente General Gravina, a bordo del Príncipe, y dio orden de tratar de llegar a La Carraca, justo cuando el ancla principal empezó a garrear y, al tratar de meterla a bordo, falló el cabrestante e hirió de gravedad a cuatro hombres, no hubo más remedio que picar el cable. El botalón del bauprés, que también estaba atravesado, se fue al agua, arrastrando al contrafoque. Hacíamos 2 pies de agua por hora y teníamos descosidos los trancaniles de estribor como consecuencia de una descarga del Belleisle.

Cuando nos dimos a la vela a las 12,30 del día 23 de octubre de 1.805, pudimos ver como al Príncipe de Asturias se le venían abajo el mayor y el mesana.

El capitán Gastón me dijo:

– Roque, van a salir a represar.
– No creo que estemos en condiciones, mi capitán.
– Con condiciones o sin ellas hay que ayudar al que se pueda. El General ha dejado muy claro que no debemos presentar batalla salvo que tengamos mucha superioridad. No se alejarán de la costa.
– Y nosotros?. Qué hacemos?.
– Volvemos a puerto. No estamos en condiciones de navegar, bastante tendremos con llegar. A nuestra popa vendrá el Príncipe. Macdonel con el Rayo, mandará las operaciones de represa; irán con él los franceses Plutón, Neptune e Indoptable y los españoles Montañés y San Agustín.

El temporal, que estaba adquiriendo una fuerza considerable, con vientos de 40 nudos y olas de 5 metros; nos arrastraba hacia el Puerto de Santa María. A las 6 de la tarde, sobre Punta Diamante, fondeamos con el ancla de respeto pero el San Justo seguía abatiendo NE, garreando y sin posibilidad de control.

A las 22,00 el capitán Gastón mandó picar el palo mayor y, efectuada que fue esta operación, el barco seguía derivando, así que mandó picar el mesana.

A las 12 de la mañana del día 25, en una de las lanchas, llegaron de Capitanía dos anclas con sus respectivos cables. A las 6 de la tarde estábamos anclados y con el cabrestante reparado.

La tripulación estaba extenuada, establecí turnos de trabajo en las bombas de achique y en la jarcia para tratar de limpiar la cubierta, ordenar los escombros y salvar lo que se pudiera. Tuvimos que tirar por la borda la verga del velacho.

La noche del 25 al 26 de octubre de 1.805 el temporal arreció. Vientos muy duros, el cielo blanco, la mar rota por olas de 7 metros. Nosotros anclados tratando de no irnos contra las rocas del Fuerte de Sta. Catalina.

San Telmo nos ayudó y a las 10,30 del día 27, pudimos recoger las anclas y, con el solo trinquete y las lanchas bogando, llegamos a Puntales. Sí amigos, San Telmo nos ayudó y llegamos a la entrada del caño de La Carraca y, después, al muelle del Arsenal donde amarramos a las 16,40.

Inmediatamente comenzaron las obras de reparación por parte de las cuadrillas de carpinteros que taponaron los agujeros del casco y detuvieron el acceso de agua.

A las 8,00 h. del día 29, como éramos los primeros en atracar el capitán Gastón me dijo:

– Roque nos vamos a la Comandancia, lea este informe y, si está de acuerdo, suscríbalo. Si no está de acuerdo, redacte el suyo.
– Sí, mi capitán, vamos al observatorio?
– No. Nos esperan en el Arsenal.

El capitán Gastón no había dormido en toda la noche, redactó un extenso informe que era, precisamente, lo que íbamos a entregar.

Leí, con detenimiento, el informe. Era un escrito aséptico, describiendo las maniobras, los tiempos, los daños sufridos y la relación de heridos (no tuvimos ningún muerto) y el consumo de munición.

No daba explicaciones de los “porques” ni refería ninguna opinión particular.

– Mi capitán, no deberíamos poner nada más?
– Yo no lo haré Oquendo. Ya le digo que, si le plugue, escriba usted su informe.
– Pero, mi capitán, usted cree que no pudimos hacer más?
– Nosotros, Roque, somos soldados y obedecemos órdenes. No sabemos si pudimos hacer más, nos mandaron virar y viramos. Conseguimos agrupar a una columna y sacudimos lo que pudimos; a nuestra popa venían el Leandro, el Neptune y el Indoptable. Conseguimos liberar al Montañés, que se unió a nosotros, y los enemigos, al ver que nos acercábamos al Príncipe, se retiraron.
– Sí, hicieron lo mismo que en San Vicente.
– Y nosotros hicimos lo mismo que Valdés. Los ingleses prefirieron llevarse lo que pudieron. No te equivoques, Roque, ellos tenían muchos barcos en muy mal estado, flotando como corchos. Prefirieron ayudar a los suyos y quedarse con lo que ya tenían.
– Si hubiéramos acudido a ayudar al Santa Ana y al Trinidad, tal vez, se hubieran podido salvar.
– Seguro. Pero entonces hubiéramos perdido al Montañés y al Príncipe. Los ingleses tontos no son, se van directos a por las insignias; pudieron con la francesa pero no con la española. Los tres puentes de la columna inglesa de sotavento ya tenían lo que les habían dado el Nepomuceno, el Ildefonso, el Bahama, el Monarca y los Navíos franceses de cola, el Swift-Sure, el Argonaute el Algesires y el Aigle. Parece ser que Magón ha muerto en la acción. Los ingleses ya no querían más, debían ayudar al Mars, al Belleisle, al Revenge y a sus propias insignias, el Victory y el Royal Sovereign que estaban desarbolados y agujereados.

A lo largo de la semana siguiente pudimos conseguir noticias de casi todos los navíos. Recibíamos noticias de los suyos que nos mandaban desde el apostadero de Algeciras. El desastre era absoluto y yo empecé a pensar en solicitar la baja en el Servicio. Empecé a preguntarme cosas que no tenían respuesta. Cómo fue posible?. Se puede ser tan estúpido de pelear al lado de una nación con la cual la guerra era inevitable, antes o después?. Se puede ser tan desleal a tu propia patria como para firmar un tratado que te convierte en esclavo?. Los soldados obedecemos órdenes!!!.

D. Cayetano estaba vivo, el Neptuno fue represado pero encalló en Santa Catalina.

De los tres Neptunos que pelearon en Trafalgar, el Inglés se fue muy maltrecho para Gibraltar, remolcado por una fragata; el español naufragó y el francés estaba anclado en la bahía.

Habían muerto cientos de hombres, habíamos perdido 10 barcos de guerra y habíamos hecho, posiblemente, el mayor ridículo de la historia de la Armada….y el día 9 de Noviembre nos ascendieron a todos.

Por Real Orden de 9 de Noviembre de 1.805, todos los oficiales que estuvimos en el combate de Trafalgar fuimos ascendidos un grado, aunque eso daba lo mismo porque como no cobrábamos….

De esa forma, a mis 33 años, fui ascendido a Capitán de Navío. Sí amigos, fui ascendido por perder!!!.

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CAPITULO V (11). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (4).-

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (11). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (4).-

13h dia20

 A las 14,30 h del día 20 de octubre de 1.805 el almirante francés dio la primera de las órdenes contradictorias. Mandó, a través de las señales, virar por redondo, a un tiempo. Pasarle la proa al viento para recibir por estribor.

14,30 día 20

 Después de tres horas de maniobra nos encontrábamos, desordenados, y navegando S1/4SE.

–          Roque, este tío es tonto de baba. No pretenderá embocar el estrecho con esta ventolina !!!.

–          Además, mi capitán, está rolando a W. Nosotros lo tomamos por estribor y ellos por la popa; no pasamos de cabo Trafalgar.

–          No se da cuenta que el combate es inevitable?. Maniobra para zafarse, no para combatir. Nos van a cazar como a conejos.

Esta maniobra, debido a las distintas aptitudes de los barcos ya produjo un cierto caos en la formación, porque los barcos no tenían el mismo radio de giro y porque las tripulaciones no eran las mismas y no tenían el mismo entrenamiento, la consecuencia lógica de esta maniobra fue que se alteró, considerablemente, el orden de la formación y los buques franceses fueron amontonándose, para navegar juntos.

No íbamos al Mediterráneo y antes de anochecer las fragatas señalaron velas enemigas demorando W1/4NW.

Aquello no tenía sentido, dado que las fragatas británicas observaban los movimientos de la flota y transmitían las señales al Victory.

Pero, por si faltaba algo, a las 21,00 h. mandó formar línea de combate sin sujeción a puestos, a lo que Gravina, repitiendo las señales, respondió que tomaba la cabeza de la formación con su escuadra de observación. Montó un gran farol en la mesana del Príncipe de Asturias.

a las 21,30

–          Mi capitán, línea de combate sin sujeción a puestos en este rumbo?.

–          Es posible, Roque, que pretenda ganar el barlovento, tal vez espera el ataque por la noche.

–          Con viento del oeste?.

–          Cual crees tú que es la razón?.

–          No lo sé, mi capitán, pero es muy desconcertante.

–          Crees que los barcos franceses tienen órdenes secretas?

–          Eso, con toda seguridad, mi capitán. No nos dejan tomar la popa del Bucentauro.

–          Pues yo no lo creo. Sencillamente, Villeneuve no tiene ni idea de qué hacer.

–          Una formación de combate, a un cable, con 33 navíos nos da una línea de 5 millas; un navío, a 3 nudos, va a necesitar 2 horas para recorrerla.

–          No te preocupes, Roque, nadie la va a recorrer. Los tres puentes ingleses solo necesitan un cuarto de hora para liquidar a un 74 cañones.

Nosotros, después de esta maniobra, estábamos a popa del Bucentauro y barloventeados pero la gran aglomeración de navíos franceses nos impedía acceder a nuestro puesto en la línea, así que corrimos la línea por barlovento, recibiendo el viento por el través de estribor, hasta encontrar un hueco justo por delante del San Leandro y a proa del Redoutable de Lucas y del Neptuno de Maistral.

Toda la noche maniobrando para colocarnos en algún hueco de la línea.

Cualquiera que sepa algo de esto habrá comprendido que toda la táctica del general Escaño, a estas alturas, se había ido al garete pero, al menos, el general Gravina encabezaba la formación y con él navegaban Churruca, Alcalá Galiano, Vargas y Alcedo, con el Nepomuceno, el Bahama y el Ildefonso y el Montañés.

Con esta maniobra, Gravina dejó meridianamente claro que quería encabezar el ataque, pero el italiano no sabía que Villeneuve no quería atacar.

Otro detalle curioso de esa orden es que nos acercaba a la boca del Estrecho, con lo cual nos acercábamos a la base de los enemigos (Gibraltar) y nos alejábamos de la nuestra (Cádiz). Esto da lo mismo cuando vas a ganar, pero si vas a perder es mucho mejor estar cerca de casa, sobre todo si los barómetros están bajando. El temporal, que se avecinaba, en vez de pasarlo en casa lo íbamos a pasar en alta mar.

A las 6 de la mañana se divisaron, demorando W, 20 velas enemigas. Inmediatamente el francés izó señales de “formar línea, con sujeción a puestos, mura estribor” que era por donde nos entraba el viento. La flota de Nelson navegaba en tres columnas con rumbo ENE.

a las 6,00 h

El capitán Gastón reafirmó el estado de zafarrancho de combate ordenando “coys a la batayola”. Toda la tripulación del barco estaba ya muy nerviosa. Nos dispusimos a ejecutar la maniobra de colocarnos en el “orden natural”, la cual nos dejó sotaventeados e inmediatos por la popa del Sta. Ana del general Álava y el capitán Gardoqui. El Leandro de Quevedo nos seguía.

La suerte estaba echada. El viento nos entraba por la aleta de estribor y el enemigo venía con el viento. Nelson formó en dos líneas y, con viento de empopada, corrigió el rumbo tomando E1/4 SE.

En ese momento, la única orden posible, para evitar el desastre, era la de dejar que Gravina, con el Príncipe, virara N-NW con su escuadra de observación, y el cuerpo fuerte de la flota hiciera lo mismo para, poniendo dos líneas paralelas tratar de cortar por la mitad la columna de Collingwood, dejando fuera de fuego la de Nelson y, en todo caso, maniobrar de vuelta encontrada. En ningún caso permitir que las líneas inglesas cargaran contra la retaguardia de la línea nuestra.

En la cola de la línea, y a 5 millas, estaba el Neptuno de D. Cayetano.

–          Mi capitán, van a cargar contra la cola de la formación.

–          Sí Roque, van a tratar de coger del Bucentauro para atrás, incluyendo al Trinidad y al Sta. Ana.

–          Deberíamos tomar la popa del Sta. Ana, achicando la distancia todo lo que podamos, señor.

–          Sí, Roque, fuerce vela.

Me fui para el combés gritando como un poseso:

–          Contramaestre, suelte los pericos.

–          A sus órdenes, mi capitán.

–          Piloto, enfile directamente la popa del Sta. Ana.

El piloto del San Justo, D. Salvador de Castro, era un oficial muy mayor que actuaba con todo el pundonor de un joven pilotín, pero tenía un defecto: no sabía mandar a sus subordinados. No le querían. Aún así cumplió con su deber con esmero y aseo.

Eran las 7,45 de la mañana cuando nos disponíamos a acortar la distancia y cuando el Almirante francés izó señales. Era completamente increíble!!!.

–          Mi capitán, el francés dice que “a virar por redondo, a un tiempo”.

–          Ya lo estoy viendo, Roque. Ahora se le ha aflojado el recto y quiere volver a Cádiz. Pero por redondo?, por qué no vira por avante y alarga la distancia?.

–          Pero eso es imposible, mi capitán, he tomado la marcación de los buques de cabeza de la formación inglesa, nos cortan antes de llegar a Trafalgar.

–          Ya lo sé. El Sta. Ana está virando, Roque, manda virar si no quieres abordarlo.

–          Se lo vamos a poner a huevo, mi capitán.

–          Sí, Roque, este tío no tiene ni pajolera idea.

Otra vez cambio de borda, más voces.

–          Suelten el velacho y la mayor, aflojen los foques.

–          A sus órdenes.

–          Timón al viento!!!!.

El San Justo, muy lentamente, empezó a virar a las 8,30h y a las 9,00 h, había pasado la proa por el viento, que cada vez era más suave. Estábamos virando con ventolina. Eso, si lo manda un guardiamarina, lo expulsan de la Armada.

–          Cambien de borda la cangreja!!!. Cazamos los foques!!!.

A las 10 h., estábamos como matalote de proa del Leandro, al cual seguía el Sta. Ana y dos navíos detrás se podía ver al Monarca de D. Teodoro Argumosa y al Plutón de Cosmao.

12hdel21

Por delante de nosotros iba el Neptune del capitán Maistral y por delante de este y a popa del Bucentauro se había colado “le petite capitén” Lucas, con el Redoutable. D. Etienne estaba dispuesto a hacer lo que siempre había deseado.

A las 11,00, teníamos las dos líneas inglesas encima haciendo rumbo E-1/4NE, separadas 1 milla. Estábamos muy sotaventeados con relación a la línea y entre nosotros y los ingleses se interponían el Redoutable, el Neptune y el Sta. Ana que venía detrás de este.

Gardoqui facheó gavias para permitir que entráramos en la línea, por delante, el Leandro, nosotros y el Indoptable, que venía por nuestra popa.

El Royal Sovereing de Collingwood y Rotherham, cortó al Santa Ana de Alava y Gardoqui, por la popa con lo cual se puso a tiro de nuestros guardatimones. Despreció el hueco que le ofrecíamos por la proa del Sta. Ana.

El Royal Sovereing seguido del Belleisle, se dirigió, directamente (sin cambiar el rumbo), a cortar la línea por entre el Sta. Ana y el Forguex. Esta columna colocó a dos tres puentes en cola que se dirigieron en línea recta al Príncipe de Asturias.

El asunto estaba claro. Pretendían cortar nuestra línea de combate y dejar fuera de objeto, por lo menos, a 12 navíos. Esto estaba muy claro a las 10,00 horas. Nelson quería cruzar por la popa del Trinidad que era la proa del Bucentauro. De este modo, incluyendo al insignia, podía acometer a la retaguardia de la flota combinada y dejar fuera de combate a todos los que iban por delante.

El mesié Thiers y otros dijeron que los ingleses confundieron al insignia y pensaron que era el Trinidad….como si no estuviera claro el pabellón a tope del mayor en el Bucentauro. Nelson eludió al Trinidad, que tenía su insignia en el mesana, y se fue directo a por el gabacho.

El movimiento táctico era el mismo, tanto antes como después de nuestra virada: cortar la flota, atacando a la retaguardia. Nelson, con el viento en la popa, elegía el rumbo.

En esta maniobra el Royal Sovereing recibió fuego del Santa Ana, del Forgueux y del Indoptable. Nosotros y el San Leandro abrimos fuego sobre el Royal Sovereing a las 12,00, con los guardatimones. A las 12,30 Collingwood se “estacionó” en el costado de estribor del Santa Ana y se destrozaron mutuamente; los dos estaban desarbolados y seguían soltando fuego por el costado.

Sta. Ana

El Belleisle, otro tres puentes, vino en auxilio de Collinwood pero le recibieron, convenientemente, el Forgueux de Baudoin y el Plutón de D. Julièn, que había progresado hasta colocarse en la aleta de estribor del Belleisle.

El capitán Cosmao, también fiel a su criterio, maniobraba para sacudir sin que pudieran sacudirle.

A las 13,00 h, el almirante francés izó señales para que toda la vanguardia virara y viniera a sostener el fuego de la retaguardia.

En ese momento, la cola de la columna Collingwood estaba doblando la retaguardia combinada, D. Cosme, en el San Juan Nepomuceno, se defendía contra el Defiance, el Prince y el Revenge. El Príncipe de Asturias sacudía por babor y los Defiance y Revengue progresaron en busca de piezas más asequibles, se quedó el Prince que con una descarga de metralla partió un brazo a D. Federico y una rodilla a D. Antonio. El Dreadnouht progresaba.

El Prince y el Dreadnouht, dos potentes buques de tres cubiertas colocados en la cola de la columna de sotavento inglesa progresaban, uno por cada banda, machacando los navíos que encontraban a su paso.

A esas horas, tal y como habíamos comentado el capitán Gastón y yo, no vale para nada mandar virar a la vanguardia, ya que para llegar al fuego necesitarían, como poco, dos horas. Eso se ha llamado, toda la vida en España, “llegar al humo de las velas”.

La Ordenanza del 93, codificada por Mazarredo, prohibía a cualquier capitán abandonar su puesto en la línea sin recibir órdenes expresas y en la Armada todos sabíamos que, en un día de combate “un capitán no está en su puesto si no está en el fuego”. Esto es una contradicción que debe resolver el Jefe de la flota…..Villeneuve no resolvió.

Villeneuve, ni comió la berza y ni la dejó comer. Ni resolvió, ni dejó que resolvieran los que sabían. La retaguardia, después de la virada, estaba perdida, y él también.

La columna de Nelson, con el Victory a la cabeza, seguido del Temeraire y del Neptuno (tres de tres puentes), entonces, empezó a virar haciendo rumbo E-SE, y de empopada se dirigió al Bucentauro. El señorito iba, como un lobo, a por el mariquita francés.

Bucentauro-Trinidad

Esta maniobra, siendo muy arriesgada, demostraba la determinación del Señorito. Tenía que pasar por el costado de babor del Heros y del Trinidad, que montaba 70 cañones en esa banda, pero por si hubiera alguna duda, Uriarte, el capitán del Trinidad, facheo velas para acortar la distancia de su popa con la proa del Bucentauro, con lo que el Victory no tuvo más remedio que pasar por la popa del francés y por delante de su costado. Eran las 12,45 cuando el Victory pasó por la popa del Bucentauro.

El Señorito aguantó dos andanadas del Trinidad y otras dos del Bucentauro, en su costado de babor, sin soltar ni un solo cañonazo. Cuando pasó por la popa del buque insignia francés, le soltó toda la mala baba, con metralla, que había guardado. Le destrozó los jardines de popa y le barrió las cubiertas. Le mató a más de 100 hombres.

El Victory, desarbolado, se alejó del Bucentauro y su capitán, Hardy, prefirió un bocado más digerible, dejando que “otros” terminaran el asunto con el barco insignia francés. Nelson, que veía a Collingwood entrar en combate no podía esperar más.

El Redoutable de Lucas forzó vela y se puso al costado de estribor del Victory. D. Etienne, fiel a su criterio, intentaba abordar al insignia inglés, pero no contaba con el Temeraire de Harvey que pasándole por la popa le destrozó por completo. Esto no evitó que los tiradores de infantería del 2º de línea, que llevaba D. Etienne, le metieran al Señorito media libra de plomo en el espinazo, a las 13,30 h.

Después de liquidar al Redoutable, el Temeraire se dirigió al costado del Bucentauro y acabó con él.

Toda la vanguardia de Dumanoir estaba fuera de objeto y cuando el Bucentauro estaba acribillado y sin palos, 8 navíos no habían entrado en combate.

El último de la columna de Nelson, el Britannia, se dedicó a “dar la puntilla” al Bucentauro y al Trinidad que ya habían sido batidos por el Victoy, el Temeraire, el Neptuno, el Conqueror y el Leviathan…ahora se dirigían a la cabeza de la columna machacando por ambas bandas, uno a uno, a los que se encontraban. Estando a barlovento, elegían la banda por donde entrarles.

El Orden de Combate, que publicaron después, de los ingleses era:

Nombre Cañones Capitán
Columna de Nelson
Victory 100 Insignia Vicealmirante Lord Nelson, Comandante en Jefe escuadra británica.
Capt. Thomas Hardy
Temeraire 98 Capt. Eliab Harvey
Neptune 98 Capt. Thomas Freemantle
Conqueror 74 Capt. Israel Pellew
Leviathan 74 Capt. Henry Baytun
Ajax 74 Teniente. John Pilford
Orion 74 Capt. Edward Codrington
Agamemnon 64 Capt. Sir Edward Berry
Minotaur 74 Capt. Charles Mansfield
Spartiate 74 Capt. Sir Charles LaForey
Britannia 100 Insignia Contralmirante Northesk
Capt. Charles Bullen
Africa 64 Capt. Henry Digby
Columna de Collingwood
Royal Sovereign 100 Insignia Vicealmirante Cuthbert Collingwood
Capt. Edward Rotherham
Belleisle 74 Capt. William Hargood
Tonnant 80 Capt. Charles Tyler
Mars 74 Capt. George Duff
Bellerophon 74 Capt. John Cooke
Colossus 74 Capt. James Morris
Achille 74 Capt. Richard King
Polyphemus 64 Capt. Richard Redmill
Revenge 74 Capt. Robert Moorsom
Swiftsure 74 Capt. William Rutherford
Defence 74 Capt. George Hope
Thunderer 74 Teniente John Stockham
Defiance 74 Capt. Philip Durham
Prince 98 Capt. Richard Grindall
Dreadnought 98 Capt. John Conn
Barcos menores
Euralyus Frigate 36 Capt. Henry Blackwood
Naiad Frigate 38 Capt. Thomas Dundas
Phoebe Frigate 36 Capt. Thomas Capel
Sirius Frigate 36 Capt. William Prowse
Pickle sloop 10 Teniente John Lapenotiere
Entreprenante sloop 8 Teniente Robert Young

Con ligeras variaciones fue el que se presentó en la batalla, Collingwood, con el Royal Sovereign, percutió por la popa del Santa Ana, asistido por el Belleisle, el Tonnant y el Marte mientras los cinco últimos doblaban la retaguardia de la combinada.

Nosotros, nada más ver la señal del almirante, y por tanto tener la orden, viramos por avante.

–          Roque, el almirante dice que vayamos a sostener a la retaguardia.

–          Viramos, mi capitán?.

–          Sí Roque, nos vamos a aliviar al Príncipe de Asturias.

–          Señor, el Leandro está virando.

Ordené cargar y prepararse a las baterías de estribor. Y en cuanto estuvimos en rumbo, descargamos sobre el Royal Sovereing y seguimos S-SE en dirección al Príncipe de Asturias.

El Leandro iba por delante de nosotros, también había virado y descargaba sobre el Marte el cual, ya batido por el Pluton de Cosmao y, sobre todo por el Monarca de Argumosa, estaba flotando como un corcho, sin palo donde colgar bandera y una descarga lejana de los guardatimones del Fougueux le arrancó la cabeza a su comandante, el capitán Duff. El Fougueux rindió su último servicio y se fue a por el Temeraire; este ya había destrozado al Redoutable y cuando llegó el Fougueux, poco pudo hacer. A las 14 h, su comandante, el capitán Baudoin había fallecido.

Monarca y Pluton 13,30

Cosmao, con el Plutón, se dedicó durante una hora más a sacudir al Belleisle y luego viró poniendo proa al mediodía.

Don Teodoro Argumosa, a bordo del Monarca, sufría el acoso del Tonnant de Tyler que trataba de pasar por la proa del Monarca y la popa del Plutón de D. Julièn cuando este inició la virada para, como nosotros, volver a la retaguardia.

D. Teodoro prefirió achicharrar al Marte, lo cual consiguió, pero ya no le quedaba ni gente ni munición para enfrentar al Tonnant que le batía por la banda contraria a donde estaba el Mars.

D. Teodoro, después de cesar el fuego del Tonnant que se dirigía a socorrer al Royal Sovereing, con su capitán Tyler gravemente herido, se vio batido por el Belerophon de Cooke y el Colossus de Morris y, sin posibilidad ninguna de respuesta, estando Argumosa en la enfermería, a consecuencia de un astillazo que le aplastó el esternón, autorizo para arriar la bandera. Tuvo 100 muertos y 150 heridos en el combate. Después de muchos avatares, naufragó en Arenas Gordas, el día 28 a causa del temporal y murió el 70% de la tripulación.

El Tonnat de Tyler, se abarloo al Algesiras y le rindió a las 15,30 con la muerte del Contalmirante Magon. El Tonnat, entones aproó sur para atacar a los barcos del final de la columna aliada.

El Monarca, además, sufrió la villanía del Leviathan del capitán Baytun que le localizó el día 25 de octubre en pleno temporal. Les mandó fondear, retiró la dotación de presa y luego marchó después de picar los cables del Monarca, lo que le dejaba a la deriva en medio del temporal y con 150 hombres a bordo.

14,30

Era la segunda vez que D. Teodoro perdía un barco a manos de los ingleses.

Estos hechos, no solamente los viví, es que, además y como consecuencia de la conmemoración del 40 aniversario, nos juntamos viejos marinos a comentar y cotejar los papeles de cada uno y entre ellos, vinieron a Sevilla Francisco Blanco e Isidro Terneiro, entonces grumetes, Pablo Helguera, artillero preferente, y José Gonzalez, marinero de primera, todos estos del San Justo. Además, asistieron muchos del Príncipe, del Trinidad, del Neptuno e incluso algún francés que se quedó a vivir en España (se enamoraban).

Esto lo vuelvo a repetir para corregir las afirmaciones del mesié Thiers y no solamente las corrijo yo, las pueden corregir todas las personas que estuvimos en Trafalgar y todavía vivimos.

 

(To be continued)

Categorías:CRONICAS MARINERAS

CAPITULO V (10). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (3).-

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (10). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (3).-

  En la primera quincena de agosto perdimos la ventaja estratégica y, aunque no lo sabíamos, ahora íbamos a perder la ventaja táctica.

  Cuando Napoleón se enteró que el mierda de su almirante, en vez de ir a Brest, había ido a Cádiz aprovechando la tercera opción de las órdenes anteriores (ir al Mediterráneo), que solo debían cumplimentarse en el caso extremo de no poder cumplir las dos anteriores (ir a Brest), mandó un sustituto para que D. Silvestre volviera a Paris para tener un “rendez-vous” con su Majestad Imperial.

  Si se hubiera producido, aquel acontecimiento me hubiera gustado verlo. Napoleón medía 1,55m y Villeneuve 1,90m. Qué maravilla!!!, un enanito valeroso y verde de ira dando la bronca a un gigante cobardica y blanco de miedo.

  –          Mesié Villeneuve, incline usted el togso y muéstrgeme el culo que le voy a disciplinag.

 –          Vuestrga Majestad Impeguial me azotagá el culo con una gegla?

 –          Oui, mesié. Cobagde, gallina, capiten du les sagdines!!!.

 La flota combinada estaba anclada, dentro de las agujas de la bahía, desde agosto y, por tanto se daban permisos para que parte de las tripulaciones bajaran a Cádiz y se fueran a Naja que era donde estaban las mejores tabernas y las señoritas que fumaban.

 Los comandantes de los barcos también bajaban a tierra de vez en cuando y, en una de estas “bajadas a tierra” conocí a D. Julián María Cosmao-Kerjulién, comandante del Plutón que era un 74 cañones francés botado en 1.803.

                                                Julien Cosmao-Kerjulièn- Comte. del Plutón 

220px-Cosmao_Mayer

Estábamos cenando, en un establecimiento con vistas a la Caleta, D. Miguel María Gastón de Iriarte, D. Julián María Cosmao-Kerjulién, D. Luis Antonio Cipriano L’Infernet, D. Etienne de Lucas, el teniente de navío Francisco María Boulet y este su humilde servidor.

La cena, a instancias de los franceses, era por la admiración que sentían por D. Miguel, desde diciembre del 96, después de lo que le hicimos a la Minerve y el canguelo que le entró al Señorito Nelson cuando le pasamos, a contramarcha, y le metimos dos andanadas en el combés. Hablaban muy mal español y L’Infernet también hablaba mal el francés, pero podíamos entendernos.

L’Infernet era un tipo alto, bien parecido y con voz de trueno. Contaban que no usaba la bocina. Era provenzal, del sur de Francia. Mandaba en L’Intrepide, que era el antiguo Intrepido español, un Romero Landa de 74 bocas de fuego.

                                                     Ciprien de L’Infernet-Comte. del Intrepido

l'infernet

–          Mesié Gastón, mon capitén, gueturné pur batig la Minegve avec la Matilda…qué cohone!!!, 44 contrga 32 cañons.

  El capitán Gastón contestaba.

  –          Era nuestro deber, pusimos fuera de objeto a la Blanche, la rompimos el mastelero de gavia y volvimos a rematar a la Minerva. Tengan en cuenta que el capitán Stuart, antes de bajar la bandera, ya le había dado lo suyo, en inferioridad de condiciones. En cualquier caso la Perla y la Ceres venían a todo trapo a ayudar, Nelson consideró prudente retirarse sabiendo lo que se avecinaba.

 –          Se guefiegue a la du catogse?- manifestó Lucas-

–          Oui, mesié.

 –          Oh!, fantastic batalle….daguía un bgaso pog habeg estado allí.   –decía L’infernet–.

 El capitán Gastón se estaba haciendo un poco de lio. Lo de la Matilde y la Minerva fue en diciembre de 1.796 y lo de San Vicente, en febrero de 1.797, entre esas dos fechas el capitán Gastón sufrió un acontecimiento mucho más doloroso que ensombreció lo demás y de lo que huía Nelson era del Príncipe que venía detrás de la Ceres y la Perla. La pena nuestra, y no nuestro mérito, fue que Nelson se nos escapó.

                                      Miguel María Gastón de Iriarte-Comte. del San Justo

Gaston-hijo

–          Nosotros también sufrimos, la Blanche me mató a 7 hombres y me hirió a 16 más, y el capitán Oquendo (entonces novel oficial) por poco si se intoxica con el humo.

 –          Pego guescató a la Sabíne y captugó a Hardy.

 –          Ciertamente, y lo cambiamos por Stuart, que estaba en poder de Nelson.

 –          Valía más Stuart que Hardy?

 –          Quien mide el valor de los hombres?. Quien conoce el futuro?. El futuro, señor, siempre es incierto. Se hace cierto cuando es pasado. En cualquier caso Stuart valía más que Hardy, porque, además de Hardy, les dimos a los otros 30 que estaban en la Sabina.

 Cosmao-Kerjulièn era un valeroso y bien parecido capitán que entró en la marina francesa como voluntario (con 15 años), en contra de los deseos de su padre que era notario, y había ascendido a Capitán de Navío recientemente después de una muy brillante carrera de enfrentamientos con los ingleses.

 En la presente campaña, mandando el Plutón, había dirigido la toma del islote del Diamante en la Martinica y, después de la maniobra de Gravina, había acudido a sostener el fuego de los buques españoles en la reciente del Cabo Finisterre. Cuando el Firme y el Rafael se sotaventearon y cayeron en la línea inglesa, el Plutón forzó vela y acudió a la defensa del España, impidiendo que lo doblaran por la popa y cayera en manos inglesas.

 El Plutón era un navío de 74 cañones botado en 1.803 (nuevecito!!!), tripulado por marineros que adoraban a su capitán y adiestrados por él, educados en el sacrificio y el honor. El 22 de Julio de 1.805, el Plutón descargó con fuerza sobre el Widsor Castle y el Agamenon (dos tres puentes) y sobre el Difiance, de 74 y, luego, volvió a la línea. Aquello le valió la felicitación y el sincero afecto del Teniente General Gravina. El capitán Cosmao era más partidario de maniobrar y disparar que de esperar a que le dispararan.

 –          Mesié Oquendo, he oído hablag de usted, lo que hizo con la Tegpsichog. Lo del 96 fue su debut?

 –          Oui mesié, debuté con picadores del mando del capitán Gastón. Fue mi bautismo de fuego y el capitán Gastón, mi padrino.

 –          Luego estuvo con Hidalgo de Sisnegos en San Vinsen, no?.

 –          Dos meses después confirmé mi alternativa en plaza grande, estuve en la del 14, con la Matilde, y remolcamos al Trinidad, mientras D. Cayetano y D. Baltasar se metieron entre los ingleses y el nuestro soltando mala baba por estribor.

 –          Cuente, cuente, Oquendo. –dijo D. Miguel Gastón-

 –          Señor, con el debido respeto. D. Cayetano nos mandó tirar del Trinidad para orientarle y que pudiera disparar, ya que estaba desarbolado. Lo hicimos mientras el Pelayo y el Pablo se metieron entre nuestra insignia y el Orión (74) de Saumarez que, después del Blenheim (98) de Lenox y el Irresistible (74) de Martin, venía a sacudir a Córdova; cuando vio aquello, Jervis salió por viento y vela, con lo que ya había pillado. Cuando el Trinidad, desarbolado y lleno de agujeros, volvía solo a Cádiz, la Therpsichore, del mando de Mr. Bowen, le enfrentó e intentó batirle. Orozco pudo maniobrar y le metió media docena de balas de a 36 en el trinquete. El día 2 de marzo, cuando la flota regresaba a Cádiz, vi a Bowen acechando al Trinidad, solicité pero no obtuve permiso para perseguirle. Cuando me encontré a la Therpsichore, en agosto de 1.797, a Mr. Bowen me lo habían matado en Tenerife (por insolente y por inglés), lo que me ahorró tener que matarle yo, y la Terpsichore, que venía averiada, fue presa fácil para la Matilde y pasó a ser la Matadora, una pasada por popa fue suficiente. La Matilde nunca consintió que se metieran con sus hermanas y la Terpsichore había capturado a la Mahonesa, esto era “lesa fraternidad” para la Matilde. Quid in gladio occiderit, gladio peribit!!!!.

 –          Megveyes!!! –manifestó Lucas-. Gladio occiderit!!!. Pego usted habla de la Matilde como si tuviega vida prgopia!!.

 –          La tenía. La Matilde estaba embrujada. Maniobraba eligiendo a quien atacar, cuando ella quería no hacía falta tocar la rueda del timón para que hiciera los movimientos correctos. Cuando vimos a la Therpsichore se fue, como una loba, a por ella, la engañó en la primera pasada a contramarcha y luego se fue directa a por la mesana.

 –          Fantastic, fantastic…mesié, pego mucho me temo que fue usted el que hizo aquello y el que lo descrigbe ahoga….bebamos a la salud du le pute Matilde y del capitán de fgagata Oquendo. –dijo Lucas-

                                                Etienne de Lucas-Comte. del Redoutable

delucas

–          Viv la Matilda et viv la Frgans. –dijo L’Infernet, con voz de trueno-.

 En ese momento bajaba por las escaleras que comunicaban con la planta superior el brigadier D. Cosme Churruca, nos vio y se acercó a la mesa. Tenía los mofletes colorados y los botones de sus pantalones delataban que no hacía mucho que se los había bajado. Todos nos pusimos en pié y el capitán Gastón le saludó.

 –          A tus órdenes, brigadier.

 –          Señores, me permiten brindar con ustedes?

 Lucas le alargó un vaso de vino y D. Cosme, poniéndolo a la altura de su barbilla dijo:

 –          Viva la Matilde y Vi-vaspaña!!!

 Un rotundo y contundente Vi-va!!!….resonó desde el sótano hasta la tercera planta del edificio.

 –          Mon yeneral, -dijo Lucas-, navegagá con nosotros hasta el avegno?.

 –          Sí, caballero, navegaré con ustedes y defenderé mi bandera.

 –          Hasta que no haya más guemedio que agiagla. -dijo Cosmao-

 –          Señor, si ve la bandera de mi barco arriada, bien puede decir que estoy muerto.

 El capitán Cosmao estaba convencido del desastre que se nos avecinaba y sabía perfectamente que las maniobras iban a ser definitivas. Había recibido reprimenda por su actuación en Finisterre y ahora el orden natural de marcha intercalaba barcos franceses con españoles. Ya no cabía la estrategia de desgastar a la escuadra española, la guerra era contra ellos. En la siguiente, todos deberíamos arrimar el hombro.

 D. Etienne de Lucas era un mini-capitán, conocido en la armada francesa como “le petit Lucas” porque medía 1,55 m. Creía firmemente en el “acto de guerra” y estaba loco por entrar en combate. Adiestraba a su tripulación de forma marcial dando preferencia a las compañías de infantería que llevaba a bordo (del 2º de línea con el capitán Puossier)….creía en el abordaje, era su táctica preferida saltar a la cubierta del buque enemigo y cortar cabezas y miembros, a sablazos, en el cuerpo a cuerpo, lo cual, con esa estatura, denotaba cual era su gusto. Elegía siempre compañeros y camaradas una yarda más altos que él.

 De Lucas (1,55) y L’Infernet (1,95), lógicamente, eran habituales socios de juergas en los garitos de Cádiz, El Puerto y Naja…se les veía, sin prejuicios y haciéndose acompañar por sus hombres, disfrutar de vino y señoritas de moral relajada; algunas, incluso, fumaban!!!. En locales de muy buena reputación.

 La diferencia entre uno y otro era que mientras de Lucas era educado, amable y con conversación amena, L’Infernet era un ogro. Mientras el “petit capitain” ganaba el amor de sus hombres, L’Infernet ganaba el miedo.

 En la armada francesa, como en la española, había capitanes que no eran partidarios de salir estando la estación tan avanzada y les parecía mejor estrategia la de esperar en puerto a que se presentara una oportunidad mejor, una vez desaprovechada lo de primeros de agosto. Sin duda el invierno la proporcionaría.

 Villeneuve se enteró, el día 18 de octubre de 1.805, que Rosily estaba en Madrid y venía a sustituirle.

 Villeneuve, en 1.805, era un neurótico-paranoico obsesionado con el Señorito Nelson. Después de lo que presenció en Aboukir, cuando Brueys D’Aigalliers ancló los barcos y permitió que Nelson tirara a los patitos una noche entera, se cagaba de miedo cada vez que alguien le mencionaba el apellido de D. Horatio.

 Como se demostró en Algeciras, anclar los barcos no era mala idea siempre que tuvieras detrás las baterías de Fuerte Santiago e Isla Verde y, en cualquier caso, Linois hizo lo mismo que Brueys, anclar demasiado lejos. La diferencia?, en Aboukir no estaban los artilleros, en Algeciras estaban Velasco y los suyos y el Hannibal pasó a ser barco francés y el Cesar y su matalote, el Pompee, dos barcos agujereados.

 Siempre ha habido dos clases de hombres. Los que se levantan, después de una derrota, y ansían fervientemente la revancha y los que se cagan por las patas y huyen. Linois y Villeneuve eran de los de la segunda clase.

 Rosily-Mesros era más científico que militar, estuvo con Ives Kerguelen explorando el Índico-sur en la década de los ochenta. Era hijo de un conde marino que llegó a Jefe de Escuadra, con base en Rochefort. Se libró de las depuraciones de la Revolución porque estaba en el Pacífico. En la década de los noventa, a las órdenes de Napoleón, prestó importantes servicios reconociendo y cartografiando toda la costa africana. Ahora venía a Cádiz a tomar el mando de la combinada franco-española. Era un gran jefe y, desde luego, cobarde no era. Era, pienso yo, un maestro en el arte de lo posible, como demostró después. En la vida, son los actos los que definen a las personas.

 Rosily nunca arriesgó, sin sentido, la vida de sus hombres y, desde luego, no la arriesgó por interés personal, por condecoraciones o mandos.

 Recuerdo aquella tarde del 18 de octubre. A las 17,30, después de ver las señales, bajé a la cámara del capitán Gastón:

 –          Mi capitán, el francés dice que todos a bordo, que metamos dentro todos los equipajes.

 –          Gracias Roque, que dice Gravina?.

 –          Ha repetido las señales.

 –          Pues adentro todos los botes y abajo todos los que no sean tripulación de este barco. Cumpliremos las órdenes, saldremos con lo que tenemos.

 A la hora de la cena, el capitán Gastón me mandó llamar para que cenara con él. Estaba sumamente tranquilo.

 –          Roque estamos en una situación comprometida. Has hecho testamento?.

 –          A qué se refiere, mi capitán?.

 –          Habrás observado que tenemos Poniente.

 –          Sí, señor.

 –          No podemos salir. Si salimos con Poniente nos achicharran. La única oportunidad es ganar el barlovento.

 –          Usted cree que Gravina dará la orden de salir?.

 –          Sí Roque. Federico está convencido de seguir la suerte que siga la Combinada, pero ni siquiera el francés puede ser tan incompetente como para mandar salir con el viento en contra. No saldremos y en dos o tres días estará aquí el sustituto de Villeneuve.

 Gastón mandaba la Sabina con la insignia de Moreno Mondragón en la batalla del Estrecho cuando se perdieron el San Hermenegildo y el Real Carlos, maniobró con destreza para mantener, en todo momento, las comunicaciones y la transmisión de órdenes, lo que hizo que Saumarez se volviera a Gibraltar, tan contento de la actuación de los españoles. Esto, lo refiero a los efectos enunciados al principio: “Cuando no estuve, el que me lo contó sí estuvo”.

 Aunque nadie nos lo podíamos creer, a las 6,00 de la mañana del 19 de Octubre el almirante francés izó la señal de “dar a la vela”, la cual fue repetida en el mayor del Príncipe a las 8,30.

 Con viento del W1/4SW el almirante mandaba salir de la Bahía!!!. Con intención de ir…donde?

                                       La Bahía de Cádiz, según la levantó Mazarredo

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El mesié Thiers dice que D. Silvestre dijo, el día de Trafalgar, “en medio de esta matanza, no hay una bala para mí?”, lo cual es incierto y más adelante explicaré por qué, pero adelanto: de ninguna de las maneras Villeneuve tenía intención de morir.

 En primer lugar dejó muy claro, en el consejo de guerra, a bordo del Bucentauro, que no quería salir y si lo hizo fue solo cuando se enteró que lo sustituían.

 En segundo lugar se aseguró navegar con el Trinidad como matalote de popa y el Neptune, un 80 cañones, como matalote de proa.

 En tercer lugar las órdenes de maniobra, durante los días 20 y 21, lo dejan al descubierto.

 Todo lo que sucedió fue responsabilidad suya.

 Paso a explicar el orden de combate que nos fue hecho llegar desde el Príncipe de Asturias y que todavía conservo entre mis papeles.

 El general Escaño, Mayor General de la flota distribuyó el orden y los distintivos de cada buque, así como las fragatas de señales y lo hizo llegar a cada capitán, con acuse de recibo.

 Efectivamente, iríamos intercalados. Lo de Finisterre no se podía repetir por mucho que los tratados que firmaban en Madrid nos dejaran en manos de los franchutes.

Cuerpo de la Armada (Villeneuve) Grimpolones   Comandante
                              NAVÍO                                 FRAGATA
Segunda escuadra, grimpolon al trinquete 1 Plutón Rojo                         Cosmao
2 Monarca Azul                      Argumosa
3 Fogueaux Amarillo                   Baudoin
4 Santa Ana (Alava) Rhin Blanco                    Gardoqui
5 Indomptable Rojo y blanco            Hubert
6 Justo Azul y blanco             Gastón
7 Intrépide Azul y rojo                Infernet
Primera escuadra, grimpolón al palo mayor 8 Redoutable Rojo                          Lucas
9 Leandro Azul                        Quevedo
10 Neptune (F) Amarillo                   Maistral
11 Bucentaure (Villeneuve) Hortense/Furzi Blanco                   Magendie
12 Trinidad Rojo y blanco            Uriarte
13 Hero Azul y blanco   Remi-Poulain
14 San Agustín Azul y rojo       Jado Cagigal
Tercera escuadra, grimpolón al mesana 15 Mont-Blanc Rojo                       Villegris
16 Asís Azul                        Florez
17 Duguay Trouin Amarillo                  Toufett
18 Formidable (Dumanoir) Cornelie Blanco                     Letellier
19 Rayo Rojo y blanco        Macdonell
20 Scipion Azul y blanco        Berenguer
21 Neptuno (E) Azul y rojo                 Valdés
 
Escuadra de observación Grimpola         Comandante
Primera división, grimpola al trinquete, grimpolita roja al mesana 1 San Juan Rojo                    Churruca
2 Berwick Azul                        Camas
3 Príncipe (Gravina) Themis/Argus Amarillo                   Hore
4 Aquilles Blanco                 Denieport
5 San Ildefonso Rojo y blanco          Vargas
6 Argonaute (F) Azul y blanco             Epron
Segunda división, grimpola al mesana, grimpolita blanca al trinquete 7 Swift-Sure Rojo                  L’Hospitalier
8 Argonauta (E) Azul                           Pareja
9 Algesiras (Magon) Hermione Amarillo                   Bronard
10 Montañés Blanco                      Alcedo
11 Aigle Rojo y blanco         Gourrege
12 Bahama Azul y blanco   Alcalá-Galiano

Navío
Príncipe de Asturias, en Cádiz, 1º de octubre de 1805.- Antonio de Escaño.

  El 19 de Octubre estuvimos todo el día mareando y dando bordadas para salir y terminamos el día, sin salir, fondeando. Era muy difícil dar bordadas pequeñas con tantos barcos alrededor. El peligro de abordaje hacía que las tripulaciones novatas se desgastaran más de lo necesario pero tenía la ventaja del entrenamiento. Todo el día dando voces, órdenes y blasfemando en latín y castellano.

  –          Mi capitán estoy tentado de despellejar a alguno de los gavieros. No saben trepar por los flechastes, Dios mío!!!! van a caer como moscas secas.

 –          Roque, ya le dije que es muy difícil lo que quiere el francés. Tómatelo con calma, no asesines a nadie, nos van a hacer falta mañana. Mándales subir y bajar; tomar rizos y soltarlos; orientar jarcia….que se habitúen a la maniobra, de eso depende sus vidas… y las nuestras.

  El capitán Gastón, D. Miguel María, me trataba de usted en público y de tú en privado.

  –          En la Matilde no teníamos estos problemas, mi capitán.

 –          Ah! La Matilde, que puta era!!!. Antes o después te va a abandonar.

 –          Muy nerviosa, tenía la quilla revirada a babor. Un problema de diseño. Los que le pusieron la quilla se equivocaron de madera. Tiene usted razón, vio al Donegal y se fue con él, y eso que el Donegal era 15 años más joven y con acento francés. Qué puta era!!!.

 –          15 días después de lo de Nelson, murió mi padre en Cartagena. Tengo malos recuerdos de aquellos días.

 –          Lo siento, mi capitán.

 –          Ahora, debemos tener muy claro que el San Justo no es un barco de mucho andar y muy duro de virar, esas dificultades debemos suplirlas con mucho trabajo y celo en el cumplimiento del deber. Roque, no debemos quitar el catalejo del mayor de Gravina. Estos gabachos nos la van a liar, con toda seguridad.

  El día 20 de Octubre amaneció aturbonado y el viento había rolado a NNE. A las 6,30 Gravina ordenó salir a toda la flota. En realidad el Bucentaure y seis barcos más habían fondeado fuera de las puntas de la Bahía, entre Rota y el Castillo de Sta. Catalina. El viento, ahora, favorecía la maniobra y había ganado fuerza hasta el punto que a las 11,30 se ordenó tomar rizos a las gavias y formar en tres líneas según el orden natural, mura a babor, a dos cables de distancia.

  –          Roque, tome usted la popa del Indoptable. Rojo y blanco en el trinquete.

 –          Señor, navegamos W1/4NW, donde cree que vamos?.

 –          Al infierno, Oquendo, vamos al infierno. Nos van a partir por la mitad.

  A las 13,00 el Teniente General Gravina formó su escuadra de observación en dos columnas y se situó a barlovento de las tres columnas de Villeneuve que viró N1/4NW, con lo que nos encontramos navegando de bolina en cinco columnas con dirección al cabo de Santa María.

  Era muy evidente que Gravina esperaba a Nelson por barlovento y, como en Finisterre, pretendía tomar la cabeza de la formación y, de esta forma elegir la maniobra. De hecho solicitó mando independiente pero le fue denegado. Le fue denegado porque Villeneuve no tenía intención de pelear…..quería poner a la escuadra de Gravina en la cola de la formación.

  Villeneuve no tenía ninguna intención de cruzar al Mediterraneo.

  La situación era absurda. De ninguna de las maneras, en el caso de ir a Ferrol, sobrepasaríamos el cabo de San Vicente. Si, por el contrario, lo que buscábamos era el encuentro, esa no era la mejor manera de ganar el barlovento, maniobra preceptiva máxime cuando no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar. Desde la reunión de la flota inglesa en Oissant, el 15 de agosto, no sabíamos nada de sus movimientos. No se habían despachado fragatas o barcos rápidos para espiar los movimientos y composición de la flota inglesa.

  Nelson, que tonto no era, se había situado lejos del alcance de las cañoneras sutiles que tanto daño le hicieron en el intento del 97. Nelson conocía bien a Gravina. Al parecer, se habían visto las caras en los abordajes de las lanchas en el asedio a Cádiz. Nelson se situó a 50 millas al WSW de Cádiz (por detrás del horizonte de las torres vigías) y puso un sistema de comunicación por señales, emplazando dos fragatas enfrente de la Bahía y haciendo navegar a dos navíos a 25 millas, de este modo las señales eran rápidas. Ellos conocían la composición y el movimiento nuestro pero nosotros solo podíamos adivinar el suyo.

 

CAPITULO V (9). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (2).-

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (9). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (2).-

El día 16 de octubre de 1.805 yo tenía 33 años y en la Bahía de Cádiz estaban fondeados los siguientes navíos de guerra españoles.

ARMADA DE ESPAÑA DEL MANDO DEL EXCMO. SR. TTE. GRAL. GRAVINA

 NAVIO (CAÑONES)            CAPITÁN  BRIGADIER   GENERAL            BOTADURA

 Santísima Trinidad (136)     Uriarte                          Hidalgo Cisneros               1.766

Príncipe de Asturias (120)                         Hore         Gravina                             1.794

…………………………………………………………………           Escaño (Mayor General)

Santa Ana (120)                      Gardoqui                      Álava                               1.784

Rayo (100)                                                 Macdonnell                                        1.748

Neptuno (80)                                             Valdés                                               1.795

Ildefonso (74)                                            Vargas                                               1.785

Bahama (74)                                             Alcalá- Galiano                                   1.788

S. Juan Nepomuceno (74)                        Churruca                                             1.766

S. Agustín (74)                                         Jado Cagigal                                        1.766

Argonauta (80)                         Pareja                                                                 1.796

Monarca (74)                            Argumosa                                                            1.794

Montañés (74)                          Alcedo                                                                 1.794

Asís (74)                                    Flores                                                                 1.767

S. Justo (74)                              Gastón                                                               1.779

S. Leandro (64)                        Quevedo                                                              1.787

 Hacía ya cuatro semanas que habíamos recibido la orden de transbordar al San Justo, del mando de D. Miguel Gastón de Iriarte, mi antiguo comandante en la Matilde. En total 2 oficiales, cuarenta marineros y cincuenta y dos artilleros, procedentes de la Flora, fuimos embarcados en el San Justo.

 Debido a lamentable estado de fuerza de los buques, hubo que mandar al arsenal a alguno para poder armar convenientemente a otros, fue ese el caso de la Flora.

 Era penoso ver que solo la mitad de los buques tenían llaves de chispa y se habían hecho pruebas con el morterete porque la pólvora que estaba embarcada no tenía la potencia de ordenanza. Nos daba la mitad de alcance (en Toesas) que la pólvora de ordenanza.

 Tres años antes, la Flora fue comisionada para formar parte de la escolta de los reyes de Eturia en su travesía mediterránea hasta España. En esta ocasión embarcó, y tomó el mando, el entonces Capitán de Navío y ahora brigadier  D. Rafael de Hore, con el que trabé buena amistad.

 Después de la Paz de Amiens, en el año 1.803, el amigo Godoy trató de hacer lo imposible: permanecer neutral entre Francia e Inglaterra pero pagando a Francia, para que esta reconociera la neutralidad. En caso contrario Francia amenazaba con una invasión. Así entendía Napoleón la “alianza” y así se entendía con Godoy. Dos grandes amigos.

 Naturalmente, ante esta neutralidad tan extraña, Pitt, el primer ministro inglés, decidió que Inglaterra también quería cobrar la neutralidad de España, por las buenas o por las malas.

 En 1.803 y 1.804, España pagaba a Francia en oro y barcos e Inglaterra se cobraba en barcos con todo lo que tenían dentro. Hubo numerosas agresiones, con violación flagrante del derecho internacional. España no estaba en condiciones de responder a tales agresiones.

 Hubo muchos incidentes con buques menores, pero el hecho que colmó el vaso de la paciencia fue la captura de una división de cuatro fragatas que volvían de Montevideo y Lima cargadas de caudales.

 D. José Bustamante y Guerra, colega de D. Alessandro, mandaba una división de cuatro fragatas, a saber, la Mercedes, la Medea, la Clara y la Fama; fueron detenidas, cañoneadas y capturadas las tres últimas y hundida la primera en tiempos de paz, frente al cabo Santa María, en el Algarve portugués.

 De igual manera, la Matilde fue capturada, el 22 de octubre de 1.804, por el navío Donegal (capitán Strachan) y la fragata Medusa. El capitán de navío D. José de la Guardia, comandante en esos momentos de la Matilde, me contó años después que hubieran podido huir, cuando vieron a los buques ingleses, pero que no se esperaba esa reacción. Fue la Medusa la que la capturó, ya dije que, a la Matilde, los navíos viejos le gustaban mucho, pero las fragatas jóvenes, muy poco; una vez capturada sirvió, como HMS Hamadryad, diez años más, la Matilde “servía” bien a todo el mundo; era una “chica de buen conformar” y de los ingleses puedes esperar cualquier cosa.

 El capitán de la Guardia, izó el pabellón español y lo afirmó soltando un cañonazo con bala…nada había que hacer ante una fragata de 44 cañones y un navío de 74. Este acto solo pretendía dejar claro que era una captura ilegal. Un acto de guerra.

 Estos incidentes culminaron con la declaración de guerra que el Rey cuarto de los Carlos Borbones hizo a su primo, el rey de Inglaterra, tercero de los Jorges Hannover, a primeros de diciembre de 1.804.

 Después de esta declaración de guerra al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, España se echó en brazos de Napoleón…una mala madrastra.

Después del bloqueo de Brest, en el que el emperador había “repudiado” a Mazarredo, por ser muy poco afrancesado, D. Federico Gravina se había hecho cargo de la flota.

 Federico Gravina y Napoli era un marino que, si bien formado en la Escuela de Guardiamarinas de la Isla de León, no era español. Había acreditado, a lo largo de toda su vida, su lealtad, su fidelidad y su amor a España, pero no era español y esto lo había dejado patente en cartas al propio emperador: “no me obliguéis a luchar contra mi patria”, contestó a Napoleón cuando le propuso la invasión de Sicilia.

 En enero de 1.805, Gravina era el séptimo de los tenientes generales de la Armada de España, y el más joven (47 años). Los seis primeros eran:

 1º.- Araoz, Capitán General de Cuba.

2º.- Mazarredo, cabreado y fuera del servicio en Bilbao.

3º.- Gil y Lemus, Director General de la Armada.

4º.- Borja, Capitán General de Cartagena.

5º.- Tejada, Capitán General de Ferrol.

6º.- Aristizabal, Capitán General de Cádiz.

 En esa época las Capitanías las ostentaban los Tenientes Generales.

 Godoy puso a Gravina al frente de todas las negociaciones con Francia y su emperador porque el italiano le gustaba mucho al francés. No valía Mazarredo, no valía Grandallana, no valía Borja y no valía ninguno que se opusiera a las consideraciones del Corso, como era el caso de los seis tenientes generales que encabezaban el escalafón.

 El ministro francés, Sr. Decrés, y nuestro embajador en la corte del emperador, Sr. Gravina, acordaron los navíos, las fragatas y los suministros que cada capitanía debería aportar a la campaña que se avecinaba y esos acuerdos excedían, con creces, las capacidades de los arsenales españoles, que estaban en estado de “desarme”, por orden de Godoy, desde dos años antes.

 El Teniente General Gravina, además, propuso los nombramientos de los generales y capitanes de navío de su escuadra.

 El Teniente General Gravina disfrutaba todo lo que podía.

 Lo curioso de esa negociación fue que lo que se “negociaba” era lo que ponía España, nada se hablaba de lo que tenía que poner Francia. En realidad, Gravina fue a Paris a recibir órdenes.

 El Teniente General Gravina fue a Paris a consumar lo que el Brigadier Malaspina había anticipado en 1.795: Francia quiere la destrucción de la Armada, del mismo modo que lo quiere Inglaterra. Esto le costó, a D. Alessandro, 10 años de presidio y el destierro posterior.

 Este planteamiento (la destrucción de la Armada de España), en 1.805, ya no tenía mucho fuste, dado que desde 1.795 España no construía buques de guerra, de modo que los más modernos tenían ya 10 años en sus cuadernas. El más viejo, el Rayo, navegaba desde hacía 57 años.

 La muerte de un buque de guerra es la inactividad, como se comprobó después con el Príncipe y el Santa Ana que se fueron a pique, en La Habana, por falta de carena.

 En 1.805, el estado de postración de España era absoluto. El cuarto de los Carlos Borbones y el Señor Duque de Alcudia y Príncipe de la Paz, llamado así por su victoria en la Guerra de las Naranjas, nos habían llevado a ese estado de miseria.

 En abril de 1.805, Villeneuve salió de Tolón con la escuadra francesa, burlando el bloqueo de Nelson, que lo dejó salir porque quería pillarlo en alta mar. Al pasar por Cartagena, solicitó de Borja que se le uniera la escuadra que, según los acuerdos, se le debería unir. Borja y el Jefe de la Escuadra D. José Justo Salcedo, no le mandaron los barcos con excusas dilatorias. Borja y Salcedo no eran afrancesados, así que Villeneuve siguió hasta Cádiz donde se le unió Gravina, que sí lo era, con los navíos Argonauta (insignia), Terrible, San Rafael, Firme, España y America, además de la fragata Magdalena.

 Quedaron armados en Cartagena los navíos Reina Luisa (112), San Carlos (112), S. Francisco de Paula (74), Guerrero (74), Asia (64), S. Pedro (64) y la fragata Soledad (34)

 En realidad, en Cádiz, no se le unieron todos; Villeneuve intuía que Nelson le pisaba los talones, no quiso esperar a que salieran todos y con el Argonauta y el América, navegando en conserva de su flota, puso proa a la Martinica.

 El Terrible, el Firme, el San Rafael y la fragata Magdalena atravesaron el Atlántico “a riesgo y ventura” y se unieron a la flota combinada en Fort de France.

 Por esas fechas D. Silvestre tenía una razón y una justificación para hacer lo que hacía. La razón era que estaba muy flojo de recto ante la idea de volver a encontrarse con D. Horatio; después de lo de Aboukir, D. Silvestre se despertaba empapado en sudor solo de pensar en el amante de la Hamilton y la suerte que tuvo él en la bahía egipcia.

 La justificación era que tenía que cumplir las órdenes de su emperador que, como todo el mundo sabía, era un gran estratega, sobre todo en la mar.

 Nosotros, con la Flora, estábamos en Ferrol y el Teniente General D. Domingo Pérez de Grandallana se había hecho cargo de la escuadra, izando su insignia en el Príncipe de Asturias.

 Yo mantenía correo regular con Ana María en el que me contaba la marcha del negocio y las grandes penurias que tenía D. Juan Joaquín para armar y abastecer los buques que habían quedado en La Carraca. Tuvo que recurrir a una leva de vagos y maleantes para dotar de personal a los barcos.

 D. Juan Joaquín Moreno Mondragón había sustituido, interinamente, al Capitán General Aristizabal por enfermedad de este.

 En la Armada había tres tipos de personal: 1º.- los de Matricula, que eran más o menos profesionales. 2º.- Los Voluntarios, que eran asalariados para una campaña determinada y 3º.- los de Leva o de presidio.

 El Teniente General Moreno Mondragón había estado en San Vicente, en la del 14 y en Algeciras en la del 11. Ahora se enfrentaba a su tercera derrota y él lo sabía pero cumplía, aseadamente, con su responsabilidad, después de 60 años en la Armada.

 Todo el mundo, en Cádiz, sabía, o por lo menos intuía, lo que sea avecinaba porque hacían acopio de alimentos y productos de primera necesidad, lo cual era muy bueno para nuestro negocio.

 Villeneuve y Gravina estuvieron dos meses en el Caribe, hicieron un poco el tonto, y regresaron a Europa. Todos suponíamos que se dirigirían a Brest a reunirse con la escuadra francesa de Ganteaume que allí estaba bloqueada y, todos juntos, limpiar el Canal de la Mancha. Napoleón tenía 300.000 hombres acantonados en el Bois de Boulogne listos para invadir Inglaterra.

FINISTERRE1

 La idea de Napoleón, que era reunir a todas las escuadras españolas y francesas y derrotar a los ingleses cerca de la isla D’Ouessant, no hubiera sido mala del todo si hubiera tenido comandantes valientes, pero con Villeneuve, Ganteume, Gourdon y Allemand no había ninguna esperanza. Eran todos de nuevo cuño, trepas que habían accedido al generalato como consecuencia de la Revolución.

FINISTERRE2

 Villeneuve y Gravina se encontraron el día 22 de julio con la escuadra de Cadler. La Combinada tenía 20 navíos y Cadler 14; la combinada tenía el barlovento, pero la Combinada no recibió las órdenes, esta vez a causa de la niebla, y los navíos franceses no entraron en combate, se mantuvieron navegando en paralelo con los ingleses durante tres días y luego se refugiaron en Vigo.

FINISTERRE3

 Gravina, a la cabeza de la formación, con el Argonauta hizo los movimientos tácticos necesarios para ganar la batalla, pero los franceses no entraron en combate y perdimos 2 navíos, el Firme y el San Rafael.

 Gravina, al frente de la formación y en un día de niebla cerrada, cuando un navío solo ve al que tiene delante, viró dos veces, con el barlovento a favor, para pillar a la armada de Cadler en desventaja. Gravina hizo lo que debía e infringió a Cadler un duro castigo dejando muy mal parados a 5 de sus navíos, aún a costa de perder dos y dejar muy averiados a otros dos.

FINISTERRE4

 Naturalmente, Cadler hizo lo que pudo pero no pudo evitar el duro castigo que llevaron varios de sus buques. Sí, evitó lo que pudo ser un desastre para la Armada Inglesa y para Inglaterra. Luego lo juzgaron por cobarde, muy pocos entendieron que Cadler, con su actuación en Finisterre, salvó a Inglaterra.

A las 16,00 del día 22 de julio de 1.805 los barcos españoles Argonauta, Terrible, América, España, Firme y Rafael, secundados por los franceses Plutón, Mont-Blanc y Atlas, habían infringido un durisimo castigo a la flota inglesa que tenía ingobernables al Windsor Castle; sin respuesta al fuego al Hero, al Ajax y al Barfleur y fuera de la línea y muy averiados al Glory y al Malta. Villeneuve, desde el Bucentaure, y los seis navíos que le seguían no envolvieron la retaguardia inglesa y cuando Gravina ordenó aflojar vela, para facilitar la maniobra de Villeneuve…..el amiguete también aflojó vela, en vez de forzar y doblar por sotavento, dejando muy claras sus intenciones.

 En superioridad numérica y táctica Villeneuve no quiso pelear y, al menos, uno de los Villavicéncios (Rafael), se fue con el Firme para Inglaterra. Ni  Firme ni Rafael valían para nada, se quedaron de pontón para prisioneros….pero nos devolvieron al Villavicencio, los ingleses tontos no eran.

 En una visita que hice al Observatorio, para conversar con mis antiguos compañeros, me encontré con el Teniente General Moreno Mondragón, a la sazón Capitán General de la Zona Marítima, y hablamos de los combates de  San Vicente, Algeciras y Finisterre.

1 DE AGOSTO

 –          Imagine, mi general, si Villeneuve nos avisa de su llegada, con alguna de las seis fragatas que llevaba.

–          Estabais preparados?.

–          El 22 de julio, el Teniente General Grandallana disponía, listos para navegar, de 14 navíos (9 españoles y 5 franceses) en Ferrol. Villeneuve traía catorce, incluidos los de Magon, imagine, mi general, si nos hubiéramos unido y machacado la escuadra de Cadler.

–          Cadler lo sabía, por eso hizo lo que hizo. Cuando vio que el francés se dirigía a Ferrol, él salió a toda vela a reunirse con Cornwallis. No te olvides que Gravina y Grandallana no son muy amigos.

–          Imagine, mi general, si después de deshacer los quince de Cadler y reunidos los veinte de Villeneuve, los 9 de Grandallana y los 5 de Gourdon, un total de 34 navíos navegando hasta Brest, donde Gentaume tenía 21 navíos más, eso nos da la respetable cantidad de 55 barcos de guerra, sin contar con los 6 que Allemand tenía en Rochefort, en cualquier caso, con el debido respeto, para hacer la guerra no hace falta ser amigos.

–          Nelsón y Collingwood estaban en Gibraltar con 30 navíos y hubiéramos pillado a Cornwallis con 20 navíos. Ahora el escenario es totalmente opuesto.

 El error estratégico de Nelson, dirigiéndose a Gibraltar, dejó en desventaja la zona del canal, pero nadie lo aprovechó. Desde el 22 de julio hasta el 15 de agosto Inglaterra estuvo en mucho peligro.

 Nelson era un egocéntrico que buscaba la gloria y la muerte en combate y lo consiguió. Villeneuve sospechaba que el Señorito le quería dar por el camino más directo para el amor.

 Lo sabíamos todos, pero todos, todos. Los ingleses también, y concentraron, en las inmediaciones de la isla de Ouessant, 54 navíos al mando del almirante Cornwallis. En el momento crítico de la campaña, los ingleses hicieron lo que debían; Cadler hizo lo que debía y navegó hasta D’Oissant, con noticias de primera mano sobre las posiciones de las flotas y con dos navíos españoles capturados. Collinwood mandó, así mismo, once de sus quince navíos a la fiesta. Los Ingleses creían, en ese momento, que el gran combate se daría en aguas del Canal. Nelson llego a D’Oissant, con sus navíos, el 15 de agosto….reunidos 55 navíos, se fue de vacaciones. Después de dos años en el mar y con sus cosas en orden, fue a despedirse de su odalisca, lo cual es muy sintomático.

 El día 16 de octubre de 1.805 hacía ya 8 días que el Consejo de Guerra, a bordo del Bucentaure, había determinado la inconveniencia de salir a la mar, sobre todo con viento de poniente.

 Además de la española, la escuadra francesa fondeaba en la bahía:

ARMADA FRANCESA DEL MANDO DEL ALMIRANTE D. SILVESTRE VILLENEUVE

NAVIO (CAÑONES)                         CAPITÁN              BRIGADIER               GENERAL       

Scipion (74)                                            Berenguer

Intrepide (74)                                        Infernet

Formidable (80)                                    Letellier                                           Doumanoir

Dugnay-Trouin (74)                                Touffet

Mont-Blanc (74)                                       Villegris

Heros (74)                                                  Remi Poulain

Bucentaure (80)                                      Magendie         Prigny                  Villeneuve

Neptune (80)                                            Maistral

Redoutable (74)                                      Lucas

Indoptable (80)                                      Hubert

Fougueux (74)                                       Baudoin

Pluton (74)                                             Kerjulien

Aigle (74)                                                Gourrège

Algesiras (74)                                       Bronard                                                   Magon

Swift-Sure (74)                                    L’Hospitalier

Argonaute (74)                                   Epron

L’Achille (74)                                       Denieport

Brewick (74)                                        Camas

Dos escuadrillas de 5 navíos, cada una, protegían la entrada a la bahía, mandadas por D. Dionisio y al amparo de los castillos de San Sebastián y Santa Catalina.

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CRÓNICAS MARINERAS VIII. CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO

Bueno, amigos, después de un verano de lo más instructivo, tranquilo y familiar, me dispongo a comenzar el nuevo curso con el más animoso talante.

Conseguí todo el “Corpus Documental de Trafalgar” que publicó el contralmirante Gonzalez-Aller, me lo leí (la primera vez) y me fuí al Cabo Trafalgar para ver (sentado en una roca) las evoluciones, que detalla Gonzalez-Aller, de las Escuadras combinada e inglesa; regresé más marinero que nunca (con una camiseta a rayas) y ahora me puedo hacer una idea más clara de lo que ocurrió frente a Trafalgar en la jornada del 21 de Octubre de 1.805.

Pero resulta que todavía soy Teniente de Navío y necesito ser Capitán de Fragata, para llegar a Trafalgar, de modo que seguiré “documentándome”.

Trafalgar fué el final de una serie de episodios….que venían ocurriendo desde 1.796, aunque yo creo que el final de todo aquello fué el Motín de Aranjuez en marzo de 1.808, donde los españoles mandaron “a la porra” al Principe de la Paz y al padre del Rey Felón que era felón y medio.

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO V (8). CAPITÁN DE FRAGATA OQUENDO (1).-

 El día 2 de Julio de 1.799, después de ancladas las naves, arrié la lancha y me dirigí a la Comandancia General.

 Dejé instrucciones claras respecto de la carga; lo mío particular, que yo pagué con mi dinero, a la tienda de Ana María; el resto capturado, a la Junta de Valoración, en el Arsenal.

 En la Comandancia, me presenté ante el Mayor General D. Antonio Escaño.

 –          Se presenta el Teniente de Navío Roque Oquendo, a la orden de vuecencia, mi general.

–          Ya no eres teniente, Roque. Ahora eres el Capitán de Fragata Oquendo, con efectos de 15 de mayo de 1.799; estás, desde ahora mismo, en situación de disponible y se te asignará destino en breve.

–          Gracias, mi general. Entrego lo capturado para junta de valoración.

–          Tienes un Pliego de Cargos, interpuesto por el Capitán de Navío D. Rafael de Villavicencio, referente a las cuentas de tu anterior singladura.

–          Eso no es un asunto que me competa. El Contramaestre y el Interventor de la Junta de Valoración hicieron las cuentas; en cualquier caso, las comprobaremos y estaré a las conclusiones de la Superioridad.

 Como D. Cayetano había previsto, los Villavicencio iban a dar por la popa todo lo que pudieran, pero no tenía miedo, todo estaba correcto y así lo determinó el consejo de oficiales que vio el caso, de modo que estaba libre de todo cargo y dispuesto para contraer nupcias con Ana María. Ni los Villavicencio ni nadie iban a dictar mi rumbo.

 Según me contaron los “chupatintas”, no era la primera vez que cuando alguien deseaba algún objetivo inconfesable inicia pleitos, querellas administrativas y judiciales, contra otra persona que no tiene que ver nada en ese asunto. Se trata, sencillamente, de entretener a la persona y hacer que pase el tiempo para alcanzar sus turbios objetivos.

 No se debe permitir que estas acciones estúpidas, de gente estúpida, perturben el rumbo. Yo era muy consciente de que mi suerte no podría continuar mucho tiempo; hasta esa fecha, siendo teniente de navío, no se me juzgaba por perder un barco o porque gente bajo mi mando hubiera muerto debido a mi desidia, molicie o estulticia. No, el asunto era que los míos propios no podían tolerar que hubiera acumulado beneficios por encima de los 500.000 reales, (lo que representaba 1,5 millones para la Corona) y, además, era Capitán de Fragata con 27 años y solo tenía un agujero en el muslo y me faltaban dos dedos; esto era un asunto inasumible para la “nobleza”.

 El día 2 de septiembre de 1.799, siendo Capitán de Fragata y con destino vacante, adscrito provisionalmente al Observatorio de la Armada en la Isla de León, me casé con Ana María Soto.

 Dejé meridianamente claro a los Villavicencio cuales eran mis intenciones y cuales mis jerarquías.

 Fueron mis padrinos de bodas D. Cayetano Valdés y Flores Bazán y Dª Joaquina María Benavides y Pacheco, duquesa de Santisteban y condesa de Castellar.

 De D. Cayetano he hablado y hablaré más.

 Dª Joaquina era muy amiga de D. Cayetano y era clienta de Ana María; suministrábamos productos ultramarinos al convento de los Mercedarios de Castellar, del cual Dª Joaquina era benefactora.

 El esposo de Dª Joaquina era el duque de Medinaceli, D. Luis María Fernández de Córdoba y, por tanto, su hijo Luis Joaquín reunió los ducados de Medinaceli, de Santisteban y diversos condados y marquesados. Él, el duque, siempre estaba en Madrid, en la corte, mientras ella, la duquesa, se dedicaba a sus obras de caridad, dirigiendo diversas instituciones benéficas. Llegó a Castellar en 1.780 para recuperarse del parto de su hijo y aquí se quedó.

 Cuando me casé, D. Luis Joaquín era el único hijo vivo de Dª Joaquina y asistió a la boda que se celebró en la iglesia de Castellar; este bi-duque, casó con Dª Concha Ponce de León, que también fue muy amiga de D. Cayetano (cuidó de él después de Trafalgar).

 De modo que a D. Cayetano, que no tuvo esposa, nunca le faltaron buenas amigas; lo digo porque corrieron rumores maldicentes sobre las inclinaciones sexuales de D. Cayetano. No, no era mariquita, era marino y había, por entonces, marinos que pensaban que siendo marino no se podía ser esposo, eso dejaba muy claro los afectos principales de esos marinos..

 A las obras de la casa y almacén todavía le quedaban remates pero teníamos los estantes llenos y el negocio iba viento en popa. Ana María había tomado a su servicio a dos chicas y a dos mozos de carga; vendía, con diligencia, los productos nacionales que ella proveía y los ultramarinos que yo había traído. Además, yo había dejado contactos en Cartagena de Indias, Veracruz y La Habana. El suministro de género estaba asegurado mientras las rutas estuvieran abiertas.

 –          Roque, estamos metiendo mucho dinero en este negocio. Tu crees que nos dedicaremos a esto?.

–          Sí, mi amor, la Armada no tiene futuro, tal y como la conocemos ahora, estamos en manos de los franceses. Godoy acabará con la Armada, no tengo ninguna duda.

–          Roque, cómo sabes eso?.

–          Lo presiento, Ana. Tu futuro y el mío están unidos, no te preocupes por nada. Lo que haya de ocurrir ocurrirá, pero tú y yo somos lo mismo y afrontaremos lo que venga.

 Los tratados que Godoy firmaba con Francia nos dejaban en sus manos y este ilustre extremeño no debía conocer aquel refrán que reza: “más vale una vez colorado que ciento amarillo”. La amenaza de invasión le asustaba mucho y él era “el generalísimo de mar y tierra”, sin haber pegado un tiro en toda su vida; me refiero a la pólvora…de los de alcoba si que pegaba, por lo visto.

 En abril, había salido de Ferrol el Jefe de Escuadra D. Francisco Melgarejo con cinco navíos, dos fragatas y un bergantín; su misión era desembarcar tropas en Irlanda para ayudar a los independentistas,  pero los franceses cambiaron de planes y ahora estaban bloqueados en Rochefort.

 En mayo de ese año, mientras nosotros estábamos en La Española, 15 navíos y dos fragatas, al mando de D. José Mazarredo, habían salido hacia el Mediterráneo, con objeto de recuperar Menorca. Después de unirse a la escuadra de Eustache Bruix no liberaron Menorca, cruzaron el estrecho y acabaron en Brest; estaban bloqueados en puerto por una escuadra inglesa que mandaba el Conde de St. Vincent, el almirante Jervis.

bruix

                                    Eustache Bruix

 BLOQUEADOS EN BREST

 BUQUE                                               COMANDANTE

 NAVÍOS

San Francisco de Paula                 CN D. Agustín Figueroa

San Francisco de Asís                     Brigadier  D. José de Goicoechea

Príncipe de Asturias                       Tte. General D. Federico Gravina

                                                              Brigadier D. Juan Vicente Yañez

San Pablo                                           Brigadier D. Luis Villabriga

San Joaquín                                       CN D. Marcelo Espínola

Pelayo                                                 CN D. Cayetano Valdés

Neptuno                                             JE D. Juan M. Villavicencio

                                                               CN D. Bernardo Muñoz

San Telmo                                          CN D. Juan José Martínez

Concepción                                       Tte. General D. José de Mazarredo

                                                               Brigadier D. Antonio Escaño (Mayor)

                                                               CN D. Francisco Uriarte

Reina Luisa                                        JE D. Domingo de Nava

                                                               CN D. José Gardoqui

Mejicano                                             Brigadier D. José Bonoso

Conquistador                                   CN D. Cosme Churruca

Guerrero                                             Brigadier D. Nicolás Estrada

Nepomuceno                                   CN Francisco Mondragón

Bahama                                             CN José Aramburu

 FRAGATAS

Atocha                                               CF D. Ignacio Olaeta

Perla                                                   CF D. Francisco Moyua

Carmen                                             CF D. Manuel Bustillos

Soledad                                            CF D. Antonio Quesada

 BERGANTINES

Vigilante                                            TN D. José de Córdoba

Descubridor                                     TN D. Juan Coronado

Vivo                                                    TN D. Juan Deslobes

 BLOQUEADOS EN AIX (ROCHEFORT)

BUQUE                                               COMANDANTE

 NAVIOS

Real Carlos                                        JE D. Francisco Melgarejo

                                                             CN D. Juan Nepomuceno Morales

Argonauta                                       CN D. Juan Herrera Dávila

Monarca                                          CN D. Joaquín Mozo

San Agustín                                     CN D. Ramón Clayrac

Castilla                                              CN D. Juan Villadiego

 FRAGATA

Paz                                                     TN José María Heredia

 Así pues, medio mes antes del 18 de Brumario del VIII año republicano, cuando más débil estaba el Directorio Frances y cuando yo regresaba de mi viaje de novios, en Madrid, España tenía secuestrados, en puertos franceses, 20 navíos, 5 fragatas y 3 bergantines, por obra y gracia del Primer Cónsul (mesié Bonaparte) y del Generalísimo de mar y tierra (Sr. Godoy).

 Y lo peor de todo era que, con las flotas, tenía secuestrados a los mejores de nuestra Armada, si excluimos a los dos Villavicencios.

 Si bien Rafael, que mandaba el Soberano, desarboló en San Vicente y volvió a Cádiz. El padre de Mari Carmen Regla Pepa, cuñado de D. Dionisio Alcalá-Galiano, volvía a hacer de las suyas y no fue de las últimas que hizo.

Su tío, D. Juan Maria las hizo muchas y peores, antes, en el medio y después.

 Esta situación dejaba muy a las claras las intenciones de los franceses y la debilidad del Gobierno de España. Godoy no solo iba a acabar con la Armada….iba a acabar con España.

 Con la perspectiva que da el tiempo, y cuando se han publicado algunos documentos, como la carta de Carlos IV a la República francesa, fechada el 11 de junio de 1.799, no se podía esperar mucho del “deseado” felón si el padre ya era felón y medio. Esta carta demuestra, meridianamente, la abyección y el servilismo del cuarto de los Carlos.

 Pasé un año y medio destinado, como capitán de fragata, en el Observatorio. Daba clases a los guardiamarinas; clases de matemáticas, astronomía y, entre todos, recopilábamos información que nos sirvió para la publicación de las Tablas de Navegación de 1.800.

 El día  22 de abril de 1.801 se me otorga el mando que tanto deseaba; me pusieron al mando de la fragata Flora, con base en Ferrol.

 Era, la Flora, una fragata de 40 cañones, construida en Ferrol en 1.795. Al estar la flota en Brest, y aunque la escuadra de Melgarejo había regresado a Ferrol sin desembarcar a nadie en Irlanda, había suministros suficientes para armar la Flora convenientemente. Hice el viaje por tierra y tomé posesión de la fragata el día 22 de mayo de 1.801.

 En el dique del Martillo de Ferrol se carenó, le cambiaron el forro de cobre y repusieron cabullería. Nos dimos a la vela el día 22 de junio de 1.801, con destino a Cádiz.

 Solicité, al Mayor General Escaño el destino, en la Flora, del Teniente de Navío, Perez de Agüero y del Teniente de Fragata Rivera de Togores, ambos habían ascendido y pidieron venir conmigo.

 Era, por aquel entonces, Capitán General del Departamento de Cádiz el Teniente General D. José de Mazarredo, gran persona y mucho mejor marino, que después de discrepancias muy serias con el Gobierno de Madrid y de haber provocado dolores de cabeza al Primer Cónsul francés, había caído en desgracia y en este destino.

Era la segunda vez que Mazarredo había llevado la contraria a Godoy. Mazarredo sabía mucho de mar: era un gran marino. Godoy era un calientacamas sin ninguna formación. El primer Cónsul pidió el cambio de interlocutor; le quitaron a Mazarredo y mandaron a Gravina que no era español, aunque lo parecía.

Juan Joaquín Moreno Mondragón, conde de Hontlier, a la sazón teniente general, arribó a Cádiz con seis navíos y dos fragatas, procedente de Ferrol, enarbolando en el Real Carlos. D. Juan Joaquín acababa de dar “pan y tomate, ‘pa que no t’escapes” a una invasión de los ingleses que desembarcaron 5.000 hombres en los aledaños de Ferrol, los mandó a todos de vuelta a sus barcos….a todos menos a unos cuantos que mando al Averno, por felones.

  Moreno Mondragón había tenido una carrera militar brillantísima; un marino de la antigua escuela, valiente, inteligente, mandaba a su gente con firmeza y siempre procurando preservar sus vidas, por lo qué era muy apreciado por el personal de su mando.

 En el asedio a Gibraltar del año 82 ya era brigadier, su navío se fue contra las rocas cuando se acercó a bombardear a los buques ingleses que estaban en el fondeadero y, después de sacar a todo el mundo, le prendió fuego para que no cayera en manos inglesas; en la del 14 de febrero del ‘97, ya era teniente general y enarbolaba en el trinquete del Príncipe de Asturias, batió a toda la línea de Jervis e impidió, en lo posible, el desastre total al retrasar a base de cañonazos la marcha del Victory y los que le seguían, dando tiempo a que acudieran al fuego los seis navíos de la retaguardia. Ese día D. Juan Joaquín llevaba por capitán de bandera a D. Antonio Escaño. Morales de los Ríos, con 11 navíos no quiso saber nada del asunto.

 Ahora estaba en Cádiz con su escuadra, esperando la llegada de una francesa al mando de Durand-Linois.

 El día 4 de julio de 1.801, el conde de Linois manda recado a Moreno Mondragón donde le comunica que ha anclado en la bahía de Algeciras, acosado por una escuadra de 6 navíos ingleses al mando de James Saumarez.

220px-Linois-Antoine_Maurin-3                                                                        

El maiquitar del Durand-Linois, bien guapo que se ponía él.

 Eran los navíos franceses del contralmirante Linois:

 NAVIO                                    CAÑONES                     CAPITÁN

 Indoptable                                   80                             Moncore

Formidable                                   80                             Aimable

Dexais                                           74                              Paliere

 Además, los franceses navegaban con la fragata Mouiron que fue la que llevó a Napoleón desde Egipto a Francia en el ‘99.

220px-Vice-Admiral_James_Saumarez                                                                                         Almirante  James Saumarez, 1er. Barón de Saumarez.

 Eran los navíos ingleses del contralmirante Saumarez:

 NAVIO                                      CAÑONES                   CAPITÁN

 Cesar                                             80                            Brenton

Pompee                                        74                             Stirling

Venerable                                    74                              Hood

Hannibal                                       74                              Ferris

Spencer                                        74                              D’Esterre

Audacious                                    74                              Perd

 La superioridad inglesa no solo era patente en el número de navíos, sino que, además, las escuadras eran mandadas por perfiles guerreros muy diferentes. Mientras Saumarez era un viejo lobo de mar curtido en cien combates, Linois era un francés mariquita e histérico que se embazaba con el humo de la pólvora y se le aflojaba el recto cuando olía a inglés.

 Linois, con gran imaginación, hizo lo mismo que D’Aigailliers en Aboukir: ancló los barcos a la vista de la costa, con un fondo de 16 metros, y se preparó para la fiesta.

Algeciras

 Saumarez mandaba el Orión en Aboukir y el desenlace hubiera sido el mismo que en Abuokir, de no ser porque el coronel Riosoto, artillero al mando de las baterías de costa, no estaba dispuesto a consentir aquello.

 Este coronel disponía de 5 cañones de 24 libras en el Fuerte de San García; 12 de 24 en el Fuerte de Isla Verde; 12 de 24 en el Fuerte de Santiago y 3 de 18 en la Torre Almiranta.

 En dos días Riosoto organizó las baterías, las abasteció y dio órdenes concretas para que, de ninguna manera, los buques ingleses pudieran doblar, pegados a la costa, a los franceses. Además de los cañones de 24 libras de las fortificaciones de la costa, se estacionaron 12 cañoneras, de las que inventó Barceló, en las entradas norte (enfrente de la Almiranta) y sur (en Isla Verde). Riosoto mandó traer 12 cañones de 24 desde el Fuerte del Mirador y los estacionó, de fagina, en la desembocadura del río Palmones; estableció su puesto de mando en el Fuerte de Santiago.

 El Fuerte de Santiago ocupaba la posición central, teniendo media milla hasta la posición más alejada de las baterías. Riosoto, en las siete horas que duró la acción, recorrió a caballo todas las baterías en seis ocasiones.

 La batería del Fuerte de Santiago estaba mandada por un joven teniente artillero de 25 años llamado Manuel Velasco y Coello que era sobrino de aquel otro Luis Velasco, Capitán de Navío, que defendió y entregó su vida en el Morro de la Habana en el 62.

 A las 8 de la mañana del día 6 de Julio, la escuadra inglesa apareció por Punta Carnero; a las 9, San García abrió el fuego; a las 10 la línea inglesa estaba a la altura de la francesa y se enzarzaron. El Hannibal y el Pompee, en cabeza, viraron a babor para doblar por el norte, pero fueron recibidos convenientemente con los fuegos del Fuerte de Santiago, de la Torre Almiranta y de las fuerzas sutiles. El Hannibal, tratando de eludir el castigo, embarrancó y recibió para él y para su familia (un blanco inmóvil!!!); el Pompee, después de batir al Formidable, se acercó a socorrer al Hannibal y Manolo Velasco le dispensó su ración de bala rasa, desarbolándolo, de forma que quedó hecho un pontón. Saumarez mandó todas las lanchas de los demás buques para remolcar a estos dos y las sutiles les pusieron de postre su parte del pastel de pólvora y metralla…

 A las 11 de la mañana, con sus tres buques en muy mal estado, el mariquita de Linois mandó picar los cables de las anclas y encallar sus buques en la playa; el Cesar, con la insignia de Saumarez se acercó más y se puso a tiro de las baterías de Isla Verde, intentando un desembarco que fue rechazado; el Cesar y el Audacious fueron batidos hasta el punto de que el segundo de estos tocó fondo, ya sin gobierno, pero no embarrancó, lo pudieron remolcar las lanchas. A las 4 de la tarde, con cuatro de sus seis barcos en muy mal estado, Saumarez dio por perdida la batalla y salió del fuego poniendo rumbo a Gibraltar. Remolcó al Pompee y al Audacious pero dio por perdido al Hannibal, que había arriado la bandera pidiendo árnica.

 El capitán Ferris fue juzgado y exonerado de toda culpa, pero lo mandaron a Port Royal, así se las gastaba el Almirantazgo inglés.

 Linois ni pudo, ni quiso perseguir a lo que quedaba de la escuadra inglesa pero, eso sí, se apuntó la victoria, sin tener en cuenta que la de Algeciras fue la única batalla naval que presenció el público desde la playa y pudieron disfrutar de 6 horas de fuego y acero que pasaba por encima de sus cabezas. Los vítores, vivas a España y aplausos fueron estruendosos cada vez que caía un mástil inglés o una andanada hacía blanco en sus costados. El mariquita informó al Primer Cónsul de la gran victoria francesa.

 Todo esto me lo contó uno de los cabos artilleros del Fuerte de Santiago que sirvió en la Matadora y que se había establecido en Algeciras al abrigo y empleo que le proporcionaban las baterías de costa y su familia. Este cabo, luego, navegó conmigo en el San Justo.

 Cosa distinta es lo que contaron los franceses, que consideraban a los españoles como meros “empleados”.

 El día 9 de julio, Moreno Mondragón arribó con su escuadra y un navío francés (cedido por España) que estaba en Cádiz, le acompañaban, además, la fragata Indienne, la Liubre y un bergantín que Linois destinó a remolcar al Hannibal. Dumanoir, que estaba en Cádiz, no quiso saber nada de Linois.

 Escuadra de Moreno Mondragón:

 NAVIO                           CAÑONES                     CAPITÁN

 San Fernando                    94                           Joaquín Molina

San Agustín                        74                           Ramón Topete

Argonauta                         80                            Herrera Dávila

San Hermenegildo          112                            Emparán de Orbe

Real Carlos                       112                           Esquerra Guirior

San Antoine (francés)       74                           Le Ray

 Además navegaba con ellos la fragata Sabina, de 40 cañones, aquella amiga de la puta Matilde con la que el capitán Stuar dio por el saco al Señorito en el Cabo Negrete, a la vista de la Batería de Cenizas.

 Según me comentó años después en Cádiz, él mismo, D. Juan Joaquín era partidario de meterse en el fondeadero de Gibraltar y machacar lo que quedara de los ingleses pero Durand Linois no aceptó esta solución pues ya tenía su parte de gloria (el Hannibal que él no había capturado) y no quería perderla, además de sufrir, en ese momento, una gran descomposición intestinal debida a algo que había comido. Moreno, para entonces, ya tenía mucha gloria colgada en su fajín y mucha pólvora en su casaca; tenía 66 años y llevaba 49 en la Armada.

 Cuando me lo contaba D. Juan Joaquín sabía, con 73 años, que en el estrecho dejó todas sus glorias: el estrecho se las dio y el estrecho se las quitó. Referiré esta conversación que tuvo lugar siete años después.

 –          Usted que hubiera hecho, Oquendo?.

–          Si me lo permite, no me gustan los subjuntivos, mi general.

–          Usted tiene acreditado el valor, hubiera entrado en Gibraltar?

–          Yo hubiera formado en línea de combate frente a Punta Carnero, virando por redondo y, ganando barlovento hubiera ido a por al inglés con los dos tres puentes en cabeza y todo el trapo al viento. Hubiera tratado de meter a los ingleses contra la costa para que Riosoto les hubiera puesto un lazo.

–          Y el francés?

–          Con permiso, mi general, al francés ya le hubieran dado por el culo, que era lo que le gustaba y por eso estaba loco por llegar al Mentidero. Pero, mi general, si se cañonean dos tres puentes españoles, ni usted, ni yo, ni Cristo Bendito hubiéramos podido hacer nada.

 La tarde del 12 de Julio partieron hacía Cádiz en tres líneas de frente, con los barcos franceses en cabeza y los españoles protegiendo sus popas. Las órdenes de Linois eran claras y refrendadas desde Cádiz; Moreno sabía que esto era un error táctico de primer orden, propio de un principiante: los franceses no hacían más de cuatro nudos y todos marchaban a esa velocidad dando la popa el inglés.

 Saumarez, al que le gustaban mucho las popas, salió de Gibraltar con lo que tenía y el Superb, del capitán Goodwin Keats con 74 cañones, que se le había unido. Esa noche sin luces el contralmirante inglés lavó la afrenta de Algeciras. Quien creen ustedes que pagó?.

 Mucho se ha escrito, pero la realidad es que, esa noche, se cañonearon entre sí el Real Carlos y el San Hermenegildo, los dos ardieron, explotaron y, al amanecer, la escuadra franco-española había perdido al Real Carlos, al San Hermenegildo y al Saint Antoine (antiguo San Antonio). Murieron 1.700 españoles.

 Linois, en la Sabina, siguió huyendo con el rabo entre las patas hasta entrar en Cádiz el día 13, a medio día.

 Moreno, al lado de Linois, no pudo hacer nada y los capitanes Herrera, Topete y Molina se las arreglaron con la escuadra inglesa de Saumarez; desarbolaron y mandaron contra la costa al Venerable de Hood y volvieron a batir con eficacia al Cesar de Brenton con Saumarez a bordo.

 Todo eso no valió para nada. Una vez más se vio qué querían los franceses y como combatían los ingleses: cuando Saumarez se quedó con tres navíos (Caesar, Spencer y Audacious) contra tres españoles (San Fernando, Argonauta y San Agustín), tomó su botín y sus heridos y se volvió a Gibraltar, igual que hicieron antes Jervis en San Vicente, Rodney en Cabo Espartel e hizo después Cadler en Finisterre.

  (To be continued)

CRÓNICAS MARINERAS VII

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO IV (7). TENIENTE DE NAVIO OQUENDO (3).-

 El día 1 de septiembre de 1.798, llegó la noticia que nos heló la sangre. Nelson había pillado a Brueys D’Aigalliers anclado, y le había hundido 11 navíos y dos fragatas en Aboukir. Un desastre total para la Armada francesa que, al menos nominalmente, era nuestra aliada.

 El almirante francés enarbolando, a tope del mayor, en el L’Orient que era en ese momento, estando el Santísima Trinidad en dique seco, el buque más grande del mundo con sus 118 cañones, había mandado anclar la flota en la bahía de Aboukir, después de trasladar a Napoleón y su ejercito a Egipto.

 Había formado, lo más cerca que pudo de la costa, una línea apretada de buques cuyos baupreses no distaban más de 20 metros de la popa de su correspondiente  matalote. Ancló con un solo cable, ni siquiera tomó la precaución de disponer ancla de maniobra. Desembarcó mucha gente que dedicó a organizar baterías de costa, lo que deja claro que estaba esperando al Señorito y que sabía que le estaba buscando.

aboukir1

 Nelson le localizó y, en la noche de 1 al 2 de agosto, estuvo seis horas tirando a los patitos, a tocapenoles, que era lo que le gustaba; organizó en dos líneas los 14 navíos que llevaba; una dobló a los buques anclados, pegada a la costa (solo encalló uno), y otra, por fuera, fue liquidando el asunto, despacito, sin prisa.

 Por la noche, los buques sin faroles; las baterías de costa no pudieron hacer nada, o muy poco.

 La escuadra francesa, sin movimiento, no pudo hacer nada, o muy poco, para que los ingleses les fueran masacrando de uno en uno; desde el primero hasta el último, todos los buques franceses fueron cañoneados, por las dos bandas, por cuatro o más buques ingleses. Solo Villeneuve y dos buques más cortaron sus cables y salieron de naja.

 El L’Orient voló en una explosión que se oyó en La Roseta, a 40 km de distancia.

 Cada vez estaba más clara la situación de superioridad de la Royal Navy. No solo es que tuvieran más navíos que España y Francia juntas, es que, además, los manejaban mejor. No quedaba más remedio que ofenderles en el tráfico mercante, exponer la flota lo menos posible y solo en situaciones de ventaja.

Ya no era posible la estrategia de D. Blas de Lezo ni la osadía de Juan León Fandiño cuando le cortó una oreja al capitán Robert Jenkings y le dijo, “ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”.

 Ahora los ingleses se atrevían a todo y nadie les cortaba las orejas.

 Ante la catástrofe de Aboukir, San Vicente quedaba como una escaramuza, aunque no habrá quien me quite la idea de que debimos machacar a Jervis el día 15 de febrero cuando se retiró a Lagos. Solo pensar que los navíos que estuvieron en Aboukir los teníamos que haber hundido en Lagos, me produce dolor de cabeza.

 Fui a Capitanía para enterarme de los detalles y el capitán Valdés me informó de algo que me pareció asombroso: El Leander, que yo había dejado maltrecho en enero, a 4.000 millas de Inglaterra, había participado en Aboukir, en agosto. En 7 meses, Thomson había llegado a Inglaterra, había reparado el buque y había navegado hasta la Escuadra de Nelson, en el Mediterraneo.

 Con una carta, de la bahía de Aboukir, encima de la mesa, D. Cayetano me contó las posibilidades que, según su criterio, desperdició el almirante francés.

 –          Imagínate, Roque, si cuando la primera columna de Nelson, con seis navíos, doblaba pegada a la costa y la segunda con siete batía por fuera, el francés manda cortar los cables a su retaguardia y dobla, más afuera, a la columna exterior de Nelson.

ABOUKIR

–          Dios mío, mi capitán!!!.

–          Sí, Roque. Desde el L’Orient y hasta toda la retaguardia, que son seis buques, L’Orient (118), Tonnant (80), Hereuse (74), Mercure (74), Guillaume Tell (80) y Timoleon (74), con el barlovento a su favor, hubieran cañoneado a placer por las dos bandas a siete buques ingleses de 74 cañones, con especial atención al Vanguard de Nelson, liquidando al Minotaur, Defence, Swiftsure, Leander, Majestic, Belerophon y la fragata Mutine. Luego, tranquilamente, podrían haber vuelto a por los demás que, ciñendo y con el rumbo que llevaban hubieran quedado bloqueados en la bahía y el Cullodem encallado.

 La rigidez en el mando y la poca iniciativa de Villeneuve y Blanquet de Chayla hicieron posible, una vez más, la victoria de Nelson. Pero lo más peligroso y amenazante, para España, era que Nelson no perdió ningún barco, Brueys perdió 11 y Francia perdió 11 capitanes y dos generales.

 Si hubiera mandado D. Cayetano, el día 2 de agosto de 1.798 estaría escrito, con crespones negros, en Westminster.

Una vez más, el Señorito había buscado la muerte y le había salido mal.

Los franceses vendieron aquello como “una derrota gloriosa”; no hay derrotas gloriosas por más que se disimulen.

 El día 6 de septiembre de 1.798 volvimos a salir de Cádiz, sin ningún navío inglés a la vista. Mí intención era patrullar desde Madeira hasta Cabo Verde para interceptar los mercantes ingleses que, desde la India, llegaban a la Metrópoli.

 Cuaderno de Bitácora.-“6 de Septiembre de 1.798 (Santos Cleto y Donacio). Damos a la vela a las 14,30, nos dirigimos a Madeira con intención de patrullar en busca de naves de carga.

 Durante tres meses navegamos en zig-zag desde Madeira hasta Cabo Verde, manteniendo al este las Islas Canarias como posible base de aprovisionamiento y refugio.

 Largas jornadas de instrucción, adiestramiento en el disparo y maniobra de la arboladura. Anselmo y Manuel tomaban tiempos y anotaban según un estadillo que diseñé con el objeto de poder saber, según distintas condiciones, la maniobrabilidad de la Matadora. Hacíamos ensayos con la tripulación al 100%, y con la tripulación mermada, en previsión de encuentros desfavorables.

Tratábamos de establecer un plan de contingencia que nos ayudara a determinar en qué casos y cuando (en qué momento) debíamos salir de naja.

 Al amanecer del día 2 de diciembre avistamos dos velas inglesas, a 8 millas, en el S-SW; pusimos proa hacia ellas y decreté el zafarrancho: los coys a la batayola y cartucho de doble alcance a la batería.

 Desde la cofa del mayor, que está a 20 m. de altura, se divisa horizonte hasta 20 km, aproximadamente, por tanto, con el barlovento a favor, o lo que es lo mismo, navegando a un largo, en un par de horas estaríamos en rumbo de colisión.

 Con mucha precaución, tomando rizos al velacho y la mayor, nos acercamos vigilando todos sus movimientos y tratando de determinar sus armamentos. No me fiaba ni un pelo.

 Cuaderno de Bitácora.-“6 de Septiembre de 1.798 (Santa Bárbara Bendita).Cielo cubierto. Ventarrón del N-NE. Al amanecer divisamos dos velas inglesas, demorando W-SW. No me fío. Ordeno zafarrancho y pongo proa hacia ellas tomando rizos.

 –          Anselmo prepare la batería de babor con carga doble y la de estribor con simple. Nos vamos a acercar hasta que den la cara.

–          A sus órdenes, mi capitán.

 Mi intención era no acercarme demasiado hasta no tener claro que clase de buque eran. A simple vista parecían dos fragatas mercantes, muy cargadas y ligeramente artilladas en la cubierta superior.

 Cuando nos vieron, viraron W-SW, en clara intención de huir, pero con la carga que llevaban no hacían más de 4 nudos.

En esta ocasión, no sé por qué, tenía la sensación de que nos estaban engañando. Temía una emboscada y, cuando nos tuvieran a tiro, nos sacudieran. No quería muertos ni viudas en mi conciencia.

 A 3,5 millas y con las dos piezas de 24 libras de la proa, hicimos dos disparos de advertencia. Pararon, y recogieron el velacho y la mayor.

Con las banderas de señales les pedí rendición y bajaron el pabellón inglés.

 –          Ángel, la lancha al agua, el alférez Rivera les va a llevar una cartita.

–          Sr. Rivera, tenga usted la amabilidad de acompañarme.

 En mi camareta, escribí:

 “Respetados comandantes de las fragatas Corneallis y Dafne, sean ustedes tan amables de acompañar al Sr. Rivera. En La Matadora serán tratados con las máximas comodidades.

Así  mismo, les ruego impartan instrucciones a su tripulación para que no sea necesario un baño de sangre. Cuando esto suceda, mandaré oficiales para conducir estos barcos hasta Cádiz.

Sus vidas y bienestar estarán garantizados”.  

 El día 16 de diciembre entramos en Cádiz, doblando por Punta San Sebastián, sin haber disparado un solo tiro.

 Cuaderno de Bitácora.-“16 de Diciembre de 1.798 (Santa Adelaida). Amanece, cielo radiante, el sol en los ojos. Estamos en la Caleta y llevamos el zurrón lleno. Adelaida, esposa del emperador Otón, tampoco era muy santa que digamos.

 Qué bien nos sentíamos todos al amparo de los cañones de San Sebastian y Santa Catalina, con dos fragatas hasta los topes de mercancía, cautivas y listas para Junta de Valoración.

 Este viaje, además de otros 100 días de mar para mi Hoja de Servicios (pasamos 5 en Tenerife), nos reportó un grandísimo botín.

 Solicité, a la Junta de Valoración, que una lista de mercancías, que elegí, fueran detraídas de mi parte; las monté en dos carros y se las mandé a Ana María, con un mensaje donde le anunciaba cuando desembarcaría.

Después de fondear, asegurar el barco y organizar los turnos de guardia, eché la lancha al agua y me dirigí al muelle de levante. Allí estaba esperando Ana María. El asunto ya estaba claro en mi mente.

 En la semana que transcurrió desde que fondeamos hasta que desembarqué, decliné cuatro invitaciones con una u otra excusa:

 1ª.- D. Dionisio, conocedor de mi orfandad, me invitaba a pasar las Navidades con su familia. Le dije que iría a Barbate con mis primos y tíos.

2ª.- D. Rafael de Villavicencio, conocedor de mi fortuna, me invitaba a comer para discutir de rutas marítimas. Le emplacé para después de las fiestas, alegando la misma excusa que a su cuñado.

3ª.- D. Manuel Gago Urquieta, conocedor de mi afición a la música, me invitaba a cantar villancicos. Le dije que “villancicos”, los cantaríamos para Reyes.

4ª.- Curro el cocinero, que se llamaba Francisco Baeza López, conocedor de mi afición a la cocinilla, me invitaba a comer y beber. Le dije que había cogido peso y no quería convertirme en el “pájaro”, todavía. La Marcha de Infantes…cuando me dieran el fajín rojo, de momento, mi cintura no necesitaba faja.

 Fue una semana muy ajetreada de trabajos y anhelos ya que había que inventariar todo, acordarlo con los interventores y hacer las cuentas de los distintos repartos, pero las jornadas no se hacían largas porque yo estaba deseando terminar todo para poder desembarcar.

 El concepto estaba muy claro en mi mente, ya digo, porque se trataba de probar la voluntad de Ana María, antes de dar el siguiente paso. Si ella estaba en el muelle era por su libre voluntad, si la voluntad de Ana María era yo, las cosas serían mucho más fáciles porque mi voluntad era Ana María.

 En cuanto estuve en el muelle:

 –          A la orden de usted, mi teniente.

–          Ana, te he dicho que no hace falta….

 No pude terminar la frase porque se abalanzó sobre mí y echándome los brazos por el cuello, me besó.

 –          Qué alegría, Roque. Cada vez que te vas me dejas muy inquieta.

–          No exageres, Ana. En la Matilde no tenías tantas inquietudes.

–          No, no tantas, pero es que entonces era hombre.

–          Ah!, ya entiendo.

 Fuimos paseando hasta la tienda. Ana María llebava un vestido de organdí, precioso, y pamela de paja; en su pecho, los galones de su rango emérito. Yo iba vestido con mi uniforme, incluyendo mi sable colgando de mi cadera izquierda. Ana se apoyaba en mi brazo derecho.

Cuando llegamos a la tienda, en la planta de arriba, había una pequeña vivienda con una salita, un dormitorio, una cocinita y un water.

 –          Qué te apetece comer?.

–          No me tires de la lengua!!!

–          Ja,ja,ja…idiota!!!.

–          Cocinaré yo, Ana. Curro me ha enseñado mucho.

 Estuvo enseñándome la tienda, con todas las mercancías, ya colocadas, que le había mandado. Sacó el libro de los asientos y empezó a explicarme las entradas y salidas.

 –          Ana, esto no es necesario; lo que tu hagas, bien hecho está.

–          Ya, pero yo quiero que tu sepas lo que pasa y cada grano de sal que entre o salga de esta tienda, que para eso eres el dueño. He comprado la casa entera y debemos, en cuanto puedas, escriturarla a tu nombre.

–          Ana, tú eres la dueña. Yo solo soy tu socio; no soy tendero, soy oficial de la Armada. La escrituraremos a nombre de los dos.

–          Tienes algo en contra de los tenderos?

–          Nada en absoluto y mucho menos en contra las tenderas. Tu tienes algo en contra de los oficiales de la Armada?.

–          Tenderas?. Has mirado a otras tenderas?

–          Antes me quedaría ciego, por mi fe de caballero.

–          Y de la señorita de Villavicencio, que me cuentas?.

–          No más de lo que tú sepas, que ya te habrán contado las comadres, imagino.

–          En esa familia harías carrera y estarías mejor.

–          Te equivocas de medio a medio, Ana. Yo estaré “mejor” en mi familia, la mía propia, no necesito más jerarquía que la de mi propia esposa. No quiero suegras, suegros, cuñados ni cuñadas.

 Subiendo las desvencijadas escaleras que comunicaban la tienda con la vivienda pensé que necesitaban un buen repaso. Al llegar a la salita, miré en derredor y pude comprobar que todo era bastante cochambroso y no mayor que mi cámara de la Matadora. Había muy pocos muebles.

 Apoyando las manos en mi pecho, Ana me conminó a sentarme en una especie de sofá con los brazos de madera, asiento y espaldar acolchados y capacidad para dos personas muy juntitas.

 –          Esta es mi humilde casa, Roque.

–          Sí que es humilde sí.

–          Qué insinúas?.

–           No insinúo, Ana, confirmo lo que tú has dicho. Además, ten cuidado donde pones las manos no sea que te pinches con las condecoraciones.

–          Cuales?

–          Las que llevaré.

–          Estaré yo, cuando lleves condecoraciones?

–          Sí, claro….si tú quieres.

–          Y que tengo que hacer para que eso pase.

–          Demostrar que eres mi mujer y cosérmelas.

–          Tu no sabes coser?.

–          No, yo sé cocinar y planchar, pero coser, no.

–          Yo tampoco sé coser, pero aprenderé.

 Al día siguiente, cuando desperté, Ana había hecho café y estaba friendo rosquillas. Toda la casa olía a anises fritos; desayunamos, la besé y nos despedimos.

Ella tenía que abrir la tienda y atender a su trabajo y yo tenía intención de preguntar a los carpinteros de la Matadora donde encontrar a uno de sus colegas, que fuera de confianza, pues quería darle una vuelta a todo el edificio, incluyendo tienda y vivienda.

Después de recorrerme medio Cádiz, encontré al carpintero que me recomendaron, le hablé del encargo que tenía para él y nos citamos para el día 26.

 Era 24 de diciembre y dediqué la tarde a cocinar la cena que tendríamos cuando Ana María cerrase la tienda.

A las 19,30 me asomé a la escalera:

 –          Ana, mi amor, cierra ya que he puesto dos copitas de Jerez.

–          Sí, ya subo.

 A las 19,45 subió y, tomando un jerez de Medina Sidonia, conversamos sobre las reformas que quería hacer, sus opiniones, sus gustos.

 –          Ana Maria, vamos a desarmar toda la escalera y la haremos nueva de madera de roble, incluyendo una baranda de haya.

–          Pero Roque, eso costará dinero.

–          Claro, amor, eso y toda la tarima del suelo que pienso cambiar. Esta es pino tea y no me gusta nada; la pondremos de cerezo francés, así como las puertas. Mira, trae papel, pluma y tinta y escribiremos lo que queremos. Te parece bien?, pero antes, cenemos.

Además, quiero que sepas que he comprado toda la casa medianera, para convertirla en el almacén.

–          Tanto quieres?

–          Sí. La mar, Ana, no durará siempre, los ingleses la quieren para ellos solos.

 Durante la cena, recuerdo, le hice algunas apreciaciones sobre mis gustos en manteles, bajillas y cristalerías. En las dos últimas fragatas capturadas había, en cajones llenos de paja, varias cuberterías de plata, bajillas de loza y cristalerías finas. Mandé una de cada clase a Ana que se sintió muy emocionada, con el regalo.

 –          Roque, te estoy muy agradecida por todo lo que haces por mí.

–          No lo hago por ti, Ana.

–          Por quien?

–          Por nosotros….Ana, quiero que seamos uno; la cubertería es para que tu me pongas la comida, que yo haga. Ana María Soto, quiero casarme contigo, aceptarás?.

–          No te dejarán casarte conmigo, Roque.

–          Sí me dejarán, buscaré fiador. Eres sargento mayor de infantes de marina.

 En aquella época un oficial, para contraer matrimonio, necesitaba el permiso de la Autoridad competente que, en esos casos, era el Mayor General. En mi caso era el General Escaño y debía buscar fiador.

 El día 26 de diciembre de 1.798, después de medirlo todo, encargué al maestro carpintero y al maestro albañil, que le acompañaba, las reformas que queríamos para la casa y la tienda, les leí y les entregué la memoria que habíamos escrito y les solicité presupuesto, lo más rápido que pudieran.

 –          Para después de Reyes tendrá “usté” el presupuesto, mi teniente.

–          Ni un día más, eh!.

–          La zanca de la baranda también de haya?

–          La zanca no es de la baranda, es de la escalera y la quiero de roble.

–          Tengo una partida de tablón de nogal muy buena….

–          Nogal viejo y curado?.

–          Sí.

–          Seguro?

–          Que se muera mi madre!!!.

–          Qué escuadría tienes?

–          Tablón de 6×11 pulgadas.

–          Qué buena medida para una zanca!!!. Entonces trae la memoria. Ale!!! todo en nogal, la zanca, los peldaños y la baranda.

–          Para la tarima del suelo?

–          Sacarás tabla de 1×11 pulgadas?

–          Algo menos de 1 pulgada, el corte se lleva 1/8.

–          Vale!!! 7/8, después de labra, machihembrada. Los rastreles de 3×3 pulgadas en melix curado.

 El día 28 de diciembre de 1.798 fui a ver a D. Cayetano Valdés para darle información de mi último viaje, recibir la que él pudiera darme y, sobre todo, a pedirle que fuera el fiador en mi compromiso de matrimonio con Ana María.

 –          Mi capitán, me gustaría que usted fuera mi padrino de bodas.

–          Hombre Roque, que te casas?. Puedo saber quien es la desafortunada?.

–          Sí, mi capitán, es Ana María Soto, aquel “infante de marina” que sirvió conmigo en la Matilde.

–          Roque, sabes que tendré que consultar al Mayor General y, además, tú debes cursar la petición. Lo que sí es seguro es que  los Villavicencio se opondrán.

–          Mi capitán, cree usted que me la denegarán.

–          No Roque, te vas a casar con una “Sargento Mayor”… ja,ja,ja…prepárate!!!. El Rey la concedió pensión, ascenso y Honor. Yo te apoyaré.

–          Gracias mi capitán.

–          Teniente de Navío Oquendo, quiero que sepas que se está barajando quitarte la licencia de corso y ascenderte a capitán de Fragata. Ya tienes méritos suficientes.

–          Señor, tengo intención de salir, una vez más, para ir a Cuba y rematar la labor que comencé con los canales de Florida. Quiero levantar las Islas Vírgenes y la ruta hasta Puerto Rico.

–          Sal ya mismo, Roque, antes que haya tomada una decisión y, desde luego, deja la boda para mejor ocasión, si es de Ley te esperará. D. Alessandro tenía razón; cada vez está más claro lo que quieren los franceses.

–          Lo sé, mi capitán. Quieren lo mismo que los ingleses.

–          Ni una palabra más, Roque.

 Comuniqué a Ana María la decisión de salir a la mar y, por consiguiente, el aplazamiento de la boda. No obstante, el día 2 de enero de 1.799 cursé mi petición de “autorización de matrimonio” con la firma de “fiador” del capitán de Navío D. Cayetano Valdés y Flores. Cuando fui a entregarla, mantuve una conversación con el Mayor General D. Antonio Escaño. Le comuniqué mi decisión de salir, inmediatamente, a la mar y la de casarme cuando volviera.

 –          Y el ascenso? –dijo el Mayor-

–          No me corre prisa, mi general –contesté yo-

 Mi intención era hacer una salida más en corso, ir a Cuba, cargar mercancía, tomar una serie de observaciones de comprobación entre la Florida, la Bahama, las Caico mayores y volver, llegando hasta Puerto Rico siguiendo la ruta de las naves inglesas, por si caía algún pescado en la red, hasta la Bermuda, para luego enfilar directamente a Cádiz.

El día 7 de enero vinieron el carpintero y el albañil con el presupuesto, que acepté, y se fijó la fecha para el comienzo de las obras.

 –          Ana, me siento mal dejándote con este parche.

–          No te preocupes, Roque, a estos los meto yo en cintura, por la gloria de mi madre.

–          Mi amor, si sale bien este viaje, aprovisionamos la tienda para tres años.

–          Deja eso, ahora; lo importante es que tengas cuidado y arriesgues lo menos posible.

–          Ana, quien nada arriesga, nada gana.

 En aquellos días, ascender significaba “cambiar de destino”, por tanto, al ascender a capitán de fragata, era preceptivo que dejara la Matadora y me incorporara a cualquier navío, para preparar el siguiente ascenso. Cuando estabas preparado para mandar un Navío, te dejaban en tierra para la formación científica.

 Nos dimos a la vela el día 10 de enero de 1.799.

 Cuaderno de Bitácora.-“10 de Enero de 1.799 (San Gregorio).Cádiz. Con la marea del alba nos damos a la vela a las 5,30. Nos dirigimos a La Habana, Dios nos ayude en esta singladura, la última con la Matadora”.

Ultimamatadora

 Enfilamos directamente el alisio, con rumbo S-SW, hasta el paralelo 20 y una vez allí viramos W para, empujados por los vientos de empopada, poner proa a la Martinica.

 En ningún momento descuidábamos la Instrucción y, siempre, procuraba tener a la tripulación en buen estado de salud y bien alimentados. Desde mi cámara, al anochecer, podía oír los cánticos de la tripulación contenta y añorando a sus novias y esposas.

 Llegamos a Martinica el 6 de febrero, atravesando para aproar hacia Cartagena de Indias, a 900 millas aproximadamente. Fondeamos en el puerto de Cartagena el día 18 de febrero.

 Cuaderno de Bitácora.-“18 de febrero de 1.799. 16,30 horas. Arribamos a Cartagena de Indias. Anclamos en el muelle de Baca Grande. Hacemos aguada, reparamos el mastelerillo del trinquete, averiado en una enrachada, cerca de la Martinica”.

 Hicimos aguada y cargué tabaco, cacao y ron. Saqué lastre de la sentina, tanto como peso iba almacenando. La estiba era una cuestión que me preocupaba especialmente, así que la supervisaba personalmente.

 El día 22 de febrero salimos con destino al Cabo Gracias a Dios, al que arribamos 5 días después.

 Cuaderno de Bitácora.-“27 de febrero de 1.799. 12,30 horas, divisamos el Cabo Gracias a Dios, a babor,  demorando W-NW. Tomamos medición.15º 0,6’N y 76º 11’W, con el meridiano de Cádiz”.

 El día 4 de marzo de 1.799, al amanecer y aproando a Yucatán, divisamos, a estribor, una corbeta con bandera inglesa; inmediatamente cambiamos de rumbo y nos fuimos a por ella.

 A las diez de la mañana la teníamos a tiro. Iba sin el mastelero del trinquete de modo que no pudieron hacer gran cosa. Maniobré hasta tenerla enfilada por popa y le hice los dos disparos de advertencia, como no respondió al aviso, le metimos media docena de peladillas de bala rasa en la toldilla y otra media docena de metralla y palanqueta en el combés.

 Aquí dio por concluida su resistencia y arrió el pabellón.

 Cuaderno de Bitácora.-“4 de marzo de 1.799. 6,30 horas, divisamos una corbeta con bandera inglesa, a la altura del paralelo de Jamaica (18º) y meridiana de 77º 46’ del meridiano de Cádiz. Después de una corta resistencia, la capturamos a las 13,30h. Corbeta de 102 pies, con 12 cañones de a 12. Nominada “Highwind, la llamaremos, a partir de ahora,La Escudera”.

 Era una corbeta de 102 pies de Burgos, armada con 12 cañones de 12 libras comandada por un teniente de navío y tripulada por 70 hombres. Transportaban Pliegos de Kingston a George Town, en la Isla del Caimán, una tormenta les sacó de su ruta y les desarboló el trinquete.

Como es natural y todo el mundo sabe en la mar, los Pliegos se perdieron en la tormenta que les rompió la gavia del trinquete.

Tuvieron 8 muertos y 24 heridos; todos fueron atendidos cristianamente. Los heridos por los cirujanos y los muertos por mi mismo que hacía de capellán, con mis conocimientos de monaguillo en Barbate; entregamos sus cuerpos al mar.

 Llegamos a Veracruz el día 17 de marzo de 1.799, al atardecer.

 Cuaderno de Bitácora.-“17 de marzo de 1.799. 19,30 horas, divisamos el puerto de Veracruz. Con la noche encima, fondeamos al amparo de los cañones del morro.

18 de marzo de 1.799. Desembarcamos a la tripulación de la Escudera”.

 Los días siguientes los dedicamos a reparar la corbeta y a enrolar tripulación española y criolla. Al mando de esta unidad puse al Teniente de fragata D. Anselmo Pérez de Agüero, que llevaba conmigo ya tres años. Anselmo me conocía y yo a él, aún así tuvimos no menos de media docena de largas conversaciones sobre táctica para el caso de encuentro con unidades inglesas.

 En Veracruz, pagando de mi bolsillo, cargué maíz y dos quintales de especias de Oriente que venían de Acapulco con el tráfico de Manila.

 El día 14 de abril, con la Escudera reparada y la tripulación al completo, salimos de Veracruz con destino La Habana. Reclutamos 106 hombres para la corbeta, en total 336 hombres en dos barcos.

Mezcle tripulación veterana con noveles, sobre todo en el caso de los artilleros.

Como llevaba la Matadora, a la Escudera le montamos sobrejuanetes y trapo de stay. En todo momento las dos naves debían estar coordinadas en maniobra; una de las dos debería entrar por popa a cualquier nave enemiga mientras la otra ponía el cebo, en caso de encuentro. Montamos cuatro piezas de a 18, de las de la Matadora, en la Escudera.

Estas operaciones, sacando lastre, hacían a la corbeta más inestable pero mucho más rápida.

Fijamos un programa de instrucción para que, en una semana, la gente de mar y artilleros supieran trabajar como trabajaban los de la Matadora.

 Cuaderno de Bitácora.-“14 de Abril de 1.799. 7,30 horas, damos a la vela en Veracruz, con destino La Habana. La Matadora y la Escudera, navegamos en conserva. 336 hombres y 52 cañones.

 La travesía hasta La Habana fue tranquila. 1.300 millas de tiempo apacible con vientos que nos empujaban a un largo, entrando por la aleta de babor. 8 días de tranquilidad y buenos alimentos.

El día 22 de abril entramos en el fondeadero de la Habana, protegidos por los cañones de a 36 del Morro.

En La habana cargamos azúcar blanco y moreno, frijoles y salazón de pescados. Varias personas civiles solicitaron transporte hasta la península pero, en tiempos de guerra, estaba prohibido el acceso de los civiles a los buques del Rey.

 El día 30 de abril salimos del Morro con rumbo E1/4NE hacia los cayos de la Bahama, a fin de situar el límite E de la navegación. Virando SE, arribamos a Inagua Grande y fijando los arrecifes y bajíos entre esta isla y la Caicos Oeste, llegamos a Puerto Plata, en La Española, el día 12 de mayo de 1.799.

Salimos de Puerto Plata el día 15 de mayo y, atravesando por el estrecho entre La Española y Puerto Rico, costeamos el barlovento puertoricense hasta las Vírgenes.

 Cuaderno de Bitácora.-“17 de Mayo de 1.799. 15,00 horas, viramos ¼ a N en la isla de Vieques. Estamos en alerta total. Entramos en zona de rutas inglesas. Mando seis hombres a las cofas de las embarcaciones.

 Como resultado de esa intensa vigilancia, en 18º 30’ N y 58º 28’ W del meridiano de Cádiz, divisamos dos pequeñas embarcaciones del tipo “urca” que navegaban en conserva con destino a La Virgen Mayor.

Las detuvimos, las vaciamos y, metiendo la tripulación de las dos en una de ellas, hundimos la otra. Le di una nota al capitán inglés con el ya sabido aviso para Lord Nelson.

No reflejé en el cuaderno de bitácora el encuentro pero sí mandé al contramaestre reflejara, en los estados de entrada, la carga confiscada que, básicamente, era ron y pólvora.

 Cuaderno de Bitácora.-“21 de Mayo de 1.799. 5,00 horas, viramos  N en Santo Tomás, dejando a babor la isla de la Culebra. Nos dirigimos, directamente a la Bermuda con el viento de través”.

canales

 El día 28 de mayo de 1.799 estábamos a la altura de la Bermuda y viramos N1/4 NE; llegamos a las costas de Terranova el día 8 de junio.

 El viento rolaba a E-SE, tal y como suponía; así es que mande virar para tener las banderolas orientadas a proa. Durante siete días, con todo el trapo al viento, mantuvimos al viento entrando por la aleta de babor. En esas condiciones, hacíamos 240 millas diarias.

 Con viento recio en la popa, las naves escoraban hasta 25º pero navegábamos a 10, 12 y hasta 14 nudos.

 Divisamos tres velas inglesas a la altura de las Azores.

 Cuaderno de Bitácora.-“15 de Junio de 1.799. 13,00 horas, Hemos divisado tres velas en el horizonte, demorando E-SE. Voy a echar los dados; viramos E para rumbo de encuentro. Comunico a la Escudera el zafarrancho de combate. Estamos en 38º 21’ N y 11º 10’ W (meridiano de Cádiz”).

 A las 16,30 las teníamos a 6 millas. Eran dos naves de carga escoltadas por una fragata de 34 cañones, de bandera inglesa. Estábamos al SE de las Azores

 Hice señales a Anselmo para que entrara en la formación que habíamos determinado. La Matadora podría el cebo, tratando que la fragata inglesa se viniera a por nosotros a darnos costado y la Escudera debería entrarla por popa y barrerla la cubierta con metralla y palanqueta.

 La Matadora y la Escudera navegaron en paralelo durante una hora y cuando la fragata inglesa nos puso la proa abrimos ángulos, navegando a dos tiros de cañón de distancia; inmediatamente los ingleses modificaron su rumbo para salirse del carril central y entrar a la Matadora por babor. Nosotros teníamos el barlovento y, por tanto, la iniciativa. Cuando la tuvimos a dos millas, mandé virar N-NE y la pillamos en medio de las dos. Trataron de virar W-SW, pero no les dio tiempo; la Matadora por proa y la Escudera por popa le barrieron las cubiertas. En la segunda pasada pude ver que estaba sin el trinquete y con la mesana flameando: la andanada de la Escudera le había destrozado la mesa de obenques.

 Tomé la decisión. Era la primera vez, en mi vida, que abordaba un buque. Hice señales a Anselmo para que se fuera a por las dos naves de carga y las parara; entré por su babor (nuestro estribor), a tocapenoles, descargando todo lo que teníamos; ordené el primer tercio de abordaje. Artilleros de la banda opuesta y marineros, todos armados hasta los dientes.

 Los infantes de marina formaron en toda la banda de estribor y la gente de mar, ayudados por los artilleros de la banda de babor, después de arriar las velas, cogieron sus armas y al mando de Manuel se apostaron en cubierta dispuestos a comerse a todo inglés que se les pusiera a mano.

 Cuando les echamos los garfios y las pasarelas, el brigada Clavero y el sargento Maldonado ordenaron tres descargas cerradas que les dejaron la cubierta sin nadie.

 Manuel, secundado por los Contramaestres Ángel y Paco, abordaron la fragata inglesa que, 15 minutos después, dejó de presentar resistencia.

 Anselmo capturó las dos naves de carga y, virando por redondo, nos encontramos a las 21,30, ya noche cerrada.

 Inmediatamente (los nuestros y los suyos), los carpinteros empezaron a trabajar a fin de poner los barcos en condiciones de navegar a toda vela.

 Cuaderno de Bitácora.-“18 de Junio de 1.799. 14 horas. Después del combate con la fragata inglesa, estamos en condiciones de navegar. Nos dirigimos a Cádiz.

 El resultado de aquel combate fueron 48 ingleses muertos y 35 heridos. Nosotros perdimos a 5 marineros y 3 artilleros, nos hirieron a 10 más, entre infantes de marina y marineros. Una bala de mosquete me quitó el índice y el corazón de la mano izquierda.

 Capturamos dos naves de carga con mosquetes, mucha pólvora, y grandes cantidades de ron y té.

 Y les hicimos cautiva una fragata de 34 cañones con toda su munición.

 El día 1 de julio de 1.799 entramos en la bahía de Cádiz en formación de línea; encabezaba la Escudera, con todo el trapo al viento y gallardetes en los tres palos. Seguían las dos naves de carga, con doble bandera inglesa y española; la española en lo más alto. Seguía la fragata Hermione, también con doble bandera y sin gallardetes.

 Al final de la línea íbamos nosotros, la Matadora, con gallardetes en los tres palos, y la bandera de España, al viento, en la jarcia de mesana.

 La gente se agolpaba en el puerto.

 Cuaderno de Bitácora.-“1 de Julio de 1.799. 14 horas. Después del combate con la fragata inglesa y reparadas las averías, entramos en la Bahía, en perfecta línea. Mando recoger las mayores y poner infantes de marina en los candeleros.”

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CRÓNICAS MARINERAS VI. TENIENTE DE NAVÍO OQUENDO (2)

Crónicas Marineras será una serie ordenada de entradas en las cuales pretendo describir, de forma libre y según mi leal saber y entender, una parte de la Historia de España que, por las razones que fueran, no se estudia a nivel popular y, desde luego, yo no estudié.

Lo voy a estructurar como un relato novelado que pretendo documentar lo mejor posible. Unas “memorias” de un personaje ficticio (Roque Oquendo) que, en su vejez y una vez retirado del Servicio, repasa los acontecimientos que llevaron a la ruina de la Armada de España.

Como los historiadores ingleses, he metido “morcillas” que no son verdad pero que necesitaba para la trama.

Si les gusta, enhorabuena; si no, por favor, no me lo tengan en cuenta.

Desde estas lineas, mi admiración y respeto por aquellas personas que, con más o menos acierto, entregaron su vida en aras de un ideal.

Señores: fueron ustedes muy buenos en su profesión, los mejores.

CAPITULO IV (6). TENIENTE DE NAVÍO OQUENDO (2).-

Después del combate con el Leander y la captura de las dos naves de carga, pusimos rumbo a las Azores con todo el trapo al viento.

Durante la travesía el cirujano atendió a los 6 heridos, uno de los cuales falleció; entregamos su cuerpo al mar después de una breve ceremonia. Advertí al contramaestre que su parte del botín sería entregado a sus familiares, de tal forma que no lo diera de baja de la lista de beneficiarios.

Cuaderno de Bitácora.-“29 de Enero de 1.798, 16 horas. En el día de la fecha ha fallecido el marinero Francisco Mojón García, casado y con dos hijos, natural de Tarifa (Cadiz). Entregamos su cuerpo a la Mar, a la altura meridiana de las Azores y paralela de Cádiz, rogando a Dios se digne recibirle en su seno. Se batió valientemente, sus haberes serán entregados a sus familiares”.

 Matadora

El día 6 de febrero, a 250 millas de las Canarias, viramos N-NE y dos días después divisamos la costa africana. Pusimos rumbo a Cádiz, donde entramos el día 11 de febrero.

Entregué los informes en Capitanía, con una particularidad: que comprendía los cuadernos de bitácora de las embarcaciones capturadas.

Fue un viaje de más de 9.000 millas que rindió un buen beneficio que, como en el caso anterior, ingresé en mi cuenta del FAVA. En aquella época se estaban creando y desarrollando los “Montepíos de la Armada”, en previsión y atención de las viudas e hijos de los oficiales de Marina, tanto artilleros como de la “gente del mar”.

En este viaje, además de poner muy nerviosos a los ingleses, pude estudiar las rutas de los buques ingleses que, desde Jamaica, iban a Gran Bretaña. Estos, escoltados por el Leander, habían tomado la ruta E para bordear Puerto Rico y doblando por las Islas Vírgenes, enfilar el E-NE que les lleva, con los Alisios, a Europa; tenía la sospecha que remontaban hasta la Bermuda y, luego, viraban E.

Fueron, descontando las estancias en Tenerife y La Habana, 139 días de mar que entraron en mi Hoja de Servicios.

A la semana de fondear en la bahía, di “permiso indefinido” a la tripulación, con la excepción de seis hombres solteros y un casado con una suegra insoportable que, voluntariamente, quisieron quedarse. Anselmo y yo fuimos al domicilio del marinero Francisco Mojón y entregamos a su mujer la gorra, una bandera y los haberes del marinero muerto; incluí en el paquete un certificado, mío, con las coordenadas exactas donde reposaba el finado.

A las dos semanas de llegar a Cádiz, es decir, el día 26 de febrero, me mandó llamar el Mayor General D. Antonio Escaño que, a la sazón, era brigadier de marina a las órdenes del Teniente General Mazarredo.

–        Da Vuecencia su permiso?.

–        Pase, Roque, me permite que le llame así?.

–        Se presenta el Teniente de Navío Roque Oquendo Matamoros, al servicio de Vuecencia y del Rey

Con esta presentación, intenté dejar cristalinamente claro que, aún estando en corso, seguía siendo oficial de la Armada.

–        Parece ser, Roque, que has dado por la popa a un Navío HMS de Línea. Esto, unido a que usted no tiene pelos en la lengua, les hace saber mucho más de lo que debieran. No debió, usted, identificarse.

–        Sí, señor. Si conseguimos ser más marineros que ellos, les daremos lo que se merecen, por felones y marrulleros. Si me identifiqué, fue porque prefiero que me busquen a mí antes que a un buque del Rey.

–        Roque, ya se te olvidó lo que el Capitán Valdés te aconsejó?.

–        En absoluto, señor; en todo momento, nos mantuvimos fuera del alcance de sus cañones. Creo yo, que ese es el secreto.

–        Tú crees?.

–        Sí, mi general. Debemos utilizar sus tácticas: sacudir al más débil y huir del más fuerte. De ninguna manera presentar una batalla a tocapenoles, ahí nos ganan. Maniobrar y no recibir ofensa.

–        Qué te hace pensar eso?.

–        El encuentro con la Minerve y la Blanche. En diciembre del 96, pudimos ver como la Sabina, que presentó batalla, fue rendida y como la Matilde, que maniobró, hizo que soltara a su presa. En febrero del 97, Jervis nos cogió con el culo a las goteras e hizo su fiesta, en cuanto los buques del general Moreno maniobraron, salieron de naja. En el 82, en el Cabo Espartel, más de lo mismo.

–        No exageres, Roque, si no aparecen la Perla, la Ceres y el Príncipe, que hubiera pasado?.

–        No puedo saber, mi general, lo que hubiera pasado. Sí se lo que pasó y lo que pasó es que le metimos tres andanadas, que sumadas a las que ya tenía hizo que la Minerve del Señorito Nelson saliera de naja (huía del más fuerte). Luego apareció la Blanche, pero esta era de nuestro porte y, esa misma mañana, la habíamos dado “puerta”. La Minerve, prácticamente, ni nos tocó y la Blanche también huyó del que creyó más fuerte. La Blanche jamás va a presentar batalla a la Ceres.

A la Terpsíchore, la pillé sola y ahora se llama Matadora y al Leander también le pillé solo y le dejé los jardines de popa hechos unos zorros.

–        Pero eso, teniente, no es muy honorable.

–        Con su permiso, mi general, el Honor es muy caro y, ahora, no disponemos de mucho dinero.

–        Muy bien, teniente, y ahora qué?.

–        Con su permiso, nos daremos a la vela, en cuanto podamos, para la siguiente singladura. Quiero comprobar un par de cosas que sospecho.

–        Puedo saber qué cosas?.

–        Sí, mi general. Quiero comprobar las rutas de navegación que usan los ingleses desde Jamaica a Gran Bretaña, es ahí donde debemos sacudir fuerte porque es esa ruta la que deben proteger. Debemos obligarles a gastar fuerzas en el Atlántico. No se trata de presentar batalla, no; se trata de sacudir lo que podamos y que solo nuestra presencia les haga estar nerviosos.

Los ingleses, mi general, no gastan en ejército y eso es una ventaja muy importante que les da su insularidad. Disponen de muchos más recursos para su Armada; hay que asfixiar sus canales de abastecimiento, si Nelson se dedica a proteger sus buques mercantes, no tendrá tiempo de hacer barrabasadas en el Mediterraneo.

–        Muy bien explicado, Roque, pero Nelson saldrá de caza.

–        Que lo haga y, con seguridad, cazará, pero para cazar necesitará navíos y cuando cace, que cace fragatas. Dediquemos a Nelson a la caza menor.

Un mes llevaríamos fondeados en la bahía cuando, un sábado por la tarde, salí a pasear. Quería saber lo que se siente con el uniforme militar y los galones de teniente de navío, que aún no había estrenado; a mis 26 años, qué queréis?. No bien hube llegado a tierra, un ordenanza se me acercó y me entregó un tarjetón; era una invitación a “merendar” en casa del capitán D. Dionisio Alcalá Galiano y su esposa Dª. Concepción de Villavicencio.

El ordenanza, casualmente, viajaba en un carruaje que, amablemente, me llevó hasta Chiclana que era donde vivía D. Dionisio y su familia.

Estaba mediado marzo y el corto trayecto, impregnado de olores, fue maravilloso. Tenía 26 años, bien cumplidos, era teniente de navío y, en dos salidas, me había hecho rico; y si no rico, sí con suficientes recursos para vivir toda mi vida.

Al llegar a la casa, en la puerta, estaban esperando D. Dionisio y su señora esposa Dª Concepción. Todavía me estoy preguntando cómo sabrían a qué hora llegaría yo.

Ella portaba un vestido rosa pastel y él iba con su traje de capitán de Navío de la Armada.

Como de costumbre, me cuadré delante de D. Dionisio, y después del taconazo de rigor, tomándome por el brazo izquierdo, me presentó a su señora, Doña Concepción de Villavicencio, a la que salude con una inclinación de cabeza que me salió más marcial de lo que me hubiera gustado.

En el patio de la casa habían puesto mesa y mantel. Un lugar muy agradable con buganvillas, ibiscus y un jazmín blanco que daba un olor dulce y persistente. Doña Concepción abrió el fuego:

–        Y bien, teniente Oquendo, nos contará usted sus aventuras?.

–        Todas las que sean contables, Dª. Concepción.

–        Llámeme Concha, por favor.

–        Y usted a mí Roque, si tiene a bien.

En esos prolegómenos estábamos cuando apareció una señorita muy bien vestida con un traje, color verde pastel, de espectacular escote.

–        Ah! Roque, le presento a mi sobrina, la señorita María del Carmen Regla Josefa de Villavicencio y de las Torres Bermejas, su padre….

–        Disculpe, doña Concha, sé quien es su padre. Encantado de conocerla, señorita.

Para el besamanos me levanté y pude ver, de soslayo, como D. Dionisio se tapaba los ojos, pasando la palma de la mano por ojos, nariz y boca. La señorita, en cuestión, era fea con ganas; no es que fuera fea, es que era difícil de mirar; aún mirándote de frente, parecía que estaba en escorzo. Y es que siempre miraba en escorzo, con una mirada que yo interpreté como sucia y que otros interpretaban como tímida porque miraba para abajo, a media altura que, dadas las polainas del uniforme y la dimensión del escote…..

D. Dionisio, naturalmente, marcó el rumbo de la conversación:

– Roque, podrías contarnos algo de esos extraordinarios animales que encontraste?.

Después de contarle, a Dª. Concha, un par de cuentos chinos sobre mis actividades en la Mar Oceana, relativos a encuentros con monstruosos cetáceos, calamares gigantes y hablarle sobre cómo la tripulación disciplinada y valiente resolvió esos encuentros, nos sirvieron un “milky tea”, muy inglés, al modo francés (con pastas); Dª Concha estaba a la última en costumbres europeas.

–        Pues sí, Doña Concha, aquel calamar tenía dos ojos grandísimos y un pico parecido al de una currutaca. Con sus ocho tentáculos abrazaba a la Matadora e intentaba comerse la verga del velacho. El alférez Sánchez-Montemayor, asiendo uno de los bicheros que estaban en la batayola de babor, trepó por los flechastes de los obenques del trinquete y le metió más de un metro de bichero en el ojo derecho, el monstruo, al sentir el dolor….

Las señoras estaban excitadísimas con el relato y proferían grititos de placer, levantaban las cejas y abrían la boca con cada acierto de alféreces, contramaestres y sargentos.

–        Inmediatamente mandé una descarga cerrada de fusilería contra aquel molusco que amenazaba la seguridad de la Matadora y pretendía ofendernos, atenta la primera batería, ordené y, en cuanto el animal intentaba sumergirse, le descargamos dos estupendas peladillas de bala rasa de las que dispensan la Elvira y la Esperanza de Triana, que así se llaman los cañones principales de la mura de estribor…..Que no escape, que no escape!!!, gritaba el cocinero, con este y el arroz que tenemos podemos comer paella seis meses.

Fue una tarde agradabilísima, en la que mantuve un intenso cruce de miradas con la señorita Villavicencio de las Torres Bermejas y Canal Profundo. Siempre me ha preocupado mucho esto de las miradas porque nunca puedes saber cómo se va a interpretar; en este caso yo la miraba para tratar de comprender esa fisonomía tan abrupta que tenía por cara. No es que tuviera feos los ojos, la boca o la nariz; era, más bien, el conjunto lo que hacía a su cara de difícil comprensión, y su padre era Capitán de Navío; pobre D. Dionisio, dos cuñados y los dos, capitanes de navío.

Al salir, despidiéndome de Dª. Cocha y su difícil sobrina, D. Dionisio se acercó a mi oreja y dijo:

–        Teniente, mañana a las nueve en mi despacho.

Para no faltar a la tradición y porque a mi me da la gana, en presencia de las dos damas, me cuadré y volví a darle un taconazo que sobresalto a Maricarmen, lo que hizo que se le descolgara el belfo. Dije, en un susurro:

–        A la orden de usted mi capitán.

El carruaje, con el ordenanza, me estaba esperando y volvió, por donde habíamos venido, hasta Cádiz. Estaba muy claro que D. Dionisio me ofrecía entrar a formar parte de una gran familia de marinos.

Eran las ocho de la tarde y, tal y como lo había pensado yo, me dispuse a pasear; por la Avenida del Puerto hasta la Plaza de la Candelaria, aquella en la que bebía vino, con el brigada Gago, hacía ya nueve años.

Allí estaba, sentado en la misma mesa y bajo el mismo árbol, el brigada de infantes de marina D. Manuel Gago Urquieta, natural de Gatariza que, aunque retirado de la Armada, seguía viviendo en San Fernando. Al verme, se le iluminó el rostro, se levantó y me sacudió el taconazo en el que yo era especialista porque él me lo enseñó; me enseñó alguna cosa más…a levantar el codo para que, en el primer tiempo del saludo, el antebrazo, la muñeca y los dedos describieran una línea recta y horizontal, la cabeza ligeramente levantada y la mirada en el infinito. En ese momento recordé algunas de sus frases, cuando lo hacía mal: “Roque, no es usted un torero, es usted un oficial de la Armada”.

Naturalmente, le contesté al saludo cuadrándome y respondiendo taconazo por taconazo.

–        A sus órdenes, mi teniente.

–        Manuel, coño, qué alegría!!!. Bebemos?

–        Bebamos, Roque, me tienes que contar un par de cosas.

–        Qué quieres saber?, viejo lobo.

–        Me han dicho que has estado en medio mundo, sigues sin fringir?

–        Ja, ja, ja!!! ….nada, amigo, no hay manera. La última, esta tarde y me ha dado más miedo, la señorita que he visto, que el capitán Thomson, qué peligro tenía la dama!!!.

–        Sí, las noticias vuelan en la Armada; me han dicho que el Almirantazgo inglés anda buscándote, que les has dado algún azote en el culo, no?.

–        Eso, eso, que me busquen!!!. Sí, ya llevan un par de ellos, bien dados, en la mesana y el trinquete.

–        Y tú cómo has salido?.

–        Aparte de un boquete en el muslo, poca cosa.

–        Roque, cohone, tenemos que sacudirles fuerte. Tú puedes.

–        No te hagas ilusiones, Manuel, desde Madrid no nos dejarán.

–        Me entristece que digas eso, Roque.

–        Lo sé, Manuel, pero es que es así.  Mira lo que le pasó a D. Alessandro por decir eso, todavía está en el Castillo de La Coruña. Los Tratados con Francia nos dejan en sus manos, los de Madrid negocian con la Armada que es lo único que tienen y nosotros, por no tener, no tenemos ni marineros. Más pronto o más tarde, si siguen así las cosas, nos cazarán.

–        Yo sigo asistiendo a las tertulias del club de suboficiales, viejos lobos, mutilados casi todos. Viene, con nosotros, un brigada que sigue trabajando en la oficina de la Mayoría.

–        Bien, Manuel, estate atento a las noticias.

–        Qué gran persona D. Alessandro!!!.

–        Y gran profesional, de los más grandes y clarividentes. En la Expedición, hubo muchas noches que me habló del futuro de la Armada. En ese viaje nos dimos cuenta que las Colonias se nos irán de las manos si no inventamos algo que las mantenga unidas a nosotros.

Al día siguiente, a las 9 de la mañana, me presenté en el Observatorio de la Isla de León que era donde tenía su despacho D. Dionisio Alcalá-Galiano.

–        Da usted su permiso?.

–        Pasa Roque, siéntate. Tenemos que hablar.

Le conté a D. Dionisio mis sospechas sobre la ruta que usaban los ingleses y mis temores: esa ruta era mucho más rápida ya que, navegando a un largo con todo el trapo, se conseguían mejores rendimientos. Los Alisios empujaban de popa y con sobrejuanetes y las velas de stay, podíamos conseguir hasta catorce nudos. También discutimos sobre ciertos “errores” que aparecían en las Cartas de Navegación que publicaban los ingleses, errores que, bajo mi punto de vista, eran intencionados en la situación de islas, bajíos, bancos de arena, etc. Esto hacía necesario que algún buque de la Armada comprobara la costa de America del Norte.

Estuvimos discutiendo de cartografía y algunas de las materias que aprendí con él cuando el viaje en la Descubierta; D. Dionisio ya había publicado su método para determinar latitudes midiendo dos alturas del sol y la distancia a astros conocidos.

–        Roque, creo que me destinan a Madrid. Después de lo de D. Alessandro, creo que ya me perdonan.

–        Tan lejos del mar?.

–        Sí, voy a confeccionar cartas marinas. Me hago chupatintas. Tú qué quieres hacer?.

–        Seguir con lo mío, es decir, dar por la popa, todo lo que pueda, al inglés.

–        Voy a ofrecerme para burlar el bloqueo y, después de parar en La Habana y Veracruz, regresar con caudales. Tu crees que esa es la ruta?

–        Esa es la que yo haría pero, mi capitán, sería necesario buscar ortogonalidad para cortar ese derrotero; ángulos grandes, recuerda?.

–        Remontando hasta Terranova?.

–        Por ejemplo. Yo voy a levantar, en la próxima salida, toda la costa y situar exactamente La Bermuda.

–        Roque, en La Bermuda hay buques HMS.

–        Habrá que arriesgarse. No se preocupe, mi capitán, llevaré un pañuelo grande para despedirme de ellos cuando salga de naja.

–        Gracias, Roque. Ah!, por cierto, no han dormido en toda la noche, lo del calamar las dejó impresionadas.

–        Disculpe, mi capitán, no me pareció oportuno describirles al general Winthuysen, sin piernas, mandando meter fuego a la Santabarbara.

–        No, claro que no, Roque, con calamares gigantes, que se comen la arboladura, ya tienen suficiente para no dormir.

Nos despedimos, con mi habitual taconazo y su habitual sonrisa. D. Dionisio era un marino cabal, un hombre formal, un científico brillante y un español de la cabeza a los pies, pretendía, con su singladura para traer caudales con un solo navío, congraciarse con el Gobierno.

Para muestra, un botón de su guerrera.

Me contó, el brigada Gago, que conoció a su señora en un baile benéfico de la Armada.

Los dos hermanos mayores de Dª. Concha de Villavicencio eran marinos y rezaban como oficiales de la Armada; D. Rafael y D. Juan María, eran capitanes de navío cuando D. Dionisio era teniente de fragata.

En el dicho baile, D. Dionisio sacó a bailar a Dª. Concha, la cual incluyó en su librillo y, luego bailó, con D. Dionisio.

Los padres de Dª. Concha estaban en trámites para casarla con D. Pedro de Carrillo Bamboa, Caballero de San Juan, el cual, al enterarse del baile, rompió las negociaciones.

D. Dionisio, no más enterarse de este extremo, se presentó en el domicilio del padre de Concepción, a la sazón coronel de infantería, y le manifestó que, si en algún momento hubiera perjudicado a la “moza”, él estaba dispuesto a reparar cualquier agravio, casándose con ella. Se casó.

En ese año del Señor de 1.798, salimos dos veces más en patrulla y, efectivamente, averigüé que el tráfico principal inglés, que partía de Jamaica, para evitar los cayos de Florida y el fondeadero de La Habana, viraba en Puerto Rico y cruzando por la Islas Vírgenes inglesas, remontaban hasta La Bermuda y, desde allí, poniendo proa al Este, arribaban a las costas inglesas.

Aunque los ingleses seguían bloqueando Cádiz, era un bloqueo nominal que, más bien, era patrullar y navegar por todo el golfo, tratando de capturar todo lo que navegara. De hecho, nosotros salimos y entramos dos veces y, por lo que pude saber, D. Dionisio también salió y volvió.

Según mis noticias, Jervis estaba en el Almirantazgo y le habían hecho conde de St. Vincent, después de lo del cabo de San Vicente, y Nelson, después de lo de Tenerife, estaba rabioso buscando la muerte cada vez que podía; ya había hecho otra de las suyas en el mediterráneo y andaba detrás de la flota de Brueys. Napoleón estaba en Egipto, tratando de ofender las rutas comerciales que, desde la India, abastecían Londres.

En la primera salida no capturamos ningún barco pero Manuel y Anselmo, con los instrumentos que habíamos subido a bordo, fijaron con mucha precisión los canales de navegación entre Cuba y La Florida, las Islas Bahamas mayores y la costa americana hasta Carolina del Sur y, luego de remontar hasta Massachusetts, poniendo rumbo E-una cuarta S, localizamos y situamos, exactamente, la Bermuda.

El método para determinar latitudes, por observación de la distancia de los astros en el crepúsculo, que desarrolló D. Dionisio, era fundamental para situar, con coordenadas exactas, cualquier punto de la superficie terrestre.

Este método, publicado por el capitán de navío Alcalá Galiano, en 1.796, fue adoptado por las marinas de todo el mundo, con mayores o menores modificaciones.

En esta primera singladura de 1.798, salimos de Cádiz el día 15 de marzo y volvimos a entrar el 26 de Julio se produjeron algunas novedades que tuvieron importantes consecuencias.

A la altura de la Bermuda, cuando enfilábamos rumbo E-una cuarta S, navegando a un largo y con todo el trapo, cuando cortábamos la ruta inglesa, divisamos cuatro velas demorando W-SW. Eran dos fragatas y dos navíos de guerra, de los HMS. Mantuvimos el rumbo, agitando mi pañuelo, pero la expectación cundió por la tripulación. Un grumete jovenzuelo, encaramándose a la verga de la cangreja, se quitó el pantalón y enseñaba “sus poderes” a los ingleses, con frases alusivas a lo que les iba a ocurrir si nos cazaban.

Cuaderno de Bitácora.-“29 de Junio de 1.798 (Santos Pedro y Pablo), 16,00 horas. Divisamos, en el horizonte, cuatro velas inglesas. Dos fragatas y dos navíos de guerra. Les damos popa y sacamos todo el trapo que tenemos. Un marinero, subido a la verga de la cangreja pone en peligro su vida. Me dispongo a impartir doctrina.

–        Ángel, mande a ese marinero que baje y tráigamelo.

Cuando estuvo en mi presencia, toda la tripulación estaba pendiente, incluyendo a Curro el cocinero, que había subido a cubierta para presenciar la escena.

–        Contramaestre, explique a este marinero por qué no se debe hacer eso.

–        Marinero, eso no se debe hacer porque arriesgas, tontamente, la vida. Si te caes al agua, no podemos volver a recogerte.

–        Correcto, Contramaestre. Ahora, Curro, explíqueselo usted.

–        Hijo, cada cual tiene lo que Dios le dio. No nos enseñes a nosotros lo que ya suponemos que tienes. Cuando tengas un inglés a dos metros demuéstrale que lo tienes; no se lo enseñes, métele la bayoneta por el culo y ya verás como ellos lo suponen y nosotros, que ya lo suponíamos, lo confirmamos.

–        Cómo se llama usted, marinero?. –pregunté-

–        Gabriel Romero Martín, mi capitán.

–        Gabriel, sabes que tu vida es responsabilidad mía, verdad?.

–        Sí, mi capitán.

–        Gabriel, qué castigo crees que debo imponerte, teniendo en cuenta que has puesto en peligro una responsabilidad mía?.

–        Una docena de latigazos, mi capitán.

–        No hará falta eso, Gabriel, me bastará con que, voluntariamente, no bebas vino, ni ron, hasta que estemos en Cádiz. Sabes por qué?

–        No, mi capitán.

–        Porque la responsabilidad es mía pero la vida es tuya, estúpido!!!. Si me desobedeces, te despellejo.

Cuando me retiraba, hacia mi camareta, oí a Curro que le decía:

–        Hostia cana, grumete, has cabreado al capitán, como te pille en otra te vas a cagar por las patas.

No nos alcanzaron porque La Matadora era mucho más ligera y rápida que los navíos y las fragatas inglesas. Con sobrejuanetes y pesando menos éramos una galerna, escorábamos 20º pero cortábamos las olas como cuchillo en queso. Cuatro días nos persiguieron las dos fragatas, pero ya digo, haciendo 14 nudos, les enseñamos el sombrero por la popa, como los rejoneadores a los toros. Tomando rizos a los juanetes, estuve jugando con ellos, para comprobar su buen andar.

Cuaderno de Bitácora.-“4 de julio de 1.798 (Santa Isabel de Portugal), 7.30 horas. Hemos perdido de vista a las velas inglesas. Mantendré rumbo y trapo todo el día. Se acabaron las fiestas.

La Santa del día, cuyo nombre significa “promesa de Dios”, confirmó mis sospechas.

Siempre me hicieron mucha gracia estas santas. Santa Isabel, que por su piedad fue elevada al santuario, era hija de Pedro III de Aragón, nieta de Jaime I, el conquistador, y biznieta de Federico II de Alemania, muy santa no la veo yo. Mucho me temo que el dinero, algo influye en la subida a los altares.

Al amanecer del quinto día de persecución, cuando ya habíamos perdido de vista a los buques ingleses, la tripulación vitoreó al Teniente de Navío Oquendo, burlador de ingleses. El resto de la travesía, Anselmo, Manuel y yo nos dedicamos a pasar a limpio todas las lecturas de aparatos y observaciones de sonda, hicimos un primer croquis de carta esférica de la costa norte de Estados Unidos y de La Bermuda.

Derrota del Bahama

El día 26 de Julio fondeamos en la Bahía. Me dí una semana de plazo para reponer aguada y víveres. Sin capturar nada, la gente estaba un poco nerviosa. Fue un viaje de 12.500 millas que añadió a mi Hoja de Servicios 119 días de mar; sumados a los que ya tenía daban un total de 301 días de mar. Muchos, en la Armada, vestían el fajín rojo con menos méritos.

Al bajar a tierra, una semana después, me enteré de la “noticia” que era la comidilla de todo Cádiz y alrededores.

Resultó que Antonio Soto, aquel infante de marina del que me hice amigo en la Matilde y que se subía a las cofas a matar ingleses, con más mala hostia que su puta madre, se había puesto malito de un constipado, o algo así, y en el reconocimiento médico se dieron cuenta que no era un hombre; era una mujer!!!!.

Se llamaba Ana María Soto y era natural de Aguilar (Córdoba). Había servido 6 años y nadie se había dado cuenta….ni yo!!!.

El día 1 de agosto de 1.798 causó baja en la Armada; el Rey la concedió 2 reales (diarios) de pensión y el honor de usar los colores y galones de Sargento de Infantes de Marina, en sus vestidos de mujer.

Fui a verla donde me dijeron que estaba. Le estaban organizando una tienda de tabacos. Al verla, yo no supe que decir…ella me miró, se cuadró y dijo:

–        A la orden de usted, mi teniente.

–        Antonio….Ana….cómo debo llamarte?.

–        Ana, señor…Antonio se acabó.

–        En tal caso, Ana, ya no necesitas cuadrarte.

–        Algunas cosas, Roque, son para toda la vida.

–        Te hace falta algo?

–        Sí.

–        Qué?

–        Navegar contigo.

–        Eso no puede ser, Ana, y tú lo sabes.

–        Sí, lo sé.

Estuvimos hablando más de dos horas; aunque acataba, Ana no comprendía por qué no podía navegar ahora después de haberlo hecho, con “honor y acrisolada conducta” (palabras del Rey), durante casi seis años.

A ver cómo le explicas a una mujer, con esa personalidad, que el problema principal es que la tripulación no se entere de que eres mujer, si se entera, hay que desembarcarte porque vas a causar más problemas que beneficios.

Su mirada limpia y recta, de frente y a los ojos, era la misma que aprecié en el infante de marina cuyas intenciones no engañaban.

–        Ana, me gustaban las noches de guardia en la Matilde.

–        A mí también, Roque.

–        Te hace falta algo?.

–        No, pero no sé si voy a ser capaz de llevar este negocio. Estoy pensando en irme a ultramar.

–        Sí, sí vas a ser capaz. Quédate aquí.

–        Tú crees?.

–        Tanto lo creo que estoy dispuesto a poner dinero. Ana, si tú me lo permites, voy a darte ocho mil reales para que pongas la mejor tienda de Cádiz, pero no solo de tabacos, también vas a vender todos los productos que yo traiga de ultramar.

Ana María estaba temblando cuando la dejé. Me costo tres meses comprender por qué temblaba ella y me costó diez minutos comprender por qué temblaba yo.

Al día siguiente, retiré ocho mil reales de mi cuenta en el FAV y se los entregué a Ana María, en el convencimiento de que ella les sacaría mejor rendimiento que el Fondo Voluntario.

Me preguntaba por qué había sido tan cobarde, al no declarar mis intenciones, y tratar de fijarla en Cádiz comprando su voluntad. No era momento, todavía, de adquirir compromisos que, tal vez, no podría cumplir.

Estaba muy claro que Ana María era y es “de Ley”.