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NEW YEAR’S FIRST LESSON.-

NEW YEAR’S FIRST LESSON

Estimados lectores:

Ya habréis imaginado que, después de dos años de amistad, os voy a tratar con una familiaridad que, igual, sobrepasa los límites de la buena educación británica, pero yo entiendo como posible.

En entradas anteriores he manifestado mi convicción de que si existen las feministas, actualmente en España, deberían existir los machistas, entre otras razones, porque no tendrían sentido las feministas sin los machistas, como no lo tienen los toreros sin los toros, ni los toros sin los toreros.

Que existan feministas solo es comprensible si existen los machistas, por tanto, para que ellas coman y cobren buenos sueldos, son necesarios los machistas.

Voy a excluir, absolutamente, de estos conceptos a los violentos y violentas y a los ilegales e ilegalas, que quede claro!!!. No quiero saber nada de esa gente y prefiero que sean la policía y la Justicia las que se ocupen de ellos.

Por tanto, y una vez obtenidas las autorizaciones pertinentes de mi jerarquía emocional (mis jefas), me decido, con mucha precaución y sin que sirva de sentencia sino como consejos de un amigo, a impartir una serie de rutinas muy útiles para cualquier persona. Si bien voy a declararme machista y cargar el razonamiento en mis postulados.

El razonamiento es muy simple e iré desarrollándolo en sucesivas entradas.

AMIGOS, VAMOS A INCIDIR EN UN ASPECTO QUE A ELLAS (A LAS FEMINSITAS) LES HORRORIZA Y, QUE SI SOMOS CAPACES DE TRABAJARNOS, LES DEJARÁ SIN ARMAS: LAS LABORES DEL HOGAR.

Los machistas debemos y podemos tener hogar y, consecuentemente, debemos y podemos atenderlo convenientemente, con esmero y el mejor de nuestros amores. Es una cuestión de pura disciplina. No debemos abdicar de ese derecho y ese deber, un cónyuge es uno que va en el mismo yugo, con otro/a.

Empezaremos por LA PLANCHA.

En todas las familias y casas; todas las personas vestimos y, cuando procede, se hace la colada y tenemos montones de prendas arrugadas que necesitamos planchar.

La labor de planchado, actualmente, da muy pocos puntos; no es como la cocina, que es muy popular, o la educación de los hijos que, estando delegada en el Estado, nos sirve para presumir en las reuniones sociales. Conozco cantidad de parejas que “aparcan” a los niños en el cole y luego hablan de la educación de sus hijos; estas personas no entienden que a los hijos hay que disfrutarlos todo lo que se pueda porque crecen……y se van, es la Ley de la Vida y así debe ser.

He oído multitud de excusas para no planchar. Se las he oído a mujeres y, las más de ellas dicen: “ah!, no, yo prefiero pagar a alguien para que haga eso”. Siempre, siempre pagan a otra mujer. No conozco ningún hombre que cobre por ir a las casas a planchar la ropa. Una vez vi una película donde un hombre iba a planchar a la casa de una mujer….pero no planchó.

Llevo años haciendo preguntas; saco la conversación cuando puedo, y voy anotando las opiniones de muchas mujeres. A todas les horroriza planchar. Conozco una que los Reyes Magos le trajeron una plancha y la devolvió, muy enfadada, pensando que Sus Majestades eran muy machistas. De ninguna manera quería que hubiera una plancha en su casa y solo por tener que tocar la caja, para devolverla, le salió un sarpullido en los brazos.

Bien, amigos machistas, ahí tenemos el objetivo. Ese pecho es el que debemos ofrecer para que claven el puñal.

Mi amor, yo no quiero amores con pucheros… permíteme empujar tanto como tú.

Cuando hablemos de pantalones o chaquetas os enseñaré algunos adminículos necesarios, como la sarga, la almohadilla, la paleta de haya y otros.

A mí me enseñó a planchar un sastre machista-leninista.

Hoy os enseñaré a planchar una camisa.

Es muy útil que haya una plancha en casa. Nosotros tenemos varias.

Estrellita tiene una Vaporetta y yo tengo dos más: mi Roberta, que plancha como una campeona después de ocho años, y la Del’longui, que pone en el primer tiempo del saludo a la camisa más rebelde. Además, cada uno, tenemos una pequeñita, de viaje.

Yo no uso la Vaporetta, pero ella se ha enamorado de mi Roberta y la compartimos.

Atentos, niños!!!!.

1º.- Conectar la plancha, cargando el depósito de agua y regulando la cantidad de vapor (sed generosos) y la temperatura de la suela en función del tejido de la prenda que nos disponemos a planchar.

Es muy conveniente, antes de empezar a planchar, darle al botón del vapor varias veces, para que salga la posible mierda de los conductos y no se manche la prenda. También hay productos específicos para limpiar la suela y que planchemos como Dios manda. En cualquier caso, siempre nos quedará el agua con vinagre, el scotch brite y Casablanca (con Humphrey e Ingrid en la niebla).

Si no sabemos nada de tejidos, en la etiqueta de la camisa suele estar la composición de la prenda y, a veces, consejos para lavado y planchado.

Si existen bolsillos interiores o presillas planchadlos, los primeros, con la prenda del revés.

2º.- Poner el cuello del revés y metedle la Roberta, dando bien al vapor, hasta que los picos queden lisos como lámina de agua en reposo. Aunque la camisa esté muy bien lavada no planchéis el cuello por el derecho. Siempre, siempre, si plancháis algo y queda suciedad, os costará, luego, el doble sacar esa suciedad y mucho cuidadito con los brillos tan estupendos que se ven en algunos cuellos, por ahí.

3º.- Meted el canesú de la camisa en la oreja de tabla de planchar y, girando la prenda, planchad el canesú y las costuras de los hombros y espaldera.

4º.- Tomad la manga por la costura de la axila, poniéndola en plano y, con la mano, estirad acariciando la manga. Tened siempre en cuenta que la raya de la manga no coincidirá con la costura del hombro. Planchad por los dos lados teniendo mucho cuidado de no hacerle raya a los puños, que se planchan deslizando la plancha por ellos (por la parte interior). Las pinzas de los puños se planchan ayudándote de la otra mano, tirando, mientras aprietas con la plancha, para ponerlos derechos.

5º.- Repetimos la operación con la otra manga.

6º.- Los delanteros y la espaldera se ponen bien estiraditos en la tabla y se van planchando teniendo cuidado de pasar el pico de la plancha entre los botones. Mucho cuido con los bolsillos del pecho y con las pinzas de la espalda. En estas zonas pasar la plancha despacito.

Cuando hayáis planchado veinte o treinta camisas ya veréis, cuando vayáis a compraros una, cómo tenéis cuidado con lo que compráis. No hablo de precio o de gustos, hablo de tejidos y marcas. Hay algunos tejidos y marcas de alto postín que son rebeldes como ellas solas. No salen las manchas y hay que plancharlas tres veces para que queden presentables. En cambio, hay marcas y tejidos que, nada más enseñarles la Roberta, se quedan sin una sola arruga ellas solas. A mí, me gustan mucho las Mirto, para el uso diario son las mejores, están muy bien cortadas (sientan bien) y lavan, y lavan y nunca se acaban. Eso es muy importante para alguien que gasta una o dos camisas diarias.

Lo que quiero hacer llegar a vuestra consideración es que, lavando y planchando, aprenderéis a conocer vuestras prendas y a tener más elementos de juicio a la hora de comprar y, sobre todo, a cabrearos más cuando, en un bar, os condecoréis con una medalla de grasa de la tapa que os estáis comiendo.

Ni qué decir tiene, claro está, cuando una chispa del cigarrito os queme una Mirto mientras conducís.

Las fotos que veis es el proceso con una camisa de una de mis hijas. Una prenda guarrindonga de esas de Zara y, claro, no se puede hacer mucho más con una camisa mala, mal cortada y mal cosida.

Os anticipo que, en la siguiente, os hablaré de los pantalones….sus rayas, sus arrugas y esas cosas.

Amigos machistas, cuando os vean planchando, no van a salir de su asombro y os vais a divertir un montón. Animo, que no es tan difícil!!!!.

 

PD.- después de ver esto, Esterllita ha venido y me ha dicho “ya sé quien quema la tabla de planchar”. Yo la he contestado “si no eras tú, mi amor, quien iba a ser?”.

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